Atrévete a orar

DOMINGO DE RAMOS C (24 marzo 2013)

21.03.13 | 11:00. Archivado en SEMANA SANTA
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Empieza la Semana del Amor

Introducción: Cristo, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta la muerte (Flp 2,6-11)
Este himno, recogido por Pablo, que cantarían las primeras comunidades, compendia una primera cristología: preexistencia, vida terrena y glorificación de Jesús. Los primeros versículos, no leídos, introducen el himno. En ellos se entiende por qué Pablo les recuerda a los filipenses este cántico comunitario.

“Si habéis encontrado en Cristo un consuelo, un estímulo del amor, una comunión de Espíritu, una ternura y misericordia... colmad mi alegría, estando acordes en el amor, siendo un alma, aspirando a lo mismo. Nada de rivalidad y vanagloria, sino humildad y respeto hasta considerar a los demás superiores a uno mismo, no mirando el propio interés, sino atendiendo al bien de todos... Pensad en vosotros esto que (se da) en Cristo Jesús” (2,1-5).

Este versículo 5 dice literalmente: “sentid en vosotros esto que también en Cristo Jesús”. Puede entenderse de dos modos: a)sentid como sintió Cristo; b)sentid como quien vive en Cristo. En el primer caso, Jesús sería modelo. En el segundo, Jesús sería principio activo de su sentir. Este segundo parece más acorde con la teología paulina del “vivir en Cristo”, “estar habitado por el Espíritu de Cristo que gime en nuestro interior, nos hace llamar a Dios Padre”, etc. Viene a decirles: “sentid el Espíritu de Cristo”. Tres veces ha utilizado el mismo verbo (“froneo”) en estos versículos: en presente subjuntivo y en participio (v. 2), y en imperativo (v. 5). Este verbo procede de la palabra griega “fren, frenós”: “toda membrana que envuelve un órgano, envoltura del corazón, del hígado, de vísceras, de entrañas...”. De aquí pasa a significar la envoltura (inmaterial) que da unidad al ser humano: corazón, alma, inteligencia, voluntad.. Esta envoltura unifica al cristiano y a la comunidad; es el Espíritu de Jesús, unificador del cristiano y de la comunidad. De aquí la insistencia en “lo mismo”, “el mismo amor”, “unidad de alma”, “una sola cosa”. El cristiano ha sido “bautizado” en el Espíritu de Jesús. El himno canta la personalidad de Jesús: su mentalidad, su sentir, el Espíritu que mueve su vida, le lleva a “vaciarse... vivir como uno de tantos... hasta la muerte...”.

En este himno, “el mismo ser de Jesús es visto como acto de humildad” (J. I. González Faus: La humanidad nueva I 3ª ed. Madrid 1976, p. 204-214). En la primera parte (vv. 6-8), el sujeto es Jesús: siendo “imagen de Dios” (“morfé”: forma, condición) no considera “presa” ser-como-Dios, “se vacía de su imagen” y se hace “siervo”, semejante a cualquiera, mostrándose como uno de tantos, “se abaja” hasta el final, hasta la muerte, y para colmo encuentra una muerte “en cruz”, uno de nuestros más terribles inventos. En la segunda parte (vv. 9-11), el sujeto es Dios que ensalza a Jesús con el “Nombre-sobre-todo-nombre”, el nombre de “Señor”; el mismo nombre de Dios, para “gloria de Dios Padre. Es la respuesta del Dios Amor a sus criaturas, respuesta manifestada en la vida, muerte y resurrección de Jesús. Tras la muerte física, el amor divino saciará los deseos humanos. Nuestros límites serán “saltados”, nuestras personas serán incorporadas al “nombre” de Jesús, “semejantes a Dios, porque le veremos tal cual es”, “gloria del Padre”.

ORACIÓN: Cristo, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta la muerte (Flp 2,6-11)

Jesús, servidor de los servidores del Amor.
Parece una contradicción, pero no lo es:
tú eres “señor”, nosotros somos “señores”, dueños de nosotros mismos;
no podemos ser esclavos de nadie, porque el Creador nos ha hecho libres;
la libertad es un derecho humano original, fundamental.

Pero la libertad, siguiendo tu camino, nos vincula al Amor:
al Amor descubierto en ti, en tus obras y palabras;
tus entrañas quedaron al descubierto mientras “actuabas”
en aquella sociedad apasionada por el dinero, los honores y el poder;
te vemos acercarte a los que “apenas eran”:
enfermos, leprosos, niños, mujeres, descreídos, pecadores...;
contemplamos tu rostro “endurecido” frente a los causantes de la injusticia:
les consideras “sepulcros blanqueados” por cultivar la apariencia bondadosa;
desenmascaras su afán de cargar la conciencia de los demás;
ridiculizas sus vestimentas ostentosas y sus títulos vacíos.

Tú estás habitado por el Espíritu de Dios:
“que hace salir el sol y bajar la lluvia para justos e injustos”,
que te lleva a construir una familia nueva desde el amor del Padre:
donde todos se sienten hijos y hermanos en el mismo Padre-Madre;
donde es posible superar las tentaciones convirtiendo
la riqueza en “pan nuestro”,
el prodigio del cielo en vida entregada a los hermanos,
el poder en servicio gratuito, ejemplar.

De este amor habla Pablo a los filipenses, primeros cristianos europeos:

“hay un estímulo en Cristo, hay un aliento del amor mutuo,
hay una comunión de espíritu, hay misericordia y ternura,
colmad mi alegría para que sintáis lo mismo, teniendo el mismo amor,
siendo una sola alma, sintiendo la única cosa;
nada por rivalidad, ni por arrogancia, sino con corazón humilde;
considerándoos unos a otros como superiores a sí,
no mirando cada uno por sus cosas, sino todos por las de los otros también.
Sentid en vosotros lo que en Cristo Jesús”.

Y viviendo en tu amor, Cristo Jesús, no podemos hacer otra cosa que mirarte:

“siendo imagen de Dios, no consideras presa ser-como-Dios;
te vacías de tu imagen y te haces siervo necesitado del Amor;
semejante a cualquiera, mostrándote como uno de tantos;
abajándote hasta la muerte, y una muerte de cruz”.

Nuestra libertad ha quedado en-amorada, en-amor gratuito sumergida:
nos sentimos más libres, más capaces de elegir lo mejor;
creemos en tu vida libremente dedicada al humanismo pleno;
admiramos a quienes buscan la libertad, la igualdad, la fraternidad;
aplaudimos al Padre del cielo por tu nombre glorificado.

Queremos seguir tus huellas de amor humano hasta el final:
compartiendo nuestra vida como “pan nuestro”, de todos;
prestigiando sólo el amor que libera y promociona la vida de todos;
no imponiendo nada, sino llamando a la puerta con amor;
sirviendo y dando la vida para rescatar a muchos de la no-vida:
del hambre, enfermedad, incultura, odio, desesperación...

Rufo González

PD. Querido Antonio Izquierdo, sí el de Almaraz,y Cambrils: ha desaparecido tu e-mail, sin saber cómo. Envíame otro correo, por favor. Quiero contestarte como es lógico. Te recuerdo con gran afecto. Rufo.


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