Atrévete a orar

Domingo 19º TO 2ª lect. (12.08.2018): El Espíritu sufre en nosotros, la Iglesia

06.08.18 | 09:24. Archivado en 2ª Lect. Tiempo Ordinario B

Comentario:No entristezcáis al Espíritu Santo de Dios” (Ef 4,30-5,2)
Seguimos leyendo una exhortación moral, propia de la catequesis bautismal, iniciada el domingo pasado. Nuestra incorporación al cuerpo de Cristo, al “hombre nuevo”, tiene consecuencias. Se inicia la exhortación en los versículos anteriores, no leídos hoy: “dejad la falsedad (to pseûdos), hablad la verdad... (4,25); si os enojáis, no pequéis... (4,26); no deis lugar al diablo (diabólo: el que desune, inspirando odio, envidia, etc.) (4,27); el que roba, no robe ya; que trabaje... para compartir con el necesitado (4,28); palabra podrida (sapròs, de sepo: causar podredumbre) no salga de vuestra boca; lo que digáis sea bueno, constructivo y oportuno, a sí hará a los que lo oyen” (4,29).

Tristeza del Espíritu al no ser consecuentes con su inspiración
El pequeño fragmento leído (4, 30-5, 2) avisa sobre la tristeza personal y eclesial que se produce al no respetar el Espíritu que nos habita: “entristecen al Espíritu Santo de Dios (lipeîte -agraviar, afligir...- to pneuma to hagion – el espíritu, lo santo- toû zeoû -del dios), que os ha marcado con su sello para distinguiros el día de la liberación” (v. 30). El Espíritu es “lo santo”, lo propio de Dios. Dicho Espíritu configura nuestra mentalidad: “si alguno no tiene el Espíritu de Cristo no es de éste; cuantos se dejan llevar del Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios” (Rm 8, 9.14). El Espíritu nos identifica como “sello” de Dios: “al oír el Evangelio y creerlo, somos sellados con el Santo Espíritu de la promesa, arras de nuestra herencia...” (Ef 1,13-14). El Espíritu divino no es insensible al comportamiento, aunque no entendamos cómo vive Dios esa situación. Lo vive el creyente Cuando él o miembros de la comunidad, o la comunidad en su conjunto (la Iglesia) viven sin evangelio, o claramente en contra, -cosa que ocurre con frecuencia-, se produce una situación de tristeza, falta aliento espiritual, falta entusiasmo. Es la ausencia de Espíritu. El “Amor” se ve afectado. Lo expresó Isaías ante la rebelión del pueblo a las inspiraciones de Dios (Is 63,10). El Espíritu que nos habita (Ef 2,22; 1Cor 3,16) puede ser irritado o entristecido, e incluso “apagado” (1Tes 5, 19).

Vivid en el amor
Luego, “toda amargura, ira, cólera, grito y blasfemia... esté lejos de vosotros con toda maldad” (v. 31). Por el contrario: “sed buenos (`jrestoi´: provechosos), comprensivos (`eusplagjnoi´: de buenas entrañas), perdonándoos (`jaridsomenoi´: dadores de “gracia”) unos a otros como Dios os perdonó (`ejarísato´: “agració”) en Cristo” (v. 32). Termina con la propuesta general: “Vivid en el amor, siguiendo el ejemplo de Cristo, que nos amó y se entregó por nosotros a Dios como ofrenda y sacrificio de olor agradable” (5,1-2). Recuerda la propuesta de Jesús: “sed buenos del todo, como es bueno vuestro Padre del cielo” (Mt 5, 48). Los términos sacrificiales (“ofrenda y sacrificio”) son una explicación, con categorías sacerdotales, de la vida en amor que vivió Jesús. La realidad es la vida conectada con el Padre: amando, curando, acompañando en la debilidad, compartiendo mesa, abriendo los ojos para ver bien la realidad, dando soluciones humanas... “La solidaridad y hacer el bien son los sacrificios que agradan a Dios” (Hebr 13, 16). Esta explicación derivó en conceptos religiosos inaceptables, como “expiación”, “sustitución”, “holocausto en desagravio o en medio de aplacar a Dios”. Conceptos que contribuyeron a judializar el culto cristiano de la cena del Señor. La “memoria” de Jesús se hace presente cuando nos reunimos en su nombre y nos animamos a vivir como él. “Ofrenda y sacrificio de olor agradable” es nuestra vida en amor, como la suya.

