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El silencio de los obispos sobre el celibato (10)

03.08.18 | 10:10. Archivado en CELIBATO HOY

Negación de la evidencia: la ley no impide las vocaciones

Los obispos hablan de vocaciones, no de celibato
Vengo observando en los escritos episcopales un silencio sospecho sobre el celibato. Suelo leer las Hojas de Información diocesanas. Muchas de ellas llamadas “La Iglesia en...”. Como regla general, son de línea conservadora, comentarios sin atractivo, autocomplacencia, adulación a dirigentes, inesistencia de revisión evangélica, omisión de voces discordantes, ausencia de pluralismo... Textos relativos a “vocaciones sacerdotales y seminarios”, con motivo de la fiesta de san Juan de Ávila, de Cristo Sacerdote, bodas de oro y plata sacerdotales, ordenaciones de diáconos y presbíteros... Y el discurso del presidente de la Conferencia en la última Asamblea Plenaria (16-20 abril 2018)

Nadie habla de la prohibición del ministerio a los casados
Todos reconocen el hecho de la “escasez extraordinaria” de vocaciones. Pero nadie dice una sola palabra sobre la prohibición de ejercer el ministerios a miles de presbíteros y algunos obispos por el hecho de enamorarse y decidir casarse. Han solicitado ser liberados del celibato. Les han concedido casarse a condición de abandonar el ministerio. Más del veinticinco por ciento del clero, en los años setenta y ochenta del siglo pasado, fue obligado por la disciplina eclesial a dejar el ministerio. No hay alusión alguna sobre esta pastoral a los sacerdotes casados. Ni buena ni crítica. Nada.

Niegan lo evidente: la ley no es causa de inesistencia de vocaciones
Todos hablan del intenso trabajo por las vocaciones que se viene haciendo en la actualidad, y del escaso fruto. Culpan al ambiente familiar, parroquial, escolar... “El panorama actual generalizado es fuente de inquietudes y de sufrimiento para todos nosotros”, dice el cardenal Blázquez. No hay una palabra que ponga en cuestión la disciplina eclesial. Suponen que la ley eclesial es voluntad divina, definitiva e inamovible. Por tanto, al analizar las causas, la ley no es causa alguna de inesistencia de vocaciones. Es negar la evidencia. Basta preguntar en parroquias, colegios civiles y religiosos, vocacionales (antiguos seminarios menores), a seminaristas que se echan para atrás tras un periodo de intentarlo, y al reguero incesante de los abandonos. La exigencia pertinaz del celibato pretende hacer creer que Dios no les llama. Es claramente falso. Y no vale argumentar que las Confesiones cristianas que no exigen el celibato tienen problemas de vocaciones ministeriales. Será por otras razones. Pero eso no invalida el hecho claro e incuestinable del abandono masivo por el celibato.

Consecuencias clericales
“Las consecuencias de esta carestía larga y dura están a la vista: descenso del número de presbíteros y media de edad cada vez más alta”. Curiosamente sólo hablan de las consecuencias interiores al clero. Ni una palabra sobre las parroquias sin sacerdotes, sobre los sacerdotes expulsados, sobre el hecho de que algunas comunidades les han llamado para que les atiendan, sobre los movimientos que el Espíritu ha hecho surgir ante el abandono de la jerarquía:

“Alguien tenía que parar esa sangría de pastores solícitos, con pasión por Jesús de Nazaret y con ganas de seguir al servicio de la comunidad eclesial como bautizados y como presbíteros” (J. P. Pinillos: “Memoria agradecida. Cuarenta años de MOCEOP”. Rev. Tiempo de Hablar. Tiempo de Actuar, n. 152-153, pág. 26-27).

Pablo VI indicaba el camino que ni él mismo seguía

“Todos vosotros, venerables hermanos, estáis ciertamente convencidos de que devolver a un ánimo sacerdotal el gozo y el entusiasmo por la propia vocación, la paz interior y la salvación, es un ministerio urgente y glorioso que tiene un influjo incalculable en una multitud de almas. Si en un cierto momento os veis constreñidos a recurrir a vuestra autoridad y a una justa severidad con los pocos que, después de haber resistido a vuestro corazón, causan con su conducta escándalo al pueblo de Dios, al tomar las necesarias medidas procurad poneros delante todo su arrepentimiento” (Encícl. Sacerdotalis Caelibatus, 94).

