Atrévete a orar

Domingo 34º TO C: Jesucristo, Rey atípico del Universo (20.11.2016)

14.11.16 | 11:29. Archivado en Tiempo Ordinario C

Introducción:hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc 23,35-43).
Un rey atípico
Lucas contempla a Jesús actuando como el “rey” que Dios quiere. Está en la cruz propiciada por los “reyes” de este mundo por “alborotar al pueblo, prohibir pagar tributos al César y diciendo que él es el Mesías rey” (Lc 23,2). Junto a la cruz está una parte “del pueblo”, burlona y curiosa a la vez. También “las autoridades”, irónicas, apelan al mesianismo triunfal, único digno de ser creído: “que se salve a sí mismo, si es el Mesías de Dios”. Los soldados, signos de la fuerza bruta, bromean con crueldad y le ofrecen “vinagre” de odio y desprecio. Un letrero despectivo, “este es el rey de los judíos”, expresa la ridiculez y el sarcasmo del reinado de Jesús.

Condenado por pervertir el orden social, avalado por la religión
A esta cruz le ha llevado su pretensión de vida fraterna desde el amor del Padre Dios. La condena a muerte ha sido provocada por decir públicamente que aquella sociedad y estructura religiosa son contrarias al Reinado de Dios. Los dirigentes le acusan de pervertir (“alborota”) la conciencia del pueblo, poner en cuestión el equilibrio político y desautorizar a los dirigentes religiosos. Además en nombre de Dios, del que dice conocer y ser su Mesías e Hijo. Como mesías de Dios, quiere unir en su amor, sentar a todos dignamente a la mesa de la vida, hacer que sean libres. Es el ideal soñado por los profetas, el ideal que quiere el Padre bueno para todos sus hijos. Este modo de vida, dice, está en vuestras manos, “entre vosotros” (Lc 17, 21). Si os convertís a su Amor, podéis realizarlo.

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Domingo 33º TO C (13.11.2016): la suntuosidad no es signo del reinado de Dios

07.11.16 | 09:57. Archivado en Tiempo Ordinario C

Introducción:esto que contempláis, llegará un día en que... todo será destruido” (Lc 21,5-19).
Lucas introduce este texto tras el episodio de la viuda que echa unos céntimos y los ricos que echan de lo que les sobra. Insinúa el contraste entre la grandeza deslumbrante del templo y la pequeñez del Reinado de Dios. El lujo de los templos es excesivo en muchos lugares. Andalucía, una región muy deprimida de España, tiene templos recargados de riqueza y brillantez. Grandeza que intenta seducir a la divinidad, utilizarla a favor de sus deseos y entretener a los pobres con la expectativa de que Dios hará justicia si rezan, se resignan, celebran suntuosamente y aceptan su voluntad coincidente con la de los dirigentes. Estos también participan de la grandeza del templo. De ahí su autoridad suntuosa. En medio del pueblo pobre, usan a Dios (o a Jesús) para identificarse en apariencia con él y asustar con su venida (“¡ay si en pecado grave sorprende al pecador!”). Se creen investidos de su autoridad sublime. Sus vestimentas les delatan. La mayoría inmensa de obispos no levanta la voz sobre tantos errores, que se vierten sobre el Papa, si tratan de engradecerle: “el Verbo encarnado que se prolonga”; “las tres encarnaciones del Hijo de Dios son en el seno de una virgen, en la eucaristía y en el anciano del Vaticano”; “el papa es Dios en la tierra”... (Ver con más amplitud: Papoherejías (pp. 244-246), en J. I. González Faus: La autoridad de la verdad. Sal Terrae. Santander 2006).

El final no vendrá enseguida
Venga cuando venga, lo importante es la actitud de vida que posibilita el Reino. El encuentro con el Padre Dios no se da por orar en un edificio suntuoso, sino en el amor sincero y gratuito, como el de Jesús. “Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad”. Este amor encontrará oposición de muchas fuerzas destructivas que buscan imponerse y esclavizar. “No tengáis pánico” ante las más variadas desgracias que lleguen. Jesús quiere persuadirnos de que la historia no es el “eterno retorno” vital que vuelve sobre sí indefinidamente (Nietzsche). El mal acabará: los sistemas de este mundo injusto pasarán. Esa es su buena noticia, evangelio perenne. No debemos dejarnos esclavizar por las estructuras violentas, sin amor. Hay que luchar, como Jesús, para cambiarlas. Es posible otro mundo mejor, otra Iglesia mejor. El discernimiento vendrá desde los valores del Reino y la vida de Jesús de Nazaret.

