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Oración para la Inmaculada Concepción de Santa María Virgen

03.12.12 | 12:01. Archivado en adviento
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“¡Ay de mí si no evangelizo!”

Introducción: Nos ha bendecido en la persona de Cristo (Ef 1,3-6.11-12)
Esta lectura, elegida para la fiesta de la Inmaculada Concepción de Santa María Virgen, es un himno al plan salvador de Dios. María, la madre de Jesús, es una invitación a levantar la cabeza y ver en ella el proyecto divino de vida humana. “Enriquecida, desde el primer instante de su concepción, con esplendores de santidad singular, la Virgen Nazarena es saludada por el Ángel anunciante, por mandato de Dios, como llena de gracia –cf. Lc 1,28-” (Vat. II: Lumen Gentium 56). Es la gracia en que estamos al creer de verdad a Cristo Jesús: envueltos en el amor gratuito del Padre.

El Dios y Padre de Jesús, es bendecido por habernos bendecido él primero. Como en María, su amor se ha adelantado en Cristo con toda clase de bienes espirituales:
a) nos eligió en Cristo, antes de la creación del mundo, para ser santos e inmaculados ante él en amor (ágape: el amor desinteresado y universal).
b) nos predestinó (proorisas hemás: decidiéndonos desde un principio) a la filiación adoptiva hacia él a través de Cristo Jesús, según el beneplácito de su voluntad (por pura iniciativa suya, en la versión litúrgica).
c) para alabanza de gloria de su gracia con que nos agració en el Amado.

Los versículos 7-10 (no incluidos en la lectura) y 11-12 cantan la obra del Amado, de Jesús:
a) en él tenemos la salvación (apolítrosin: apó y lío: desatar de, liberar) por su sangre, el perdón de las ofensas, según la riqueza de su gracia que nos desbordó en toda sabiduría y prudencia;
b) mostrándonos el misterio de su voluntad, según su beneplácito que propuso (proézeto: de protízemi: poner delante, exponer a la vista, publicar...) en él para administración de la plenitud de los tiempos: recapitular todas las cosas en el Cristo, las del cielo y las de la tierra.
c) en el cual también nosotros hemos sido elegidos (lit.: hemos sido hechos clero, suerte), decididos de antemano según proyecto del que realiza todo según el deseo de su voluntad...
d) para ser nosotros, los que hemos esperado antes en Cristo, alabanza de su gloria.

ORACIÓN: Nos ha bendecido en la persona de Cristo (Ef 1,3-6.11-12)

Jesús de Nazaret, el Amado con todo el amor del Padre.
Al iniciar el adviento, contemplamos en María de Nazaret tu proyecto de vida,
anticipándose al primer instante de su concepción;
elegida desde siempre a ser santa e inmaculada ante Dios en amor;
adoptada desde un principio a la filiación a través de ti, Cristo Jesús,
según el beneplácito de la voluntad divina;
concepción inmaculada para alabanza de gloria de la gracia divina,
del amor sin límites, con que Dios nos agració en ti, el Amado.

La llena de gracia, santa por aceptar el amor incondicional de Dios,
guiada siempre por el Espíritu del amor divino,
aceptó la maternidad difícil en que se vio envuelta;
siempre creyó en el amor desinteresado y universal,
que acompaña toda existencia personal y comunitaria;
siempre “colaboró a la salvación humana con la fe libre y obediencia” al amor;
“obedeciendo fue causa de la salvación propia y de la del género humano entero” (Ver Vat. II: Lumen Gentium 56, con la hermosa cita de san Ireneo: Adv. Haer. III 22,4);
por amor entregó su vida a tu causa, al reino del Padre...;
por amor vivió la vida de los pobres en solidaridad con sus problemas;
por amor ayudó a Isabel en el nacimiento de su hijo;
por amor aceptó tu nacimiento en medio de mil penurias;
con amor emigró y volvió a su pueblo de Nazaret;
con amor sufrió tu crecimiento y desapego familiar;
con amor te pidió comprometerte con los novios de Canaán;
con amor acudió a buscarte ante la presión de tus familiares;
el amor la hizo respeto y entrega para acoger a la nueva familia;
el amor le llevó tras tus huellas cuando las cosas se complicaron;
el amor le hizo permanecer junto a ti en la “cena de despedida”,
en el camino hacia la cruz, junto a la cruz y la muerte...;
el amor la mantuvo entre los discípulos
pidiendo que el Espíritu del amor los incendiara.

En este día de la Inmaculada Concepción de María
nos dirigimos a ti, Jesús de Nazaret, el Amado;
queremos entonar contigo un himno de acción de gracias.

Con tu mismo Espíritu reconocemos el amor singular del Misterio divino:
Bendito sea el Dios y Padre tuyo, Jesús, Cristo, Señor nuestro,
que desde lo alto del cielo, nos ha bendecido por medio de ti.
Nos eligió en ti, Cristo, antes de la creación del mundo,
para ser santos e inmaculados ante él en amor
Nos destinó de antemano, conforme al beneplácito de su voluntad,
a ser adoptados como hijos suyos por medio de ti, Jesucristo;
siendo su gracia un himno de alabanza a su gloria.

Tu vida, Jesús de Nazaret, nos ha revelado su amor liberador y perdonador,
amor gratuito que es ya nuestra sabiduría e inteligencia;
amor que te ha hecho a ti, Cristo, cabeza de todas las cosas,
y plenitud de la historia fraternal de la humanidad.

En este amor queremos vivir siempre, como María, la Virgen, tu Madre,
trabajando por el bien de todos;
alumbrando el reino de la verdad y la vida...;
“haciendo un favor al que no va a devolver...;
lanzándonos aún al fracaso, si hace falta, sin falsas prudencias;
quemando las naves en bien del prójimo;
siendo antorchas que solo tenemos sentido cuando nos quemamos;
solamente entonces seremos luz...;
dando sencillamente la vida, sin publicidad,
como el agua de la vertiente,
como la madre da el pecho al niño,
como el sudor humilde del sembrador”(Lluís Espinal (Sant Fruitós de Bages, Cataluña, 1932), jesuita y periodista, vivió en Bolivia de 1968 a 1980, en que murió a manos de un escuadrón de la muerte, sólo dos días antes del asesinato de Monseñor Romero).

Rufo González


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