Atrévete a orar

DOMINGO 29º TO B (18.10.2015) ¿Cuándo aprenderemos el “entre vosotros nada de eso”?

13.10.15 | 11:00. Archivado en Acerca del autor

Introducción: El Hijo del Hombre no ha venido para le sirvan, sino para servir... (Mc 10,35-45)
Jesús les ha informado a los Doce, por tercera vez, sobre la pasión, muerte y resurrección(10, 33-34). Como en el segundo anuncio (9,31ss), no entienden y sueñan con el trono de Israel que ocupará Jesús. Los hijos de Zebedeo solicitan los primeros puestos. De estos hermanos cuenta Lucas que eran de armas tomar: llegaron a proponer incendiar una aldea por no recibirles cuando iban hacia Jerusalén. Jesús les reprendió: “no sabéis de qué espíritu sois” (Lc 9, 55). Algo parecido les dice hoy: “no sabéis lo que pedís”.

¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?”. “Beber el cáliz” y “bautizarse” es sumergirse en el sufrimiento que les va a acarrear el hacer presente el reino de Dios en aquella sociedad. Hay que entregarse a amar y aceptar las cruces de las manos injustas, las que buscan privilegios, honores, riqueza, poder. “-Lo somos”, es la contestación rápida de los ambiciosos hermanos. La condición humana es capaz de prometer en un momento determinado lo que tal vez luego no sea capaz de cumplir. Cuando Marcos escribe su evangelio, Santiago ya “ha bebido el cáliz” y “ha sido sumergido en el bautismo” del Señor. Creció y maduró en comprensión y seguimiento de Jesús, y le acompañó en su gloria. Jesús reconoce esa capacidad, pero “el juicio” sobre la gloria es del Padre.

Los otros diez se indignaron...
Es el fruto de la ambición: estrategias de asalto al poder, demandas interesadas, intercambios de influencias, hasta injusticias y violencias. Ahí está la historia de la sociedad y de la Iglesia. Para Jesús el ansia de poder, de dinero y de honor es un camino de perdición: “¿De qué le sirve a uno haber ganado el mundo entero si él mismo se pierde o se arruina?” (Mc 9,25). Esta cita evangélica le sirvió a Ignacio de Loyola para convertir al espíritu evangélico a Francisco Javier, que renunció al cargo de Maestro en el colegio Beauvais, en la universidad de París, y se hace misionero donde desconocen a Jesucristo. La perfección humana, la realización, está en el amor gratuito: “Sed perfectos como vuestro Padre del cielo..” (Mt 5, 48).

Vosotros nada de eso
Jesús resalta el contraste entre el poder de los “jefes” y “grandes”, que “tiranizan” y “oprimen”, y los servidores de la nueva sociedad que él sueña y llama “Reino de Dios”. En su comunidad “el grande” debe ser “siervo vuestro”, “el primero” debe ser “esclavo de todos”. Contrasta con la sociedad que legitima la esclavitud, la sumisión, la tiranía, la miseria... Ésto produce violencia social, reflejada en el endemoniado indomable, figura de los esclavos rebeldes, al que Jesús reconduce a su alternativa (Mc 5,2-20). De modo semejante, la hija de la siriofenicia, esclava, también rebelde, queda curada al reconocer su madre el derecho de todos a vivir (Mc 7, 24-31). Los discípulos del reino han de suprimir la tiranía, la opresión, la desigualdad injusta... Jesús “no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos”. Estas “palabras auténticas” de Jesús han sido investigadas y analizadas con especial esmero en la segunda parte del siglo XX. En ellas aparece la identidad de Jesús y las intenciones de su existencia a favor de los demás. En estas palabras se nos desvela cómo se entiende Jesús a sí mismo y cómo orienta su vida, hecha ofrenda al Padre, sacerdocio agradable. Jesús, Hombre realizado, no quiere “ser servido” (al modo de este mundo, con honores, títulos, dominio...), sino “servir”y “dar su vida en rescate por todos” los oprimidos, los sin libertad, sin justicia, sin amor, sin paz, sin vida, etc. Su autoridad es la vida entregada, que hace “crecer” en libertad , en realización. Su vida es una oferta libre, que no se impone ni invoca privilegios ni honores. Es la sociedad fraternal, con funciones distintas. Creer y vivir así es un gran bien, es la voluntad de Dios, es su Reino.