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Domingo 32º TO C (06.11.2016): “Nada puede separarnos del amor de Dios”

01.11.16 | 09:48. Archivado en Tiempo Ordinario C

Introducción:No es Dios de muertos, sino de vivos: pues para él todos están vivos” (Lc 20,27-38).
Leemos una controversia de Jesús con los saduceos. Se trata de un grupo judío, integrado por el alto clero y familias ricas. Aristocracia sacerdotal y los Ancianos (familias ricas) son los dos tercios del Sanedrín: Consejo de administración religiosa y política del país. Aceptan el dominio extranjero a cambio de cierta libertad en la dirección de la sociedad judía. Son materialistas: sólo creen en esta vida. Están apegados al poder, al dinero y al prestigio. Sólo aceptan la Ley escrita (Pentateuco). No creen en la revelación progresiva dada en la piedad (salmos), en la sabiduría, en escritos proféticos. No creen en la resurrección, ni en ángeles ni espíritus (He 23, 8). Dios premia y castiga en esta vida. El poder, dinero, prestigio... son el premio a la bondad propia o de sus antepasados. El enfermo. el pobre, el marginado... son malditos de Dios.

La fe en la resurrección es fruto de revelación progresiva
La idea de la resurrección madura en el siglo II a.C. (2 Mac 7,9; 12,38-46; Dan 12,2). Es fruto de la reflexión sobre el poder creador divino y la injusticia de la vida. Si llama a existir de la nada, puede llamar a existir también desde la muerte. Aparece como el único modo de hacer justicia a esta vida injusta. La muerte iguala a justos e injustos. La vida resucitada trae el juicio justo, definitivo.

Jesús sintoniza con la fe en la resurrección
Los saduceos rebaten la creencia en la otra vida llevando el razonamiento al ridículo. Proponen un problema basado en la ley del levirato (Dt 25,5-10), por la que los herma­nos de un muerto sin hijos deben darle descendencia con la viuda. El hijo nuevo es considerado hijo del muerto con derecho a heredarle. La hipótesis de una viuda con siete hermanos ridiculiza la vida tras la muerte: “cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer?”.

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Domingo 31º TO C (30.10.2016): La pastoral de Jesús responde a la necesidad de la gente

24.10.16 | 09:45. Archivado en Tiempo Ordinario C

Introducción:ha entrado a hospedarse en casa de un pecador” (Lc 19,1-10).
Zaqueo quiere ver a Jesús
El encuentro con Zaqueo es un buen final del “viaje a Jerusalén”. Sucede en Jericó, en el valle del Jordán, cerca ya de la capital. El amor singular de Jesús “atravesaba la ciudad”, entrecruzándose con todo tipo de gente. Lucas destaca el cruce con un “jefe de publicanos y rico, llamado Zaqueo, bajo de estatura”. Este hombre “corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo..”. Jesús responde a su esfuerzo e interés: “baja enseguida..., hoy tengo que alojarme en tu casa”.

La pastoral de Jesús es ir al encuentro, convivir, contagiar
Lucas subraya la presteza y contento de Zaqueo por recibir a Jesús y, por contraste, la crítica de “todos” (no sólo fariseos y letrados, también los discípulos, aunque por razones distintas): “ha entrado a hospedarse en casa de un pecador”. Les parece censurable compartir mesa con un “jefe de cobradores de impuestos y rico”. Su enriquecimiento era contrario al Reino de Dios, sin duda. La recaudación romana consistía en arrendar en subasta, por una cuota fija, el cobro de impuestos de zonas territoriales. Los publicanos distribuían las gabelas concretas y tenían poder para cobrarlas coactivamente. Si no reunían la suma pactada, tenían que ponerla ellos. Lo normal era hacerse rico. Los “jefes de publicanos”, como Zaqueo, constituían una agencia tributaria con inspectores fiscales para visitar los comercios y las explotaciones agrarias, tasar y cobrar. Colaboran con el poder de ocupación, oprimen y están apegados al dinero. Lejos del templo y del corazón de Dios, por tanto. La pastoral de Jesús, en este caso, es convivir, comunicar el Evangelio por contagio vital.

