Atrévete a orar

Domingo 4º TO B 2ª lect. (28.01.2018): celibato opcional para obispos y presbíteros

22.01.18 | 10:17. Archivado en 2ª Lect. Tiempo Ordinario B

Introducción:Os digo todo esto para vuestro bien” (1 Cor 7, 32-35)
Es bueno tener en cuenta la situación presente
La lectura de hoy pertenece al mismo contexto que la del domingo pasado. Pablo cree que vive en la última generación (1 Tes 4, 15; 1Cor 15, 52) y acepta la creencia apocalíptica de que la situación actual desaparecerá pronto. Por eso insiste hasta tres veces: “siga cada uno en el estado en que Dios lo llamó” (1Cor 7, 17.20.24); “está bien quedarse como se está por motivo de la calamidad que se viene encima” (1Cor 7, 26). Entre los corintios asoma una creencia extraña que sostiene ser “bueno (kalón: hermoso) para el hombre no tocar a una mujer” (1Cor 7, 1). Pablo reacciona defendiendo que el matrimonio y su consumación no son cosas malas, sino lo contrario (1Cor 7, 28.36).

Respeto al Señor y a la conciencia frente al “Mandamos”, “Decretamos...”
Llama la atención cómo Pablo usa la autoridad: “no tengo orden del Señor, pero doy mi parecer” (1Cor 7, 25); “pienso que, por la crisis actual” (1Cor 7, 26); “yo quiero evitaros tribulaciones” (1Cor 7, 28); “quiero que...” (1Cor 7, 32); “Digo esto para vuestro provecho” (1Cor 7, 35); “que cada uno haga lo que crea conveniente” (1Cor 7, 36); “hará bien” (1Cor 7, 37); “mi parecer” (1Cor 7, 40). Propone, ofrece, no suplanta la conciencia, y mucho menos al Señor. Por “la calamidad que se viene encima” (1Cor 7, 26), “quiero que estéis sin preocupaciones” (1Cor 7, 32a). ¡Qué distinto a los dirigentes eclesiales: “Mandamos”, “Decretamos”, “Por nuestra autoridad...”!.

Pablo piensa que el celibato es el estado más fácil de vida cristiana
Por dos razones: ahorrarse preocupaciones (propias del casado y de la aflicción de aquel tiempo) y dedicarse totalmente a “los asuntos del Señor” (escucha de la Palabra, anuncio del evangelio, dedicación a los necesitados, trabajo por la justicia y la paz...). Aquí se apoyan algunos para exigir el celibato ministerial. Pero el texto paulino no se refiere en absoluto a obispos y presbíteros. Es un “consejo” para todos los cristianos, en un tiempo histórico, en comunidades urgidas por la creencia en el final inminente, con una teología sobre la realidad terrena y humana muy distinta de la actual. La expresión “anda dividido” (v. 34) parece suponer a Dios como un “objeto” más de nuestro amor, que por limitado no llega a todos. Creo equivocado entender así el amor de Dios. Tanto el casado como el célibe están llamados a tener un “corazón indiviso”, unificado por el amor cristiano, “el cinturón perfecto” (Col 3,14). Amar a la esposa y los hijos no impide amar a Dios y a la comunidad. Los dos amores son “cosas del Señor” y están imbuidos del Espíritu de Cristo. Los presbíteros de la Iglesia oriental no tienen su “corazón dividido”: aman a su familia y a la Iglesia con el Espíritu de Jesús. Los célibes pueden dedicar más tiempo a tareas comunitarias, sin prescindir del todo de su familia (padres, hermanos...). El sacerdote casado se dedica a la familia y a la iglesia con el mismo corazón “indiviso” del Espíritu Santo. El amor pastoral es regalo libre de Dios.

Vincular legalmente ministerio y celibato es un error
Comparto estas reflexiones de un pensador cristiano de nuestro tiempo:
“El ministerio sacerdotal es otro carisma, diferente del celibato. La iglesia institucional los ha asociado. Y esto creo que es un error, pues cuando el celibato se impone como ley deja de ser carisma para convertirse en carga. Un carisma nunca puede ser una carga porque es fuerza liberadora. La imposición forzosa del celibato origina que muchos sacerdotes... vivan reprimidos y amargados o con serios problemas afectivos y sexuales... Para mí lo importante es sentirse libre y realizado en la vida para un total servicio y entrega al pueblo” (Fernando Bermúdez: “Curas casados. Historias de fe y ternura”. Moceop. Albacete 2010, pág. 185-186).

