Atrévete a orar

Domingo 33º TO B 2ª lect. (18.11.2018): El amor gratuito nos hace más humanos

12.11.18 | 10:00. Archivado en 2ª Lect. Tiempo Ordinario B

Comentario:donde hay remisión..., ya no hay oblación por el pecado” (Heb 10,11-14.18)
La vida en amor produce felicidad
Este fragmento concluye la parte teológica central. Remacha la oposición de los “sacrificios” antiguos y el “sacrificio” -la vida- de Cristo. Los diferencia la eficacia liberadora: Jesús salva de la enfermedad, la miseria, el sinsentido, el odio, la muerte... Los sacrificios antiguos no dan la perfección del Amor (10,1). La vida de Jesús decidido a hacer la voluntad de Dios es la que ha propiciado, revelando el Amor, la “santificación” -vinculación a Dios- (Heb 10,10). Su vida en Amor conduce a través de la dura realidad a la perfección, a la gloria, a la felicidad.

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El silencio de los obispos sobre el celibato (18)

09.11.18 | 10:00. Archivado en CELIBATO HOY

¿Creen los obispos en los signos de tiempos?
Jesús invita a interpretar el tiempo presente y juzgar lo que se debe hacer -lo que Dios quiere- en cada situación (Lc 12, 54-57). Y la palabra más autorizada de la Iglesia en nuestros tiempos -el concilio Vaticano II- nos ha dicho que:

“para continuar la obra de Cristo -quien vino al mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no para juzgar, para servir y no para ser servido (cf. Jn 18,37; 3,17; Mt 20,28; Mc 10, 45)- a la Iglesia en todo tiempo le incumbe el deber de escrutar los signos de los tiempos y de interpretarlos a la luz del Evangelio” (GS 3-4).

El Movimiento de Sacerdotes Casados debe “interpretarse desde el Evangelio”
El silencio mayoritario de los obispos católicos sobre el Movimiento Internacional de Curas Casados es un indicio claro de sumisión a la Ley y de clara omisión de escuchar al Espíritu. La historia es muy triste. La evolución de nuestro tiempo en este campo, de la Iglesia y de la sociedad, no ha sido espiritualmente acompañada como se debe, tras el Vaticano II, por los dirigentes de la Iglesia en general. La inmensa mayoría de los que decidían casarse quería seguir ejerciendo el ministerio. El clima conciliar de “abrir ventanas” y “aggiornamento” (Juan XXIII) o puesta al día, les había infundido la esperanza de que la disciplina del celibato sería revisada. En la sociedad y en la misma Iglesia, el conocimiento y valoración de la sexualidad habían mejorado. Las razones que se venían dando para mantener la ley carecían de apoyo bíblico y social. El mismo Concilio había asegurado que

“el celibato no era exigido por la naturaleza del sacerdocio, como aparece en la praxis de la Iglesia primitiva -cf. 1Tim 3, 2-5; Tit 1, 6- y en la tradición de las Iglesias Orientales, donde, excepto los que con todos los obispos eligen guardar el celibato como un don de gracia, existen Presbíteros casados también muy meritorios” (PO 16).

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Preces de Fieles (D. 32º TO B 2ª l. (11.11.2018): la obediencia al Amor termina en la gloria

07.11.18 | 10:00. Archivado en PRECES FIELES B

La vida de Jesús revela el proyecto divino sobre la vida humana. Jesús descubre el verdadero rostro de Dios (Heb 1,2): Dios es Amor y llama a vivir en amor. El amor hace de la vida un cielo y nos lleva al cielo definitivo. Pidamos vivir como Jesús diciendo: “queremos amar a todos como tú, Señor”.

Por la Iglesia:
- que obedezca al Amor a pesar de los sufrimientos;
- que se identifique con los más débiles.
Roguemos al Señor: “queremos amar a todos como tú, Señor”.

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Domingo 32º TO B 2ª lect. (11.11.2018): la obediencia al Amor termina en la gloria

