Atrévete a orar

La vida de los sacerdotes casados proclama la injusticia eclesial (IV)

29.09.17 | 09:03. Archivado en CELIBATO

Jerónimo Podestá, obispo con los pobres y con los sacerdotes casados (8)
Un hombre sincero y fiel a su conciencia

La investigación histórica con “método oral”, que Lidia González y Luis I. García Conde, editaron al poco de morir el obispo Podestá (“Monseñor Jerónimo Podestá. LA REVOLUCIÓN EN LA IGLESIA” -Instituto Histórico Ciudad de Buenos Aires. 2000-) recoge el proceso personal que le llevó a elegir diversos caminos de vida. Demuestra que, además de inteligente, era persona que iba decidiendo en cada momento lo que honradamente creía ser la voluntad divina. Así cuenta su cambio de rumbo desde la facultad de Medicina al Seminario diocesano:

“Entré en la Facultad de Medicina, hice tres años completos, terminé tercer año, aprobé todas las materias del primer ciclo y me inscribí en el segundo y en ese momento... se me había presentado un dilema: soy católico, tengo fe en Jesús, ¿me lo tomo en serio? o como se dice ahora, ¿en joda?.
Yo me acuerdo que una noche abrí la ventana, estaba pensando esto, y mi padre advirtió que había una corriente de aire y se acercó: “Pero qué te pasa, hijo?”. “Nada papá, estaba pensando, yo voy a tomar mi creencia en Jesús y en el Evangelio, ¿lo voy a tomar en serio o no?”. Y mi respuesta fue: lo voy a tomar en serio, entonces al día siguiente le dije a mi padre que quería hacerme religioso.
- “Pero ¿vas a abandonar tus estudios? No me opongo, pero mejor termina tu carrera y después...”.
- “Mira, papá cuando uno decide una cosa... ya me he decidido”. Mi padre se calló, no dijo nada. Y me dejó interrumpir la carrera.
El sacerdote que me aconsejaba, me dijo: “No te metas de fraile de entrada, anda al Seminario y después piénsalo ahí, luego toma el rumbo para donde te guste”. Era sensato, pero no era práctico, porque una vez que uno se mete a una cosa no sale más. A los veinte años entré al Seminario. Yo que había ido con ejemplos de cristianos tipo místicos, un poco exaltados decían algunos, me encontré con que el ambiente del Seminario para mí era de una chatura increíble. Era un colegio donde estudiabas para cura y tenías misa todas las mañanas, pero nada más. Me acostumbré, quizás no debí haberme acostumbrado. Se hace un clima, un ambiente de formación religiosa muy cerrado. No se convive. Lo de afuera uno lo rechaza, el mundo feo, malo, pecaminoso...” (O.c., pág. 115).

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La vida de los sacerdotes casados proclama la injusticia eclesial (IV)

15.09.17 | 10:40. Archivado en CELIBATO

Jerónimo Podestá, obispo con los pobres y con los sacerdotes casados (7)

“Nunca ocultamos ni Clelia ni yo el amor que sentíamos el uno por el otro”
Jerónimo quiso siempre hacer de su vida un testimonio de la libertad y amor evangélicos. Lo hizo en la pastoral social muy comprometida con los más débiles. Acogió a sacerdotes obreros, propagó la “Populorum Progressio”, dio la cara por los derechos humanos en la atormentada Argentina que le tocó vivir. El afecto personal, despertado en el trato con la secretaria diocesana, que terminaría siendo su mujer, fue un ingrediente importante que mediatizó su actividad eclesial y puso a prueba su madurez humana y evangélica. Los dirigentes eclesiales lo utilizaron torticeramente como excusa para dar justificación a su remoción episcopal. De ello se queja Podestá:

“Yo no digo que lo taparan pero que lo trataran de una manera, con mayor respeto a las personas involucradas. Eso fue así y sin duda hay un fondo cierto que nunca ocultamos ni Clelia ni yo de nuestro afecto y de nuestra relación, el amor que sentíamos el uno por el otro, pero lo que precipitó, lo que causó el derrumbe fue una incentivación de tipo político bien manifiesta y bien clara. Y las acusaciones que llevaron... El Nuncio me hizo una picardía muy fea, si yo hubiera querido, como me dijeron algunos otros asesores: “Si vos la peleás, que te prueben en qué se basa la acusación (si yo había ido a mostrar las cartas) vos podés hacer un juicio laico en el Vaticano ¿No?”. Dije no, el Papa no me tiene confianza, ¡chao!” (Lidia González / Luis I. García Conde: “Monseñor Jerónimo Podestá. LA REVOLUCIÓN EN LA IGLESIA”. P. 99)

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La vida de los sacerdotes casados proclama la injusticia eclesial (IV)

08.09.17 | 10:32. Archivado en CELIBATO

Jerónimo Podestá, obispo con los pobres y con los sacerdotes casados (6)

“El celibato es un asunto que debemos mirar de frente”
Los historiadores Lidia González y Luis I. García Conde, en su libro-entrevista (“Monseñor Jerónimo Podestá. LA REVOLUCIÓN EN LA IGLESIA”. Instituto Histórico Ciudad de Buenos Aires. © 2000) introducen el marco histórico de la pastoral vocacional y celibataria del obispo Podestá con una descripción hecha por la Revista “Primera Plana”, del 17 de mayo de 1966, p. 40:

“En Argentina, la crisis del sacerdocio había comenzado mucho antes de los años sesenta... Esta crisis se reflejaba en la progresiva disminución de vocaciones para ingresar al Seminario. En 1945 habían ingresado al Seminario de la calle José Cubas, de la Capital, unos 60 postulantes, de los cuales el 85% eran niños de entre 11 y 12 años; en 1955, la cifra disminuyó a 36; ya 19 de ellos tenían entre 18 y 25 años, y en 1966 las inscripciones fueron 10: 4 jóvenes y 6 chicos. En diciembre cuando Perón había caído, algunos sacerdotes advertían que vivían en un reducto de Edad Media. “Muchos, aclara un párroco, entre los mejores de mi promoción abandonaron sin más el Seminario. Otros como yo se quedaron para luchar dentro, decididos a no aceptar niñerías y cambiar las cosas”.

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La vida de los sacerdotes casados proclama la injusticia eclesial (IV)

01.09.17 | 13:00. Archivado en CELIBATO

Jerónimo Podestá, obispo con los pobres y con los sacerdotes casados (5)

La renuncia forzada (agosto 1967) al obispado de Avellaneda no fue por motivos afectivos
Ya lo demostré en el artículo anterior. Su relación afectiva fue una excusa que les vino bien a los eclesiásticos contrarios a la pastoral social y comprometida con los derechos humanos que defendía y practicaba el obispo Jerónimo Podestá. Su compromiso amoroso llegó más tarde (1972) y fue fruto de su conciencia comprometida con la verdad y la vida. La pastoral obrera le configuró un modo de sentir los problemas de la gente muy cercano al Evangelio: evitar el sufrimiento, curar a los afligidos, ayudar a instaurar un mundo justo... donde tuviera sentido real el Evangelio de Jesús y su fraternidad. Por eso atrajo a su diócesis a curas obreros y al Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo. Con esta mentalidad evangélica orientó su vida episcopal, sencilla y pobre, cercana a la gente más débil y marginada. Vida episcopal que no agradaba a la clase política dirigente ni a la mayoría de dirigentes eclesiales. Así lo dice la revista “Siete Días Ilustrados” (05.09.1967) quince días después de la renuncia:

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La vida de los sacerdotes casados proclama la injusticia eclesial (IV)

25.08.17 | 13:22. Archivado en CELIBATO

Jerónimo Podestá, obispo con los pobres y con los sacerdotes casados (4)

La Encíclica “Populorun Progressio” le complicó la vida
Ya dije que la experiencia con los curas obreros y la difusión de la “Populorun Progressio” de Pablo VI fueron dos actividades que revolucionaron su vida. Esta última fue el detonante que terminó con su renuncia forzada al obispado de Avellaneda:

“Yo la empecé a predicar aquí, allá y Onganía (general presidente del gobierno) había proscripto no sólo al peronismo sino a toda manifestación política. Entonces a mí me invitaron de sindicatos a hablar sobre la encíclica. Venían los políticos, sobre todo peronistas y al término de mi disertación se echaban a cantar la marcha peronista...”

