Atrévete a orar

La Curia Vaticana y los Sacerdotes católicos casados (IV)

26.01.18 | 10:26. Archivado en CELIBATO HOY

“La coherencia de muchos sacerdotes secularizados”
Así titulaba José María Lorenzo un artículo de su Blog. Habla de su experiencia al frente de ASCE (Asociación de Sacerdotes Católicos de España). Hay que leerlo con detenimiento y compararlo con la respuesta abrumadora de incoherencia evangélica de las Curias eclesiales:

“Durante décadas la postura de los sacerdotes secularizados ha sido de pura fe y ofrecimiento a la jerarquía; de total coherencia dogmática y evangélica. Reintegrarnos en el sacerdocio activo es una exigencia de una vocación que no deja de subsistir por haber contraído matrimonio. Sabemos que es más cómodo vivir sin preocuparnos de nada, pero creemos que hemos de insistir ante la jerarquía en virtud de nuestra fe. Ofrecemos el sacerdocio que se nos dio para bien del Pueblo de Dios.
Se nos plantearon estas cuestiones: ¿Por qué no nos escuchan los obispos directamente?
Llevamos años ofreciéndonos a la Conferencia Episcopal. Escuchamos buenas palabras, pero nunca nos llamaron. En una carta les decíamos:
`En ningún momento hemos renunciado a nuestro sacerdocio, sino que al pedir la dispensa se nos impuso la obligación de no ejercer el Sacramento del Orden. A la luz de la doctrina tradicional de la Iglesia y de la encíclica de Juan Pablo II (se citan los textos) ¿cómo se puede hacer esto?´.
¿Cómo los dirigentes de la Iglesia vulneran en la práctica una doctrina que se sostiene en teoría? ¿Es que puede pesar más una tradición disciplinar que la coherencia dogmática? Podemos exigir que se nos reconozcan los derechos que de las fuentes sacramentales hemos recibido: sacerdocio y matrimonio. Así llevamos más de cuarenta años. Hoy gran parte de aquellos sacerdotes casados, llenos de fe, ha muerto. Quedamos pocos y con muchos años. Sacerdotes casados jóvenes existen pocos, porque son escasos los curas jóvenes célibes. Han despreciado miles de vocaciones por mantener una ley que merece ser reformada sustancialmente.
¿Hasta cuándo? Seguimos esperando con fe, confiados. Alguna vez será.
(J. Mª Lorenzo Amelibia, Religión Digital, 17.11.17 | 11:49)”.

La libertad evangélica se abre camino, a pesar de las Curias
La historia, también la historia de Jesús, enseña que los caminos se abren en los márgenes, en las periferias, en las rupturas... Antes fue en Oriente, más tarde en la Iglesia de la Reforma... En nuestra época, asociaciones de Sacerdotes Casados siguen “provocando” la respuesta evangélica. Sigue la queja en seminaristas que se ven obligados a dejar su vocación, en sacerdotes casados, y en “un porcentaje considerable de curas, para quienes el celibato hoy es una palestra de duro combate, en el que son frecuentes la debilidad, el sufrimiento, la regresión a comportamientos arcaicos, e incluso la tristeza. Esto no se puede negar. Para esta gente, el celibato, es fuente de alguna riqueza, pero muchas veces es fuente de problemas y, a lo mejor, es más fuente de problemas que de riqueza. Tampoco debemos olvidar que hay un grupo que vive... una doble vida más o menos encubierta. Es preciso decirlo y afirmarlo con honestidad” (Mons. J. Mª Uriarte: “Ministerio presbiteral y espiritualidad”. 2ª ed. Idatz. San Sebastián 1999, p. 31).

El matrimonio, el mejor “remedio contra la incontinencia”
Con este argumento pedía el celibato opcional el sacerdote argentino, Vicente Pazos Silva, en un libro publicado en Londres, a principios del siglo XIX: “Observaciones sobre los inconvenientes del celibato de los clérigos”. En realidad es una traducción comentada del libro de Jean Gaudin, de 1781, editado en Ginebra: “Inconvénients du célibat des prêtres”. El matrimonio, dice, es “remedio contra la incontinencia”, mal del que nadie está libre, y mucho menos los clérigos. Así como una enfermedad es más temible para las personas que no toman el correspondiente antídoto, la incontinencia lo es para los clérigos célibes en mayor medida que para los fieles que no lo son. El resultado es que los misterios de la fe se encuentran más expuestos a la profanación del pecado en una Iglesia en la que el clero está obligado al celibato. Los dirigentes de la Iglesia, que saben esto, tratan por todos los medios de contrarrestarlo con toda clase de antídotos, menos con el más eficaz: el celibato opcional de obispos y presbíteros. Tan sencillo como “si no se pueden contener, que se casen, pues es mejor casarse que abrasarse” (1Cor 7, 9).