05.11.18 | 10:00. Archivado en 2ª Lect. Tiempo Ordinario B

Comentario:Cristo ha entrado en el mismo cielo... ante Dios intercediendo” (Hebr 9,24-28)
La vida de Jesús revela el proyecto divino sobre la vida humana
Jesús, al morir, revela el “acceso nuevo y viviente a través de la cortina que es su carne” (Heb 10, 20). Al atravesar la “cortina de la carne” -la vida física- accedemos pues a “un santuario mayor y más perfecto, no hecho por hombres, es decir, no de este mundo creado” (Heb 9,11). Lo repite la lectura de hoy: “Cristo ha entrado no en un santuario construido por hombres -imagen del auténtico-, sino en el mismo cielo, para ponerse ante Dios, intercediendo por nosotros” (Heb 9,24). Compara el santuario del Antiguo Testamento con el santuario de Cristo resucitado. Jesús, sacerdote por su vida –no por ritos y ceremonias, ni sujeto a una disciplina religiosa-, entra en un santuario, no construido por manos humanas. Es el mismo cielo, la presencia de Dios cara a cara. Ahí intercede por nosotros: revelándonos lo que Dios tiene preparado. Es el último acto del sacrificio que fue toda su vida. La etimología de sacrificio es “hacer lo sagrado”. Dios es “sagrado” por su perfección. El hombre, por el deseo de perfección que tiene en su interior, puede también considerarse “sagrado”. Nos vamos haciendo más sagrados en la medida que nos vamos perfeccionando. La perfección divina para Jesús es su amor gratuito y universal. De aquí que nos invite a amar incluso a los enemigos, para ser hijos de vuestro Padre que hace salir y el sol y bajar la lluvia sobre justos y pecadores.. “Sed perfectos como vuestro Padre del cielo es perfecto” (Mt 5,44-48). La vida de Jesús puede resumirse en amar como Dios ama, hacer el bien y liberar a los oprimidos por el mal. Esa es su tarea sacrificial tal como lo entiende esta carta.

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A VUELTAS Y REVUELTAS CON EL CELIBATO

02.11.18 | 10:00. Archivado en CELIBATO HOY

Escribe: Pepe Mallo

VER
Cómo me hubiera gustado encontrar para mi reflexión un titular tan realista y explosivo como el de algunos blogueros: “La pederastia, bomba contra el celibato clerical”, “La pederastia, cáncer con metástasis”. Y es que la deflagración de la pederastia clerical le ha estallado bruscamente a Francisco y ha provocado una de las peores crisis de coherencia y de credibilidad en la Iglesia. Es atrozmente doloroso y profundamente lamentable que, desde curas a obispos y cardenales, haya tenido lugar una depravación tan grave, precisamente perpetrada contra personas inocentes e indefensas como son los niños y adolescentes. “No se trata de una enfermedad pasajera que afecte excepcionalmente a algunos de sus miembros, sino de un cáncer con metástasis que alcanza a todo el cuerpo eclesiástico: cardenales, obispos, sacerdotes, miembros de la Curia romana, de congregaciones religiosas, educadores en seminarios, noviciados y colegios religiosos.” (J.J. Tamayo). Y no se concentra en un lugar preciso, sino que se expande por diversas poblaciones y países distintos y distantes intoxicando los cinco continentes. ¿Cómo es posible que un problema de esta índole pueda desencadenarse justo en un ambiente, como el eclesial, cuyo sentir primordial defiende exactamente lo contrario?
El último estruendo lo ha provocado la publicación del informe judicial de más de 1300 páginas sobre los abusos sexuales cometidos en seis de las ocho diócesis del estado de Pensilvania (USA). La investigación destapa una sórdida maquinaria de silencio y encubrimiento ante los excesos de los curas y revela que no solo la cúpula eclesiástica trató de encubrir los abusos sino que muchos jerarcas miraron hacia otro lado. “Los vergonzosos comportamientos sexuales de los consagrados vienen dejando, como consecuencia, miles de menores abusados, miles de hijos y madres condenados al anonimato, miles de millones de dólares pagados en indemnizaciones por la Iglesia a víctimas y centenares de investigaciones y juicios.”(Deducción del Informe)

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Preces de los Fieles (D. 31º TO B 2ª lect. (04.11.2018): Nuevo y definitivo sacerdocio

31.10.18 | 10:00. Archivado en PRECES FIELES B

Jesús puso su vida a la escucha del Amor del Padre-Madre (Heb 10, 5-10). Su vida nos revela la voluntad de Dios. Nosotros, creyendo en él (Heb 5,9: “obedeciéndole”), accedemos al Amor del Padre y comunicamos su mismo Amor. Así somos sacerdotes. Pidamos vivir nuestro sacerdocio diciendo: “Confiamos en Dios, queremos vivir en su Amor”.

Por la Iglesia:
- que revalorice el bautismo, sacramento de entrada al Amor divino;
- que renovemos con frecuencia nuestra incorporación al “Cuerpo” de Jesús.
Roguemos al Señor: “Confiamos en Dios, queremos vivir en su Amor”.

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Domingo 31º TO B 2ª lect. (04.11.2018): Nuevo y definitivo sacerdocio

29.10.18 | 10:00. Archivado en 2ª Lect. Tiempo Ordinario B

Comentario:puede salvar definitivamente a los que por él se acercan a Dios” (Heb 7,23-28)
Los capítulos 6-10 están dedicados a exponer el sacerdocio existencial de Jesús, y sus diferencias con el sacerdocio levítico, tanto en el aspecto personal como en la eficacia salvadora. Hoy leemos la superioridad y perfección de Cristo resucitado que prolonga la eficacia de su vida terrena como sacerdote de la vida. Su amor tiene validez eterna y universal.

