
Arturo Posada (Gacetillas - El blog de Arturo Posada)
Durante muchos veranos, Carmen Rigalt pretendió ser la Maruja Torres de la última página de El Mundo. Cualquiera que leyera en aquellos agostos de los 90 a ambas redactoras comprobaría el abismo estilístico que mediaba entre ambas. Tampoco es plan de cebarse aquí con Rigalt, que aguantaba con toda la dignidad posible la popa estival del diario de Ramírez. Las “últimas” de Maruja Torres están ya en la hemeroteca de El País, pero Rigalt sigue amenizando las canículas desde la retaguardia del diario de Pradillo, 42. El sábado 4 de agosto de 2007, leía yo vaporosamente el artículo de Carmen en el que se preguntaba por qué no se habla el monarca Juan Carlos con su nuera Letizia, la princesa con cara de madrastra. Navegaba por las palabras de la “testigo impertinente” (cabría añadir impenitente) cuando me alcanzó la bala: “Felipe y Letizia están como alojados en una burbuja, una especie de diagrama de Ben con un aura de distinta cualidad (será el amor, será el amor)”.
¡Un momento!
¿Una especie de diagrama de Ben?
¿De qué Ben?
¿Ben Affleck, Ben Johnson, Ben-Hur?
¿Qué estás escribiendo, Rigalt?
Por lo que parece, la testigo no aprendió bien aquella clase lejana de las matemáticas infantiles, con la teoría de los conjuntos. El creador de aquellos diagramas sí tenía efectivamente nombre anglosajón, no en balde nació en Gran Bretaña. Pero no se llamaba Ben, no. Su nombre era John… John Venn. El diagrama, por tanto, tomó el apellido del matemático fallecido en Cambridge en 1923, si me fío de la a veces cabrona Wikipedia.
El primer recuerdo que tengo de las matemáticas escolares pasa por aquellos diagramas de Venn, de nombre tan pomposo, que se reducían a circulitos entrelazados en el encerado (así llamábamos al pizarrón). Por eso solté una sonrisa de medio lado cuando la buena de Carmen Rigalt estampó sobre la última página de este sábado de agosto 07 la expresión “diagrama de Ben”. Que no habría estado mal para hablar de las películas del actor estadounidense, del tramposo atleta canadiense o del aristócrata de Judea y realizar de paso un juego de palabras. Pero mucho me temo que Carmen Rigalt simplemente comete un error por ignorancia. Que lo apunte en la moleskine.
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Acudo en la mañana del lunes 23 de julio a mi quiosco habitual para pertrecharme de la prensa diaria. Mi quiosquero, muy ufano, exhibe El Jueves con la caricatura de los Príncipes chingando en un lugar destacado. "¿No te lo han secuestrado?", me intereso. "Aquí no ha venido nadie. Tengo todos los que quieras". ¿Secuestro de publicaciones que ya están a la venta? Ja, ja, ja. Conde-Pumpido (que hace honor a su nombre) y el juez Del Olmo se han lucido. No se puede ser más tonto.
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Estamos en 2007. Existe internet. Existe el eMule. Existe youTube. Existe Flickr. Existen millones de blogs. El juez Juan del Olmo y la Fiscalía General del Estado tienen un soberano (ay, perdón) retraso. Les da por secuestrar una revista satírica como El Jueves. ¿Acaso están a sueldo de la publicación? La campaña para el semanario es innegable. Antes de que la policía se pase por los quioscos, los ejemplares estarán agotados. ¿Y qué más da? Vamos a la página de El País, a cualquier bitácora, y nos encontramos con la imagen que pretenden secuestrar: la de los príncipes follando. ¿Follar es una injuria? El juez Del Olmo ha resultado un panoli. La Fiscalía ídem. Menudos retrasados. Qué desfase. Que se queden con el molde. Señores de la judicatura: estamos en 2007. Existe internet. Existe el eMule. Etcétera. Y aquí (como en tantos otros sitios) está la portada de El Jueves. Más publicidad. Y ahora a censurar todo internet. Qué majaderos.
