Arturo Posada (Gacetillas - El blog de Arturo Posada)
Publicidad del Ente (o Corporación, que no sé) a tutiplén. "TVE y RNE te regalan lo nuevo de Bruce Springsteen. Si quieres saber cómo conseguir gratis el nuevo single del Boss, sigue mañana el Telediario de las 21:00 horas en La Primera. Como adelanto, lo puedes escuchar en exclusiva desde el lunes a las 11:00, en Radio Nacional".
¿En exclusiva? Hay que ser cretino, payaso y comeliendres... Desde hace días, el tema se puede bajar con el eMule, escuchar directamente en YouTube.
¿En exclusiva? En exclusiva lo doy yo antes enlazando con el tubismo. No te jode.
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Durante muchos veranos, Carmen Rigalt pretendió ser la Maruja Torres de la última página de El Mundo. Cualquiera que leyera en aquellos agostos de los 90 a ambas redactoras comprobaría el abismo estilístico que mediaba entre ambas. Tampoco es plan de cebarse aquí con Rigalt, que aguantaba con toda la dignidad posible la popa estival del diario de Ramírez. Las “últimas” de Maruja Torres están ya en la hemeroteca de El País, pero Rigalt sigue amenizando las canículas desde la retaguardia del diario de Pradillo, 42. El sábado 4 de agosto de 2007, leía yo vaporosamente el artículo de Carmen en el que se preguntaba por qué no se habla el monarca Juan Carlos con su nuera Letizia, la princesa con cara de madrastra. Navegaba por las palabras de la “testigo impertinente” (cabría añadir impenitente) cuando me alcanzó la bala: “Felipe y Letizia están como alojados en una burbuja, una especie de diagrama de Ben con un aura de distinta cualidad (será el amor, será el amor)”.
¡Un momento!
¿Una especie de diagrama de Ben?
¿De qué Ben?
¿Ben Affleck, Ben Johnson, Ben-Hur?
¿Qué estás escribiendo, Rigalt?
Por lo que parece, la testigo no aprendió bien aquella clase lejana de las matemáticas infantiles, con la teoría de los conjuntos. El creador de aquellos diagramas sí tenía efectivamente nombre anglosajón, no en balde nació en Gran Bretaña. Pero no se llamaba Ben, no. Su nombre era John… John Venn. El diagrama, por tanto, tomó el apellido del matemático fallecido en Cambridge en 1923, si me fío de la a veces cabrona Wikipedia.
El primer recuerdo que tengo de las matemáticas escolares pasa por aquellos diagramas de Venn, de nombre tan pomposo, que se reducían a circulitos entrelazados en el encerado (así llamábamos al pizarrón). Por eso solté una sonrisa de medio lado cuando la buena de Carmen Rigalt estampó sobre la última página de este sábado de agosto 07 la expresión “diagrama de Ben”. Que no habría estado mal para hablar de las películas del actor estadounidense, del tramposo atleta canadiense o del aristócrata de Judea y realizar de paso un juego de palabras. Pero mucho me temo que Carmen Rigalt simplemente comete un error por ignorancia. Que lo apunte en la moleskine.
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Acudo en la mañana del lunes 23 de julio a mi quiosco habitual para pertrecharme de la prensa diaria. Mi quiosquero, muy ufano, exhibe El Jueves con la caricatura de los Príncipes chingando en un lugar destacado. "¿No te lo han secuestrado?", me intereso. "Aquí no ha venido nadie. Tengo todos los que quieras". ¿Secuestro de publicaciones que ya están a la venta? Ja, ja, ja. Conde-Pumpido (que hace honor a su nombre) y el juez Del Olmo se han lucido. No se puede ser más tonto.
