Atrévete a orar

Domingo 25º TO B 2ª lect. (23.09.2018): sólo el Amor nos hace vivir humanamente

17.09.18 | 10:00. Archivado en 2ª Lect. Tiempo Ordinario B

Comentario:La sabiduría de arriba” (St 3, 16-4,3)
Los “maestros” de la comunidad cristiana, un don del Espíritu
El capítulo 3 se inicia con un consejo preventivo: “no os metáis tantos a maestros, hermanos míos; sabéis bien que nuestro juicio será muy severo” (3, 1). El Resucitado “dio a unos ser apóstoles, a otros profetas, evangelistas, pastores, maestros..., para construir el cuerpo de Cristo” (Ef 4,11-12). “¿Acaso son todos apóstoles..., maestros...?” (1Cor 12,29). Santiago orienta para vivir la “sabiduría cristiana”. Con sugerentes comparaciones (freno del caballo, timón de un barco, fuego pequeño, el animal indómito) invita al dominio de la lengua para que no contamine ni envuelva la convivencia en llamas infernales (3, 2-12). La buena conducta es el signo del verdadero maestro: “¿Quién es sabio e instruido entre vosotros? Muestre con la buena conducta sus obras de sabiduría con mansedumbre” (3, 13). Distingue dos sabidurías: “la terrena, animal, demoníaca” y “la de arriba”. Aquella está “donde hay envidia, espíritu de contradicción, desorden y obras malas” (vv. 15-16).

Cualidades de la sabiduría “de arriba” (v. 17)
Meditemos cada una de sus cualidades. “La sabiduría de arriba es:.
- “Pura” (`agné´): inocente, sin culpa, sin mala intención, limpia de corazón, sincera...
- “Pacífica” (`eireniké´): ofrecida amistosamente, ofertada en paz, no impuesta ni agresiva.
- “Condescendiente” (`epieikés´, de donde viene “epiqueya”: “interpretación moderada y prudente de la ley, según las circunstancias de tiempo, lugar y personas”- RAE-): moderada, conveniente, justa, equitativa, indulgente, benigna, buena, amable, comprensiva...
- “Conciliadora” (`eupeizés´): dispuesta a ceder, abierta, razonable, obediente, persuasiva...
- “Llena de misericordia y buenos obras” (`mestè eléous kai karpón agazón´): abunda en empatía, perdón, paciencia, compasión... Produce buenas acciones; no se queda en palabras...
- “Imparcial” (`adiákritos´): sin prejuicios ni favoritismos, imparcial... No tiene doble vara.
- “Sin hipocresía” (`anupókritos´): sincera, genuina, sin fingimiento, sin actuación cómica...
Conclusión de la verdadera sabiduría: “El fruto de la justicia se siembra en la paz para los que obran la paz” (v. 18). Justicia y paz están muy vinculadas: se viven en reciprocidad. Donde hay paz hay justicia y viceversa. Son fruto y causa mutuamente. Justicia en sentido bíblico es amor divino.

Causas de “las luchas y litigios entre vosotros” (4, 1-3)
Dos preguntas sirven de pregunta y respuesta: “¿De dónde vienen las luchas (`polemoi´) y los litigios (`majai´) entre vosotros? ¿No provienen acaso de vuestras pasiones (`hedonón´: lo que alegra y encanta), que luchan en vuestros miembros?” (4, 1). Vuestras guerras y luchas provienen de vuestros deseos de placer. Es lo que Pablo llama “otra ley en mis miembros que guerrea contra la ley de la razón –ley natural- y me tiene prisionero en la ley del pecado que está en mis miembros” -tendencia al mal- (Rm 7,23). Son las apetencias contrarias “que combaten contra el alma” (Gál 5, 17), apetencias terrenas, “pasiones y deseos: vanagloria, provocaciones, envidias” (Gál 5,24-26); “deseos carnales” –no sexuales- (1Pe 2,11). En el fondo es el egoísmo que busca satisfacer las propias apetencias, sin tener en cuenta a los otros. “Ambicionáis y no tenéis, entonces matáis; envidiáis y no podéis alcanzar nada” (4, 2), “entonces combatís y os hacéis la guerra. No tenéis porque no pedís. Pedís y no recibís porque pedís para malgastarlo en vuestros caprichos.” (4, 3). La oración de petición se vicia por motivaciones puramente egoístas. Oraciones de tantos creyentes que piden la victoria de los suyos, nacionalismos, sus negocios y trabajos aunque sean criminales...

