Atrévete a orar

El silencio de los obispos sobre el celibato (6)

29.06.18 | 10:00. Archivado en CELIBATO HOY

Silencio sobre la pastoral de las “dolorosas deserciones” (Sacerd. Caelib. 83-90)

Confusión de la voluntad de Cristo con la de una parte de la Iglesia

“Tal disciplina, severa y misericordiosa al mismo tiempo, inspirada siempre en justicia y en verdad, en suma prudencia y discreción, contribuirá sin duda a confirmar a los buenos sacerdotes en el propósito de una vida pura y santa y servirá de aviso a los aspirantes al sacerdocio, para que con la prudente guía de sus educadores, avancen hacia el altar con pleno conocimiento, con supremo desinterés, con arrojo de correspondencia a la gracia divina y a la voluntad de Cristo y de la Iglesia” (Sacerd´Caelib. n. 89).

“Tal disciplina” no está “inspirada siempre en justicia y en verdad”
Lo viene evidenciando el tercio largo del clero, que en los años 70-90 del siglo pasado abandonaron tal disciplina. “Buenos sacerdotes” son también los orientales donde hay “presbíteros beneméritos casados” (“optime meriti presbyteri coniugati”, PO 16). El pueblo sencillo mayoritariamente pide la opcionalidad del celibato. En todas partes surgieron asociaciones de sacerdotes casados pidiendo el cambio. En octubre de 2015 se celebró un Congreso Internacional de la Federación Europea de Curas Católicos Casados, bajo el lema “Curas en unas comunidades adultas”. Congreso siguiente a otros: “Compatibilidad de sacerdocio y matrimonio”, “El ministerio presbiteral al servicio de la Iglesia en el momento actual”..., “Derechos humanos en la Iglesia”, “Otra iglesia es posible y real”.

La ley impide a los obispos oír el clamor del Espíritu
Es inaudito que los Pastores de la Iglesia estén ausentes o contra estos movimientos a causa de la ley. Jesús se saltaba toda ley que causara vida inhumana. Moceop tiene “la convicción de seguir formando parte de iglesias locales, domésticas, en las que la comunidad cobra el protagonismo y los diferentes cometidos o tareas -presbiterado incluido- se van asumiendo según la disponibilidad o capacidad de cada creyente. Una realidad pequeña, pero nada despreciable y con grandes posibilidades de cara al futuro” (“Curas Casados. Historias de fe y ternura”, p. 17.. Albacete 2010). La presencia de “Curas en unas comunidades adultas” quedó plasmada en el libro con dicho título, publicado por la Federación Europea de Curas Católicos Casados (Ed. Moceop. Albacete 2015).

La “vía justa” para el no célibe es poder ejercer el ministerio
¿Cuándo tendremos el “gozo profundo” de readmitir al ministerio a los casados? Sería una gracia inmensa para la Iglesia eliminar la ley que vincula ministerio-celibato. Habría otras dificultades, como tienen los orientales, ortodoxos, anglicanos, luteranos... Pero reinaría la libertad cristiana. Podría reescribirse el número 90 de “Sacerdotalis Caelibatus”, con el Espíritu de Jesús:

“No queremos, por fin, dejar de agradecer con gozo profundo al Señor advirtiendo que no pocos de los que fueron desgraciadamente infieles por algún tiempo a su compromiso, habiendo recurrido con conmovedora buena voluntad a todos los medios idóneos, y principalmente a una intensa vida de oración, de humildad, de esfuerzos perseverantes sostenidos con la asiduidad al sacramento de la penitencia, han vuelto a encontrar por gracia del sumo sacerdote la vía justa y han llegado a ser, para regocijo de todos, sus ejemplares ministros” (Sacerd. Caelib. 90).

Suprimiría “desgraciadamente infieles”. Subrayaría: “han vuelto a encontrar por gracia del sumo sacerdote la vía justa y han llegado a ser, para regocijo de todos, sus ejemplares ministros”. La “vía justa” para quien no quiere vivir en celibato es poder ejercer el ministerio casado y aceptado por la comunidad. ¡Cómo no alegrarse con la recuperación de un buen servidor de la Iglesia! La “intensa vida de oración, de humildad, de esfuerzos perseverantes sostenidos con los sacramentos” llevan a muchos sacerdotes casados a recuperar el ministerio en comunidades cristianas adultas. ¡Es una gracia del cielo! Toda la Iglesia, con sus pastores a la cabeza, debería alegrarse.

