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El silencio de los obispos sobre el celibato (8)

13.07.18 | 10:00. Archivado en CELIBATO HOY

En este asunto, seguimos en tiempos oscuros y crueles

Doctrina oficial de la Iglesia
Aún siguen como Magisterio de la Iglesia (H. Denzinger 185: Sobre el celibato de los clérigos), estos párrafos de la carta del Papa Siricio al obispo de Tarragona, de finales del siglo IV. Merece la pena leerlos para percibir las líneas de fondo, soterradas en la mente de muchos cristianos actuales.

Procrear es un crimen para los clérigos
”(7, 8 ss) Vengamos ahora a los sacratísimos órdenes de los clérigos, los que para ultraje de la religión venerable hallamos por vuestras provincias tan pisoteados y confundidos, que tenemos que decir con palabras de Jeremías: ¿Quién dará a mi cabeza agua y a mis ojos una fuente de lágrimas? Y lloraré sobre este pueblo día y noche [Jer. 9, 1]... Porque hemos sabido que muchísimos sacerdotes de Cristo y levitas han procreado hijos después de largo tiempo de su consagración, no sólo de sus propias mujeres, sino de torpe unión y quieren defender su crimen con la excusa de que se lee en el Antiguo Testamento haberse concedido a los sacerdotes y ministros facultad de engendrar”.

La relación carnal con la esposa impide la relación santa con Dios
“Dígame ahora cualquiera de los seguidores de la liviandad... ¿Por qué [el Señor] avisa a quienes se les encomendaba el santo de los santos, diciendo: Sed santos, porque también yo el Señor Dios vuestro soy santo [Lv. 20, 7; 1 Petr. 1, 16]? ¿Por qué también, el año de su turno, se manda a los sacerdotes habitar en el templo lejos de sus casas? Pues por la razón de que ni aun con sus mujeres tuvieran comercio carnal, a fin de que, brillando por la integridad de su conciencia, ofrecieran a Dios un don aceptable...”.

La relación sexual es “estar en la carne” y, por tanto, “no puede agradar a Dios” (Rm 8,8)
“De ahí que también el Señor Jesús, habiéndonos ilustrado con su venida, protesta en su Evangelio que vino a cumplir la ley, no a destruirla [Mt. 5, 17]. Y por eso quiso que la forma de la castidad de su Iglesia, de la que Él es esposo, irradiara con esplendor, a fin de poderla hallar sin mancha ni arruga [Eph. 5, 27], como lo instituyó por su Apóstol, cuando otra vez venga en el día del juicio. Todos los levitas y sacerdotes estamos obligados por la indisoluble ley de estas sanciones, es decir que desde el día de nuestra ordenación, consagramos nuestros corazones y cuerpos a la sobriedad y castidad, para agradar en todo a nuestro Dios en los sacrificios que diariamente le ofrecemos. Mas los que están en la carne, dice el vaso de elección, no pueden agradar a Dios [Rom. 8, 8]”.

Las relaciones sexuales son “obscenos placeres”
... “En cuanto aquellos que se apoyan en la excusa de un ilícito privilegio, para afirmar que esto les está concedido por la ley antigua, sepan que por autoridad de la Sede Apostólica están depuestos de todo honor eclesiástico, del que han usado indignamente, y que nunca podrán tocar los venerandos misterios, de los que a sí mismos se privaron al anhelar obscenos placeres; y puesto que los ejemplos presentes nos enseñan a precavernos para lo futuro, en adelante, cualquier obispo, presbítero o diácono que —cosa que no deseamos— fuere hallado tal, sepa que ya desde ahora le queda por Nos cerrado todo camino de indulgencia; porque hay que cortar a hierro las heridas que no sienten la medicina de los fomentos”.