Oración:La sabiduría de arriba” (St 3,16-4,3)

Jesús, maestro de sabiduría divina:
Envidias y peleas, desorden y toda clase de males, luchas y conflictos
estaban y están presentes en las comunidades cristianas.
También Pablo lo menciona entre los corintios:
he sabido por los de Cloe de que hay contiendas entre vosotros” (1Cor 1,11).

Como Pablo, Santiago propone tu vida como verdadera sabiduría:
tu amor hasta la cruz, movido por el Espíritu, es la inspiración;
en tu vida contemplamos y conseguimos la sabiduría “de arriba”;
tú invitabas a “nacer de arriba, del Espíritu, para ver el reino de Dios” (Jn 3,3.7);
el Espíritu que, como el agua, nos limpia de malas intenciones;
nos hace “inocentes”, perdonados, justificados, empapados en tu amor;
nos acerca, limpios de corazón, a cualquier persona.

Tu Espíritu nos mueve a vivir sabiamente:
nos aporta su sabiduría “pacífica”, ofrecida amistosamente, no impuesta;
no considera a nadie enemigo, sino “amigo”, hermano, otro “Cristo”;
no propone leyes, sino amor y libertad, vida y gracia, verdad y justicia;
es tu entraña “condescendiente”: indulgente, benigna, amable, comprensiva...

Tu Espíritu nos conduce a la “reconciliación”:
dispuestos a ceder, abiertos, razonables, obedientes al amor...;
superadoradores de fanatismos y sectarismos;
lúcidos a favor de la vida auténticamente humana;
promotores de los derechos y deberes de toda persona.

Tu Espíritu Santo nos “llena de misericordia y buenos obras”:
nos fecunda en empatía, perdón, paciencia, compasión...;
nos activa en buenas acciones, no sólo en palabras;
nos hace oír los gemidos de los que sufren;
nos compromete a dar de comer a los hambrientos...

Tu Espíritu nos concede “sabiduría imparcial”:
sin prejuicios ni favoritismos, sin doble vara de medir;
es el amor que ama gratis a todos y siempre;
que no devuelve mal por mal, no amenaza, no castiga;
es el amor que “disculpa, cree, espera, aguanta... sin límites” (1Cor 13, 7).

Tu Espíritu nos lleva a vivir “sin hipocresía”:
sincera y genuinamente, sin fingimiento, sin actuación cómica...;
diciendo lo que se siente y se practica de corazón;
como tú, Jesús: “si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, pero si las hago...
creed a las obras para que sepáis... que el Padre está en mí y yo en el Padre
” (Jn 10,37s).

Hoy, Jesús maestro de sabiduría, nos pregunta Santiago:
¿de dónde salen las luchas y conflictos entre vosotros?
La experiencia espiritual del mismo Santiago nos contesta:
los deseos de placer que combaten en vuestro cuerpo;
la codicia de lo que no podéis tener y acabáis asesinando...
”;
llegamos hasta abusar de Dios: “pedís... para derrocharlo en placeres”.

Jesús, maestro de sabiduría divina:
que nosotros y toda la Iglesia acojamos tu sabiduría;
que nos dejemos trabajar por la fuerza salvadora de tu amor;
que nuestro deseo de bien y de fraternidad cuaje en una convivencia:
pura, pacífica, condescendiente, conciliadora,
llena de misericordia y de buenos frutos, imparcial, sin hipocresía

Rufo González
Jaén, septiembre 2018


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