Oración:No entristezcáis al Espíritu Santo de Dios” (Ef 4, 30 – 5, 2)

Jesús, imitador de Dios:
nos acercamos hoy a una catequesis sobre nuestra conducta moral.
Al aceptar tu bautismo nos incorporamos a tu “cuerpo”, tu comunidad:
dejamos el mundo de la falsedad, para entrar en la verdad de la vida;
la verdad de los miembros de tu cuerpo, contrarios al engaño;
nos enojamos ante la injusticia, pero a nadie hacemos daño.

No aceptamos a quien hace de “diablo”:
al que no ama, calumnia, separa, siembra discordia;
inspira envidia, no trabaja;
se cree superior y se niega a dialogar fraternalmente;
identifica su voluntad con la de Dios para acallar a los disidentes;
siembra miedo entre los hermanos con amenazas o premios;
utiliza palabras “podridas” o envenenadas, ambiguas y diplomáticas;
sostiene la ley humana, aunque sea reformable, como norma suprema,
por encima de la vida, la libertad y la dignidad personal.

Al aceptar tu bautismo entablamos cercanía con tu Espíritu:
le intuimos habitando en nuestro interior;
sugiere la confianza en el Padre que nos ama incondicionalmente;
nos hace sentir y llamar al Dios “que está en los cielos”: “Padre nuestro”;
nos dice que tú eres nuestro hermano mayor, y nosotros todos hermanos;
nos regala “la gracia” divina, su amor, “la justicia y santidad verdaderas”;
es el “sello” de Dios, que identifica y configura nuestra mentalidad,
garantía de nuestra esperanza.

¿Cómo no se va a entristecer el Espíritu Santo, “el dulce huésped del alma”:
al vernos poseídos por la falsedad y la desconfianza mutua;
al descubrir nuestro afán de trepar en la escala eclesial o cívica;
al dejarnos llevar por la ira haciéndonos daño unos a otros;
al contemplarnos como parásitos viviendo del sudor de los de enfrente;
al reconocer que trabajamos sembrando “cizaña” en “su campo”...;
al constatar nuestra insensibilidad ante la necesidad ajena:
cerrando las entrañas ante el enfermo, el desnudo, el hambriento...?

¿Cómo tu Iglesia no va entristecer y preocupar al Espíritu Santo:
cuando pierde credibilidad y se desangra en las viejas iglesias apostólicas;
cuando se desdice del Concilio mediante interpretaciones inaceptables;
cuando intenta restablecer el integrismo católico, contrario al impulso conciliar;
cuando frena la democratización de la Iglesia, la libertad de opinión y comunicación;
cuando acrecienta el centralismo y verticalismo, marginando la comunión y la mesa común;
cuando tolera la situación de la curia romana cuya inmundicia sale cada día más a la luz...;
cuando restringe los derechos de la mujer en la comunidad cristiana;
cuando levanta la excomunión a los lefebvrianos sin exigirles la plena adhesión al Concilio,
al tiempo que frena al movimiento ecuménico;
cuando no se atreve a solucionar el problema de los sacerdotes casados,
impidiendo a muchas comunidades celebrar la eucaristía, etc. etc.?
(Rev. Iglesia Viva: Contra el restauracionismo, un nuevo aggiornamiento. N. 245; p. 11-12).

Jesús, imitador de Dios, ayúdanos a escuchar tu palabra:
sed imitadores de Dios como hijos queridos”;
es el mismo evangelio que tú proclamabas:
sed buenos del todo como es vuestro Padre del cielo;
amad..., haced el bien y prestad sin esperar nada...;
así seréis hijos del Altísimo que es bondadoso con los desagradecidos y malvados;
sed compasivos como vuestro Padre es compasivo
” (Mt 5,48; Lc 6,35-36).

Es el amor que nos da el Espíritu:
Vivid en el amor, siguiendo el ejemplo de Cristo,
que nos amó y se entregó por nosotros a Dios
como ofrenda y sacrificio de olor agradable
” (Ef 5,1-2).

Acepta, Jesús hermano, nuestra vida:
como ofrenda amorosa a favor del Reino,
aunque tengamos que ser víctimas de quienes resisten tu amor.

Rufo González


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