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Me remito al comentario anterior. Este chico, Andreu, no aprende. Y lo que es peor: nadie le corrige. Lamentable.
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Supongamos que usted es extranjero. Supongamos que usted está aprendiendo español. Supongamos que usted lee los periódicos para mejorar sus conocimientos de la lengua castellana. Supongamos que hay palabras cuyo significado no entiende. Supongamos que usted acude al diccionario de la Real Academia Española para comprobar qué significan determinados vocablos. Supongamos que cae en sus manos el diario El País del jueves 14 de junio de 2007. Supongamos que decide leer la noticia que abre la sección de España. Supongamos que usted no está seguro de lo que significa detentar. Supongamos, por tanto, que acude al diccionario de la RAE.
Detentar: Del lat. detentāre, retener.
1. tr. Retener y ejercer ilegítimamente algún poder o cargo público.
2. tr. Der. Dicho de una persona: Retener lo que manifiestamente no le pertenece.
Usted, extranjero que aprende español (o lo intenta), deduce que el PP retiene ilegítimamente (detenta) centros de poder en su feudo de Baleares.
El idioma hay que emplearlo de manera correcta. De otra manera, el diario El País estaría asegurando que el Partido Popular ha gobernando en distintas instituciones baleares de manera ilegítima. Los diccionarios tienen una utilidad. La formación cultural también. Son los mismos fallos ejemplar tras ejemplar, mes tras mes, año tras año, decenio tras decenio. Hasta llegar a este punto, El País ha publicado 10.960 números. ¿Cuántas veces habrá cometido el mismo error? ¿Cuántos lectores se habrán quejado? ¿Por qué los periodistas no somos capaces de aprendernos, para siempre y de una vez por todas, cuatro conceptos básicos?
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Arturo Posada (Gacetillas - El blog de Arturo Posada)
Escucho las tertulias radiofónicas de la mañana. Salto en el dial de emisora en emisora. Me sobresalta la Cadena SER. No por los comentarios que allí se vierten: no soy uno de esos psicópatas politizados, cerriles y amargados que orinan en los distintos blogs de Periodista Digital. Porque lo de los comentarios en las bitácoras aledañas supera el ejercicio de la libertad de expresión para entrar en el campo de la libertad de esquizofrenia (alteración de la conciencia de la realidad y desorganización neuropsicológica). En la Cadena SER (también se me va la pinza) me encuentro con Antonio Franco, que fue director de El Periódico de Catalunya durante 18 años. Franco tiene un gravísimo defecto: el dequeísmo. Suele acompañar casi todos los verbos con la preposición de. No se equivoca cuando lo hace con informar, alertar o advertir, por poner tres ejemplos. Se informa de algo, se alerta de algo y se advierte de algo (en el sentido de avisar). Pero Antonio Franco utiliza el de que para todo. Digo de que, escucho de que, creo de que. Resulta insufrible tanto dequeísmo. Parece mentira que no haya nadie en la Cadena SER (Francino, Pedro Blanco, Carlos Elordi, alguien) que le diga, haciendo la gracia si se quiere: “Francamente, Antonio, ten cuidado con el de que. Que la audiencia es muy tiquismiquis y estás hablando para toda España”.
Desde aquí te informo de que tienes un problemilla gramatical con el de que. Corrígelo, majete, que no hay dios que lo soporte.