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Estamos en 2007. Existe internet. Existe el eMule. Existe youTube. Existe Flickr. Existen millones de blogs. El juez Juan del Olmo y la Fiscalía General del Estado tienen un soberano (ay, perdón) retraso. Les da por secuestrar una revista satírica como El Jueves. ¿Acaso están a sueldo de la publicación? La campaña para el semanario es innegable. Antes de que la policía se pase por los quioscos, los ejemplares estarán agotados. ¿Y qué más da? Vamos a la página de El País, a cualquier bitácora, y nos encontramos con la imagen que pretenden secuestrar: la de los príncipes follando. ¿Follar es una injuria? El juez Del Olmo ha resultado un panoli. La Fiscalía ídem. Menudos retrasados. Qué desfase. Que se queden con el molde. Señores de la judicatura: estamos en 2007. Existe internet. Existe el eMule. Etcétera. Y aquí (como en tantos otros sitios) está la portada de El Jueves. Más publicidad. Y ahora a censurar todo internet. Qué majaderos.
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Supongamos que usted es extranjero. Supongamos que usted está aprendiendo español. Supongamos que usted lee los periódicos para mejorar sus conocimientos de la lengua castellana. Supongamos que hay palabras cuyo significado no entiende. Supongamos que usted acude al diccionario de la Real Academia Española para comprobar qué significan determinados vocablos. Supongamos que cae en sus manos el diario El País del jueves 14 de junio de 2007. Supongamos que decide leer la noticia que abre la sección de España. Supongamos que usted no está seguro de lo que significa detentar. Supongamos, por tanto, que acude al diccionario de la RAE.
Detentar: Del lat. detentāre, retener.
1. tr. Retener y ejercer ilegítimamente algún poder o cargo público.
2. tr. Der. Dicho de una persona: Retener lo que manifiestamente no le pertenece.
Usted, extranjero que aprende español (o lo intenta), deduce que el PP retiene ilegítimamente (detenta) centros de poder en su feudo de Baleares.
El idioma hay que emplearlo de manera correcta. De otra manera, el diario El País estaría asegurando que el Partido Popular ha gobernando en distintas instituciones baleares de manera ilegítima. Los diccionarios tienen una utilidad. La formación cultural también. Son los mismos fallos ejemplar tras ejemplar, mes tras mes, año tras año, decenio tras decenio. Hasta llegar a este punto, El País ha publicado 10.960 números. ¿Cuántas veces habrá cometido el mismo error? ¿Cuántos lectores se habrán quejado? ¿Por qué los periodistas no somos capaces de aprendernos, para siempre y de una vez por todas, cuatro conceptos básicos?
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Muchos lectores no quieren oír hablar de “objetividad”. No. Prefieren que los medios adictos a su ideología sigan incendiando sus oídos con todo tipo de soflamas, bramidos e idioteces. Sucede con los oyentes cerriles de la Cadena COPE, los televidentes alelados de la ultrarrepublicana FOX News en Estados Unidos y, ahora, los lectores de la Conservapedia, la Wikipedia de la derecha. Los vociferantes amantes de la falta de objetividad ya tienen enciclopedia en internet.
La Conservapedia mueve a las risotadas una y otra vez. “Una enciclopedia en la que puedes confiar”, se jactan sus autores. Veamos qué informa al respecto la Wikipedia, una enciclopedia que, por supuesto, los conservadores consideran tendenciosa.
“Conservapedia es una enciclopedia libre creada por conservadores americanos como "alternativa necesaria" a Wikipedia, pues la consideran tendenciosa, anticristiana y antiamericana. Fue fundada en noviembre de 2006 por el abogado Andy Schlafly (hijo de la comentarista Phyllis Schlafly, presidenta del Eagle Forum), que contó inicialmente con el apoyo de 58 estudiantes de Nueva Jersey para la redacción de los artículos. A la fecha de 3 de marzo del 2007 contiene 3.800 artículos [11.100 en junio de 2007, matizo yo] y se ofrece sólo en inglés. Conservapedia utiliza el mismo formato que Wikipedia, con la única alteración de haber eliminado el logotipo de ésta”.
Como la Wikipedia es conservadora, veamos ahora qué escribe la Conservapedia en la entrada canguro, una de las más citadas en internet por su precisión, objetividad y falta de sectarismo. La cita la extraemos de la Wikipedia, pero es real: comprobado en el original.