Oración:Os digo todo esto para vuestro bien” (1 Cor 7, 32-35)

Jesús del amor y la libertad:
a través de Pablo nos invitas hoy a valorar la soltería por el Reino.
“Hay muchas versiones de la vida plena, una de ellas es la del soltero,
- que no es mejor ni peor que la del casado;
una y otra conllevan grandes posibilidades y también numerosas limitaciones.
La vida del soltero hoy tiene poco que ver con la soltería de otros tiempos...
Las personas emparejadas o aisladamente somos únicas...;
es necesario encontrar cada uno la vía única de que dispone
para alcanzar su propia felicidad, que es lo que verdaderamente importa”
(“La psicología del soltero”, de J. Antonio Bernard Mainar. Edit. Desclée de Brouwer 2004).

También el evangelio se hace eco de diversas posibilidades:
hay eunucos (célibes naturales) que salieron así del seno materno;
a otros los hicieron los hombres (célibes castrados);
y hay quienes se hicieron eunucos (célibes libres) por el Reino de Dios.
Quien pueda entender, que entienda
" (Mateo 19,11-12).

A todos, casados o solteros, les ofreces vivir del Amor de Dios:
les pides que tengan un corazón desprendido;
les pides que lloren y se alegren con quien llora y se alegra;
les pides que busquen la realización de todos;
les pides que comprendan y perdonen a quien lo necesita;
les pides que tengan siempre buenas intenciones;
les pides que construyan la paz en toda situación;
les pides que no tengan miedo al sufrimiento por la fraternidad...

En la vivencia del amor divino, algunos canalizan sus energías:
hacia objetivos profesionales, humanitarios, religiosos;
consideran incompatibles el matrimonio y la familia con su tarea;
son investigadores, misioneros, servidores comunitarios...

Hoy ponemos en el centro de nuestra oración a estos hermanos:
les agradecemos su dedicación plena, “sin tener que repartirse” (1Cor 7, 34);
pedimos para ellos fortaleza en su misión y generosidad sin límites;
reconocemos su camino bendecido por el amor divino;
esta fue tu opción en los años de predicación hasta la muerte;
ahí han encontrado muchos cristianos su vocación.

Jesús del amor y la libertad:
como buen pastor, Pablo, no intenta “ponernos una trampa” (1Cor 7, 35);
jamás inventaría una ley para toda la vida, “sin orden del Señor” (1Cor 7, 25);
nuestra fe cristiana nos dice que:

“tomar decisiones en nombre de Dios... puede ser quitar la palabra a Dios...,
hacerlo asumir como suyas decisiones que son nuestras;
revestir de una irreversibilidad divina a nuestras propias decisiones es,
por parte del hombre, una arrogancia blasfema..., tentar a Dios”
(J. Barreto: “Curas casados. Historias de fe y ternura”. Moceop. Albacete 2010, pág. 180).

En esta situación se encuentran muchos hermanos:
creyeron que podían ser célibes, sirviendo a las comunidades;
en el transcurso de sus vidas han llegado a descubrir que no:

“he comprobado que el camino que Dios me ha mostrado no es una locura mía.
Mi vocación había sido siempre ser cura casado; y yo no me había dado cuenta.
Por eso esa lucha interior, por eso esa vivencia ambivalente.
Sí, ya sé que eso no existe hoy en la Iglesia Católica Romana,
pero en su momento tampoco existieron monjes, eremitas o laicos consagrados.
Es la vocación que Dios quiere de mí.
Y para eso me ha dado a conocer no sólo a Moceop sino, sobre todo,
a una persona con la que compartir esta misión, esta ilusión y estilo de vida.
Carmen es el pilar fundamental de mi vida (después de Dios, si no lo digo, ella se enfada).
Sin ella sería un desgraciado. Fortaleza, ánimo, impulso, frescura, renovación para mi vida.
Siempre me ha animado a ir tras esas huellas de Jesús de Nazaret, a buscar ese camino
común y personal que Él nos ha entregado” (Daniel Orozco: “Curas casados...”. Pág. 76).

En los Focolares, este hermano descubrió su vocación sacerdotal y matrimonial.
Son miles los sacerdotes y obispos que deambulan el mismo camino.
Nuestros dirigentes miran para otro lado.
Sólo se atienen a la ley, y les impiden el servicio comunitario;
ahí siguen ellos y las comunidades, necesitando misericordia.
¿No podemos hacer nada por cambiar las cosas?

Jesús, rostro del amor del Padre:
que tu Espíritu nos lleve a vivir en la libertad y el amor tuyos;
que todos los cristianos podamos servir con tus dones y carismas;
que la Iglesia acepte el celibato opcional en todos los ministerios.

Rufo González


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