Atrévete a orar

Domingo 30º TO B 2ª lect. (28.10.2018): sacerdotes del Nuevo Testamento

22.10.18 | 09:54. Archivado en 2ª Lect. Tiempo Ordinario B

Comentario:Tú eres mi hijo... tú eres sacerdote para siempre” (Heb 5,1-6)
Esta carta interpreta la vida de Jesús con categorías sacerdotales
Le sirve de modelo el sacerdocio del Antiguo Testamento. Los cuatro primeros versículos de hoy recogen las características del sumo sacerdote judío : a) Elegido para representar al ser humano ante Dios ofreciendo dones y sacrificios por los pecados (v. 1). b) Comprende a los ignorantes y extraviados por ser él también débil (v.2). c) Ofrece sacrificios por él y por el pueblo (v. 3). d) Llamado por Dios, como Aarón (v. 4).
Jesús, en su vida real, supera este sacerdocio, y puede ser considerado como el supremo y único sacerdote según Dios quiere. Su vida en amor ha sido verdadero sacerdocio existencial: ha unido a los hombres con Dios, vinculándolos al amor de Padre. “El Padre os ama” (Jn 16, 27), intima Jesús a todos. Pide responder como él al amor del Padre, viviendo el reino: orando, curando, hermanando, liberando del odio, buscando la verdad y la vida para todos...

Jesús realiza el sacerdocio en su vida, sin ritos religiosos
Así también Cristo no se atribuyó la gloria de constituirse sumo sacerdote, sino que la recibió de aquel que le dijo: `Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy´” (v. 5). “Como dice también en otro lugar: `Tú eres sacerdote para siempre, a la manera de Melquisedec´” (v. 6).
Dios, que nombró a Aarón, llamó a Jesús “mi Hijo” (Sal 2,7), y lo proclamó sacerdote a la manera de Melquisedec (Sal 110,4). Nombre y título (“rey de justicia” y “rey de paz”) (7,2), genealogía desconocida, y su perpetuidad (7,3), le sirven para verlo como figura de Jesús que, al sentirse Hijo de Dios, se siente vitalmente sacerdote: da el amor divino, y responde con el mismo amor. Este sacerdocio no es ritual. Es sacerdocio de vida, existencial, sin religión organizada. Recuerda a Melquisedec (Gén 14,17-20), sacerdote y rey de Salén (rey “de justicia y de paz”), que sale al encuentro de Abrahán con pan y vino, a quien bendice en nombre del Dios creador del cielo y de la tierra. Abrahán le da el diezmo, y así le reconoce superior. El sacerdocio de Jesús radica en la misma creación, en la existencia humana. El Creador nos envía a su mismo Hijo para traernos su mismo Espíritu, y poder así vivir como Dios quiere, realizando su reino “de justicia y paz”, proyecto de vida humanizada.

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