Atrévete a orar

Respuesta a “un recado” incomprensible (1)

13.10.17 | 11:46. Archivado en CUARESMA A

Un párroco norteamericano, casado, contrario al matrimonio de los sacerdotes

Leo en “Religión en libertad” (26 septiembre 2017) un artículo sobre un “sacerdote católico casado que piensa que los sacerdotes no deberían casarse”. Se trata del padre Whitfield, que “manda un recado a los que intentan abolir esta norma de la Iglesia. Padre de 4 hijos, casado y sacerdote, defiende el celibato y explica por qué no deberían casarse”. Dicho padre, aduce el portal digital, ha publicado hace poco en el periódico “Dallas News” un artículo: “Soy un sacerdote católico casado que piensa que los sacerdotes no deberían casarse”.

Por Internet, contacto con la parroquia de Santa Rita en la ciudad norteamericana de Dallas. En su estamento dirigente, figura el P. Joshua J. Whitfield como “el administrador pastoral de Santa Rita. Ex ministro anglicano, ordenado sacerdote católico a través de la provisión pastoral del Papa Juan Pablo II en 2012. Antes de convertirse en católico, fue a un seminario en Inglaterra en el Colegio de la Resurrección. Licenciado en teología por la Universidad de Leeds y la de Duke. Es autor de la Santidad peregrina: el martirio como testigo descriptivo (Cascade, 2009)”.

Planteamiento no compartido por los curas católicos casados
Los sacerdotes católicos casados no piden abolir el celibato, sino de la ley que vincula ministerio y celibato. Y lo hacen por razones evangélicas y de derechos humanos, no por las razones que dice este Padre. No se basan en la creencia de que el celibato opcional es la solución a los problemas “del envejecimiento del clero occidental, la falta de sacerdotes en muchas partes del planeta y la escasez de vocaciones”.
Lo mismo cabe decir de la citada “experiencia del cardenal maronita, ahora patriarca emérito de Antioquía de los Maronitas, cardenal Sfeir”. En recientes declaraciones decía algo obvio:

“hay que reconocer que si el matrimonio de los sacerdotes resuelve un problema, también crea otros graves”:
- “un sacerdote casado tiene el deber de ocuparse de su esposa y de sus hijos, de asegurarles una buena educación, de garantizarles el porvenir”.
- “Otra dificultad... puede ser la de no entenderse con sus parroquianos. A pesar de ello, su obispo no puede trasladarlo debido a la imposibilidad de que su familia se desplace con él”.

Dificultades lógicas que tienen los pastores luteranos, anglicanos, maronitas... Como todos los matrimonios. Como los vocacionados de la enseñanza, de la sanidad y de otras muchas ramas de servicio. Querer que los clérigos de la Iglesia católica estén liberados de las cargas humanas -humanos son la tendencia y el derecho a procrear y formar una familia- es pretender sacrificar en favor de la institución a las personas válidas y con vocación ministerial. No se hizo el hombre para la institución, sino al revés (Mc 2, 27s; Mt 12, 1-8; Lc 6, 1-5). El fin del mejor funcionamiento de la institución no justifica los medios inhumanos -ley del celibato...- que sacrifican derechos básicos de las personas como son el derecho a formar una familia, la libertad de cambiar una opción buena por otra que se ve posteriormente como más acorde con la propia personalidad, etc.

“Una casa de gritos, mocos y amor” no es una excepción por ecumenismo
“Esta es la experiencia que vive Joshua J. Whitfield. Lleva una parroquia y a la vez “una casa de gritos y de mocos, que es también una casa de amor y que ha crecido en pocos años”.
¡Bendita experiencia para compartir todos los matrimonios de su parroquia!. Lo que no es lógico es justificarla como una excepción hecha “en aras de la unidad de los cristianos, a causa de la oración final de Jesús de que sus discípulos sean uno, no una señal del cambio en la antigua disciplina del celibato en la Iglesia Católica”. Por este razonamiento habría que quitar la excepción y hacerlo norma general: más unidad cristiana habrá si todos los cristianos tienen la misma norma.