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18 de agosto de 2017: 169 años de un “martirio cruento” por el celibato opcional

17.08.17 | 20:41. Archivado en CELIBATO

18 de Agosto de 1848
Un sacerdote de la diócesis de Buenos Aires (Argentina), Ladislao Gutiérrez, y su mujer, Camila 0´ Gorman, fueron asesinados por la autoridad civil con la bendición eclesial. Su delito: abandonar el ministerio sacerdotal y formar una familia. Les mataron a los dos y al hijo concebido, en el octavo mes de gestación. El obispo de entonces, Mariano Medrano y Cabrera, pidió al Gobernador: “en cualquier punto que los encuentren a estos miserables, desgraciados infelices, sean aprehendidos y traídos, para que, procediendo en justicia, sean reprendidos por tan enorme y escandaloso procedimiento”. En su huida hacia Brasil, otro sacerdote avisó a la policía y los detuvieron. Camino de Buenos Aires, en un juicio sumarísimo, fueron condenados a muerte y fusilados en la mañana del 18 de agosto en el Cuartel General de Santos Lugares de Rosas (actualmente localidad de San Andrés, General San Martín). Ladislao hizo llegar a Camila este escrito: “Camila mía: Acabo de saber que mueres conmigo. Ya que no hemos podido vivir en la tierra unidos, nos uniremos en el cielo ante Dios. Te abraza tu Gutiérrez”. Sentados en sendas sillas, cargadas por cuatro hombres a través de dos largos palos, les vendan los ojos y, escoltados por la banda de música del batallón, los llevan al patio interior. Camila lloraba. Cuando los soldados los ataban a las sillas, pudieron despedirse, hasta que Ladislao comenzó a gritar: “Asesínenme a mí sin juicio, pero no a ella, y en ese estado ¡miserables...!”. Las balas los silenciaron.

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La vida de los sacerdotes casados proclama la injusticia eclesial (IV)

04.08.17 | 13:27. Archivado en CELIBATO

Jerónimo Podestá, obispo con los pobres y con los sacerdotes casados (3)

El obispo de Avellaneda autoriza los primeros curas obreros de América

La Iglesia empieza por la base: los trabajadores pobres

“Uno de los hechos que mejor representó el cambio de actitud de una Iglesia que buscaba nuevas formas de compromiso social, fue la aparición de los “curas obreros”. Al poco tiempo de hacerse cargo de la diócesis de Avellaneda, Podestá puso en marcha la idea de una Iglesia construida desde abajo, con sus curas integrados a la comunidad. A partir de la experiencia francesa, los primeros curas obreros de América trabajaron en la nueva diócesis de Avellaneda. La introducción de los curas obreros en la Argentina -principios de los sesenta- es un antecedente claro que preparó el terreno para lo que luego sería el movimiento tercermundista, y aunque en nuestro país no fueron más de 100 sobre 5000, y muchos eran extranjeros, su influencia se proyectó en el tiempo. Esta corriente de renovación que se sustenta en los postulados del Vaticano II, perseguía el acercamiento a los trabajadores y a los pobres, en una línea netamente diferenciada de Iglesia ligada al poder”.
(Lidia González y Luis I. García Conde: “Monseñor Jerónimo Podestá. LA REVOLUCIÓN EN LA IGLESIA” (Instituto Histórico Ciudad de Buenos Aires. © 2000. P. 21).

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La vida de los sacerdotes casados proclama la injusticia eclesial (IV)

28.07.17 | 09:32. Archivado en CELIBATO

Jerónimo Podestá, obispo con los pobres y con los sacerdotes casados (2)

Acción Católica, Sacerdocio, Pastoral Obrera
Jerónimo sintió la vocación sacerdotal en la Acción Católica, introducida en Argentina por el año l931 según el modelo de la A. C. Italiana. Él fue uno de los socios fundadores del Centro de Jóvenes de A. C. en su pueblo a mediados de los años treinta. Maduró su vocación sacerdotal ya entrado en la universidad, estudiando tercero de Medicina. Deja los estudios médicos para ir al seminario de La Plata en 1940. Allí fue ordenado sacerdote en 1946.

