¿Es posible la objetividad en el periodismo deportivo?
26.02.07 @ 18:49:32. Archivado en Periodismo, Comentarios
Arturo Posada (Gacetillas - El blog de Arturo Posada)
La información vive horas bajas: es la apoteosis de la opinión, mezclada con intereses políticos, empresariales y personales. De la objetividad ya ni hablamos: resulta imposible escuchar un informativo de la cadena SER o la COPE (por poner dos ejemplos antagónicos) sin percibir el tufillo (o tufazo) ideológico. La propaganda comienza a arrinconar al viejo periodismo de información porque se antoja inconcebible que un medio de importancia no ande todo el santo día repartiendo mandobles a favor de la causa. El camino lo marcó hace tiempo el periodismo deportivo, que ha devenido en fanatismo mediático. Pedir objetividad a un redactor deportivo supone tanto como tratar de que no se levante la voz en un bar un sábado por la noche.
Cuando se mide el Real Madrid o el Barcelona con un modesto de la piel de toro los grandes locutores de las grandes cadenas se convierten en provincianos hooligans al interés de los megaclubes. El Real Madrid y el Barcelona ganan… o pierden… pero nunca lo hace el rival. El mérito o demérito corresponde al grande. El pequeño acaba ninguneado.
Los comentaristas de fútbol se equivocan hasta cuando se ven las caras un equipo español y uno extranjero. Si el Real Madrid se mide al Bayern de Múnich media España culé celebrará que los merengues acaben vapuleados. Si el Barcelona encaja un par de goles del Liverpool, la parroquia madridista celebrará los tantos como propios. El locutor deportivo (de radio y televisión), políticamente correcto, se pondrá siempre del lado del equipo español… aunque la mitad del país se esté tronchando de la risa con la derrota del enemigo deportivo. Estamos hablando de periodistas, pero la subjetividad a favor del cuadro carpetovetónico se da por supuesta. ¿Por qué? ¿No sería más lógico que los locutores televisivos mantuvieran cierta imparcialidad? ¿Por qué celebrar desgañitándose los tantos del Real Madrid y Barcelona cuando gran parte del país pega un respingo de alegría con los goles foráneos y se pondría gustosamente una camiseta del rival europeo del equipo odiado? ¿Por qué no volver a la objetividad y satisfacer a todos?
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