El sacerdocio de Jesús no pasa
Ha habido multitud de sacerdotes del antiguo Testamento, porque la muerte les impedía permanecer; como éste, en cambio, permanece para siempre, tiene el sacerdocio que no pasa. De ahí que puede salvar definitivamente a los que por medio de él se acercan a Dios, porque vive siempre para interceder en su favor” (7,23-25).
Jesús ha sido ungido sacerdote por el Espíritu Santo. Su “unción” le ha dinamizado para dar el amor del Padre, amarnos con su mismo Espíritu y abrirnos la posibilidad, por la fe, de acceder a la situación de gracia del Padre. Toda su vida ha sido sacerdotal, sin ritos, sin actos de culto organizado, sin momentos sagrados marginales. La resurrección –vida para siempre- ha hecho eterno su sacerdocio. Quienes confiados en la palabra de Jesús –“el Padre os ama, espera, está a la puerta, os perdona...” (Lc 15)- se acercan a Dios, “encuentran salvación definitiva”. Viven ya en Cristo resucitado que “siempre intercede en su favor”, reciben su paz y alegría, son capaces de vivir en su mismo Amor, en el mismo Espíritu que les inunda.

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TODOS LOS SANTOS (01.11.2018): El tesoro de la Iglesia

26.10.18 | 10:00. Archivado en FIESTAS Y SOLEMNIDADES

Comentario:Mirad qué amor nos ha dado el Padre...” (1Jn 3,1-3)
Este fragmento pertenece a la parte de la carta sobre “Dios es Padre y nosotros sus hijos” (2, 29-4, 6). La relación paterno-filial lleva a obrar la justicia del Padre (2,29-3,10), que es Amor (3,11-24), y a aceptar a Jesús que amó como el Padre (4,1-6). Los versículos 1-3 del capítulo 3º invitan a mirar el amor del Padre. Es el estado o situación vital en que viven los cristianos: gracias a la fe en Jesús, “accedemos a esta situación de gracia en que estamos” (Rm 5,2).

Nuestro amor nos delata y nos define
Mirad qué amor nos ha dado el Padre, al hacer que nos llamemos hijos de Dios, y lo seamos de verdad”. El Espíritu de Dios libera del egoísmo para servir a la vida humana, como la sirven el Padre y el Hijo (Jn 14,10). “Hijos de Dios son todos y sólo aquellos que se dejan llevar por el Espíritu de Dios” (Rm 8,14), dirá Pablo. Es decir, Dios nos ama y nos ofrece su Espíritu. Quienes se dejan llevar por él, amando como él, nacen como hijos y son reales hijos de Dios. Cuando no nos dejamos llevar por el Espíritu divino, Dios nos ama igual y nos considera hijos, pero en la práctica no actuamos como hijos. Nuestro dinamismo personal no nace del Espíritu. Abandonamos la casa del Amor y entramos en la del egoísmo. ¿Cómo ser llamados “hijos de Dios” cuando nuestro actuar no nace de su Espíritu? Miremos, pues, cómo es nuestro amor, él nos delata. “En esto conocerán todos que sois discípulos míos...” (Jn 13,35).

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Preces Fieles (D. 30º TO B 2ª lect. (28.10.2018): sacerdotes del Nuevo Testamento

24.10.18 | 10:00. Archivado en PRECES FIELES B

Gracias al Espíritu de Jesús, recibido en el bautismo, somos sacerdotes de la Nueva Alianza. Como en Jesús, el Espíritu divino nos habita y podemos vivirlo y transmitirlo a cualquier persona y en cualquier actividad. Eso es ser sacerdote: quien “da lo sagrado”. Pidamos vivir nuestro sacerdocio, diciendo: “Somos piedras vivas, somos sacerdocio santo” (1Pe 2, 5).

Por la Iglesia:
- que toda comunidad cristiana se sienta testigo de Jesús;
- que el centro de la Iglesia sean las comunidades, no sus servidores.
Roguemos al Señor: “Somos piedras vivas, somos sacerdocio santo” (1Pe 2, 5).

