Atrévete a orar

Santiago Apóstol, Patrono de España (25. 07.17): Dar la vida por la vida de todos

21.07.17 | 12:31. Archivado en FIESTAS Y SOLEMNIDADES

Introducción:Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro” (2Cor 4, 7-15)
En la carta segunda a los Corintios, brilla la figura del apóstol Pablo, hombre de conciencia, sencillo y humilde, seguro de su servicio al Evangelio, revestido de la autoridad de Cristo (por tanto, sin autoritarismo, sin ambición de poder, de dinero o prestigio), sólo quiere construir la fraternidad con la verdad de Jesús (10,8; 13,7-10). El texto está enmarcado en la descripción de la vida del apóstol (4,1 – 6,10). Reconoce su servicio como fruto del amor de Dios; por eso no se acobarda, no falsifica el mensaje, actúa en conciencia: “no nos predicamos a nosotros mismos, sino que Jesucristo es Señor y nosotros somos esclavos vuestros por Jesús” (4,5).

Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro
“Tesoro” es el Evangelio, Buena Noticia de Jesús, el Reino de los cielos que Dios quiere implantar en la tierra, la vida en el Amor de Dios manifestado en la existencia de Jesús de Nazaret (vida, muerte y resurrección), el Espíritu Santo... “Vasijas de barro” son los sencillos, los pobres, los humildes, los enfermos, los excluidos. Como el buen vino se conserva mejor en tinajas de barro que en recipientes de lujo, de oro o plata..., así el Evangelio se conserva en un corazón de pobre, vitaliza a los débiles, ofrece, sin humillar, mantel y mesa a los marginados, da esperanza a los desesperados, resucita a los muertos... Ahí, en las “vasijas de barro”, brilla “la fuerza de Dios (su amor definitivo) para salvar a todo el que cree” (Rm 1,16).

El ministerio de Pablo ha sido un buen testimonio del Evangelio
El amor de Dios ha brillado en la vida de Pablo. Ha sufrido aprietos, apuros, acosos, derribos.., pero sigue amando como Dios y su Cristo aman. Por ello, no se siente “aplastado”, ni “desesperado”, ni “abandonado”, ni “rematado”. El suplicio, la cruz hasta muerte, es consecuencia de vivir en amor. Así “la vida de Jesús se manifiesta en nuestra carne mortal” 4, 11).

Así la muerte está actuando en nosotros, y la vida en vosotros” (4, 12)
El esfuerzo de amor es potencia de vida. La entrega a la muerte por amor, dar la vida por los demás, es fuente de vida para ellos. Así ha sido en Jesús, y así será en nosotros. Este es el núcleo de nuestra fe: Jesús ha sido resucitado tras haber entregado su vida por amor. Se dedicó a defender la dignidad de toda persona, hija de Dios y hermana universal, como voluntad del Padre Dios, del que se sentía Hijo, y en cuyo nombre desautorizó a los que utilizaban la religión para encumbrarse, dominar o enriquecerse. Por eso lo mataron. Pero el amor de Dios le dio vida sin fin. El amor de Dios y Jesús sólo busca que tengamos vida abundante, que nos realicemos, que nos salvemos del mal, incluida la muerte: “Todo es para vuestro bien”. Cuanto más amor divino, gratuito, haya en el mundo, “más recibirán la gracia, y mayor será el agradecimiento, para gloria de Dios” (4, 15).

Oración:este tesoro lo llevamos en vasijas de barro” (2Cor 4, 7-15)

Jesús, “vasija de barro”, tesoro y perla preciosa:
voluntariamente te despojaste de tu rango divino;
tomaste la condición de esclavo, haciéndote uno de tantos;
te abajaste, obedeciendo hasta la muerte y muerte en cruz... (Flp 2, 6-8).

Tu vida, Hijo del Padre-Madre, fue “vasija de barro”:
pobre de corazón y de realidad patrimonial;
tu nacimiento, en los márgenes, en una cuadra de animales;
llamas a personas comunes, sin poder ni riqueza;
pides renunciar al dinero exclusivo, como condición para tu seguimiento;
tu propuesta, realizar el Reino de Dios, es casi inhumana;
invitas a una situación de libertad, igualdad y fraternidad;
en tu grupo, el único rey y padre es Dios, es decir, el Amor.

Con discípulos pobres intentas crear una alternativa de vida:
comunidad basada en el amor incondicional de Dios;
comunidad que libremente elige valores verdaderamente humanos;
comunidad donde se comparte con los necesitados en vez de acaparar;
comunidad donde no se quiere figurar, encumbrarse, sino tener la misma dignidad;
comunidad donde brilla la solidaridad, el servicio humilde, nada de dominio y poder;
comunidad donde los valores son la vida, el amor, la libertad, la fraternidad, la verdad...;
comunidad donde la rivalidad, el odio y la violencia son innecesarios.

Encontraste incomprensión, persecución, muerte... y vida y alegría eternas:
te acompañó hasta el final el amor sin medida del Padre-Madre Dios;
das vida, dignidad, pan, esperanza... en medio de la crueldad y el egoísmo;
confías en la verdad humana, en la voluntad creadora, en el Espíritu, dador de vida;
sientes que el Espíritu colma tu hambre de justicia, de paz, de amor, de verdad...;
el amor de Dios no te defraudó: te llenó de alegría, de consuelo, de vida plena.

Hoy, Misionero del Amor, contemplamos a Pablo, misionero tuyo:
sus “aprietos, apuros, acosos, derribos;
fatigas, cárceles, palizas, peligros de muerte;
cinco veces azotado, tres apaleado, una apedreado;
tres naufragios, y un día y una noche en el agua;
viajes a pie con peligros de ríos y de bandoleros;
peligros entre los de su raza y entre los paganos;
peligros en ciudad, en despoblado, en el mar, entre falsos hermanos;
muerto de cansancio, sin dormir muchas noches, con hambre y sed;
a menudo en ayunas, con frío y sin ropa;
y además su preocupación por todas las comunidades:
¿quién enferma sin que yo enferme?
¿quién cae sin que a mí me dé fiebre?
” (2Cor 1l, 23-29).

Podríamos contemplar a otros muchos misioneros del Evangelio:
“vasijas de barro” que se dejaron seducir por el amor de Dios;
personas sencillas que quisieron realizar el Reino del Amor;
todos encontraron la cruz y la luz de tu amor;
como Santiago, cuyo testimonio recordamos hoy;
“vasija de barro”, que quería medrar y dominar en tu seguimiento;
no sabéis lo que pedís”, les dijiste a él, a su hermano y a su madre;
terminó convertido a tu amor, y dando la vida por el Reino de Dios (Mt 20, 20-28).

Te agradecemos una vez más tu amor:
tu Vida entregada generosamente;
tu Evangelio que siempre es “Buena Noticia” “para nuestro bien”;
tu Espíritu que nos hermana y nunca nos deja huérfanos del Amor;
tus testigos del Amor de antes y de ahora, que sufren nuestro egoísmo.

Rufo González


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