Atrévete a orar

D. 3º Cuaresma C (28.02.2016): “conversión al amor del Padre”

22.02.16 | 19:02. Archivado en CUARESMA C

Introducción:Señor, déjala todavía este año” (Lc 13,1-9)
El evangelio llama hoy a “la conversión al amor del Padre”, otro objetivo de la cuaresma. Tiene dos partes: la respuesta de Jesús a unos hechos históricos, y la parábola de la higuera infructuosa.

Los hechos históricos son dos acontecimientos violentos
Uno alude a unos galileos, paisanos de Jesús, masacrados por Poncio Pilato, gobernador que controló Judea durante diez años (26-36) con mucha crueldad (consta por los evangelios, por Flavio Josefo y por Filón, cuyo juicio sobre él es severísimo). Serían nacionalistas exaltados, que fueron ejecutados en el momento de su captura cuando ofrecían sacrificios de animales en el templo de Jerusalén. El otro hecho lo aporta Jesús: el derrumbe de la torre, que defendía el acueducto del estanque Siloé, en Jerusalén, y que aplastó a dieciocho judíos.

Dios no está detrás de las desgracias culpables o fortuitas
Sobre estos hechos, Jesús les dice claramente que las víctimas no son más culpables o pecadores que los demás. Rechaza así la mentalidad judía que considera las desgracias como castigo divino (Jn 9, 1-3). “Pero si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera”, dice en ambos casos. No niega la culpabilidad directa o indirecta en determinadas desgracias. Más bien la supone, al pedir la conversión. Ante el enfoque judío de la venganza divina, a veces incluso indiscriminada, Jesús propone a un Dios Padre, que espera el cambio de sus hijos: la conversión libre a su amor, a su Reino de vida para todos. Cualquier situación, sobre todo de desgracia, es una oportunidad para convertirnos más a su amor. Si cada uno se convierte al amor divino, la injusticia social, obra de todos, que tantos males acarrea, tiene principio de arreglo. Sólo desde la libertad, guiada por el amor, podemos construir un modo de vida humanamente satisfactorio. La libertad consciente ha sido siempre lo más temido por los dirigentes civiles y religiosos. Prefieren unas masas analfabetas, fanáticas, obedientes a sus consignas, fácilmente manipulables. Jesús, su Reino, va en dirección contraria: abrir los ojos, conocer la realidad, descubrir lo mejor (lo que Dios quiere, la ética) para todos, trabajar los talentos, colaborar todos en la construcción y conservación de la casa común...

La segunda parte del texto es la parábola de la higuera infructuosa
Con ella Jesús da a entender que la conversión al amor del Padre tiene que dar fruto; de lo contrario, no hay conversión. Somos como higueras plantadas en la viña de la vida para dar los frutos que nuestra naturaleza (cósmica y humana) produce. El personaje central de la parábola es un viñador que, sorprendentemente, intercede ante su dueño por una higuera improductiva. Puede ser figura del mismo Jesús o bien del hombre responsable de sus hermanos (convertido al reino de Dios) que solidariamente se hace garante ante Dios del futuro de sus hermanos. Pide el plazo de un año (¡un ciclo más de vida!), promete cavar (quitar malas hierbas, facilitar la humedad...) y abonarla. Creados a imagen de Dios, estamos llamados a seguir a su Hijo, imagen viva suya. Mirar al Padre y querer a los hermanos como él miraba y quería, son los dos frutos esenciales de nuestra conversión. De ahí vendrá su Reino de verdad, amor, vida, libertad... para todos. “Nosotros hemos pasado de la muerte a la vida: lo sabemos porque amamos a los hermanos” (1Jn 3, 14).

Oración: Señor, déjala todavía este año (Lc 13,1-9)

Jesús, relato de Dios, hoy nos invitas a la conversión:
es decir, a girar nuestra mirada y nuestro corazón al Padre Dios;
a quien nadie ha visto ni puede ver;
a quien sólo conocemos por el relato de tu vida (Jn 1,18);
cuya bondad y amor al hombre han sido revelados en tu existencia histórica (Tit 3,4).

Nosotros, Jesús de Nazaret, preferimos mirar al “Dios” de nuestra imaginación:
al Creador todopoderoso, distante estratégicamente;
al Señor que pide postración a sus pies, honores, ofrendas, alabanzas...;
al Juez que ve todo, amenaza, corrige y castiga;
al Soberano que premia con el éxito, la riqueza, la salud, la larga vida...,
y que castiga con catástrofes, accidentes, enfermedades, pobreza...;
al representado por el poder religioso y civil:
- que nos piden sumisión a lo que ellos piensan y deciden;
- que pretenden controlar la conciencia y la vida;
- que transmiten el poder a sus herederos naturales o elegidos por ellos;
- que reprimen las libertades y derechos humanos en nombre de Dios;
- que se niegan a compartir las responsabilidades y decisiones;
- que se atribuyen todo poder (legislativo, judicial, ejecutivo);
- que se atribuyen toda la verdad y saber de las cosas y la vida;
- que se consideran en posesión de la virtud por el hecho de cumplir la ley;
- que se rodean de privilegios y honores, propios de la divinidad...

