Atrévete a orar

Domingo 6º TO A 2ª Lect. (12.02.2017): Si “los príncipes de este mundo (y de la Iglesia) hubieran conocido esta sabiduría” no habría hambre ni guerra (y menos de religión)...

05.02.17 | 18:35. Archivado en TO A 2ª LECTURA

Introducción:Nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria” (1Cor 2, 6-10)
Hablamos, entre los perfectos, una sabiduría que no es de este mundo..., una sabiduría divina”. Sin duda, con ironía, tras conocer las divisiones en la iglesia de Corinto, Pablo llama “perfectos” a quienes intentan vivir la sabiduría de Jesús. Pablo sabe que no son “perfectos”, pero están en Cristo, intentando amar como él. A pesar de no alcanzar el Amor pleno (que llama “sabiduría divina”), los cristianos “hechos” (maduros) han optado claramente por vivir el Espíritu de Jesús. Son, pues, “perfectos”, por aspirar “a la medida de la estatura propia de la plena madurez de Cristo... profesando la verdad, creciendo en todo, por amor, hacia el que es la cabeza, Cristo” (Ef 4,13-15).

Sabiduría divina y sabiduría de este mundo (y sus dirigentes)
Contrapone la sabiduría divina (misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria) y la sabiduría de este mundo (y sus dirigentes o príncipes). Sin duda, se refiere al Amor de Dios, “que no es de este mundo ni de sus dirigentes pasajeros” (1Cor 2, 6). En el mundo no rige el Amor, sino el dominio de unos sobre otros, la preferencia por uno mismo y sus aledaños, la selección por la fuerza, la inteligencia y la capacidad para tener cosas y buscar honores. El amor de Dios, vivido por Jesús, busca la realización de todos empezando por los últimos, sirve compartiendo los bienes, actúa sin violencia, soporta la injusticia antes que ser injusto, muere pero no mata.

Si “los príncipes de este mundo hubieran conocido esta sabiduría, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria” (1Cor 2, 8)
Nunca se hubieran cometido las tropelías de nuestra historia. No existiría el hambre, la guerra (y menos las guerras de religión), la injusticia... La cruz de Cristo nos ha revelado el Amor. Jesús vive la cruz por vivir de acuerdo con el Espíritu de Dios: “sed perfectos como vuestro Padre del cielo es perfecto...” (Mt 5, 48). Equivale a la expresión del Levítico (19, 2): “sed santos, porque santo soy yo, vuestro Dios”. Para Jesús, santo es amar como Dios ama, dejarse llevar de su Espíritu, cuyo don primordial es el Amor, “ser misericordioso como el Padre” (Lc 6, 36). “Hemos contemplado la gloria –gloria que un hijo único recibe de su padre-: plenitud de amor y lealtad... De su plenitud todos hemos recibido: un amor que responde a su amor” (Jn 1, 14ss). La gloria de Dios es su Amor manifestado en sus obras. La cita de Isaías (64,3) sirve para destacar la maravilla de esta “sabiduría” cuyos efectos “no se ven ni se oyen ni se imaginan”, pero que “Dios lo ha revelado por medio de su Espíritu... que conoce la profundidad de Dios” (1Cor 2, 10). Al creer a Jesús, descubrimos su amor y nos capacitamos para vivirlo en plenitud. Es la experiencia de paz con Dios, de saberse amado por él (“la situación de gracia en que nos encontramos”) y vivir la esperanza de su gloria (Rm 5, 1-5).

“No hay nada que cambiar en la Iglesia; quien no esté a gusto. que se vaya”
Esto repiten grupos integristas eclesiales. Bien distinto a lo que dice el concilio Vaticano II: “A la Iglesia pertenece hacer presente y como visible a Dios Padre y a su Hijo encarnado, renovándose y purificándose constantemente con la guía del Espíritu Santo” (GS 21). La sabiduría divina (Amor) debe abrir caminos en la Iglesia.

“La llamada de la Iglesia..., si quiere ser audible..., 1o conseguirá a condición de que vaya abriendo en su seno eclesial espacios inéditos, pero viables, de libertad, de reconocimiento de la dignidad de los diferentes, de opinión pública, de derechos humanos, etc. Sin embargo el modelo que prevalece en la Iglesia actual es en gran medida reflejo del antiguo régimen autocrático europeo: poder absoluto del Papa, cuerpo episcopal totalmente dócil a Roma, negativa a pensar nuevos ministerios y a dar paso al sacerdocio de unas personas excluidas hasta ahora (hombres casados y mujeres), control de las Iglesias locales, retorno al espíritu y a los métodos de la Iglesia tridentina...” «El hombre es el camino de la Iglesia» (F. J. Vitoria Cormenzana en “Presencia pública de la Iglesia ¿Fermento de fraternidad o camisa de fuerza?”. Cristianisme i Justicia. Barcelona 2009, p. 55-62).