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Domingo 30º TO C (23.10.2016): DOMUND: la misión en su amor y libertad

17.10.16 | 10:05. Archivado en Tiempo Ordinario C

Introducción:algunos se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás” (Lc 18,9-14).
Cuando “la religión sustituye a Dios”
Esta parábola, exclusiva de Lucas, explica gráficamente la actitud con que debemos relacionarnos con Dios. El mismo evangelio dice la razón de la parábola: corregir la actitud de quienes se creen “justos”, es decir, están “convencidos de estar a bien con Dios”. Y al estar “seguros de sí mismos”, “desprecian a los demás”. Son personas observantes de las normas religiosas. Han confundido a Dios con la religión (creencias, ritos y normas). Piensan que quienes no observan los preceptos religiosos son despreciables. No aceptan la libertad de la conciencia. Creen que Dios sólo está en los ritos, normas, creencias... Así se explican muchas ojerizas clericales contra los que relativizan las normas eclesiásticas. Desde vestidos, ritos, rezos..., hasta la ley celibataria. Liberarse de ésta es abominable: “traidores, renegados, otros Judas..., son las expresiones al uso... Se les trata como pecadores públicos para público escarmiento. No podrán ni celebrar su boda en público”.

Fariseo y publicano
Dos creyentes interpretan dos modos de relacionarse con Dios. El fariseo da gracias “por no ser como los demás” (malos todos, excepto él), ni como “ese publicano”. Recuerda a Dios (¡por si es olvidadizo!) su ayuno y el pago correcto del diezmo. El publicano (atrás, sin levantar los ojos, golpeándose el pecho) reza diciendo: “¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador”. “Éste bajó a casa justificado y aquel no”.

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Domingo 29º TO C (16.10. 2016): Más Evangelio, menos Código

10.10.16 | 09:34. Archivado en Tiempo Ordinario C

Introducción:Dios, ¿no hará justicia sin tardar a quienes le gritan día y noche? (Lc 18,1-8)
Tras el episodio de los leprosos (la fe en el amor de Dios salva), Jesús contesta a los fariseos sobre cuándo llegará del Reino: “el reino de Dios está en medio de vosotros” (final del c. 17). El capítulo 18 narra la actitudes para entrar en el Reino. Hoy la oración, como actitud personal indispensable. Ella expresa el deseo del Reino. Por eso Jesús “explica a los discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse”. El deseo del Reino es central en su oración: “santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad”. El reino es la fraternidad que “honra al Padre”, hace “reinar su justicia” de vida para todos y realiza su “voluntad de amor” en toda situación.

La parábola del juez injusto, que termina por hacer justicia, le sirve de contraste para alimentar la confianza en el amor del Dios, cuya justicia es amar sin medida. Siempre hay que desear la justicia de Dios: sentir su amor gratuito de Padre-Madre, querer con Él la vida (física, psíquica, moral, de sentido, cultural ...), respetar la igual dignidad y libertad, hacer fraternidad, disfrutar su alegría.

Dios, ¿no hará justicia sin tardar a quienes le gritan día y noche?
Jesús cree que Dios hace justicia siempre: “mi Padre, hasta el presente, sigue trabajando y yo también trabajo” (Jn 5,17). El problema está en nosotros: “cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?”. Lucas dirige esta catequesis a las comunidades primeras, donde hay muchos que siguen apegados al judaísmo, a la institución de poder y categorías, y no aceptan la fraternidad y la igual dignidad.

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Domingo 28º TO C (09.10. 2016): “Conocimiento interno de tanto bien recibido”

03.10.16 | 11:00. Archivado en Tiempo Ordinario C

Introducción:¿No ha vuelto más que un extranjero para dar gloria a Dios?” (Lc 17, 11-19)

Levántate, vete, tu fe te ha salvado
No son los ritos religiosos los que curan, sino el amor de Dios manifestado en Jesús. Como en la parábola del buen samaritano (Lc 10, 30-37), en que el sacerdote y el levita no ven la voluntad de Dios. Ahora sólo el samaritano, el no religioso recto, percibe lo correcto: acude a dar gracias porque sabe quién le ha curado. Las personas religiosas priman los dogmas, ritos, celebraciones. Creen que las doctrinas, ritos y celebraciones curan, consiguen éxitos en los estudios, en la lotería... Así sobreactúan en ritos, velas, oraciones milagrosas, peregrinaciones... Desatienden los derechos humanos, la justicia, la gratitud humana, la sensibilidad en mil aspectos. Toda religión tiende a postergar la más clara humanidad -el mandamiento más elemental de Dios- y “aferrarse a sus tradiciones” creyéndolas más importantes y eficaces (Mt 15, 1-20; Mc 7, 1-23). Ejemplo claro es el Derecho Canónico de la Iglesia donde faltan derechos humanos y sobran imposiciones innecesarias.

