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Domingo 3º Pascua 2ª Lect. (30.04.2017): La Iglesia ha caído en la religión que mató a Jesús

24.04.17 | 10:24. Archivado en PASCUA A 2ª Lect.

Introducción:Por Cristo vosotros creéis en Dios que lo resucitó” (1Pe 1,17-21)
No es lo mismo el “temor” al Padre que al juez
El llamar a Dios “Padre” no menoscaba el “temor” de Dios de quienes conciben a Dios como juez imparcial. Ellos se quedan en el “temor” al juez (“en fobo” -originario del verbo "fébomai”: huir, espantarse-: terror, temor, miedo, reverencia, respeto). El “temor" cristiano se inspira en la vida de Jesús, en su relación con el Padre-Madre. El amor que nos tiene el Padre, “la gracia en que nos encontramos” (Rm 5, 2), nos lleva a vivir en el mismo amor de Jesús, en su misma responsabilidad, en su mismo respeto, en su tomarse la vida en serio. Los que entienden a Dios como “juez imparcial según las obras”, viven con otro tipo de temor; es el miedo al castigo. Quien se siente “hijo” de un padre bueno interioriza otra experiencia: siente amor, capta la comunión íntima, el cuidado amoroso y el interés gratuito, la compasión personal, la debilidad afectiva... Desde esta experiencia la vida se enfoca en el respeto serio, filial, al amor del Padre-Madre, y fraternal, atento a la vida de los otros.

Jesús es el modelo del “temor” al Padre
En su fidelidad al amor del Padre ha llegado a derramar su sangre. Bien sabemos cómo fue ese proceso: llegó a derramar su sangre por vivir y actuar como le inspiraba el amor del Padre. A Jesús lo mataron por vivir en Amor. Ese amor le llevó a enfrentarse a los dirigentes religiosos: preferir la vida, la salud, a las normas religiosas, denunciar el funcionamiento del Templo y de los sacerdotes que vivían para ellos (ropajes, títulos, riqueza, poder...), organizar una alternativa laica comunitaria de hermanos, todos hijos de Dios, sin “padres” ni sacerdotes, sin sacrificios, ayudándose unos a otros, anunciando el amor del Padre-Madre, haciendo realidad el Reino de vida en libertad, en pan y vida para todos, en alegría... Así “nos ha rescatado del proceder inútil heredado de los padres”. El “proceder inútil”, vano, es la vida sin amor, actuando por miedo al castigo, sin convencimiento interior, “por si acaso”, observando la ley por la ley, sin motivación amorosa. Toda religión tiene este peligro de “proceder inútil”.

La Iglesia ha caído en la religión que mató a Jesús
Y hasta organizó cruzadas y matanzas contra los disidentes, destierros a quien no cumplía sus leyes, venta y esclavitud para las mujeres e hijos de los clérigos... Siglos le está costando salir de la noche de las religiones. ¿Qué es un cristianismo de jubileos e indulgencias reglamentadas (con seguro de penas temporales incluidas), ceremonias, procesiones, ritos sacramentales sin vida y devociones que aseguran la vida eterna de forma más o menos egoísta? Es un cristianismo distorsionado, que olvida el proyecto de vida de Jesús. Hemos iniciado a los sacramentos y devociones varias, con mentalidad religiosa, creyendo que lo que salva son nuestras obras “sagradas”: bautizar, primera comunión..., creer dogmas, hacer rezos, visitar lugares santos... Hemos valorado más la parte doctrinal y moral leguleya que el modo de vida de Cristo, vida en amor a todos, enseñando así la voluntad de Dios, la santidad verdadera, el Amor. No hemos iniciado al Evangelio: a la sinceridad, la bondad, la paz, la libertad, tolerancia, la generosidad, la lealtad, los valores humanos, la humanización...

La vida de Jesús nos lleva a creer en el Padre-Madre
Por Cristo vosotros creéis en Dios... Y así habéis puesto en Dios vuestra fe y vuestra esperanza”. La vida de Jesús narrada por testigos y sus sucesores es la que nos ha llevado a creer en el Padre de Jesús, un “dios” creíble. El amor de Jesús a todos es fruto de su relación con la “realidad última”, a la que llama “Abba” (expresión de confianza total, como el niño pequeño en sus padres). Con esta realidad última, al entenderla como su Padre-Madre, tiene una relación singular, busca y comparte afectos, emociones, deseos... Dice hacer lo que ve en el Padre: no manda sino que sirve, no es dueño de nada ni de nadie sino da autonomía y libertad, no quiere esclavos sino amigos, no pide sacrificios sino amor como el suyo. No es juez inflexible e inclemente, sino amigo que perdona y condona todas las deudas, incluso las de “administradores infieles” (Mt 18,23-35). Sólo pide su mismo amor y reconocerle a él en todos los necesitados (Mt 25, 31-46).

