Atrévete a orar

Bautismo del Señor C 2ª lect. (13.01.2019): Celebrar el Espíritu que nos habita

07.01.19 | 10:00. Archivado en Acerca del autor

Comentario:Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo” (He 10,34-38)
Leemos parte del discurso de Pedro en casa de Cornelio. Allí acudió llamado por el propio Cornelio para que lo recibiera en la comunidad cristiana. No fue fácil para el primero de los Apóstoles acudir a casa de un no judío, participar en su mesa y realizar el signo bautismal que le integra en la Iglesia. Por eso expresa su evolución respecto de la voluntad divina: “Ahora comprendo con toda verdad” (“comprendo” traduce el verbo “catalambano”: de “lambano” y “katá”; en voz media, expresa el dinamismo personal operado por lo que acontece: comprender a través de, encontrar a través, caer en la cuenta...). Los hechos vividos con el Espíritu de Jesús le han hecho caer en la cuenta de “que Dios no hace acepción de personas” (lit.: no es persona que de favoritismo), “acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea” (lit.: “en toda nación el que lo respeta y practica la justicia le es aceptable”). La justicia es amar. Israel ha sido mediación para el Evangelio de Dios: “envió su palabra a los hijos de Israel anunciando la Buena Nueva de la paz (`euanguelidsomenos eirenen´: evangelizando la paz) que traería Jesucristo, el Señor de todos”. Pablo también entiende la obra de Jesús como comunión en el Amor, que da bien por mal. Es la lógica de Jesús: “ha hecho de los dos pueblos, judíos y gentiles, una sola cosa”, y por ello es “nuestra paz” (Ef 2,14).

Conocéis “el hecho Jesús”: el ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo
Presenta a Jesús como un acontecimiento singular: “Vosotros conocéis lo que sucedió..., Jesús el de Nazaret”. “Lo que sucedió” (traduce: “to guenómenon rema”: la sucedida palabra, mensaje, suceso, evento...) “en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús el de Nazaret” (“me refiero” no está en el texto original griego). Jesús está en acusativo, aposición gramatical al complemento directo de “conocéis”: “Lo que sucedió”, “Jesús el de Nazaret”. El hecho Jesús implica la unción de Dios, literalmente, “con Espíritu santo y poder”. Y como fruto de esa unción divina: “pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque el Dios estaba con él”. Es esta una alusión clara al bautismo de Jesús que celebramos hoy: “Dios le ungió con Espíritu Santo y poder”. Pedro, que debía afianzar a sus hermanos en el Espíritu de Jesús (Lc 22, 32b), bautiza a un no judío, confirmando así la universalidad de la salvación cristiana. Tal como ya venían haciendo los más intrépidos misioneros cristianos (el diácono Felipe: He 8,26-40) y había sido anunciado a Pablo (He 9,15). Pedro confirma a toda la Iglesia en el bautismo del Espíritu. Es la consagración básica, fundamental, común a todo cristiano. Sobre ella se irán añadiendo secundarias consagraciones conforme a los carismas particulares que Dios reparte según quiere.

Oración:Dios ungió a Jesús con la fuerza del Espíritu Santo” (He 10,34-38)

Jesús, ungido con la fuerza del Espíritu divino:
contemplamos hoy tu investidura como misionero del Padre;
es un hecho, central en tu vida, subrayado por los cuatro evangelios
(Mt 3,13-17; Mc 1,9-11; Lc 3,21-22; Jn 1,29-34).

Acudiendo al bautismo de Juan demuestras tu compromiso vital:
compartes la protesta de Juan y su llamada a cambiar la vida;
experimentas que “el cielo se rasga”, se comunica contigo, el Hombre;
sientes que el Espíritu divino habita tu vida humana;
tomas conciencia de que eres el Hijo, el amado.

“Inmediatamente”, apunta Marcos, el Espíritu conduce tu existencia:
“te empuja al desierto” de la vida, donde te zarandean “fieras y ángeles” (Mc 1, 12-13);
la muerte de Juan es el signo del Espíritu que pone en marcha tu misión:
“se ha cumplido el tiempo: el Reino de Dios está cerca;
cambiad y creed en la Buena Noticia” del Amor del Padre (Mc 1, 14-15).

Hechos de los Apóstoles nos acerca a los primeros misioneros:
están llenos de tu mismo Espíritu;
se sienten vinculados por Amor del Padre;
dicen tener un solo corazón y una sola alma;
no consienten que nadie pase hambre, como hacías tú;
comparten y multiplican la generosidad de todos;
rompen poco a poco el gueto de su religión;
comprenden que el Creador es Padre de todos;
repasan tu vida, atenta a los más débiles, sean de la religión que sean;

Anuncian a todos tu vida de amor:
“ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo,
pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo,
porque Dios estaba con él” (He 10, 38).

Ellos tienen experiencia de tu vida resucitada:
proclaman que el Espíritu del Padre te ha resucitado;
sienten que vives con ellos para siempre;
han reconocido tu perdón a su cobarde comportamiento;
se han visto desbordados por tu amor incondicional;
sienten la alegría que devuelve sentido a la injusta cruz;
están dispuestos a ser, como tú, testigos del mismo Amor.

Invitan a creer en tu presencia entre nosotros:
quienes te van creyendo, reciben tu mismo Espíritu;
celebran la llegada del Espíritu bañándose en agua;
agua que es símbolo de muerte y vida;
se comprometen a vivir como Tú: “hacer bien y curar de todo mal”.

Hoy, Pedro, primer responsable de la misión:
“comprende con toda verdad que Dios no hace acepción de personas,
sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea”;
“envió su palabra a los hijos de Israel, anunciando la Buena Nueva de la paz
que traería Jesucristo, el Señor de todos”

Esta comprensión acoge a personas religiosas y no religiosas:
a todas les entrega, si creen en tu Amor, tu mismo Espíritu;
el Espíritu que sólo hace bien y cura de todo mal;
el Espíritu de libertad en el amor gratuito y desinteresado;
el Espíritu que quiere vida digna para todos y trabaja por lograrla.

Jesús, bautizado con el Espíritu de Dios:
“danos tus entrañas de misericordia ante toda miseria humana;
inspíranos el gesto y la palabra oportuna frente al hermano solo y desamparado;
ayúdanos a estar disponibles ante quien se siente explotado y deprimido...”
(Plegaria eucarística 5 B).

Rufo González
Leganés, enero 2019


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