Los marginados acuden a Jesús
El grupo de leprosos (mezcla de judíos y samaritanos) representa a los discípulos, marginados por la institución judía. Acuden a Jesús y le llaman “maestro” (Lucas sólo usa este término en boca de los discípulos: 5,5; 8,24.45; 9,33.49; “epistates”: presidente, director, jefe, prefecto). Ruegan con el salmo: “ten compasión de nosotros”. Jesús los cura e invita a intergrarse en la sociedad. Por eso les envía a los sacerdotes, es decir, a la institución judía para que certifiquen su curación.

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Domingo 27º TO C (02.10.2016): La fe cristiana impide el dominio y la sumisión (26.09.2016)

26.09.16 | 10:18. Archivado en Tiempo Ordinario C

Introducción:¡Si tuvierais fe...!” (Lc 17, 5-10)
Los cuatro primeros versículos del capítulo 17 iluminan el fragmento que leemos (vv. 5-10). Tras denunciar la incongruencia de los fariseos, Jesús se dirige a sus discípulos, instándoles a la conducta contraria (17, 1-4). Había advertido: “cuidado con la levadura de los fariseos, que es la hipocresía” (Lc 12, 1b). Ahora les advierte -“¡tened cuidado!” (17, 3 a)- para no escandalizar a “los pequeños”, para la corrección mutua adecuada, para el perdón sincero y constante.

Los Apóstoles, (los Doce -Lc 6,13-) piden al Señor que “les aumente la fe
Jesús les recrimina su connivencia con el judaísmo. Si la fe es auténtica, crecerá como la levadura o el grano de mostaza. Tiene vitalidad interior, no se añade desde fuera. Si creen en el amor del Padre, vivido y expresado en Jesús, la fe crecerá y les llevará a romper con la institución judía amasada en “la levadura de los fariseos, que es la hipocresía”. “La morera”, como la higuera (13,6-9), es sígno de dicha institución. Su levadura es incompatible con la del Reino de Dios. Si tuvieran una fe como la de Jesús, la “habrían tirado ya al mar”. Y vivirían la libertad de Jesús. Esta levadura infectada de fariseísmo es lo que hace que su fe apenas tenga vigor. La debilidad de fe, incluso su falta, aparece en el afán de dominar, de subir y rodearse de pompa y prestigio. En este afán vivían los discípulos según nos cuentan los evangelios (Mt 18,1-5; 20,20-28; Mc 9,34; 10,35-45; Lc 9,46-48; 22,24-27). Este es el clima que se respira en muchos ambientes eclesiales. Y son los que manejan el cotarro.

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Domingo 26º TO C (25.09.2016): “Los ricos en las iglesias y los pobres a la puerta”

19.09.16 | 10:00. Archivado en Tiempo Ordinario C

Introducción:por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces” (Lc 16,19-31)
La parábola está dirigida a los fariseos, “amigos del dinero”, que, al oír la frase de “no podéis servir a Dios y al dinero”, se burlaban de Jesús. Pero él les dijo: `vosotros sois los que presumís de justos ante los hombres, pero Dios conoce vuestros corazones, porque lo encumbrado a juicio de los hombres a los ojos de Dios es una abominación´” (Lc 16,14-15). El contexto teológico es la apocalíptica. Imagina la historia avanzando hacia el reinado de Dios. El presente se ilumina con la esperanza de dicho reinado. Ese día es secreto, tiene un “velo” que lo oculta a los ojos humanos. Cuando la vida se vuelve dura, el profeta siente la necesidad de “ver” el final proyectado por Dios. Intenta quitar el “velo” (apocalipsis = “revelación”). El pensamiento apocalíptico cree que la vida tiene arreglo en el futuro, al final, cuando Dios diga la última palabra. Recurre a imágenes, al lenguaje cifrado y al ocultamiento del nombre (pseudonimia), para darlo a entender. El final soñado, el reinado de Dios, debe marcar la pauta del comportamiento aquí y ahora. Si el reinado de Dios es la dicha de todos, debemos adelantarla en la medida que podamos. Sólo quien trabaja por suprimir el sufrimiento y la miseria aquí y ahora, cree de verdad en el Reinado de Dios. Eso es justamente lo que no hacía el rico de la parábola. En el fondo no creía en Dios, en su voluntad, en su reino.

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Domingo 25º TO C (18.09.2016): “Dios no hizo rico a uno y pobre a otro”

12.09.16 | 09:34. Archivado en Tiempo Ordinario C

Introducción:No podéis servir a Dios y al dinero” (Lc 16,1-13)
Dios y el dinero vienen a ser los símbolos del amor y del egoísmo. El amor comparte, el egoísmo acumula para sí. Los llamados “hijos de la luz” son los partidarios del reino de Dios: la fraternidad. Los “hijos de este mundo” son los amigos de la codicia, los avaros. Hoy Jesús nos pone la astucia inteligente de un avaro para sobrevivir en tiempos de desamparo: su astucia le lleva incluso a robar. Jesús concluye: “Ganaos amigos con el dinero injusto para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas” (16,9).