Nos da miedo mirarte a ti, Jesús, hijo de María:
de linaje no limpio, engendrado de modo sospechoso;
nacido en un establo, en medio de gente marginal;
que viviste casi toda tu vida en un pueblo miserable y desconocido;
que te das a conocer en la fila de los pecadores;
que tu familia piensa que estás loco;
a quien los intelectuales del poder creen endemoniado;
a quien acusan de ser “amigo de pecadores y prostitutas”;
a quien los “representantes de Dios” declaran blasfemo;
a quien la buena sociedad considera terrorista e impostor;
a quien el poder civil y religioso eliminan de modo humillante,
fuera de la ciudad”, fuera de nuestra civilización (Hebr 13, 11-13).

A pesar de todo, escuchamos tu invitación a convertirnos al Padre:
al Padre que es fuente de vida y de confianza;
al Padre que reafirma nuestra igual dignidad de hijos suyos;
al Padre que nos respeta y sostiene la libertad;
al Padre que es Amor, y su poder es sólo amor,
al Padre que nos quiere hermanos a todos.

Una vez más, Jesús, invitas al amor del Padre y a tu fraternidad:
no hay religiosidad verdadera sin fraternidad;
tu predilección por los más débiles es voluntad clara del Padre;
tu dedicación a los enfermos es otro rasgo claro del amor del Padre;
tu cercanía a los marginados hace brillar su amor incondicional.

Si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera”, nos dices:
te hablan de represiones violentas en Galilea;
añades tú la muerte de dieciocho judíos al caer la torre de Siloé;
injusticias sociales y desastres de la naturaleza que impiden la dicha humana;
para ti la respuesta es la conversión al Reino del Padre:
- al desarrollo de nuestras capacidades;
- al esfuerzo por conocer el universo y ponerlo al servicio común;
- a sentir hambre de justicia para todos y amor desinteresado;
- al servicio y cercanía a los que más sufren la injusticia y el desamor;
- a organizarnos según tu Espíritu en libertad y participación;
- a elegir y llamar a los hermanos a vivir sus carismas;
- a no dominar, sino a servir en verdad y amor tuyos;
- a ser creativos, respetar iniciativas, no excluir al diferente...

Reconocemos, Jesús del reino, la pobreza de nuestra conversión:
creemos amar a Dios y no estamos con los marginados;
nuestra gloria no coincide con la de Dios, “el hombre viviendo”;
aspiramos al lujo, a la majestuosidad, al diseño suntuoso....;
tu gloria fue la solidaridad con los más despreciados,
a quienes los cristianos de primera hora llamaban “vicarios” tuyos;
tu justicia y amor evitan la enfermedad, la marginación, la excomunión...

Gracias, Jesús bueno, por abrirnos los ojos y tener paciencia con nosotros:
somos higuera improductiva: “déjala todavía este año” de amor, dices al Padre;
queremos trabajar en tu reino viviendo sin lujos ni derroches;
deseamos compartir nuestro tiempo y bienes con los necesitados;
estamos decididos a amar a todos, con más intensidad a los marginados y excluidos;
queremos participar en la Iglesia consciente, activa, responsablemente,
si nos dejan quienes se han arrogado todo poder, saber, honor y gloria...

Rufo González


Opine sobre la noticia con Facebook
Opine sobre la noticia
Normas de etiqueta en los comentarios
Desde PERIODISTA DIGITAL les animamos a cumplir las siguientes normas de comportamiento en sus comentarios:
  • Evite los insultos, palabras soeces, alusiones sexuales, vulgaridades o groseras simplificaciones
  • No sea gratuitamente ofensivo y menos aún injurioso.
  • Los comentarios deben ser pertinentes. Respete el tema planteado en el artículo o aquellos otros que surjan de forma natural en el curso del debate.
  • En Internet es habitual utilizar apodos o 'nicks' en lugar del propio nombre, pero usurpar el de otro lector es una práctica inaceptable.
  • No escriba en MAYÚSCULAS. En el lenguaje de Internet se interpretan como gritos y dificultan la lectura.
Cualquier comentario que no se atenga a estas normas podrá ser borrado y cualquier comentarista que las rompa habitualmente podrá ver cortado su acceso a los comentarios de PERIODISTA DIGITAL.

caracteres
Comentarios
  • Comentario por Rufo González Pérez [Blogger] 26.02.16 | 18:59

    Recibo este correo. Lo agradezco. No me queda claro si es de un católico. Lo que quiere decir que en el evangelio coincidimos todos los cristianos. Lo poco que sabemos de Dios es por sus creyentes, sus testigos. Para nosotros el gran creyente, el testigo, es Jesús de Nazaret. Siguiendo su inspiración, su Espíritu, trabajamos por el Reino de Dios, el mundo que Dios quiere, donde reina la verdad, el amor, la paz, el pan para todos, la libertad, la vida...

    Elicer Escalona (eliecerescalona@sbcglobal.net)
    Para: rufo.go@hotmail.com

    3º Cuaresma C (28.02.2016): “conversión al amor del Padre”
    ¿Por qué será que a la mayoría de nosotros los católicos vemos clarito al “Dios” de nuestra imaginación y nos da miedo mirarte a, Jesús, hijo de María?
    Es muy decepcionante para mí hablar con los católicos. Vivimos de pura fantasías, supersticiones e idolatrías, etc.
    Le doy gracias a usted por aclararme o afirmarme que no estoy tan perdido.
    ¡Saludos c...

Martes, 21 de agosto

BUSCAR

Editado por

Síguenos

Hemeroteca

Agosto 2018
LMXJVSD
<<  <   >  >>
  12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728293031