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El silencio de los obispos sobre el celibato (15)

05.10.18 | 10:00. Archivado en CELIBATO HOY

Los obispos “deben tomar una nueva iniciativa en el asunto del celibato”

Hace cuarenta ocho años lo urgieron teólogos muy cualificados
En febrero de 1970 -han llovido ya cuarenta y ocho años- unos eminentes teólogos (algunos llegaron a ser cardenales y uno Papa) enviaron a la Conferencia Episcopal Alemana un “Memorando para la discusión sobre el celibato”. Terminaban así:

“tenemos el derecho y el deber de decir en esta grave situación a los miembros de la Conferencia Episcopal Alemana, basándonos en nuestro ministerio como teólogos y en nuestra misión como consultores con todo respeto a la dignidad y gran responsabilidad de su cargo, que deben tomar una nueva iniciativa en el asunto del celibato y no pueden considerarse dispensados sólo debido a la práctica actual de la Iglesia y a las declaraciones del Papa”.
9 de febrero de 1970. Suscriben: Ludwig Berg, Mainz; Alfons Deissler, Freiburg; Richard Egenter, München; Walter Kasper, Münster; Karl Lehmann, Mainz; Karl Rahner, Münster-München; Joseph Ratzinger, Regensburg; Rudolf Schnackenburg, Würzburg; Otto Semmelroth, Frankfurt.

Tras cuarenta y ocho años son más urgentes las mismas urgencias
Aunque el Papa no quiera “discutir” el tema, “los obispos deben revisar tal pregunta... de modo colegial y por su propia iniciativa”:

“En la posición, que la doctrina eclesiástica del Concilio Vaticano II asigna a los obispos, éstos no pueden ser liberados por dicha declaración papal (siempre y cuando haya acontecido) de su propia responsabilidad de reconsiderar por sí mismos y específicamente en modo novedoso esta pregunta; el Papa tampoco puede aliviarlos de esta responsabilidad. Ellos no son funcionarios papales o simplemente ejecutores de su voluntad, sino como un cuerpo (junto al sucesor de Pedro), verdadero soporte del máximo poder de toma de decisiones en la Iglesia. En tanto claustro, por lo menos son interlocutores dignos de ser escuchados por el Papa (aún cuando éste pueda hacer uso de su poder primacial!) y aunque un consejo de esta índole sea tomado con reticencia (ver a Pablo y Pedro: Gál 2). Pero para cumplir con esta tarea, los obispos deben revisar tal pregunta entre ellos de modo colegial y por su propia iniciativa. Si hasta un simple subordinado tiene el derecho y la obligación de cuestionarse, si no debe y puede presentar sus preocupaciones y advertencias en cuestiones importantes a su superior, aun sin serle requerido, ¿cuánto más es válido este principio también para los obispos de la Iglesia Católica frente al Papa? Y justamente esto requiere de una reconsideración especial de la cuestión.”

Como los profetas anunciaron la masiva renuncia a la vida sacerdotal:

“Es sabido que ya está en marcha una discusión, y es un hecho duro y crudo a tener en cuenta, que esta disputa continúa. Si no avanza en el nivel más alto, lo hace en los niveles inferiores (por no hablar de los medios de comunicación). Sin embargo, si continúa sólo aquí, se espera que cobre formas que colocarán a los obispos ante situaciones muy difíciles, sencillamente intolerables, como por ej. las encuestas públicas, que perjudican en extremo su autoridad; desobediencia manifestada colectivamente; renuncias masivas de sacerdotes a su vida sacerdotal, etc.”

Rechazaron las actitudes que los Papas posteriores aceptaron:

1.- La mano dura no garantiza la victoria de la ley

“Tampoco es cierto - como lo demuestra el ejemplo de Roboam en el Antiguo Testamento - que cualquier dureza en el mantenimiento de una posición garantice la victoria, y cada “ceder” conduzca a la derrota (ver l Reyes 11 - 12). Los que deciden adherir a la legislación vigente del celibato, deberían haber defendido en el transcurso de los últimos años argumentos prácticamente convincentes con un espíritu de coraje y compromiso, es decir utilizando una táctica “ofensiva”. En su lugar, en gran medida se han escudado detrás de la “ley”, y fueron los regentes, los espirituales y otros los que quedaron peleando en el frente concreto. Ahora sale a la luz esta situación y empuja sin descanso a encontrar una respuesta valedera.”

2.- Dios no garantiza la ley

“No es cierto que todo resulta claro y seguro en esta cuestión y que deba mantenerse lo establecido exclusivamente en base a la confianza en Dios y al valor. Honestamente hay que reconocer que la encíclica “Sacerdotalis Coelibatus”, del 24 de junio de 1967 no dice nada acerca de muchos temas, en los cuales debería haberse explayado, y que en algunos aspectos incluso queda por detrás de la teología del Concilio Vaticano II (por no hablar de la forma de discurso elegida para desplegar la cuestión). En cualquier caso, resultó ser muy ineficiente y ha provocado en los sacerdotes jóvenes más bien la impresión de que se está defendiendo algo, que luego caerá , tal como ha ocurrido en varias combates de retirada de la Iglesia oficial...”

3.- Que Dios proveerá esta ley es “teológicamente imposible de demostrar”

“Tampoco es cierto, que la totalidad del problema de la insuficiencia de sacerdotes no guarde relación con estas consideraciones. Por supuesto, la escasez de sacerdotes no es causada únicamente por el requisito del celibato, sino posee además múltiples y más profundas causas. Pero sería erróneo concluir que las dos cuestiones no tienen nada que ver entre ambas. Si, sin modificación de la ley del celibato no es posible ganar un aumento suficientemente importante de sacerdotes- y esta pregunta es también para nuestro país aún una amenaza abierta - entonces la Iglesia sencillamente tiene el deber de realizar alguna modificación. La convicción, de que Dios obtendría siempre en cualquier caso suficientes sacerdotes célibes por su gracia, es una esperanza buena y piadosa, pero teológicamente imposible de demostrar, y no puede permanecer en estas consideraciones como punto de vista único y decisivo.”

Rufo González
Jaén, octubre 2018


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