Atrévete a orar

La Curia Vaticana y los Sacerdotes católicos casados (III)

12.01.18 | 12:48. Archivado en CELIBATO HOY

Los obispos tienen miedo a disentir de la Ley
- “¿Cómo es posible que la jerarquía acepte a los curas que mantienen relaciones sexuales a escondidas, pero no admita a los que fundan una familia?”.
Esta pregunta la oí hace muchos años a un creyente sencillo, y aún no encuentro una respuesta razonable. Estoy convencido de la madurez actual de nuestra sociedad sobre esta cuestión. Sin duda que nuestros cristianos más sencillos aceptan perfectamente que haya curas casados y no-casados, según su libre elección. ¿Es la jerarquía eclesial la que no está madura en esto? Creo sinceramente que tampoco. Es cuestión de actitud ante la Ley. Los obispos tienen miedo a disentir de la Ley. Más en época de San Juan Pablo II: “Demasiados hablan de replantearse la ley del celibato eclesiástico. ¡Hay que hacerles callar!”, les dijo a cardenales alemanes en una ocasión. Hasta el brioso cardenal Tarancón temía manifestar su opinión. Preguntado sobre los procesos de secularización, respondió: “si digo lo que pienso, podría dejar de ser obispo de la Iglesia”. Fue en un encuentro sacerdotal, en Carabanchel, por los años ochenta del siglo pasado. También obispos brasileños encontraron la intransigencia del Papa a la más mínima insinuación sobre el tema.

Los obispos actuales son más clericales que el Papa
La mayoría fue nombrada en los dos pontificados anteriores, donde se premiaba la obediencia a la ley por encima del amor pastoral, del conocimiento y del amor a los pobres. Fueron obligados a aceptar y defender expresamente el celibato obligatorio para el ministerio. Es muy triste que una ley eclesiástica, siempre coyuntural y con finalidad pastoral, haya llegado a envenenar la convivencia eclesial y no seamos capaces de superarla. Ha sucedido lo que escribe Ramón Encabo:

“Me temo que, desde que en la Iglesia de Roma, se generalizó la ley del celibato, entre el clero se ha tejido una maraña de intereses -psicológicos, personales, familiares, sociales, económicos, etc- que dificultan el reconocer el "papelón" del celibato y el peso muerto que su mantenimiento supone para la Iglesia hoy. Vista la "aceptación" que parte del clero y de los obispos brindan al Papa Francisco, colijo que el celibato, obligatorio, ni se atreverá a tocarlo. ¡Allá su conciencia!” (Comentario por R. Encabo 23.07.15).

¿“Razones de índole empresarial... para mantener la ley del celibato”?
Me cuesta contestar afirmativamente. Pero hay quien lo piensa razonadamente:

“Lamentablemente en nuestra Iglesia chocamos con un muro insuperable al abordar esta temática. No parece que estemos ante una cuestión disciplinar, más bien parece que nos jugamos la fidelidad o la traición a todo un dogma `de fide divina et catholica´. Ni habrá en un futuro previsible ordenación de casados ni, por supuesto, la vuelta al ministerio de los presbíteros que hayan constituido una familia. Ni siquiera una palabra de comprensión o perdón..., silencio sepulcral por parte de Benedicto y Francisco con respecto a quienes con humildad y honestidad solicitamos la dispensa... El problema no es atajar numéricamente la disminución del clero a costa de lo que sea.. .
Bueno...seamos realistas. Hay razones prácticas , de índole empresarial, más que suficientes para mantener la ley del celibato caiga quien caiga. Y lamentablemente así se hará” (Autor: Pensando
Email: jbenitofa@gmail.com).