La Pastoral Obrera cambió su corazón clerical en corazón evangélico
Nos lo cuenta un sacerdote obrero, Fernando Portillo, que compartió su ministerio con el obispo de Avellaneda. En la revistas del Moceop (Movimiento Celibato Opcional), “TIEMPO DE HABLAR
TIEMPO DE ACTUAR”, nº 83, correspondiente al 4º trimestre 2000, firmaba este “recuerdo de Jerónimo y su relación con los curas obreros”.

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La vida de los sacerdotes casados proclama la injusticia eclesial (III)

30.06.17 | 10:43. Archivado en CELIBATO

En la Iglesia católica, la Ley está por encima del Evangelio
La Iglesia católica vive un excesivo celo por sus leyes. Me atrevería a decir que incluso mayor que por el Evangelio. Un ejemplo claro está en la ley del celibato. Es voluntad clara de Jesús que las comunidades celebren la eucaristía. Muchas no pueden hacerlo por carecer de sacerdote célibe, aunque haya uno casado. Lo tienen prohibido por ley eclesiástica. El “haced esto en memoria mía” (Mt 26, 26ss; Mc 14, 22ss; Lc 22, 17ss; 1Cor 11, 24ss) ha sido condicionado por “si hay un sacerdote célibe” que presida. Y esto, en una parte de la Iglesia: en la Occidental, no en la Oriental. Y, más absurdo, esta ley la quieren hacer pasar por voluntad de Dios. Lo que implica que Dios quiere una cosa en Occidente y lo contrario en Oriente. Aunque, en la actualidad, el Oriente viva en Alicante o Badajoz, y el Occidente en la India o el Líbano. ¿Cuándo se darán cuenta del sinsentido cultural, evangélico, existencial, incluso personal -la conciencia del presbítero y obispo casado-?

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La vida de los sacerdotes casados proclama la injusticia eclesial (II)

16.06.17 | 10:50. Archivado en CELIBATO

Los sacerdotes casados no “han abandonado la casa de Dios” ni “vuelto la vista atrás”
No es conforme con el Espíritu de Jesús el que parte del clero, sobre todo el alto clero, haya recurrido a manipular el Evangelio para condenar la libertad de cambiar una opción buena por otra igualmente buena, como es el formar una familia. Por muchas promesas que una persona haya hecho, cuando cambian las circunstancias personales (mentalidad, formación, jubilación, soledad...) o sociales (cultura, valoración social...), es honesto que pueda cambiar de conducta, mientras la nueva conducta goce también de bondad. En el artículo anterior demostré teóricamente que los que deciden formar una familia, aunque antes hubieran prometido mantenerse célibes toda la vida, no dejan “la casa de Dios” ni “vuelven la vista atrás” en el seguimiento de Jesús. Célibes y casados podemos seguir a Jesús y estar en la “casa del Padre”. Las promesas y las leyes humanas están al servicio de la persona, no al revés. Las creaciones humanas (leyes, hábitos, costumbres...) están al servicio de la vida humana: “¿que está permitido en sábado, hacer el bien o hacer daño, salvar una vida o matar?” (Mc 3, 1-6; Mt12, 9-14; Lc 6, 6-11). Lo trágico es que la Iglesia no haya sido aún capaz de prever y dar salida evangélica a estos cambios humanos. Por mantener la ley que vincula celibato y ministerio, permite romper vocaciones y vidas ministeriales claras, no respeta “el derecho (ius habent) de los cristianos de recibir... los auxilios de la palabra de Dios y de los sacramento” (LG 37), denigra la conciencia de muchos y buenos presbíteros y algunos obispos. Es el caso sobre el que escribí la semana pasada. Miremos su vida. Leamos el testimonio de J. M. Carballo Ferreiro sobre este buen canónigo de la catedral de Mondoñedo, José María Rodríguez Díaz:

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La vida de los sacerdotes casados proclama la injusticia eclesial (I)