Oración: Nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria” (1Cor 2, 6-10)

Jesús del Espíritu, queremos dar vueltas a tu amor:
recordando tus palabras y obras;
contemplando tu “sabiduría”, tu mentalidad;
soñando tus sueños, sintiendo tus sentimientos.

Recordamos tus palabras:
si amáis a los que os aman, qué gracia (1) tenéis” (Lc 6, 32ss);
amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odian;
bendecid a los que os maldicen, rezad por los que os maltratan...
así seréis hijos del Altísimo que es bueno con los desagradecidos y malvados
” (Lc 6, 35);
el más grande entre vosotros, iguálese al más joven, y el que dirige al que sirve...;
yo estoy entre vosotros como el que sirve
” (Lc 22, 26-27);
el que quiera ser primero, ha de ser siervo de todos;
el Hijo del Hombre ha venido para servir y para dar su vida en rescate por todos
” (Mc 10, 44s).

Recordamos tus hechos:
traían enfermos, aplicándoles las manos los fue curando” (Lc 4, 40);
tus pecados quedan perdonados... tu fe te ha salvado, vete en paz” (Lc 5, 20; 7, 50);
si algo puedes, conmuévete y ayúdanos... Todo es posible para el que tiene fe” (Mc 9, 22s);
me conmueve esta multitud, no tienen que comer.., dadles vosotros de comer..” (Mt 15,32; 14,16);
echa a los vendedores del templo...: `lo habéis convertido en cueva de bandidos´” (Lc 19, 45ss);
se puso a lavar los pies a los discípulos y secárselos con el paño” (Jn 13, 5);
mojando el trozo de pan, se lo dio también a Judas de Simón Iscariote” (Jn 13,26);
Padre, perdónalos, que no saben lo que están haciendo” (Lc 23, 34);
te lo aseguro hoy estás conmigo en el paraíso” (Lc 23, 43).

Contemplamos tu “sabiduría”, tu mentalidad, tu sentir:
que “no es de este mundo ni de sus príncipes”:
- que viven en rivalidad permanente, humillando al más débil;
- que exaltan el “yo” buscando la vanagloria y la adulación;
- que buscan distinciones, privilegios, acumulación de bienes...;
- que inventan leyes para darse poder y blindar sus injusticias;
- que hacen oídos sordos al sufrimiento ajeno;
- que acallan, reprimen, marginan, hasta matan si peligran sus privilegios.

Tu sabiduría de vida, Jesús del Amor, eres tú mismo:
en tus palabras y obras reconocemos el camino, la verdad, la vida;
conocerte a ti es conocer al Padre, al misterio de bondad infinita;
tus obras de amor curaron muchos cuerpos y almas;
tus palabras audaces desenmascararon muchos egoísmos;
tu pasión y muerte en cruz fue consecuencia de tu vida entregada;
en las manos amorosas del Padre pusiste tu esperanza.

Soñamos contigo tu sabiduría sobre nosotros, sobre las iglesias:
sabiduría que procede del Amor sin medida del Padre Dios;
sabiduría que mira a los que no tienen, no saben, no pueden, no viven;
sabiduría que no tiene miedo al cambio y la reforma evangélicos;
sabiduría que alimenta la libertad y la creatividad;
sabiduría que abraza y valora la crítica positiva, el pluralismo...;
sabiduría que dialoga, iguala en dignidad, reconoce los carismas de todos;
sabiduría que nos centra en el servicio mutuo y de los más necesitados;
sabiduría que valora más al ser humano que al sistema, a la ley o a la institución.

Jesús, lleno del Espíritu Santo:
despierta nuestras entrañas para que sientan tu amor;
abre nuestro corazón a sus inspiraciones;
a las inspiraciones que te condujeron a ti por la cruz a la gloria;
por la cruz del desprendimiento, la marginación, la ayuda desinteresada...;
a la gloria de la fraternidad y del Dios que “ve en lo escondido” (Mt 6, 4.6.18).

(1) “poia himín jaris estín” (Lc 6,33): “qué clase de gracia tenéis”. Suele traducirse por “¿qué gracia o favor divino merecéis a cambio de eso?”. Me parece más lógico interpretar “jaris” (de aquí viene “carisma”) como “don”, “generosidad”, “amor gratuito”. Amar a quien nos ama no es “gracia”, “generosidad”; es equivalencia. El amor de Dios no es correspondencia; él ama aunque no sea correspondido. Es la lógica del Dios de Jesús.

Rufo González


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