“Como todos los animales modernos, los canguros modernos se originaron en Oriente Medio y son los descendientes de los dos miembros fundadores de los modernos canguros baramin que fueron cargados en el Arca de Noé previamente al Diluvio Universal. [...] Después del Diluvio, los canguros salieron del Arca y migraron a Australia. Existe debate sobre si esta emigración se produjo sobre tierra --ya que Australia estuvo aún por un tiempo conectada a Oriente Medio antes de que el supercontinente de Pangea se rompiera-- o si fueron llevados por las aguas en retroceso sobre restos de vegetación".
Y así una entrada tras otra. Pueden probar suerte.
Los oyentes arrobados de Jiménez Losantos, el friki de la pradera radiofónica, ya tienen pasatiempo y suministro ideológico. Los demás nos podemos reír un rato.
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Escucho las tertulias radiofónicas de la mañana. Salto en el dial de emisora en emisora. Me sobresalta la Cadena SER. No por los comentarios que allí se vierten: no soy uno de esos psicópatas politizados, cerriles y amargados que orinan en los distintos blogs de Periodista Digital. Porque lo de los comentarios en las bitácoras aledañas supera el ejercicio de la libertad de expresión para entrar en el campo de la libertad de esquizofrenia (alteración de la conciencia de la realidad y desorganización neuropsicológica). En la Cadena SER (también se me va la pinza) me encuentro con Antonio Franco, que fue director de El Periódico de Catalunya durante 18 años. Franco tiene un gravísimo defecto: el dequeísmo. Suele acompañar casi todos los verbos con la preposición de. No se equivoca cuando lo hace con informar, alertar o advertir, por poner tres ejemplos. Se informa de algo, se alerta de algo y se advierte de algo (en el sentido de avisar). Pero Antonio Franco utiliza el de que para todo. Digo de que, escucho de que, creo de que. Resulta insufrible tanto dequeísmo. Parece mentira que no haya nadie en la Cadena SER (Francino, Pedro Blanco, Carlos Elordi, alguien) que le diga, haciendo la gracia si se quiere: “Francamente, Antonio, ten cuidado con el de que. Que la audiencia es muy tiquismiquis y estás hablando para toda España”.
Desde aquí te informo de que tienes un problemilla gramatical con el de que. Corrígelo, majete, que no hay dios que lo soporte.
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Leo en un periódico que un determinado grupo musical encabeza cierta lista de discos vendidos en España. Como siempre, los diarios son los últimos en enterarse de qué va la vaina. Los grupos que venden discos son unos mataos. Habría que crear (¡ya!) una fórmula que permitiese conocer qué canciones son las más descargadas en el eMule. Eso de las listas con los discos más vendidos ha pasado a la historia. Un saludo a la SGAE.
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Un titular poco original, pero cantado. Como lector, estoy hasta los esféricos de encontrarme, década tras década, con los mismos errores en los periódicos, idénticas boñigas de ignorancia. Nada cambia. Estos días, en el sacrosanto El País, he vuelto a comprobar cómo el verbo detentar se emplea como sinónimo de ostentar. Determinados redactores no parecen haber leído un libro en su periodística vida. Coño, si son cuatro cosas las que uno ha de memorizar para no cagarla con el uso del lenguaje. Si algunos errores no tienen perdón, qué decir de las revistas semanales, supuestamente editadas con más mimo y mejor cuidadas. Es el caso del llamado El Cultural, semanal presidido por Luis María Anson (perdió la tilde del apellido en los 90 del pasado siglo) y dirigido por Blanca Berasátegui. En la mancheta nos recuerdan que El Cultural se vende conjuntamente con el diario El Mundo. En esta publicación no espero encontrarme con faltas de ortografía, acentos ortográficos mal colocados ni con puntapiés al diccionario. No espero, pero me los encuentro. Sin pretender ponerme exhaustivo (tampoco lo leo de cabo a rabo), en el número fechado del 10 a 16 de mayo de 2007 he hallado un par de barbaridades indignas del suplemento cultural presidido por el rijoso académico.
