Atrévete a orar

Domingo 4º Pascua 2ª Lect. (07.05.2017): volvamos a Jesús, pastor y obispo de nuestra vida

01.05.17 | 11:43. Archivado en PASCUA A 2ª Lect.

Introducción:Habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras vidas” (1Pe 2,20b-25)
Sufrir por el Reino de Dios
El texto de hoy es una aplicación del amor gratuito. Al leerlo, recordamos aquello de Lucas: “si hacéis bien a quienes os hacen bien, ¿qué gracia tenéis?... Amad a todos, incluso a los enemigos... así seréis hijos del Altísimo” (Lc 6,32-35). Idéntico término: “si obrando el bien soportáis el sufrimiento, esto es una cosa hermosa (“jaris”) ante Dios” (lit.: “si perseveráis, obrando bien y sufriendo, eso es gracia ante Dios”). “Gracia” es don gratuito de amor universal a justos e injustos. Es la última bienaventuranza: “dichosos los perseguidos por causa de justicia...” (Mt 5, 10-11).

Experiencia comunitaria de Dios
La exhortación está dirigida a los criados domésticos (“oiketai”, no “douloi”: esclavos). Podían ser esclavos o libres al servicio de un amo. En los versículos anteriores, les dice que sean obedientes no sólo a los amos buenos y comprensivos, sino también a los ásperos, pues “esto es gracia, si, por la consciencia de Dios (“Diá sineidesin tou zeou”: “a través del conocimiento conjunto de Dios”; algunos traducen: “por la experiencia que tenemos de Dios” -J. Mateos – L. Alonso Schökel-) uno soporta aflicciones sufriendo injustamente” (2,19). Para comprender, pues, este proceder hay que tener “consciencia de Dios”, experiencia conjunta del amor del Padre de Jesús. De sentir el amor gratuito y universal de Dios, surge el amor gratuito; amor que devuelve bien por mal, como Jesús.

La vocación cristiana es amar como Dios ama
En el centro del texto leemos la vocación del ser humano, manifestada en Cristo:
a) “a esto habéis sido llamados, ya que también Cristo padeció su pasión por vosotros, dejándonos un ejemplo para que sigáis sus huellas” (v. 21). Jesús es “buena noticia” por ser bueno, honrado y misericordioso a lo largo de su vida. Nos sentimos, por ello, atraídos a continuar su camino a pesar de las dificultades internas y externas.
b) `Él no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca´ -Is 53, 9- (v. 22); cuando lo insultaban no devolvía el insulto; en su pasión no devolvía amenazas; al contrario, se ponía en manos del que juzga justamente (v. 23). Jesús es ejemplo de honradez y voluntad de verdad. Reconoce la miseria real de mucha gente, y la violencia y abuso de los poderosos de la política y la religión. Defiende a los más débiles y destapa las contradicciones de quienes producen o amparan de algún modo la miseria, la violencia, la maldad.
c) Cargado con nuestros pecados subió al leño, para que muertos al pecado, vivamos para la justicia. `Sus heridas os han curado´ (v. 24). Jesús se compadece de nuestros “pecados”. Expresa su comprensión en la misma cruz (“no saben lo que hacen” -Lc 23, 34-). Su perdón generoso está pidiendo que “muramos a nuestros pecados” (egoísmos diversos) y “vivamos para la justicia” (la justicia de Dios es su amor gratuito). Podemos, pues, decir que en Jesús se cumple lo que Isaías dijo sobre el “servidor de Dios”: “sus heridas os han curado” (cf. Is 53, 4-6.12b). Es el dolor solidario.
d) `Andabais descarriados como ovejas´ (Is 53, 6; Ez 34, 5-6; Mt 9, 36), pero ahora habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras vidas” (v. 25). “Ahora habéis vuelto (epestráfete: volver sobre, encima de, al...) pastor y obispo (epíscopon: que mira sobre, que cuida) de vuestras vidas”. La conversión cristiana es volver del desamor (ete planomenoi: “estabais descaminados, heridos, golpeados”...por tantas formas de egoísmos) al amor de “ahora”, de Jesús resucitado, el pastor y guardián de vuestras personas. Jesús con su amor nos alimenta y cuida “ahora” y siempre.

Oración:Habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras vidas” (1Pe 2,20b-25)

Jesús, pastor y obispo de nuestra vida:
“ahora”, cuando acercamos nuestro corazón al tuyo,
sentimos tu pastoreo: tu Espíritu alimenta nuestro espíritu;
tu amor nos mira, nos perdona, nos aleja de nuestro egoísmo...