Juan Pablo II cierra la puerta de la libertad
San Juan Pablo II, procedente de la minoría conciliar, interpretó la crisis vocacional y el abandono del ministerio como consecuencia de la interpretación desviada del Vaticano II. Redujo la libertad en teología, en liturgia, en las conferencias episcopales, en disciplina eclesial... Significativo fue el nombramientos de obispos: su largo pontificado cambió el episcopado con los sacerdotes más conservadores, aunque su bagaje intelectual -algunos ni siquieran tenían grados universitarios- y pastoral dejaran mucho que desear. Usó dos varas de medir a la hora de jubilar a obispos según el talante tradicional. Las esperanzas abiertas por el Vaticano II entraron en el “invierno eclesial”. No fue ajeno el tratamiento del celibato. Apenas tomó las riendas de la Iglesia, el 9 de noviembre de 1978, en el primer encuentro con el Clero de Roma, avisó:

“Nuestro Sacerdocio “ministerial”, arraigado en el Sacramento del Orden, difiere esencialmente del sacerdocio universal de los fieles. […] Nuestro Sacerdocio debe ser límpido y expresivo, […], estrechamente ligado al celibato, […] por la limpidez y la expresividad “evangélica”, a la que se refieren las palabras de Nuestro Señor sobre el celibato “por el reino de los cielos” (cf. Mt 19,12)”.

Primera carta de Jueves Santo: La Iglesia Latina ha querido y sigue queriendo...
Fechada el 8 de abril de 1979, Juan Pablo II sienta las bases de su reflexión en los apartados 8 y 9: “Significado del celibato” y “Prueba y responsabilidad”. Dice en su plural mayestático:

- “Podemos solo intentar comprender ese problema más profundamente y responder de manera más madura, liberándonos de las varias objeciones que siempre como sucede hoy también se han levantado contra el celibato sacerdotal, como de las diversas interpretaciones que se refieren a criterios extraños al Evangelio, a la Tradición y al Magisterio de la Iglesia; criterios, añadamos, cuya exactitud y base “antropológica” se revelan muy dudosas y de valor relativo”.
- “La Iglesia Latina ha querido y sigue queriendo, refiriéndose al ejemplo del mismo Cristo Señor, a la enseñanza de los Apóstoles y a toda la tradición auténtica, que abracen esta renuncia `por el Reino de los Cielos´ todos los que reciben el sacramento del Orden”.
- “Esta tradición, sin embargo, está unida al respeto por las diferentes tradiciones de la otras Iglesias. De hecho, ella constituye una característica, una peculiaridad y una herencia de la Iglesia Latina, a la que ésta debe mucho y en la que está decidida a perseverar, a pesar de las dificultades..., a pesar de los síntomas de debilidad y crisis de sacerdotes. Somos conscientes de que `llevamos este tesoro en vasos de barro´ (2 Cor. 4,7)..., sabemos muy bien que es precisamente un `tesoro´”.

No podemos compartir estas bases
Los curas católicos casados (orientales, anglicanos...) no pueden aceptar que su estado se base en “criterios extraños al Evangelio, a la Tradición y al Magisterio de la Iglesia; cuya exactitud y base “antropológica” se revela muy dudosas y de valor relativo”. Claramente lo reconocía Pablo VI:
“El Nuevo Testamento, en el que se conserva la doctrina de Cristo y de los apóstoles, no exige el celibato de los sagrados ministros, sino que más bien lo propone como obediencia libre a una especial vocación o a un especial carisma (cf. Mt 19, 11-12). Jesús mismo no puso esta condición previa en la elección de los doce, como tampoco los apóstoles para los que ponían al frente de las primeras comunidades cristianas (cf. 1 Tim 3, 2-5;Tit 1, 5-6)” (Sacerd. Caelib. n. 5).

Los papas siguen creyéndose la Iglesia
En la primitiva Iglesia este tema no se planteó. Cuando se plantea, el Pueblo de Dios cuenta poco. Los papas deciden conforme a sus ideas de sexualidad y según los intereses de la institución. Tras el Vaticano II, disuena la afirmación papal de que la Iglesia latina “ha querido y sigue queriendo que abracen esta renuncia... todos los que reciben el sacramento del Orden”. El “tesoro” del que habla Pablo (2Cor 4,7), es el ministerio, no el celibato.

Rufo González


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