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Por regla general, los partidos políticos tratan al ciudadano como a un imbécil. No hay más que ver la insufrible campaña electoral que se avecina. Las ciudades de España ya están repletas de la cada vez más simple cartelería. Una, dos, tres, a lo sumo cuatro palabras y el jetuño del candidato, convenientemente retocado. En mi ciudad tenemos un alcalde que tiene nombre de otra ciudad y al que le gusta cantar en los mítines. Ha salido hasta en el Tomate, no te digo más. El regidor (al que los periodistas siguen llamando primer edil o edil a secas: la ignorancia de la prensa continúa inmutable) tiene un cabezón calvo lleno de arrugas y picaduras. Normal. La biología y los radicales libres avanzan implacables. El alcalde de mi villa suma 61 castañas. Nada que objetar. En los carteles que inundan mi ciudad el alcalde candidato no exhibe ni una sola arruga en el frontón. Presenta una piel tersa, sin pliegues. Un adonis calvorotón, vamos. Por la gran fotografía (sólo veo propaganda pepera en las grandes vallas publicitarias de mi urbe; el PSOE se queda para esas cabinas que ya nadie usa) le calcularía cuarenta y pico. En este punto, cualquier columnista de nuestra prensa escrita, haría una referencia obligada al Adobe Photoshop. ¡Qué originales somos!
Una cosa es corregir defectos de iluminación y otra quitar a un prójimo veinte años de encima. En lugar del lema “confianza en el futuro” (o algo así) podrían haber escrito “tengo 61”. Y anunciar una crema antiarrugas. For men. Para hombres como tú. Que las obras no te pasen factura, amigo alcalde. Imagino que el retoque fotográfico se da en todos los partidos y demarcaciones. Insisto: nos tratan como a tarados. Se creerán que no existe la televisión, las fotos en los periódicos, internet y la de Dios. Pensarán que sólo vemos estos carteles patéticos.
Los lumbreras electorales no se dan cuenta de que los nuevos caminos de la publicidad pasan por mostrar a la gente tal y como es. Sin complejos. Los anuncios antiedad (me cago en el puto Word y en su corrección automática, me lo había cambiado por “ansiedad”) están dando paso a los spots proedad. Alcalde, majo, que no te engañen los carteles: tienes la cabeza como una piña. La tersura de tu testa es una ilusión electoral.
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Vaya por delante que no tengo nada en contra de los piratas. Internet me da tanto (y gratis) que no puedo poner el grito en el cielo porque el diario chileno La Nación haya publicado un artículo con mi firma el lunes 12 de marzo de 2007. No tenía idea de que una de mis gacetillas iba a aparecer en un diario de Santiago de Chile. Y gratis. Es el signo de los tiempos: aquí no paga ni Magú. Usted tiene un periódico como La Nación, lee un artículo que le gusta en internet y, ni corto ni perezoso, lo publica. Sin pagar un peso. Por la patilla. Gratis. Como yo me bajo las películas y la música. Por cierto: un saludo a la SGAE.
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Esto de los vuelos baratos es la repanocha. Aquí viaja todo el mundo. Menudo cachondeo. Antes sólo viajaban los ricos. Ahora resulta que por diez euros puedes coger un vuelo y plantarte en Londres. O en Milán. O en Valladolid. ¿Quién querría ir a Valladolid? Pues mucha gente. El alcalde de Valladolid está hasta la calva de los turistas pobres. Él prefiere a los de pasta. Los indios por ejemplo. Tienen un “poder adquisitivo brutal”. Mejor los indios que “los de Ryanair con la lata de cerveza y la lata de sardinas”. “También vienen bien pero prefiero los otros: son los que dejan dinero”. Lo dice Javier León de la Riva. Sin complejos. Los pobres que se vayan a otra ciudad. Aquí queremos ricos. Que las sardinas pringan. Y la cerveza te puede llevar a lucir la barriga del mismísimo regidor municipal. Así que quiere indios y busca que Pucela sea escenario de las películas de Bollywood. Bollywood es como Hollywood pero en India. Allí existe una pujante industria fílmica. “Detrás del cine viene el turismo”. Y anda que no hay indios. Pues más de 1.100 millones sin exagerar. Este alcalde tiene un don. Ahora entiendo por qué gana todos los comicios. Qué claridad mental. Los indios tienen pasta. Y son un huevo. No como esos ingleses que llegan de Londres con las sardinas Isabel. O Elisabeth. Y las latas de cerveza Carling. El camino de los ingleses. ¡Qué se piren a Málaga con el Banderas! También llega a Valladolid mucho belga de Bruselas. Con las latas de cerveza afrutada. Belgas y eurofuncionarios. Ganarán mucha pasta pero los tíos aterrizan con el traje y la lata de atún. Y así una ciudad como Valladolid no puede prosperar. Ya está bien. Nos sumamos al pensamiento del alcalde. Pedimos desde este blog a Ryanair que suba el precio de los billetes de avión con destino Valladolid. Pucela huele a pescado en conserva y a cerveza caliente. Sí a los indios y al curry. No a los europeos con las sardinas. ¿Algún psiquiatra cerca?
