Atrévete a orar

D. 4º Cuaresma C (06.03.2016): el clericalismo impide la fraternidad

29.02.16 | 09:50. Archivado en CUARESMA C

Introducción: Se le echó al cuello y se puso a besarlo (Lc 15,1-3.11-32)
Es la “parábola de la casa mesiánica”
En ella acoge a todos: hermanos “menores” y “mayores”. Son “menores” los enfermos, publicanos, pecadores, prostitutas, marginales, gente que no puede valerse por sí mismo, arruinados, fracasados morales, víctimas de la violencia, excluidos del propio sistema... Jesús los cura y sienta a su mesa. Les ofrece perdón y fiesta, comunión fraternal, vida y libertad. El “hijo menor” provoca el amor del Padre. Su vida sin sentido, sus carencias, abren los brazos del Padre que le espera sin condiciones: ha vuelto a la casa de la fraternidad gratuita. En ella recupera la dignidad de hijo, sin interrogatorios duros y humillantes, sin ajustes crueles de cuentas, sin castigos ni penitencias. Declara libremente que ha pecado y no merece llamarse hijo. Es la gracia, el amor que no se paga, se disfruta y celebra.

Los “mayores” se resisten a entrar en la casa de la fraternidad gratuita
Piensan que el Padre debe sancionar el orden establecido, leyes sagradas, invariables. Se atreven a imponerlas en nombre de Dios Padre. ¡Cuánta historia y actualidad de la Iglesia en esta actitud! ¡Cuánto rechazo a teólogos creativos, a sacerdotes casados, a comunidades de base, a divorciados vueltos a casar, a quienes piden reformas...! ¡Cuánto esfuerzo en cuidar normas no evangélicas, perjudicando a comunidades y personas sentadas a la “casa mesiánica”, pero a quienes se niega mesa y mantel eclesiales por preceptos humanos, por falta de justicia y misericordia (Mc 7,6-8)! ¡Cuánta apropiación del Espíritu que creen poseer en exclusiva!. Un caso entre muchos:

“El Sínodo no quiere dejar ninguna duda en la mente de nadie sobre la firme voluntad de la Iglesia de mantener la ley que exige el celibato libremente escogido y perpetuo para los candidatos a la ordenación sacerdotal en el rito latino” (Proposición 11, Sínodo Obispos 1990). Juan Pablo II comenta: “El Sínodo ha confirmado, sin posibilidad de equívocos, la opción del celibato sacerdotal. En nombre de toda la Iglesia, el Sínodo ha realizado un gran acto de fe en la gracia del Espíritu Santo, que es el que la guía” (J.Pablo II; “Ya”, 28 octubre 1990). Lo remacharía en la Exhortación Apostólica (marzo 1992) “Pastores dabo vobis”, n. 29.

¿Puede de verdad decirse “en nombre de toda la Iglesia” sin consultarla?
¿Acaso no somos “Iglesia” los que no compartimos dicha decisión? Buscan bloquear el cambio, someter el pensamiento, la moralidad, la acción de todos..., mantener una sociedad estática. Esta actitud de dominio por parte de un grupo no pertenece al evangelio, sino a la cultura. Propio de sociedades antiguas, preinsdustriales, estáticas, donde todo viene definido por el pasado. Todo cambio es peligroso, diabólico, perverso. Mitos y símbolos vienen a consagrar esos modos de vida, dándoles carácter divino. Responsables religiosos y civiles se alían para bloquear el cambio, se adueñan del saber, de la valoración moral. Se creen en possesión de la verdad y del bien hacer, dicen tener la “asistencia especial” del Espíritu Santo:

“La pretensión de que tienen el Espíritu Santo, y los de fuera tienen el pecado..., es una pretensión cristianamente heterodoxa. Pues la profesión cristiana afirma que el Espíritu “ha sido derramado sobre toda carne” (He 2,17) y “sopla donde quiere” (Jn 3,8)...; pecadores somos todos –judíos o paganos (Rm 3,23)-. Por eso el Espíritu necesita ser buscado y escuchado donde quiera que esté y a través de la conversión propia” (J.I. González Faus: La autoridad de la verdad. Sal Terrae. Santander 2006, pág. 228).

La gran figura de la parábola es el “Padre” de Jesús
Para todos tiene casa y familia. A todos quiere acoger en la casa de la fraternidad gratuita, de la libertad y la vida, de la justicia y la verdad... Invita a los “mayores” a superar la ley que limita la libertad amorosa y a entrar en la casa de la gratuidad. En ella hay perdón e igualdad para justos y pecadores. En ella se respeta la enseñanza de Jesús de dejar crecer el trigo y la cizaña, se trata imparcialmente a unos y a otros. Se usa el diálogo fraternal para superar la obsesión autoritaria de imponer la ley o la visión “nuestra” de las cosas, se busca la voluntad de Dios expresada en la vida entregada de su Hijo.

ORACIÓN: Se le echó al cuello y se puso a besarlo (Lc 15,1-3.11-32)

Jesús, hermano, esta parábola debía avergonzarnos a unos y a otros:
Todos hemos ultrajado la “casa mesiánica” de tu amor sin medida,
y estamos privados del esplendor de tu Amor (Rm 3, 23).
Hemos procedido “dominando como los reyes de las naciones”(Lc 22,25ss; y par.);
imponiendo normas y decisiones no evangélicas;
marginando a la mujer frente al varón como si no fueran iguales en Ti (Gál 3,28);
quebrantando la voluntad de Dios por aferrarnos a nuestras tradiciones” (Mc 7, 8ss;Mt 15, 3ss).