¿Los sacerdotes católicos casados son los más firmes defensores del celibato?
Además de falso, me parece absurdo, sin sentido, contradictorio con sus propias vidas. Me parece fuera de la realidad lo que dice a continuación este párroco de Santa Rita en Dallas:

“entiendo que haya gente que se sorprenda al `saber que los sacerdotes católicos casados son los más firmes defensores del celibato. Yo, por ejemplo, no creo que la Iglesia deba cambiar su disciplina aquí. De hecho, creo que sería una muy mala idea´”.

¿De dónde sale la información de que los curas casados son los más firmes defensores de celibato? ¿En qué cabeza cabe que los curas casados no quieran para los demás lo que quieren para ellos? Este buen párroco puede pensar lo que quiera sobre la ley del celibato, pero lo que sobrepasa toda razón es que quiera imponer a los demás lo que no quiere para él. Porque lo que está en cuestión no es el celibato, sino la ley que obliga a los ministros ordenados a vivir célibes. La demanda contra esta ley no viene por razones utilitarias, sino por los derechos humanos comprometidos en ella, por los sufrimientos traídos a la Iglesia, a las mujeres, a los hijos, a los mismos clérigos, etc. etc..

“La solución no es acabar con el celibato”
Le preguntaría: ¿la solución a qué? Da la impresión de que este buen clérigo casado cree que los que queremos abolir el celibato obligatorio para el ministerio es para crecimiento eclesial de fieles o en conversiones, o en vuelta a la Iglesia de quienes la abandonaron. Está muy equivocado. Pedimos el cambio de ley por razones evangélicas: para restituir la libertad que Jesús quiso para los suyos y sus comunidades, para respetar la libertad personal y los dones de Dios, y, por tanto, para respetar a Dios mismo a quien no podemos condicionar sus dones con nuestras leyes. Sobre todo cuando esas leyes comprometen derechos humanos, causan mucho dolor a terceros, aplastan e incapacitan a las personas para poder llevar una vida digna, etc. etc.

Tratad a los demás como queréis que ellos os traten” (Lc 6, 31)
La gente normal no puede comprender que este párroco quiera para los demás lo que no quiere ni vive él. ¡Ojalá fuera verdad lo que la gente intuye con razón y él dice vivir “resignado”!:

“La mayor parte del tiempo la gente me ve como una especie de agente del cambio, como el presagio de una Iglesia más moderna. Al ser sacerdote casado, asumen que estoy a favor de abrir el sacerdocio a los hombres y a favor de todo tipo de cambios e innovaciones”.

La gente, creo, interpreta su vida como “presagio de una Iglesia” más evangélica, más respetuosa de Dios y sus dones... Lo que no implica que se esté “a favor de todo tipo de cambios e innovaciones”. Eliminar el celibato obligatorio no es eliminar el celibato ni aceptar “todo tipo de cambios...”.

Los sacerdotes casados traerán “un nuevo y mejor tiempo para la Iglesia Católica”
Así lo creo sinceramente, a pesar de lo que dice padre Joshua J. Whitfield:

“Los laicos que no tienen una idea real de lo que el sacerdocio implica e incluso algunos sacerdotes que no tienen una idea real de lo que la vida familiar y conyugal implica tratan de normalizar la idea de que los sacerdotes casados traerían un nuevo y mejor tiempo para la Iglesia Católica. Pero es una suposición con poca evidencia de apoyo. Basta con mirar la escasez de clérigos en muchas iglesias protestantes para ver que la apertura de las filas clericales no necesariamente provoca renacimiento espiritual o algún crecimiento en absoluto”.

Me parece evidente que la mejor dedicación pastoral no puede decidirse “a priori” entre casados o célibes. Eso depende de los individuos. La separación entre ministerio y celibato aporta credibilidad al carisma del celibato opcional ante el mundo y la propia comunidad eclesial, facilita el derecho de las comunidades cristianas a tener presidentes y a celebrar la eucaristía, respeta los derechos de las personas vocacionadas, entronca con la libertad evangélica que acepta los dones de Dios y cumple su voluntad sin ponerle condiciones al mismo Dios, es decir, sin “tentar” a Dios.

Rufo González


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