Atrévete a orar

Domingo 5º Pascua B 2ª lect. (29.04.2018): El Amor, signo inequívoco del Espíritu

23.04.18 | 10:29. Archivado en PASCUA B 2ª LECT.

Comentario:Amemos con obras y según la verdad” (1Jn 3,18-24)
Seguimos leyendo la segunda parte de la primera carta de Juan: “Dios es Padre y nosotros sus hijos” (2, 29-4,6). De esta relación surge el obrar su justicia (2, 29-3,10), el tenerse amor mutuo (3, 11-24), el fiarse de Jesús (4, 1-6). El texto de hoy (3, 18-24) trata sobre el amor mutuo como exigencia de la relación con el Padre. En versículos anteriores lo ha resumido: “quien no practica la justicia, y el que no ama a su hermano, no es de Dios” (3, 10b). “En esto hemos conocido el amor porque aquél (Jesús) dio su vida por nosotros; también nosotros debemos dar la vida por los hermanos” (3, 16).

“Obras son amores y no buenas razones”
Como el refrán castellano, el primer versículo es claro: “Hijos, amémonos no de palabra ni de boquilla, sino con obras y de verdad” (v. 18). Amar “con obras y de verdad” es atender la necesidad real. Es atender al mismo Jesús: “a mí me lo hicisteis o dejasteis de hacerlo” (Mt 25, 40s). Los siguientes versículos remachan el amor verdadero, entrañable, auténtico: “En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestra conciencia delante de él” (v. 19): en que, si alguna vez nuestra conciencia nos acusa, Dios está por encima de nuestra conciencia y lo sabe todo” (v. 20). El Papa Francisco, en la homilía de la celebración penitencial de cuaresma en San Pedro (09 marzo 2018), comenta este mismo texto:

“Sabemos que la condición de pecado tiene como consecuencia el alejamiento de Dios. De hecho, el pecado es una de las maneras con que nosotros nos alejamos de Él. Pero esto no significa que él se aleje de nosotros. La condición de debilidad y confusión en la que el pecado nos sitúa, constituye una razón más para que Dios permanezca cerca de nosotros. Esta certeza debe acompañarnos en la vida. Las palabras del Apóstol son un motivo que impulsa a nuestro corazón a tener inquebrantable fe en el amor del Padre: “En caso de que nos condene nuestro corazón, [pues] Dios es mayor que nuestro corazón” (v. 20). Su gracia continúa trabajando en nosotros para fortalecer cada vez más la esperanza de que nunca seremos privados de su amor, a pesar de cualquier pecado que hayamos cometido, rechazando su presencia en nuestras vidas” (Jesús Bastante, 09.04.2018 en RD).

Libertad de palabra ante Dios
Queridos míos, si nuestra conciencia no nos acusa, podemos estar tranquilos ante él” (v. 21). Literalmente “tenemos libertad de hablar (parresía: “pan”= todo, y “resis”= palabra) ante Dios” (v. 21b). “Todo lo que pidamos, él nos lo concederá porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada (v.22). Es la seguridad y confianza que da la fe en el Padre. Después concretiza la “parresía”: “esta es la libertad de hablar [palabra total, confianza] que tenemos ante él: que si pedimos algo según su voluntad nos escucha” (5,14).

El amor mutuo, signo del cristiano
Éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo y que nos amemos los unos a los otros, según el mandamiento que nos ha dado” (v. 23). La afirmación central, aunque es doble (creer en su Hijo Jesús y amarnos mutuamente), está enmarcada por el mismo sustantivo en singular y con determinante (hé entolé: el mandato). Quiere subrayar que es uno y mismo mandato: “fe en Jesús” y “amor mutuo”. Al creer en Jesús, Hijo y Mesías, se está creyendo en la paternidad y fraternidad universal: Dios Padre hermana a todos en el Hijo que da a todos su Espíritu. “El que guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él. Por esto conocemos que él permanece en nosotros: por el Espíritu que nos ha dado” (v. 24). Lo repetirá en 4, 12-13: “a Dios nadie lo ha visto nunca; si nos amamos mutuamente, el Dios permanece en nosotros, y su amor se consuma en nosotros. En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros, porque nos ha dado de su Espíritu”. El amor mutuo es signo inequívoco del Espíritu divino que nos habita.