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Un titular poco original, pero cantado. Como lector, estoy hasta los esféricos de encontrarme, década tras década, con los mismos errores en los periódicos, idénticas boñigas de ignorancia. Nada cambia. Estos días, en el sacrosanto El País, he vuelto a comprobar cómo el verbo detentar se emplea como sinónimo de ostentar. Determinados redactores no parecen haber leído un libro en su periodística vida. Coño, si son cuatro cosas las que uno ha de memorizar para no cagarla con el uso del lenguaje. Si algunos errores no tienen perdón, qué decir de las revistas semanales, supuestamente editadas con más mimo y mejor cuidadas. Es el caso del llamado El Cultural, semanal presidido por Luis María Anson (perdió la tilde del apellido en los 90 del pasado siglo) y dirigido por Blanca Berasátegui. En la mancheta nos recuerdan que El Cultural se vende conjuntamente con el diario El Mundo. En esta publicación no espero encontrarme con faltas de ortografía, acentos ortográficos mal colocados ni con puntapiés al diccionario. No espero, pero me los encuentro. Sin pretender ponerme exhaustivo (tampoco lo leo de cabo a rabo), en el número fechado del 10 a 16 de mayo de 2007 he hallado un par de barbaridades indignas del suplemento cultural presidido por el rijoso académico.
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Vaya por delante que no tengo nada en contra de los piratas. Internet me da tanto (y gratis) que no puedo poner el grito en el cielo porque el diario chileno La Nación haya publicado un artículo con mi firma el lunes 12 de marzo de 2007. No tenía idea de que una de mis gacetillas iba a aparecer en un diario de Santiago de Chile. Y gratis. Es el signo de los tiempos: aquí no paga ni Magú. Usted tiene un periódico como La Nación, lee un artículo que le gusta en internet y, ni corto ni perezoso, lo publica. Sin pagar un peso. Por la patilla. Gratis. Como yo me bajo las películas y la música. Por cierto: un saludo a la SGAE.
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Jesús de Polanco debe estar agradecido a los gerifaltes del Partido Popular. La ineptitud del principal partido de la oposición parlamentaria parece no conocer fronteras. Promover un veto al Grupo Prisa (o a cualquier otro) supone un acto de torpeza en materia de comunicación, por no decir de idiotez pura y dura. Por supuesto que habrá hooligans mediáticos, internautas psicópatas y enfermos con teclado que jalearán la decisión del partido de Mariano Rajoy, escribirán las mayores bestialidades y repetirán como loritos las consignas simplonas y demagógicas que les insufla Jiménez Losantos cada mañana. Habría que ver lo que estaría escribiendo todo este hatajo de meapilas (o meablogs) si el PSOE hubiese hecho lo mismo con la Cadena COPE a escala nacional. “Sólo hablan con los suyos”; “aquí no les queremos”; “ya ven el verdadero talante de ZP”; “ésta es la radio de la libertad”. Cosas así (y peores, apuesto) habríamos tenido que escuchar en la emisora obispal, línea Antiguo Testamento. Sí, ya me sé el caso de Telemadrid.
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Según El Norte de Castilla (mítico periódico), más de tres millones ven la televisión de forma “convulsiva”. No culpo a esos tres millones de televidentes que pegan saltos en el sofá continuamente, presos de sacudidas incontrolables, convertidos en epilépticos catódicos, observando, entre bote y bote, a tonettis como Jaime Cantizano o el sosias que le ha salido en un concurso de Cuatro, tan encantados de conocerse. Yo me sobresalto crispadamente cuando caigo accidentalmente en el informativo (ja, ja, ja, que me descoyunto) de Sánchez Dragó, una mezcla de rollo zen, Saber vivir y enajenaciones mentales perpetuas. Visto el nivel de frikismo de las parrillas, Sánchez Dragó hasta parece un tío normal. Sólo falta que colabore en el informativo dirigido por Esperanza Aguirre (escribir otra cosa sería mentir) Fernando Arrabal, que ya protagonizó en el pasado episodios milenaristas (o mineralistas) bien cargadito de alcohol. Tal vez no resulte necesario mamarse para aparecer en televisión, pero no viene mal tajarse en la intimidad del salón para aguantar, como espectador, determinados programas. Y eso que aún no he visto Libertad Digital Televisión.