La curia romana del siglo XI y su mentor Hildebrando
Gregorio VII es personaje clave. Este monje toscano sentía un gran afán de reformar la Iglesia universal, dividida en diócesis con gran autonomía, sujeta a los reyes y príncipes feudales. Decidió ir a Roma e intervenir como secretario del papa Gregorio VI (1045-46). Llegó a ser tesorero del papa León IX (1049-54). Su influjo fue decisivo en la elección, en 1059, de Nicolás II (1059-61), quien lo nombró Archidiácono y Administrador efectivo de los bienes de la Iglesia. Hildebrando llegó a ser uno de los personajes dominantes de la Curia papal. Tan dominante que logró la elección de Alejandro II (1061-1073), Anselmo de Lucca, frente al obispo Cadalo de Parma (Honorio II). Ambos fueron elegidos por el colegio cardenalicio. El primero fue papa porque logró el apoyo de los imperiales, dirigidos por el monje Hildebrando y el segundo antipapa porque sólo logró el apoyo de los lombardos y la nobleza romana. Tras la muerte de Alejandro II (21 abril 1073), Hildebrando organizó los solemnes funerales en la iglesia de Letrán. Camino de la iglesia, en el cortejo fúnebre se oyó el grito: 'Hildebrando obispo'. Es llevado a la iglesia cercana de San Pedro ad Vincula y entronizado, tomando el nombre de Gregorio VII. No era conforme con la ley electiva de 1059, pero los poderes fácticos acallaron las discrepancias hasta 1076. Enseguida comenzó a aplicar su reforma sobre el celibato del clero, relación clero-fieles, supremacía de Roma sobre las iglesias nacionales, subordinación de la autoridad civil al Papa...

Así narra un cronista del siglo XI la imposición forzada del celibato
Lamberto de Hersfeld (1028-1085) es cronista, monje del monaterio alemán de Hersfeld, conocido por una extensa crónica: “Annales”. Es una historia desde la creación del mundo hasta su época. Recoge tradiciones de San Beda, de Isidoro de Sevilla, tradiciones alemanas como los Anales de Quedlinburg y Weissenburg. A partir de 1040 relata la historia observada por él hasta el año 1077. Los “Annales” de Lambert son una fuente rica para conocer el reinado del rey Enrique IV y su relación con Gregorio VII en la Controversia de las Investiduras. No es imparcial. Como monje, simpatiza con el Papa y sus reformas frente a los obispos. Pero retrata la realidad eclesial. Lean:

"El papa Ildebrando reunido con los obispos de Italia, en frecuentes sínodos, había decretado que los sacerdotes, según los preceptos de los antiguos cánones, no debían tomar mujer y si la tenían, debían abandonarla, o ser depuestos y que ninguno debía ser recibido en el sacerdocio si no estaba dispuesto a guardar la continencia y el celibato.
Una vez promulgadas estas disposiciones para toda Italia, mandó cartas que contenían las mismas órdenes a los obispos de Francia, mandándoles portarse del mismo modo en su iglesia, de manera que sus sacerdotes no debían convivir con mujeres; les lanzaran anatemas y que por ningún motivo tuvieran relación con ellas.
Contra este decreto se levantó improvisamente con violencia todo el grupo de los clérigos afirmando que era él (el papa) herético por cultivar una doctrina extravagante. El ha olvidado la palabra del Señor que dice: `no todos pueden entenderlo sino sólo aquellos a los que les ha sido concedido´. Y el Apóstol: `si no saben vivir en continencia, se casen´. El papa quiere constreñir a los hombres de manera violenta a vivir como ángeles, negando el camino habitual de la naturaleza, habría dejado libre salida para la fornicación y para la inmundicia. Si él insiste en mantener su idea, estarían más dispuestos a abandonar el sacerdocio que a dejar a la mujer y entonces él habría necesitado conseguir ángeles para dirigir la iglesia de Dios (al rechazar a los hombres).
A pesar de todo, Ildebrando permaneció firme en su convencimiento y metió a los obispos en una grave discordia entre ellos, mandándoles a ellos legaciones a propósito, una después de otra. Para hacer que se aplicaran los dictámenes de la iglesia de Roma, mientras que en aquellos que desobedecían recaían graves censuras apostólicas...” (Annales de Lamberto de Hersfeld).

Rufo González


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