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El silencio de los obispos sobre el celibato (20)

23.11.18 | 10:00. Archivado en CELIBATO HOY

“La mentalidad de dirigentes eclesiales impide que la gracia divina fluya”
Ramón Hernández Martín, jubilado salmantino, viene escribiendo en Religión Digital un delicioso Blog, titulado “Audaz relectura del cristianismo”. Este verano nos ofrecía una reflexión sobre “La sexualidad, asignatura troncal pendiente” (08.07.2018). Suyos son estos párrafos que los actuales dirigentes de la Iglesia deberían considerar:

“¿Cuánto tardará todavía la Iglesia católica en acoplar su sensibilidad religiosa a tan bella dotación de la naturaleza para asumirla en plenitud? ¿Es menos santo el ejercicio de la sexualidad que la práctica de la castidad? ¿Hay alguna razón de peso para ligar el ejercicio del ministerio sacerdotal al celibato que no sea de pura conveniencia para los mandos?
¿Cuánto tiempo ha de pasar para que tras asumir la pluralidad que la naturaleza aporta, pueda bendecir la Iglesia cualquier proyecto de vida en común que los hombres y mujeres quieran emprender como convivencia familiar? Su demora hará que renquee la penetración del mensaje evangélico en las vidas de hombres y mujeres de nuestro tiempo. Las mentalidades compartimentadas de tantos dirigentes eclesiales están impidiendo que la gracia divina fluya sobre todo el espectro de la vida humana.
¡Loado sea el Dios de los cristianos porque ha hecho a los seres humanos sexuados y les ha dado una extraordinaria fuerza de vida en el ejercicio de su sexualidad, tanta que les permite multiplicarse y convivir juntos en proyectos de vida en común! Al parecer, Dios sabe lo que se hace, pero nuestra Iglesia todavía no”.

La ley, fruto de la ideología clerical, al margen del Evangelio
Lo demuestran las manifestaciones increíbles del cardenal que ya había dicho que la comunión en la mano era un “invento diabólico”. Por defender una norma pintoresca, llama “diablo” a Jesús, inventor de la primera comunión en la mano (Mt 26,26-30; Mc 14, 22-26; Lc 22,14-22; 1Cor 11, 23-25). Robert Sarah, Prefecto de la Congregación del Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos, en la Peregrinación a Notre-Dame de Chrétienté (Chartres -Francia-), en Pentecostés (20 mayo 2018), digo en su homilía:

“Queridos compañeros sacerdotes, mantengan siempre esta certeza: ¡estar con Cristo en la Cruz es lo que el celibato sacerdotal proclama al mundo! El plan, nuevamente propuesto por algunos, de separar el celibato del sacerdocio al conferir el sacramento del Orden a los hombres casados (“viri probati”) por, dicen, “razones o necesidades pastorales”, tendría serias consecuencias, de hecho, para romper definitivamente con la Tradición Apostólica. Nos gustaría fabricar un sacerdocio de acuerdo a nuestra dimensión humana, pero sin perpetuar, sin extender el sacerdocio de Cristo, obediente, pobre y casto. De hecho, el sacerdote no es solo un “alter Christus”, sino que es verdaderamente “ipse Christus”, ¡él es Cristo mismo! Y es por eso que, siguiendo a Cristo y la Iglesia, ¡el sacerdote siempre será un signo de contradicción!”.

El celibato no “proclama estar con Cristo en la cruz”
Es una afirmación ideológica del cardenal. No es verdad y no debe serlo. El celibato por el reino de los cielos (Mt 19, 11-12) es un don y, quien lo sabe y entiende así, lo vive con alegría y lo lleva como “carga suave y ligera” (Mt 11,28-30). El celibato impuesto por los dirigentes de la Iglesia “proclama estar en cruz injusta”. El celibato puede significar lo que dice el Vaticano II: “los célibes evocan el arcano matrimonio fundado por Dios y que se manifestará plenamente en el futuro, por el que la Iglesia tiene a Cristo como único esposo” (PO 16). Pero lo mismo pasa con el matrimonio, como reconoce la encíclica de Benedicto XVI: “El matrimonio basado en un amor exclusivo y definitivo se convierte en el icono de la relación de Dios con su pueblo...” (“Deus caritas est”, n. 11). La persona casada, sexualmente equilibrada, está en condiciones óptimas para presidir la familia de Dios, su pueblo, su iglesia (1Tim 3, 2-5). Se evitan así los perniciosos efectos del celibato obligatorio: doble vida, mujeres invisibles, hijos sin padre, abusos de mayores y menores, parroquias sin eucaristía...

Separar el celibato del sacerdocio no “rompe con la Tradición Apostólica”
Extraña que el Prefecto de dicha Congregación diga que “separar el celibato del sacerdocio al conferir el sacramento del Orden a hombres casados (“viri probati”)... rompe definitivamente con la Tradición Apostólica”. La tradición de unir legalmente sacerdocio y celibato se inventó tres siglos después de la muerte de los Apóstoles, con la estructura piramidal -no sinodal- de la Iglesia en el poder. Se impuso en el siglo XI.
¿No sabe que, según el evangelio, Jesús curó a la suegra de Pedro, apóstol y primer papa -Mt 8, 14-15; Mc 1, 29-31; Lc 4, 38-39-? ¿No ha leído las cartas apostólicas de Pablo? Por ejemplo: “¿acaso no tenemos derecho a llevar con nosotros una mujer hermana -`esposa cristiana´- como los demás apóstoles, incluyendo a los parientes del Señor y a Pedro?” (1Cor 9,4-5). ¿No ha leído el Decreto del Vaticano II “sobre el ministerio y vida de los presbíteros” que dice: “el celibato no es exigido por la naturaleza del sacerdocio, como aparece en la praxis de la Iglesia primitiva -cf. 1Tim 3, 2-5; Tit 1, 6- y en la tradición de las Iglesias Orientales, donde, excepto los que con todos los obispos eligen guardar el celibato como un don de gracia, existen Presbíteros casados también muy meritorios” (PO 16)?
El sincero san Pablo VI reconocía que Jesús y los Apóstoles no exigían celibato: “Jesús no puso esta condición previa en la elección de los Doce, como tampoco los Apóstoles para los que ponían al frente de las primeras comunidades cristianas -1Tim 3, 2-5; Tit 1, 5-6-” (Encíclica: Sacerdotalis Caelibatus, n. 5).

Último disparate ideológico del clericalismo supremacista
“El sacerdote no es solo un `alter Christus´ -otro Cristo-, sino que es verdaderamente “ipse Christus”, ¡él es Cristo mismo!”. Lo que nos faltaba oír. Sacralización completa. Hay que corregir el evangelio que sólo atribuye tamaña identificación moral a los desvalidos, vicarios de Jesús: “tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me recogisteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, estuve en la cárcel y fuisteis a verme” (Mt 25, 35-36).

Rufo González
Madrid, noviembre 2018


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Comentarios
  • Comentario por Sota de Bastos 24.11.18 | 16:09

    ¿De dónde se sacan que Jesús no se casó? ¿Vino Dios Hijo a enmendar la plana a Dios Padre, que dijo “No es bueno que el hombre esté solo”? Pero es que a frase de “Hay quien se hace eunuco por el Reino de los Cielos”, si no es una interpolación de cuando la filosofía griega se apoderó de la Iglesia, es un boomerang, porque si Jesús no hubiese estado casado o pensarse casarse, había añadido: “como yo”.

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