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Domingo 30º TO B 2ª lect. (28.10.2018): sacerdotes del Nuevo Testamento

22.10.18 | 09:54. Archivado en 2ª Lect. Tiempo Ordinario B

Comentario:Tú eres mi hijo... tú eres sacerdote para siempre” (Heb 5,1-6)
Esta carta interpreta la vida de Jesús con categorías sacerdotales
Le sirve de modelo el sacerdocio del Antiguo Testamento. Los cuatro primeros versículos de hoy recogen las características del sumo sacerdote judío : a) Elegido para representar al ser humano ante Dios ofreciendo dones y sacrificios por los pecados (v. 1). b) Comprende a los ignorantes y extraviados por ser él también débil (v.2). c) Ofrece sacrificios por él y por el pueblo (v. 3). d) Llamado por Dios, como Aarón (v. 4).
Jesús, en su vida real, supera este sacerdocio, y puede ser considerado como el supremo y único sacerdote según Dios quiere. Su vida en amor ha sido verdadero sacerdocio existencial: ha unido a los hombres con Dios, vinculándolos al amor de Padre. “El Padre os ama” (Jn 16, 27), intima Jesús a todos. Pide responder como él al amor del Padre, viviendo el reino: orando, curando, hermanando, liberando del odio, buscando la verdad y la vida para todos...

Jesús realiza el sacerdocio en su vida, sin ritos religiosos
Así también Cristo no se atribuyó la gloria de constituirse sumo sacerdote, sino que la recibió de aquel que le dijo: `Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy´” (v. 5). “Como dice también en otro lugar: `Tú eres sacerdote para siempre, a la manera de Melquisedec´” (v. 6).
Dios, que nombró a Aarón, llamó a Jesús “mi Hijo” (Sal 2,7), y lo proclamó sacerdote a la manera de Melquisedec (Sal 110,4). Nombre y título (“rey de justicia” y “rey de paz”) (7,2), genealogía desconocida, y su perpetuidad (7,3), le sirven para verlo como figura de Jesús que, al sentirse Hijo de Dios, se siente vitalmente sacerdote: da el amor divino, y responde con el mismo amor. Este sacerdocio no es ritual. Es sacerdocio de vida, existencial, sin religión organizada. Recuerda a Melquisedec (Gén 14,17-20), sacerdote y rey de Salén (rey “de justicia y de paz”), que sale al encuentro de Abrahán con pan y vino, a quien bendice en nombre del Dios creador del cielo y de la tierra. Abrahán le da el diezmo, y así le reconoce superior. El sacerdocio de Jesús radica en la misma creación, en la existencia humana. El Creador nos envía a su mismo Hijo para traernos su mismo Espíritu, y poder así vivir como Dios quiere, realizando su reino “de justicia y paz”, proyecto de vida humanizada.

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El silencio de los obispos sobre el celibato (17)

19.10.18 | 10:00. Archivado en CELIBATO HOY

“No estamos autorizados a hablar de justicia y amor en la Iglesia, sin practicarlas” con los sacerdotes casados (arzobispo italiano)
Esta es una persuasión extendida en la sociedad y en la Iglesia. Sobre todo en los dos pontificados anteriores. Cuando recortaban libertades a teólogos, a pastoralistas, a comunidades vivas. La selección episcopal paralizó la evolución eclesial del Vaticano II. Volvieron a ser evidentes las respuestas de un personaje de M. Descalzo en la novela que analiza la responsabilidad de la Iglesia en la guerra civil de 1936:

“-¿Conoce usted algún obispo que tenga fe? La Iglesia está pero que muy bien montada: en su base, en sus curas, en sus fieles, hay fe, sí, hay gente que cree en serio. Pero, luego, encima, está el armazón de hierro, un armazón que, incluso, fomenta que haya fe abajo, siempre que no pueda llegar arriba porque podría reventar el armazón. ¿Usted cree que eligen a los obispos por su fidelidad al evangelio? No, los escogen por su fidelidad al Vaticano, a la armazón, a la estructura. Así hay un doble juego muy inteligente: lo que ustedes predican es el evangelio, pero lo que rige la Iglesia es el Derecho Canónico, el derecho más despótico que haya elaborado sociedad alguna” (Martín Descalzo, “Lobos, perros y corderos”. Ed. Destino Barcelona 1978. P. 216).

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Preces de los Fieles (D. 29º TO B 2ª lect. (21.10.2018): Vuelta al Evangelio de Jesús

17.10.18 | 10:00. Archivado en PRECES FIELES B

La crisis de la Iglesia (clericalismo, obediencia ciega, falta de comunidades vivas...) está pidiendo: “permanecer firmes en la fe que profesamos”. Y para esta permanencia hay que mirar “al apóstol y sumo sacerdote de nuestro acuerdo, a Jesús” (Heb 3,1). Pidamos la verdadera reforma de la Iglesia diciendo: “queremos ser testigos de tu Amor”.

Por la Iglesia:
- que te mire a ti, “trono de gracia”, amor incondicional;
- que viva en comunidades de vida, atenta a los más débiles.
Roguemos al Señor: “queremos ser testigos de tu Amor”.

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