San Antonio de Padua (1195-1231) lo comenta evangélicamente

“Pues, si bien se mira, los ricos de este mundo que sacan sus riquezas de la injusticia (es decir, de la desigualdad) a través de la mentira, no tienen, en realidad, otros amigos más que las manos de los pobres, que son como la hucha en que se deposita lo que se da a Cristo. Ya dice san Gregorio que si los ricos quieren encontrarse con algo entre las manos a la hora de morir, sepan bien dónde han de colocar sus riquezas antes de morir. ¡Oh rico!, conviértete en acreedor de Cristo, obligándole a pagarte con interés. Tiéndele al pobre tu mano seca, paralizada por la avaricia, y la limosna le devolverá su vigor” (Sermón del octavo domingo de Pentecostés sobre la limosna. Citado por G. Faus: Vicarios de Cristo. Ed. Trotta. Madrid 1991, pp. 126s).

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Domingo 24º TO C (11.09.2016): Jesús no rechaza ni excomulga a nadie

05.09.16 | 09:38. Archivado en Tiempo Ordinario C

Introducción:Ese acoge a los pecadores y come con ellos” (Lc 15,1-32)
Los dos primeros versículos marcan la diferencia: “los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: 'Ese acoge a los pecadores y come con ellos'” (15,1-2). Jesús, los fariseos y los letrados, son hombres de Dios. Curiosamente la santidad divina les mueve a prácticas antagónicas. Para Jesús la santidad de Dios es cercanía amorosa a toda persona, sobre todo al que menos vida tiene. Para los fariseos y letrados, la santidad de Dios rechaza a los que no cumplen su ley, aclarada y concretada por sus representantes organizados en la institución religiosa. Quien no cumple la Ley religiosa se enfrenta a la santidad de Dios, y se incapacita para todo acto cultual.

Así actúa Dios y así actúa Jesús
Jesús, en estas parábolas, intenta explicar su proceder de acuerdo con su concepto de Dios (de su santidad). Es la base de su enfrentamiento práctico con los dirigentes judíos. El pastor al que se le pierde una oveja, la mujer a la que se le extravía una moneda y el padre a quien un hijo se le va de casa, intentan recuperarlos. Cuando lo consiguen, se alegran e invitan a los amigos a compartir su alegría: “Alegraos conmigo, porque he recuperado la oveja, la moneda, el hijo...” (Lc 15,6.9.24.32).

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Domingo 23º TO C (04.09.2016): Gran parte de la Iglesia se presta a la burla

29.08.16 | 09:28. Archivado en Tiempo Ordinario C

Introducción:Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío” (Lc 14,25-33)
Actitudes básicas para ser discípulo de Jesús
El evangelio subraya que “mucha gente acompañaba a Jesús” camino de Jerusalén. Jesús insiste en el verdadero acompañamiento o seguimiento. Ser discípulo suyo supone dos actitudes básicas: a) “posponer” padre, madre, mujer, hijos, hermanos, incluso a sí mismo; b) llevar su cruz detrás de Él. La primera actitud viene expresada con el verbo griego “miseo” (posponer, detestar, despreciar, desatender, descuidar, odiar...). En la mentalidad semita, las relaciones personales son de amor u odio, no hay término medio. “Odiar”, por tanto, según la mente semita, es poner en segundo lugar. Lo que Jesús pide es poner como opción prioritaria el amor del Padre, universal y gratuito.

Llevar la cruz” no supone un añadido al amor gratuito
Vivir en el amor del Padre tiene un coste, unas consecuencias. Eso es la cruz. Realizar el reino de la vida, de la verdad, de la fraternidad... es cumplir la voluntad de Dios. Ello supone enfrentamiento, primero con uno mismo (“niéguese a sí mismo”), apegado al “camino ancho” del egoísmo (apego a la riqueza, vanos honores, soberbia y todos los vicios). Después hay que enfrentarse con enemigos del reino: acumuladores de riqueza y poder, causantes de la miseria mayoritaria (“los diez hombres más ricos del planeta acumulan más riqueza que los dos mil millones de personas más pobres del mundo”). La vida de Jesús es claro referente: se rebajó a sí mismo..., se hizo obediente al amor del Padre hasta la muerte –una muerte en la cruz- (Flp 2, 8). Lo matan los enemigos del Amor.

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Lunes, 23 de octubre

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