Atrévete a orar

Sagrada Familia: Jesús, María y José (29.12.2013)

26.12.13 | 10:19. Archivado en Navidad

Dios ama a todo tipo de familia

Introducción:levántate, toma al niño y a su madre...” (Mt 2, 13-15.19-23)
Como el José del Antiguo Testamento, también José, esposo de María, salva a su familia, alejándola del territorio de Herodes, llevándola a Egipto (Gn 45-46). Es una interpretación o lectura teológica de la historia: Dios (su ángel o mensajero puede ser la vida misma: la realidad con su circunstancia, la conciencia personal...) quiere siempre el bien de las personas. Intuir peligros o amenazas, buscar y encontrar salidas dignas... son voluntad divina. Eso en el fondo pretende significar el “si Dios quiere”, tan utilizado popularmente. En la teología de Mateo, el nuevo Israel comienza con Jesús. Su vuelta de Egipto equivale al éxodo del pueblo. Por eso le aplica el texto de Oseas (11,1) “llamé a mi hijo para que saliera de Egipto”. Jesús revive la experiencia de Israel hacia la tierra prometida. Jesús, el nuevo Israel, está también sometido a las vicisitudes históricas.

El ángel (Dios a través de la realidad interpretada por la conciencia de José) dirige a José a Galilea, país de los gentiles (4, 14-16), destinatarios ahora también de la salvación. Se establece en Nazaret (“nazireos”: santos y consagrados según Is 4,3; Ju 16,17; “vástagos” por asociación con la palabra hebrea de Is 11,1). José, fiel a la Ley y a los Profetas cumple el plan de Dios. En los evangelios de Marcos y Juan, aparece Jesús viniendo de Nazaret a las orillas del Jordán (Mc 1,9; Jn 1,46: “hijo de José, el de Nazaret”). Mateo y Lucas, que escriben para cristianos judíos, pondrán a Jesús en Nazaret tras cumplir las promesas mesiánicas.

“Salvar” –librar de cualquier descalabro y llevar a buen puerto-, la familia es un imperativo ético, un deber, que siente todo responsable familiar. Supone cuidar y respetar a todos, especialmente a los más débiles, sean ancianos, jóvenes o niños. Implica sacar de peligros, desarrollar capacidades, lograr ideales, etc. Para un creyente la “salvación” incluye la totalidad personal, en todas sus vertientes de vida física (alimentación, salud...), intelectual (cultura, adiestramientos...), moral (cultivo de valores éticos...), espiritual (sentido último de la vida, fe y esperanza en el Misterio...).

Oración:levántate, toma al niño y a su madre...” (Mt 2, 13-15.19-23)

Hoy, Señor Jesús, los padres siguen escuchando en su corazón:
Levántate, toma al niño y a su madre y huye... quédate allí hasta que yo te avise...”.

El hambre y la miseria, la falta de agua y de trabajo...;
la dictadura política o el fanatismo religioso...;
la libertad que quiere vivir otras culturas...;
el deseo de compartir nuestro sentido de vida con otras personas...;
el afán de promocionar el progreso y la cultura...;
llevaron a muchas personas a “coger a sus niños...”,
y poner su vida libremente en otro lugar.

Así el mundo se está haciendo más casa de todos:
nuestras ciudades se ha vuelto multirraciales;
nuestros campos son regados con sudación multicolor;
las escuelas integran saberes y respetos mutuos;
los frutos de la tierra pueden llegar a todas las mesas;
hasta nuestros templos liman asperezas sobre el Padre de todos.

Hoy las comunidades cristianas celebran la familia ideal,
habitada por “la misericordia entrañable, la bondad,
la humildad, la dulzura, la comprensión...
”.

Recordamos a tu familia de Nazaret:
a José, responsable de la casa, según la cultura de la época;
a María, que acompaña el dolor y comparte la fe;
a ti, Jesús, niño, víctima inocente, como tantos niños refugiados, en pateras...;
a otros parientes tuyos que aparecen en los evangelios como hermanos...,
y que fueron a buscarte porque creían que habías perdido la cabeza (Mc 3,21).

Tu familia también sufrió por dentro y por fuera:
desde el embarazo sospechoso, las dudas de José, la oscuridad del misterio...;
hasta el nacimiento en un cobertizo, la huida a Egipto y la vuelta a Nazaret...;
desde tu extravío en Jerusalén: ¿hijo, por qué nos hiciste esto? (Lc 2,48);
hasta tu enigmático desapego: "¿quién es mi madre y mis hermanos?" (Mt 12,46ss y par.).

Pero lo cierto es que Tú, Jesús de la familia universal,
propones tu reino como una casa o familia bien avenida:
con mesa abundante y compartida;
con atención preferente a los más débiles;
con amor sin límites, como el del padre y la madre;
con libertad digna de hijos y hermanos;
igualados por el mismo Espíritu de paz y alegría.

Al meditar sobre tu familia y la nuestra,
soñamos sobre la fuente, el río y el mar de la familia humana.
Fuente, río y mar son tu Espíritu de amor universal,
que nace en tu corazón, inunda el nuestro,
y nos une a todos en el mar de tu justicia, libertad, verdad, amor, concordia.

Tu Espíritu de amor es la fuente de toda familia:
la constituida por el amor fecundo del varón y la mujer;
la formada por los hijos y uno de sus progenitores;
la basada sólo en el amor personal...

Tú, Señor, bendices a toda unidad familiar con el amor de tu Espíritu:
con "la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión".
¡Cuánto de esto hay en los diversos tipos de familia!
Y ¡ay!, ¡cuánto de intolerancia, egoísmo, soberbia, violencia, incomprensión!

Que tu amor gratuito, fuente de la verdadera familia,
se convierta en río fecundo y limpio,
que vierte sus aguas en el mar de toda relación humana,
mundo nuevo de fraternidad universal,
donde “no existe judío ni griego,
no existe esclavo ni libre,
no existe varón y hembra,
pues todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gál 3, 28).


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