Seamos realistas con esperanza
Cierto que los dirigentes eclesiales tienen miedo a los movimientos conservadores, muy amigos de mantener las cosas como están. Es el clericalismo que se resiste a morir, a compartir la suerte de los cristianos en la sociedad. Aún el celibato se compensa con poder, dominio sobre la comunidad, privilegios de vida... La disciplina eclesial se piensa desde el poder y la dignidad clerical, y así hacen imposibles las reformas estructurales. Ni el clero es libre en sus opciones personales ni los laicos encuentran madurez en su participación adulta en las comunidades. Se vuelve imposible el modo “sinodal” de resolver los problemas que practicaba la Iglesia desde sus inicios (He 15, 22ss), y el clericalismo ha hecho imposible. El papa Francisco, con su vuelta al Evangelio, lo recuerda así:

“el camino de la Iglesia es este: reunirse, unirse, escucharse, discutir, rezar y decidir. Esta es la llamada sinodalidad de la Iglesia, en la que se expresa la comunión de la Iglesia... Pidamos al Señor la gracia de entender cómo avanza la Iglesia, de comprender cómo desde el primer momento afrontó las sorpresas del Espíritu, y también, para cada uno de nosotros, la gracia de la docilidad al Espíritu, para ir por el camino que el Señor Jesús quiere para cada uno de nosotros y para toda la Iglesia” (Homilía, jueves 5ª semana de Pascua, sobre He 15,7-21, -28 abril 2016- en Santa Marta).

Los miles de sacerdotes casados son una “voz de nuestro tiempo”
No escucharlos ni dar solución evangélica a su problema es una injusticia palmaria. Una injusticia que se prolonga y tiene consecuencias perversas en toda la Iglesia. No podemos en nombre de Jesús pasar de largo, y no “auscultar, discernir e interpretar, con la ayuda del Espíritu Santo, las múltiples voces de nuestro tiempo y valorarlas a la luz de la palabra divina...” (GS 44). Estos sacerdotes son una “voz de nuestro tiempo” que hay que escuchar y valorar “a la luz de la palabra divina”. Son una porción de la Iglesia del Señor muy significativa por su papel y por su preparación. No escuchar y no dar solución evangélica a su problemática será siempre una notoria injusticia eclesial. O peor: un contrasigno del Evangelio, llamativo y contraproducente a todas horas.

Así lo ven los sencillos: “Celibato opcional para los sacerdotes”
El silencio sigue en las esferas clericales más elevadas. El pueblo sencillo sigue escandalizado y, por ello, se siente tan lejos de los obispos y sus curias, incluida la vaticana. Fernando Bermúdez cuenta un episodio en que participó, cuando vivía en Méjico. El representante de la Curia vaticana y el pueblo sencillo de la archidiócesis de Oaxaca se enfrentaron por el celibato. El representante del Vaticano pedía restablecer la Ley; el pueblo sencillo pedía el Evangelio y su libertad:

“El nuncio papal, monseñor Prigione, se reunió con los sacerdotes de la archidiócesis. Había llegado a Oaxaca para exigir el cumplimiento de la disciplina eclesiástica. Le preocupaba que más del 75% de los sacerdotes no cumplieran la ley del celibato. Mientras se celebraba la reunión, 62 parroquias de la arquidiócesis fueron tomadas por sus feligreses en apoyo a sus sacerdotes. El buen arzobispo oaxaqueño, Bartolomé Carrasco, pedía comprensión frente a esta realidad. No así el Nuncio. La delegación archidiocesana de laicos que entró a dialogar con el representante del Vaticano, se expresó diciendo:
- “Vemos que le preocupa mucho que nuestros sacerdotes no sean célibes. ¡Pero cómo nos gustaría verle realmente preocupado por las cosas más importantes de la ley: por nuestros hermanos indígenas, desnutridos y marginados; por la complicidad de una gran parte de la jerarquía con un gobierno explotador y corrupto; por el injusto salario mínimo que condena a una vida inhumana a millones de trabajadores..! La disciplina, importante, no es lo fundamental de la vida cristiana. Si nuestros sacerdotes quieren tener mujer, eso a nosotros ni nos va ni nos viene. Lo único que les pedimos es que cumplan con su ministerio de servicio a nuestro pueblo, que sean desprendidos del dinero, cercanos a los más pobres y testigos de Jesús”.
Mientras tanto, una gran multitud de fieles esperaba frente al palacio arzobispal portando pancartas en las que se leía: `Queremos sacerdotes al lado de los pobres´, `Menos legalismo y más misericordia´, `Celibato opcional para los sacerdotes´.”
(F. Bermúdez: Curas casados. Historias de fe y ternura. Moceop Albacete 2010, p. 194-195).

Rufo González


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