“Ministerio urgente y glorioso” para los obispos
Consiste, según Pablo VI, en “devolver a un ánimo sacerdotal el gozo y el entusiasmo por la propia vocación, la paz interior y la salvación”. El Espíritu de Jesús no ha necesitado a los obispos para hacer el milagro: Miles de sacerdotes casados siguen sin perder “el gozo y el entusiasmo por la propia vocación, la paz interior y la salvación”. Desistir del celibato no ha supuesto para ellos la pérdida de “la propia vocación, la paz interior y la salvación”. Por una razón muy sencilla y que ellos conocen muy bien: la vocación sacerdotal no incluye el celibato al “no exigirlo la naturaleza misma del sacerdocio” (PO 16). Esto lo vienen marginando los dirigentes eclesiales. Para ellos, aferrados a la ley, si falla el celibato falla el sacerdocio. Mientras sigan en este error, tienen difícil solucionar el problema vocacional. La ley les ha introducido en un callejón sin salida.

La ley del celibato impide ejercer ese ministerio

“A imitación de Nuestro Señor Jesucristo, pastor y obispo de nuestras almas (1Pe 2, 25), no quebréis la caña cascada, ni apaguéis la mecha humeante (Mt 12, 20); sanad como Jesús las llagas (cf. Mt 9, 12), salvad lo que estaba perdido (cf. Mt 18, 11), id con ansia y amor en busca de la oveja descarriada para traerla de nuevo al calor del redil (cf. Lc 15, 4 s.) e intentad como Él, hasta el fin (cf. Lc 22, 48), el reclamo al amigo infiel” (encícl. Sacerdotalis Caelibatus, 94).

Con la defensa contumaz del celibato no imitan a N. S. Jesucristo
Al revés, están “quebrando la caña cascada, apagando la mecha humeante (Mt 12, 20); no sanan como Jesús las llagas (cf. Mt 9, 12), no salvan lo que estaba perdido (cf. Mt 18, 11), no van con ansia y amor en busca de la oveja descarriada para traerla de nuevo al calor del redil (cf. Lc 15, 4 s.) y no intentan como Él, hasta el fin (cf. Lc 22, 48), el reclamo al amigo infiel”. Quien desiste de una promesa que no puede cumplir según su conciencia, no es infiel a Jesús. ¡Qué indulgente con cualquier promesa y qué implacable con la del celibato! Ni por “salud mental”, por bien de la comunidad, por la eucaristía... Por nada se permite el ejercicio ministerial a quien pidió la dispensa del celibato. ¿A qué se debe tanta cerrazón? El misterio del mal (disfrazado de poder, de clericalismo, de economía...) anda por medio. Es la única explicación que honradamente intuyo.

Los sacerdotes casados “siguen siendo por siempre hijos vuestros”

“Estamos seguros, venerables hermanos, de que no dejaréis de tentar nada por cultivar asiduamente en vuestro clero, con vuestra doctrina y prudencia, con vuestro fervor pastoral, el ideal sagrado del celibato; y que no perderéis jamás de vista a los sacerdotes que han abandonado la casa de Dios, que es su verdadera casa, sea cual sea el éxito de su dolorosa aventura, porque ellos siguen siendo por siempre hijos vuestros” (encícl. Sacerdotalis Caelibatus, 95).

¿Habrá algún obispo que se lo crea?
Los dirigentes eclesiales no son padres naturales. Tienen difícil sentir y actuar como “padres”. Fueron elegidos, llamados y agraciados “con autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia” (Mt 10, 1). El respeto a la Ley les ha maniatado y dormido el corazón. No se explica que unos padres quieran mantener una ley que sus hijos rechazan y no es necesaria para la buena marcha de la familia. Y lleguen a crear situaciones terribles, abandonar esposas e hijos, destierros, etc. No es humano sentir y actuar como actúan los dirigentes eclesiales con la disciplina celibataria. Ellos que recibieron de Cristo autoridad (exousía) para vencer resistencias al Evangelio, curar ideologías que deshacen a las personas, aliviar sufrimientos y aportar vida. Para eso es para lo que tienen autoridad vinculada a su misión. Imponiendo la ley del celibato, no expulsan espíritus inmundos ni curan dolencias. Al revés, las están creando. La ideología clerical es fruto, en gran medida, del celibato. El no dar “soluciones plenamente humanas” aumenta el dolor, la frustración vocacional, el abandono de comunidades, etc. etc.

Rufo González


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Comentarios
  • Comentario por Remona 04.08.18 | 02:24

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