Oración:el Hijo del Hombre no ha venido para le sirvan, sino para servir” (Mc 10,35-45)

Señor Jesús, servidor nuestro y de la humanidad entera:
de nuevo tu evangelio nos ofrece tu vida entregada;
te enfrentas a los que piden privilegios: “no sabéis lo que pedís”;
educas a los apóstoles: “Vosotros nada de eso”.

A los mismos Santiago y Juan, te enfrentaste en otra ocasión:
ante una aldea samaritana que no quiso recibiros, te propusieron
mandar bajar fuego del cielo y que los consuma”;
tu respuesta: “no sabéis de qué espíritu sois, porque el Hijo del Hombre
no ha venido a perder a los hombres, sino a salvarlos
” (Lc 9,51-55).

Hoy te piden “sentarse en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda”:
es decir: ocupar los primeros puestos en tu reino.

Tu vida y tu palabra van en dirección contraria:
¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber,
o bautizaros con el Bautismo con que yo me voy a bautizar?

“Beber tu cáliz” es gastar la vida en bien de los demás:
- procurando que tenga comida y vestido;
- curándoles de toda dolencia;
- instándoles a que desarrollen sus talentos;
- reuniéndoles en fraternidad;
- comunicándoles hambre y sed de la justicia que brota del amor del Padre;
- dándoles tu Espíritu que no teme a quienes matan el cuerpo.

“Tu Bautismo” es tu pasión y muerte:
- hasta ahí llegan los violentos, los amigos del poder, del dinero y del privilegio:
oprimen, marginan, tiranizan, hasta matan a quienes no aceptan su lógica;
- hasta ahí hemos de estar dispuestos los amigos del amor gratuito, como Tú:
denunciar a los opresores, defender a los oprimidos, hasta la muerte.

Todos, Jesús nuestro, estamos tentados por espíritus ajenos a Ti,
de buena voluntad, pero “piensan como los hombres, no como Dios”:
- también en tu Iglesia sufrimos la patología de “los grandes”:
dominio, esclavitud, no dejar que maduren humanamente las personas;
- se busca poder, privilegios... para garantizar la misión de la Iglesia, dicen;
- no quieren vivir la realidad histórica como Tú, “pasando como uno de tantos”;
- “son infieles al Vaticano II y tienen miedo ante las reformas de la Iglesia...;
- mantienen el injusto poder de la curia romana sobre el colegio episcopal;
- adoptan `mano tendida hacia posturas lindantes con la extrema derecha autoritaria
y golpes inmisericordes... a la libertad evangélica, a la fraternidad cristiana
y a la igualdad entre todos los hijos e hijas de Dios, tan clamorosamente negada hoy´;
- se resisten a escuchar, llegando a cometer ridículos mayores que los del caso Galileo”.

Tu Espíritu sigue animando la Iglesia:
- “Dios es más grande que la institución eclesial, dicen otros;
la alegría que brota del Evangelio capacita para cargar con esos pesos muertos...;
apenas hay infiernos en esta tierra donde no destaque la presencia callada de misioneros,
o de cristianos que dan al mundo el verdadero rostro de la Iglesia...

- No vamos a romper con la Iglesia..., sostienen convalor,
pero tememos la lección que nos dejó la historia:
las dos veces en que el clamor por una reforma de la Iglesia fue universal y desoído por Roma, están relacionadas con las dos grandes rupturas del cristianismo: la de Focio y la de Lutero...

- No nos sentimos superiores..., reconocen humildemente.
La Escritura, hablando de los grandes profetas, enseña que su destino
no es el protagonismo sino la incomprensión;
y ante eso nos obligan las palabras del apóstol Pablo:
si nos ultrajan bendeciremos, si nos persiguen aguantaremos, si nos difaman rogaremos”.

- Pero nos sentimos llamados a gritar porque...
tememos tenga aplicación a nuestro momento actual:
¡por vuestra causa es blasfemado el nombre de Dios entre las gentes!” (Rm 2,24).

- “Fijos los ojos en Jesús, autor y consumador de la fe” (Hebr 12,2),
sabemos que podemos superar estos momentos duros sin perder la paciencia
ni el buen humor ni el amor hacia todos, incluidos aquellos
cuyo gobierno pastoral nos sentimos obligados a criticar...”.
(“Ante la crisis eclesial”. Testimonio de más de 300 católicos: teólogos, profesores universitarios, catequistas, escritores, párrocos... Eclesalia Informativo 20/04/08).

Ayúdanos, Jesús de la vida, a seguirtus pasos:
a entregar nuestra vida en bien de todos,
especialmente de los marginados por cualquier causa.

Rufo González


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