Oración:Por Cristo vosotros creéis en Dios que lo resucitó” (1Pe 1,17-21)

Jesús, Cordero del amor:
Tu oferta de vida es el camino del amor:
amad... para ser hijos de vuestro Padre del cielo...;
sed buenos del todo, como es bueno vuestro Padre del cielo
” (Mt 5, 43-48).

Así entendiste tu misión en la vida:
tanto amó Dios al mundo que le dio su Hijo único,
para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida definitiva;
Dios no mandó a su Hijo al mundo para que dé sentencia contra el mundo,
sino para que el mundo por él se salve
” (Jn 3, 16-18).
Reconoces la iniciativa divina, fruto del amor del Padre;
iniciativa que espera respuesta de la decisión humana.
“El mundo” es la humanidad, cada persona.
Quien “cree”, confía en el amor divino, “no perece”,
sino que “tiene vida definitiva”, “se salva por ti, Jesús”,
se realiza como persona humana.
Te apartas así de las religiones impuestas:
- la coacción impide responder al amor del Padre;
- el Dios vengativo impide la libertad y el amor;
- la religión impuesta engendra miedo e hipocresía.

Hoy la carta de Pedro nos habla de la seriedad de nuestro empeño:
llamar a Dios “Padre” de verdad, sentir su “pasión” paterno-maternal...
nos lleva a la misma vida de Jesús:
- a romper “el proceder inútil heredado de nuestros padres”;
- a deshacernos del cristianismo “pautado y rutinario, burocrático y registral”,
- a exponer nuestra carne y sangre por la fraternidad, por los débiles...

El empeño de tu vida, Jesús cordero entregado por amor, es el reino de Dios:
sientes que “el Espíritu del Señor está sobre ti porque te ha consagrado
para llevar a los pobres la buena noticia;
para anunciar la libertad a los presos y dar la vista a los ciegos,
para liberar a los oprimidos y proclamar el año favorable del Señor.
Esta profecía
, dices, se ha cumplido hoy mismo en vuestra presencia” (Lc 4, 18-21).

Sin apoyos económicos ni gubernativos, hablas directamente con la gente:
les anuncias que es posible crear un Reino nuevo;
- el reino nacido del “fuego incandescente que enciende la vida del creyente y,
como una hoguera, se extiende al mundo entero;
es la Maternidad divina, donación de vida del Padre al Hijo,
del Hijo a las criaturas por el Espíritu” (1);
- el reino de dignidad igual entre varón y mujer, judío y gentil, patrón y jornalero;
- el reino que nace en los pobres, excluidos, incrédulos de “buena voluntad”...;
- el reino de la fraternidad por amor, sin más afinidades de sangre, religión, etc.;
- el reino del desapego al dinero y a lo propio, pensando en el bien de todos;
- el reino de la libertad y autonomía de la persona y la sociedad;
- el reino sin teocracias ni esperas de un salvador mágico;
- el reino humano, construido por todos, dejándonos llevar de la mano del Amor,
que nos ha hecho libres y quiere que tengamos vida.

Este reino, Jesús de Nazaret, fue la causa de tu vida:
reuniste a gente, varones y mujeres, para realizarlo;
grupo innovador en medio de una sociedad autoritaria y varonil;
familia de hermanos y hermanas, sin padres patriarcales (Mc 3, 31-35);
sin sacerdotes, mediadores oficiales entre las personas y Dios;
sin “sacrificios rituales”, sin culto y ofrendas, que consiguen la bendición de Dios;
comunidades cuyo culto es su vida normal vivida en Amor;
grupos parciales a favor de los débiles: niños, enfermos, excluidos...;
inspirados en el amor singular del Dios Padre-Madre;
grupos de contraste con la organización religiosa judía de la época;
grupos fieles a la vida en amor hasta la muerte, incluso una muerte de cruz.

Tu sangre derramada “nos ha rescatado del proceder inútil heredado de los padres”:
del proceder sin amor, del vivir para sí, del desentendernos del mundo...
Tu sangre derramada nos ha convencido de la Maternidad de Dios,
que inunda la creación entera con su amor fecundo;
así hemos puesto en tu Dios nuestra fe y nuestra esperanza”.

(1) Imágenes de Dios utilizadas por Synclética (s. III-IV), una de las “madres del desierto”: mujeres de los primeros siglos que vivieron la libertad femenina, a pesar de su marginación. Ver Trinidad León Martín: Pensar y nombrar a Dios en perspectiva feminista. Rev. Proyección -2009- 25-40.

Rufo González


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