09.06.17 | 10:55. Archivado en CELIBATO

Estos días, en Religión Digital, se ha recordado la vida del sacerdote y canónigo de la catedral de Mondoñedo, José María Rodríguez Díaz, fallecido el pasado 9 de mayo (Carta abierta a un compañero secularizado, pero compañero I y II, de José Manuel Carballo Ferreiro. 20.05.17). El compañero lamenta:
“el angustioso pensar asociando irse de la casa del Padre y volver la vista atrás, con secularizarte y casar... Tú no te cansabas de repetir: `Soy el hijo pródigo. Soy el hijo pródigo´... A este José María, como a muchos más compañeros curas secularizados les está barrenando la interpretación que se hizo en contra de ellos de: `El que pone la mano en el arado y vuelve la vista atrás no es digno del reino de Dios´”.

“Sacerdotes que han abandonado la casa de Dios”
Pensamiento que dirigentes eclesiales inoculaban en la mentalidad de seminaristas y sacerdotes. Era una de las ataduras más sutiles y terribles que tuvieron que desatar los que decidían la libertad de formar una familia. Pensamiento recogido en una encíclica papal con el “propósito de dar nuevo lustre y vigor al celibato sacerdotal en las circunstancias actuales” (Sacerd. Caelib., 2):

“Estamos seguros, venerables hermanos, de que no dejaréis de tentar nada por cultivar asiduamente en vuestro clero, con vuestra doctrina y prudencia, con vuestro fervor pastoral, el ideal sagrado del celibato; y que no perderéis jamás de vista a los sacerdotes que han abandonado la casa de Dios, que es su verdadera casa, sea cual sea el éxito de su dolorosa aventura, porque ellos siguen siendo por siempre hijos vuestros” (Pablo VI: encíclica Sacerdotalis caelibatus, 95).

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Evangelio para obispos y presbíteros casados (9)

19.05.17 | 10:25. Archivado en CELIBATO

Novena (y última) conveniencia (supuesta) entre sacerdocio ministerial y celibato:

“Se hacen además signo vivo del aquel mundo futuro, presente ya por la fe y el amor, en el que los hijos de la resurrección no se casarán (Lc 20, 35-36; Pio XI, enc. “Ad catholici sacerdotii”, 20 dic. 1935; Pio XII, enc. Sacra virginitas, 25 marzo 1954)” (Vaticano II, PO 16).

Pablo VI resalta la misma conveniencia: “signo de los bienes celestiales”
Con la encíclica “Sacerdotalis caelibatus” (24 junio de 1967), Pablo VI, año y medio tras el Vaticano II, dice cumplir “la promesa que hicimos a los venerables padres del concilio, a los que declaramos nuestro propósito de dar nuevo lustre y vigor al celibato sacerdotal en las circunstancias actuales”. La historia confirma lo contrario. Tras esta encíclica, tal “lustre y vigor” provocaron la mayor deserción histórica de presbíteros, incluidos algunos obispos. El Papa optó por la continuidad de la ley en vez de la libertad y cambio que le pedían muchos pastores, teólogos y fieles:

“Nuestro Señor y Maestro ha dicho que “en la resurrección no se tomará mujer ni marido, sino que serán como ángeles de Dios en el cielo” (Mt 22, 30). En el mundo de los hombres, ocupados en gran número en los cuidados terrenales y dominados con gran frecuencia por los deseos de la carne (cf. 1Jn 2, 16), el precioso don divino de la perfecta continencia por el reino de los cielos constituye “un signo particular de los bienes celestiales” (Vat. II, Decr. Perfectae caritatis, n. 12), anuncia la presencia sobre la tierra de los últimos tiempos... (cf. 1Cor 7, 29-31)..., y anticipa de alguna manera la consumación del reino, afirmando sus valores supremos, que un día brillarán en todos los hijos de Dios. Por eso, es un testimonio de la necesaria tensión del Pueblo de Dios hacia la meta última de su peregrinación terrena y un estímulo para todos a alzar la mirada a las cosas que están allá arriba, en donde Cristo está sentado a la diestra del Padre y donde nuestra vida está escondida con Cristo en Dios, hasta que se manifieste en la gloria (Col 3, 1-4)” (“Sacerdotalis caelibatus” n. 34).

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Viernes, 20 de octubre

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