Te creemos, Jesús resucitado, alentando nuestra vida:
- estando con los pobres, desposeídos hasta de lo necesario para vivir,
sin defensa frente a los fuertes acumuladores;
- haciéndonos ver el abismo entre los pobres y los inmensamente ricos;
- denunciando la corrupción, socialmente aceptada la y envidiada;
- mirando a los políticos que buscan mantenerse en el poder,
o conquistarlo a toda costa, manipulando realidad;
- señalando el desequilibrio permanente entre libertad y autoridad:
unos reclaman libertad en la economía, pero autoridad en lo demás;
otros quieren autoridad en la economía, pero libertad en lo demás;
la paz y el bienestar se hacen imposibles.

Jesús de la verdad y de la vida:
nosotros, la Iglesia, también idolatramos el poder y el dinero.

El servicio del Papa sigue desencajado del evangelio en muchos aspectos:
- es jefe de un Estado que no reconoce ni acepta los derechos humanos;
- algunos monopolizan en su persona la verdad, el bien, la libertad...;
- acapara todo el poder y el derecho, como señor medieval...

Con la excusa de que “todo es poco para Dios” bendecimos el lujo y el boato:
no te miramos a Ti, “que no tenías donde reclinar la cabeza” (Mt 8, 20);
montamos celebraciones, carrozas, imágenes y tesoros enjoyados, vestidos de púrpura...

Olvidamos aquello de “entre vosotros nada de dominio ni opresión (Lc 22, 25-26):
- hay poco diálogo argumentado y mucha imposición;
- usamos el poder divino y el nombre de Dios, para atemorizar, dividir, expulsar…;
- impedimos debatir y reclamar cambios de leyes innecesarias;
- la confianza mutua no da para elecciones libres de cargo alguno;
- la tolerancia es frágil con los críticos y disidentes...;
- confundimos tu misión con imponer la estructura clerical;
- tu pastoreo es “gobierno de una élite de varones célibes segregados del cuerpo eclesial”;
- la estructura eclesial medieval se cree “la salvación misma”.

Es realista esta “meditación de adviento sólo para Obispos”:
“¿Qué pasa cuando os nombran Obispos? ¿Qué cambia en vuestro interior?
¿Por qué os dejáis uncir como silentes bueyes a la uniformidad, al paso lento,
al pensamiento único, a los arcaicos signos y estructuras?
Eso no es unidad, hermanos míos,
eso es claudicación ante la permanente llamada del Espíritu renovador.
¿No sois vosotros los adalides del Evangelio?
Pues deberíais ser los primeros en reflejar el permanente dinamismo de la vida:
“He venido para que tengan vida y la tengan abundante” (Jn 10,10).
Os percibimos atrincherados e inmovilizados bajo el incienso de vuestros turiferarios.
¿Os habéis fijado -por ejemplo- en quiénes conforman vuestros Consejos?
Con los laicos contáis poco, pero los que escogéis son siempre los bailadores del incensario.
No toleráis los distintos, críticos, disconformes, heridos, perdidos o buscadores”
(Jairo del Agua, ¿A qué estáis esperando? ECLESALIA, 30/11/09).

Jesús de la tolerancia y de la mesa compartida, hasta con Judas:
danos “experiencia conjunta” del amor del Padre – Madre Dios;
a esto habéis sido llamados”, nos dice hoy la carta de Pedro;
esta es la vocación cristiana: amor solidario, como el tuyo:
- “subiendo al leño cargado con nuestros pecados”;
- pidiendo solidariamente perdón;
- dando la cara, aunque la partan, por el bien de los hermanos;
- resistiendo a los tiranos y obradores de injusticia;
- defendiendo los derechos humanos en cualquier circunstancia;
- rehabilitando a víctimas y agresores...

Conviértenos, pastor y guardián de nuestras vidas, a tu tarea:
haznos conscientes de nuestros desvaríos:
- descontrol, dominio, dinero, sectarismos, rivalidad, egoísmos...;
danos tu misma actitud para hacernos “uno de tantos”:
- sin odio, sin engaño, sin devolver el mal, sin amenazar;
- perseverando en tu `gracia´, sufriendo contigo y los hermanos;
- viviendo para la justicia de Dios, para su amor;
conviértenos a tu misión de Hijo del Amor que entrega su Espíritu:
- al pastoreo de la entrega y servicio de los más débiles;
- a ser comunidad de vida, de libertad, de justicia, de paz...

Rufo González


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