Atrévete a orar

¿No va a haber Misericordia para obispos y presbíteros casados? (1)

07.10.16 | 11:55. Archivado en Misericordia

Mirar a Jesús es más urgente que mirar la ley eclesiástica
La “Misericordiae Vultus”, Bula de convocación del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, debe tener también incidencia en el trato que la Iglesia da a obispos y sacerdotes, que no han podido con esta ley. El inicio de la bula tiene la clave: “Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre: con su palabra, con sus gestos y con toda su persona (Dei Verbum, 4) revela la misericordia de Dios” (Mv. 1). Inspirarse en el respeto de Jesús sobre este delicado asunto, en su libertad para elegir apóstoles sin este requisito, tendría que ser el criterio básico para revisar esta ley tan cuestionada históricamente. Muchos pensamos que en el control eclesiástico sobre la sexualidad se esconde uno de los abusos más fuertes y agrios en la Iglesia. El celibato obligatorio para el clero ha centrado la moral católica occidental obsesivamente en el sexo. El progreso ético, fruto de muchos factores, nos va liberando progresivamente. Ya se reconoce parvedad de materia y que no todo desorden sexual es pecado grave, ya se decide con libertad el número de hijos, ya se va respetando la orientación sexual personal, ya la anticoncepción puede ser buena en ocasiones, etc...

No es misericordioso liberar del celibato y prohibir el ministerio
No hay comunión eclesial entre pastores, teólogos y fieles sobre esta ley. Ni sobre el poder de la autoridad eclesial para coartar un derecho fundamental humano. Pero esta ley en la Iglesia católica occidental está vigente. Nadie puede negar el hecho de que miles de clérigos han pedido, tras un tiempo variable de observancia, ser liberados de esta carga que creyeron poder llevar, pero en la práctica les resultó moralmente imposible. La inmensa mayoría pide ser eximida sólo del celibato. La Iglesia, junto con la liberación del celibato, les impone la prohibición de ejercer el ministerio para el que están consagrados por el Espíritu. ¿Esa prohibición es conforme con la misericordia divina, manifestada en Jesús? ¿Así se “retiene todo lo bueno” (1Tes 5,22) que ellos tienen en su conciencia y avalan muchas comunidades cristianas?

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Gestos “sorprendentes” que esperamos de la Iglesia (3)

04.03.16 | 09:25. Archivado en Misericordia

Recuperar el principio de elección
Algo evidente en el Nuevo Testamento, sobre todo en los Hechos de los Apóstoles, es la práctica del principio electivo en las primeras comunidades cristianas. Y lo hacían así porque creían que elegir, votar, incluso echar a suerte, era voluntad de Dios. Eliminarlo en las comunidades cristianas fue un abuso de poder por parte del clero. La transparencia inicial de la Iglesia, su corresponsabilidad comunitaria, su división fraterna de tareas... fueron absorbidas por sus coordinadores (llamados supervisores o epíscopos), sus mayores (presbíteros), sus servidores (diáconos)... Hasta apropiarse del nombre común “clero”, propio de todos los cristianos: “suerte o herencia” del Señor.

“Clero del Señor" es toda comunidad cristiana
“Kleros” en griego significa “suerte, parte, herencia, heredad...”. En el Nuevo Testamento los cristianos son herederos (“kleronomoi”) de las promesas (Gál 3,29), seleccionados (“eklerozemen”) y puestos aparte(Ef 1,11), coherederos de Cristo (He 20,32; Col 1,12; lPe 1,4; 5,1-3), la parte del Señor, porción elegida (Rm 8,17). Toda la comunidad es llamada “clero” del Señor (1Pe 5,3; Col 1, 12; He 26,18). “Echar en suerte” se usa en los relatos de la pasión (Mt 27,35) y para elegir a Matías como sustituto de Judas “echándolo a la suerte” (He 1,26). Sólo en dos ocasiones se usa para designar a “parte” (klero) del servicio o diakonía apostólica (He 1,17: de Judas dice que “tuvo parte -`clero´)- de esta diaconía”; 8,21: “no tienes porción ni parte -`clero´- en esta palabra”, le dice Pedro a un tal Simón que quería comprar el don de transmitir el Espíritu Santo). La idea, pues, de “clero” se utiliza para nombrar al pueblo elegido o escogido por el Señor, a todos los cristianos, y sólo en dos ocasiones hace referencia a tener “parte” en el ministerio apostólico.

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Gestos “sorprendentes” que esperamos de la Iglesia (2)

26.02.16 | 09:13. Archivado en Misericordia

Recuperar el protagonismo de la Comunidad Cristiana
La degeneración de la Iglesia, tras la libertad de los emperadores romanos, Constantino y Teodosio, ha llegado a nuestros días en el protagonismo absoluto del clero. Los bautizados, la mayoría sin su consentimieno, se sienten desvinculados e identifican la Iglesia con la Jerarquía. Con excepciones personales, no se sienten parte activa de la Iglesia. Sin reconocer en la práctica que la comunidad cristiana son todos los bautizados, resulta muy difícil llamar y “sorprender” a nuestro mundo con la fraternidad cristiana. Mientras no cambie el sistema de monarquía absoluta y deje de legitimarse teológicamente, será muy difícil reformar la Iglesia. Vivimos en contradicción constante: quienes defienden el poder absoluto del Papa, cuando no comparten sus decisiones, atacan sin misericordia al mismo Papa. Extraña el Papa, infalible y plenipotenciario, cediendo. Es la contradicción de todo poder absoluto, y más cuando se concentra en una sola persona. Es imposible. Tiene que rodearse de instituciones, de leyes, de disciplina, de ritos, de cargos, de economía... Instituciones organizadas digitalmente, sin control social alguno, vitalicias, fuentes de abusos y prepotencia. Este es el triste espectáculo que nos están proporcionando las Curias Vaticana, Diocesanas y Parroquiales.

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Jubileo de la Misericordia y ley del celibato (1)

17.12.15 | 18:51. Archivado en Misericordia

Papa y obispos: “miren con ojos sinceros al hermano” sacerdote
que pide ser liberado del celibato, pero no del ministerio

Buena ocasión para revisar la discutida ley del celibato
La “Misericordiae Vultus”, Bula de convocación del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, debe tener también incidencia en los problemas que provoca la ley del celibato y en el trato que la Iglesia da a obispos y sacerdotes, que no han podido con esta ley. El inicio de la bula tiene la clave:

“Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre: con su palabra, con sus gestos y con toda su persona (Dei Verbum, 4) revela la misericordia de Dios” (n. 1).

Mirar a Jesús es más urgente que mirar la ley eclesiástica. Inspirarse en el respeto de Jesús sobre este delicado asunto, en su libertad para llamar y elegir apóstoles sin este requisito, en la valoración de lo humano como digno y querido por Dios... tendría que ser el criterio básico para revisar esta ley tan discutida históricamente. Sabemos que el control eclesiástico sobre la sexualidad es uno de los abusos más fuertes y agrios habidos en la Iglesia a través de su larga historia. El celibato clerical obligatorio para el ministerio ha contribuido a centrar la moral obsesivamente en el sexo. Gracias a Dios, nos vamos liberando progresivamente. Ya reconocemos parvedad de materia, y, por tanto, que no todo desorden sexual es pecado grave, ya decidimos responsablemente los hijos, se avanza en el respeto a la orientación sexual personal, la anticoncepción puede ser buena éticamente, etc...

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