Hermanos “mayores” y “menores” seguimos enzarzados:
nos resistimos a entrar en la “casa mesiánica” que tú, Jesús de todos, ofreces.
Obispos y presbíteros reproducen la parábola con una crudeza inhumana.
Quedó patente en el año sacerdotal (19 junio 2009 - 19 junio 2010).
Ante una declaración del cardenal Bertone sobre el año sacerdotal,
donde parece que Roma se planteaba readmitir a los curas secularizados:

“Este año busca también una reanudación del contacto, de la ayuda fraterna y,
si es posible, volver a unirse con los sacerdotes que por diferentes motivos
han abandonado el ejercicio del ministerio”(L'Osservatore Romano, 28 de agosto de 2009).

Algunos hermanos “mayores” negaron tal posibilidad:

“No puede la Iglesia aceptar eso, pues estaríamos ante un gran atropello a los que lo dieron todo por Cristo, a los mártires que murieron por conservar su fe. La Iglesia no debe retroceder, es madre para ayudar quizás en la medida de lo posible a estos curas secularizados dándoles que apoyen mediante el magisterio y la catequesis y bajen el peso de los sacerdotes célibes que pueden dedicarse más al servicio del altar; por otro lado ellos deben reconocer a sus hijos y adoptar la formalidad de una verdadera familia cristiana... O hablamos claro o Bertone que se vaya a su casa. Santidad amárrese los pantalones, no retroceder en estos tiempos difíciles es su mejor bandera. ¡Adelante, Santidad!”
(Comentario por El Novicio de Extremadura 01.09.09 | 15:39).

“No son personas de fiar. Y, los que los defienden son los hermanos, los primos, los hijos y las cuñaditas de los ex. Saben muy bien que no tienen apoyos de nadie... ¿Echáis de menos el poder, el dinerito, la influencia...? ¡Pues se os acabó! A trabajar como todo el mundo. “El que pone la mano en el arado y vuelve la mirada atrás no...”. Lo que nos faltaba ahora, no solo aguantar a la mamita del cura, sino a la mujer del cura, a los hijos, a las cuñadas y a las nueras...ja ja ja” (Comentario por Lucia 01.09.09 @ 18:44).

Afortunadamente hay voces que desean la “casa mesiánica”:

“Es posible que haya muchos sacerdotes secularizados que no estén dispuestos a volver al ministerio, pero conozco a otros muchos que volverían encantados. Y, de las palabras del cardenal Bertone parece deducirse esa posibilidad, que me alegraría mucho, tanto por las comunidades cristianas sin sacerdocio como por muchos sacerdotes amigos secularizados” (Comentario por Alberto TORGA LLAMEDO, sacerdote jubilado en Nava (Asturias) 01.09.09 | 14:48).

“Soy sacerdote, llevo casi 30 años en el ministerio, y siempre he tenido un gran respeto por tantos hermanos que por la razón que fuera dejaron el ministerio activo. Por otro lado me da pena el ver que tanta riqueza humana y espiritual la estamos desaprovechando. Quizás podríamos hablar de pecado contra el Espíritu Santo.. Explíquenme: ¿qué es más importante, la Palabra de Dios o el Derecho Canónico? ¿San Pablo no habla claramente de que el Obispo sea esposo de una sola mujer? Es antitodo el unir el sacramento del orden, la vocación sacerdotal, con el celibato impuesto por unos criterios meramente económicos. ¿Cuál era el modelo sacerdotal de las primeras comunidades? Seamos consecuentes. Por otro lado el mismísimo Vaticano ha aprobado que ex pastores protestantes casados, convertidos al catolicismo sean ordenados y sigan con su familia muy bien casados” (Comentario por el Observador 02.09.09 | 20:20).

“Me entristece la presunta soberbia y falta de racionabilidad de algunos comentarios. Puro infantilismo y baja pasión primaria. Cuánta falta de reflexión y de matiz. Es decir de inteligencia humana y espiritual. Qué triste favor a la Iglesia hace el fundamentalismo de lapidar al otro utilizando la “Sacerdotalis coelibatus”. Vivo mi celibato como presbítero diocesano y creo que en este “año sacerdotal” sería un gran signo de los tiempos, en bien de la evangelización, de la Iglesia y de muchas personas, acoger con gozo a los hermanos secularizados, como iguales entre iguales, y acoger en el sacramento del Orden a hombres casados y, con el tiempo, a las mujeres. En comunión con la Iglesia en su más bella Tradición” (Comentario por Rafel Horrach Llabrés 02.09.09 - 20:26).

¿Qué harías, tú, Cristo, en quien vemos al Padre del cielo?:
¿“Te indignarías y te negarías a entrar” en la comunión de servidores solteros y casados?
¿Dirías: “la Iglesia no debe retroceder” en sus normas, pase lo que pase”;
“no retroceder en estos tiempos difíciles es su mejor bandera”;
“los que vuelven no tienen apoyos de nadie”;
“echan de menos el poder, el dinerito, la influencia...,
¡Pues se os acabó! A trabajar como todo el mundo”?

¿O nos dirías: “deberías alegrarte porque este hermano tuyo... ha revivido”;
consolarías a los hermanos que “se alegrarían mucho”;
lamentarías que “tanta riqueza humana y espiritual la estamos desaprovechando”;
nos conectarías con tu práctica y la Iglesia primera: “seamos consecuentes”,
como hacéis con “pastores protestantes casados, convertidos al catolicismo”;
reconoced “un gran signo de los tiempos” de libertad y amor entrañable?

Jesús hermano:
que tu Espíritu nos llene del amor del Padre;
que este amor brille en la Iglesia, casa de todos.

Rufo González


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