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¿Y si el periodismo lo hicieran conjuntamente los periodistas, las audiencias y las fuentes? ¿Y si los medios aprovecharan no sólo el conocimiento de la multitud sino también sus esfuerzos reporteriles combinados? Bien, ya tenemos un nuevo experimento periodístico con el nombre de crowdsourcing (para los cuatro que no saben inglés: crowd es multitud; sourcing significa fuente. Podríamos traducirlo como multifuente).
Se trata de un modelo de colaboración a través de internet que cuenta con los precedentes del sistema operativo Linux, el navegador Mozzilla o la enciclopedia Wikipedia, confeccionados con el esfuerzo y el conocimiento colectivo. El proyecto (Assignment Zero) está auspiciado por la revista Wired y NewAssignment.net, un sitio web de periodismo experimental creado por Jay Rosen profesor de la New York University. El artículo que citamos aquí ha sido publicado por The New York Times.
“¿Pueden grupos de personas trabajar conjuntamente en la red, informar sobre algo que está sucediendo en el mundo ahora mismo y dividirse el trabajo para contar la historia de manera completa, manteniendo al mismo tiempo criterios de precisión, verdad y libertad de expresión”, se pregunta el profesor Rosen en Wired.com.
Actualmente, los ciudadanos, los expertos (“la gente conocida anteriormente como audiencia”, en palabras de Rosen) debaten y cubren la información sobre… ¡el crowdsourcing! Posteriormente, abordarán otros asuntos.
El cierre se cernirá ahora sobre aquellos ciudadanos reporteros que se pongan manos a la obra en el nuevo proyecto. Los textos se editarán y los artículos aparecerán en NewAssignment.net o, incluso, en la revista Wired, una de las biblias de las nuevas tecnologías.
Una de las veteranas periodistas que editan el proyecto, Lauren Sandler, recalca que no están creando “un robot” ni “un tipo de periodismo mecánico”. “Es como dar una fiesta. Programas el iPod, mezclas el ponche y bajas las luces y, a las ocho en punto, empieza a llegar la gente. Y entonces, ¿quién sabe lo que va a pasar a continuación?".
Veremos si tiene éxito.
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Mi respuesta: corregirlos. No podemos estar expuestos a morir atragantados con una tostada la mañana de cualquier domingo. Porque las dos cagadas consecutivas que se marca el tal Matt (Carlos Matera, me sopla Google que es su nombre) en el suplemento Domingo de El País (4 de marzo de 2007, página 15) resultan dignas de un castigo a la vieja usanza. Copiar mil veces “obispo se escribe con be, elegirán se escribe con ge” y dejar a Matt sin recreo. Parece mentira que dos burradas de tal calibre puedan ver la luz sin que nadie en la sacrosanta redacción de El País ponga freno al desmán ortográfico.
La viñeta en cuestión acompaña el artículo de Antonio Martínez, en la página humorística que los domingos comparte con Elvira Lindo. Pero tener que leer “los ovispos elejirán” no hace ni puta gracia. En un principio pensé que las faltas ortográficas ocultaban un chiste, así que leí de cabo a rabo el texto que ilustraba la desesperante viñeta. No sé, avispa y ovispo, elejirán y El Ejido. Un juego de palabras, una crítica a la enseñanza religiosa, algo que ayudase a digerir la tostada, atravesada en mi garganta. Pero nada, claro.
La ignorancia de Matt (el “sí” sin tilde ya ni lo cuento) no tiene perdón… como tampoco encuentro disculpa en la falta de controles del diario El País. Para agravar más aún el caso, la viñeta de Matt con las bestialidades ortográficas se perpetra cuatro páginas más allá del Pequeño País, el suplemento infantil de los domingos. Si algún chaval ha avanzado esas cuatro páginas de sesudos análisis y ha aterrizado en el dibujito de marras, tal vez haya leído el chiste (posiblemente lo entienda, imbuido de tanta televisión basura en horario vespertino) y almacene en su ordenador cerebral que obispo se escribe ovispo y elegirán lleva una jota en lugar de una ge. Descorazonador a todas luces.
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