Apropiación de la sobriedad y castidad como virtudes clericales
“Desde el día de nuestra ordenación, consagramos nuestros corazones y cuerpos a la sobriedad y castidad, para agradar en todo a nuestro Dios en los sacrificios que diariamente le ofrecemos. Mas los que están en la carne, dice el vaso de elección, no pueden agradar a Dios [Rom. 8, 8]”.
Esta afirmación es insostenible humana y cristianamente. Y la aplicación del texto de Pablo es un error bíblico craso. “Estar en la carne”, según san Pablo, es “estar en el egoísmo, en el desamor, vivir en contra del espíritu evangélico...”. Carne y espíritu no significan “sexo” y “continencia”. La “sobriedad y la castidad” son virtudes éticas o morales compartidas por cualquier persona honrada. Todo ser humano, casado o célibe, deberá ser sobrio y casto, tener señorío -control racional- sobre su potenciales corporales y psíquicos. Esta exigencia no viene de la “ordenación” sacerdotal.
“Nuestra ordenación consagró nuestros corazones y cuerpos” al servicio de la comunidad. Para que ésta cumpliera la misión de Jesús: anunciar y vivir el Evangelio. El Espíritu de Jesús nos consagró a todos en el bautismo. La “consagración bautismal” centra la vida en vivir el Amor manifestado en Cristo. La “ordenación” ministerial es una consagración del Espíritu secundaria y consagra a servir a la comunidad en el servicio del evangelio, de la celebración y del amor. Estos servicios deberán realizarlos en el amor cristiano. De aquí que la condición básica para el ministerio sea el Espíritu bautismal, ser cristiano con los demás cristianos. Sin ese “espíritu” no puede nadie pretender servir a la comunidad. Por supuesto que hay otras exigencias de sentido común: capacidades y aptitudes para animar y unir a la comunidad en el evangelio y en el amor mutuo, conocimientos suficientes para el ministerio... Resulta evidente que esto pueden hacerlo varones y mujeres, casados y solteros. El celibato debe ser eliminada. Claramente no es exigido por Cristo ni por el ministerio.

Desde el poder y el autoritarismo
Siricio, desde el poder y el autoritarismo, excluye de la comunión y cierra toda indulgencia: “por autoridad de la Sede Apostólica están depuestos de todo honor eclesiástico... y nunca podrán tocar los venerandos misterios, de los que a sí mismos se privaron al anhelar obscenos placeres; ...en adelante, cualquier obispo, presbítero o diácono que... fuere hallado tal, sepa que ya desde ahora le queda por Nos cerrado todo camino de indulgencia...”. ¿Cómo leería el evangelio del que “entre vosotros nada de eso”? (Mt 20, 25-28; Mc 10, 42-45; Lc 22, 26) Autoridad, honor, deponer, camino cerrado a la indulgencia, obscenos placeres... ¡Qué poco huele a Evangelio! Lo triste es que sigue su ley, con motivaciones más finas, pero igual de inexorable y con las mismas consecuencias.

“¿Creen los obispos que el pueblo cristiano rechazaría a sacerdotes que estuvieran casados?”
“Soy uno de los 100,000 y hace muchos años dejé el ministerio. En este tema creo que la iglesia ha sufrido y sigue sufriendo un daño enorme. Personalmente no tengo ningún deseo de volver al ministerio, pero tengo contacto con cientos de "reducidos" que son magnificas personas, profundamente religiosas, y que serian una presencia muy positiva en cualquier parroquia o ministerio. Y además cumplirían su cometido sin exigir una remuneración. ¿Tiene la iglesia derecho a privarse de la experiencia y de la voz de estas personas que han vivido a los dos lados de la "valla"? Creo que esta es una cuestión muy seria. O ¿es que creen los obispos que el pueblo cristiano rechazaría a sacerdotes que estuvieran casados? Mejor que salgan y pregunten. Últimamente el Vaticano ha hecho las paces con protestantes, masones, judíos, divorciados, gays... Ya solo quedamos los "reducidos." Quousque tandem?” (Comentario por I. Argaiz 24.08.2015).

“Posiciones a esta altura de capricho y terquedad”
“¿Cuánto tiempo más tendremos que esperar para que la Jerarquía romana se dé cuenta de cosas tan evidentes? Siempre me estremece pensar en esa actitud tan soberbia y temeraria de apropiarse de la "voluntad de Dios", de lo "que Dios piensa", y de creerse los auténticos traductores de lo que Dios quiere. Y sus posiciones terminan siendo a esta altura capricho y terquedad, ya que mantener esta situación en estos tiempos no tiene argumentos válidos evangélicamente....Por otro lado es estremecedor también pensar en cuántas comunidades cristianas viven sin Eucaristía, sin sacramentos, sin nada, debido a esta posición tan rígida e incomprensible...” (Comentario por Maria 11.08.15 | 05:09).

Rufo González


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