Oración:Amemos con obras y según la verdad” (1 Jn 3,18-24)

Como aquellas comunidades del Asia Menor, escuchamos hoy a Juan:
Hijos, amémonos no de palabra ni de boquilla, sino con obras y de verdad.
En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestra conciencia ante de él:
en que, si alguna vez nuestra conciencia nos acusa,
Dios está por encima de nuestra conciencia y lo sabe todo...
Éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo
y que nos amemos los unos a los otros...
El que guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él.
Por esto conocemos que él permanece en nosotros: por el Espíritu que nos ha dado
”(1Jn 3,18-24).

Como aquellas comunidades queremos tener la frescura evangélica:
de fiarnos plenamente de ti, Jesús de Nazaret, Mesías de Dios;
de dirigirnos al Padre de todos con libertad plena;
de sentirnos amados y escuchados siempre por Él;
de considerarnos hermanos tuyos, habitados por tu mismo Espíritu.

Este Espíritu nos hace atrevidos para soñar y pedir la verdad:

“Danos entrañas de misericordia ante toda miseria humana;
inspíranos el gesto y la palabra oportuna frente al hermano solo y desamparado;
ayúdanos a mostrarnos disponibles ante quien se siente explotado y deprimido.
Que tu Iglesia, Señor, sea un recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia y de paz,
para que todos encuentren en ella un motivo para seguir esperando” (Plegaria eucaríst. Vb).

Tú, Jesús, atendías “con obras y según verdad”:
partes los panes y los vas dando a los discípulos para que los sirvieran..." (Mc 6, 41).

Viendo las multitudes, te conmoviste, porque andaban
maltrechas y derrengadas como ovejas sin pastor;
`La mies es abundante y los braceros pocos;
por eso rogad al dueño que mande braceros a su mies´
” (Mt 9, 36-38).

Y llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos
para expulsarlos y curar todo achaque y enfermedad
” (Mt 10, 1).

-Señor, que se nos abran los ojos.
Jesús, conmovido, les tocaste los ojos;
al momento recobraron la vista y lo siguieron
” (Mt 20,33-34).

-Si quieres, puedes limpiarme.
Conmovido, extendiste la mano y lo tocaste diciendo:
`Quiero, queda limpio´
” (Mc 1,40-42).

Tus parábolas enseñan la misma compasión:
El señor, conmovido, dejó marcharse a aquel empleado,
perdonándole la deuda...
” (Mt 18,23-35).

Cuando estaba aún lejos, lo vio su padre y se conmovió;
salió corriendo, se le echó al cuello y lo llenó de besos...
” ( Lc 15, 11-32).

Un samaritano que iba de viaje, llegó adonde estaba el hombre y, al verlo,
se conmovió, se acercó a él y le vendó las heridas echándoles aceite y vino;
luego lo montó en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó.
Al día siguiente sacó dos denarios de plata y, dándoselos al posadero, le dijo:
-Cuida de él, y lo que gastes de más te lo pagaré a la vuelta
” (Lc 10, 30-37). (1)

Jesús resucitado, testigo del amor divino:
Que tu Espíritu conmueva las entrañas ante tanta miseria humana:
- las nuestras personales ante el hermano solo y desamparado;
- las de los dirigentes que pueden suprimir mucho dolor y necesidad;
- las de los acaudalados que viven sólo para sí...

¿Cuándo se cumplirá esta profecía:

“la Iglesia posee oro no para tenerlo guardado,
sino para distribuirlo y socorrer a los necesitados”? (San Ambrosio de Milán: Sobre los deberes de los ministros de la Iglesia. PL 16, 148-149).

“Todo es bueno... También las riquezas,
a condición de que no dominen a quienes las poseen, y remedien la pobreza.
Una luz que no desterrara las tinieblas sino que las aumentara no sería luz.
De modo semejante, no es verdadera riqueza la que no destierra la pobreza
sino que la aumenta” (San Juan Crisóstomo: Sobre 1 Cor. PG 61,113).

(1) El mismo verbo (splagkhnizomai: removerse las entrañas, conmocionarse, compadecerse)
aparece en los evangelios sinópticos relacionado con Jesús o con quien le representa en las parábolas. Continúa la tradición profética del AT, que atribuye a Dios la compasión por el pueblo como naciendo de las entrañas de una madre. El término hebreo rehem: útero, entrañas, seno materno, está emparentado con la raíz rhm (compadecerse; rahamim: compasión). A Yahvé se le llama El Compasivo (Is 49,10). Los evangelistas certifican esta imagen reflejada en Jesús.

Rufo González
Leganés (Madrid)


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