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Jesús de Polanco debe estar agradecido a los gerifaltes del Partido Popular. La ineptitud del principal partido de la oposición parlamentaria parece no conocer fronteras. Promover un veto al Grupo Prisa (o a cualquier otro) supone un acto de torpeza en materia de comunicación, por no decir de idiotez pura y dura. Por supuesto que habrá hooligans mediáticos, internautas psicópatas y enfermos con teclado que jalearán la decisión del partido de Mariano Rajoy, escribirán las mayores bestialidades y repetirán como loritos las consignas simplonas y demagógicas que les insufla Jiménez Losantos cada mañana. Habría que ver lo que estaría escribiendo todo este hatajo de meapilas (o meablogs) si el PSOE hubiese hecho lo mismo con la Cadena COPE a escala nacional. “Sólo hablan con los suyos”; “aquí no les queremos”; “ya ven el verdadero talante de ZP”; “ésta es la radio de la libertad”. Cosas así (y peores, apuesto) habríamos tenido que escuchar en la emisora obispal, línea Antiguo Testamento. Sí, ya me sé el caso de Telemadrid.
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Según El Norte de Castilla (mítico periódico), más de tres millones ven la televisión de forma “convulsiva”. No culpo a esos tres millones de televidentes que pegan saltos en el sofá continuamente, presos de sacudidas incontrolables, convertidos en epilépticos catódicos, observando, entre bote y bote, a tonettis como Jaime Cantizano o el sosias que le ha salido en un concurso de Cuatro, tan encantados de conocerse. Yo me sobresalto crispadamente cuando caigo accidentalmente en el informativo (ja, ja, ja, que me descoyunto) de Sánchez Dragó, una mezcla de rollo zen, Saber vivir y enajenaciones mentales perpetuas. Visto el nivel de frikismo de las parrillas, Sánchez Dragó hasta parece un tío normal. Sólo falta que colabore en el informativo dirigido por Esperanza Aguirre (escribir otra cosa sería mentir) Fernando Arrabal, que ya protagonizó en el pasado episodios milenaristas (o mineralistas) bien cargadito de alcohol. Tal vez no resulte necesario mamarse para aparecer en televisión, pero no viene mal tajarse en la intimidad del salón para aguantar, como espectador, determinados programas. Y eso que aún no he visto Libertad Digital Televisión.
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¿Y si el periodismo lo hicieran conjuntamente los periodistas, las audiencias y las fuentes? ¿Y si los medios aprovecharan no sólo el conocimiento de la multitud sino también sus esfuerzos reporteriles combinados? Bien, ya tenemos un nuevo experimento periodístico con el nombre de crowdsourcing (para los cuatro que no saben inglés: crowd es multitud; sourcing significa fuente. Podríamos traducirlo como multifuente).
Se trata de un modelo de colaboración a través de internet que cuenta con los precedentes del sistema operativo Linux, el navegador Mozzilla o la enciclopedia Wikipedia, confeccionados con el esfuerzo y el conocimiento colectivo. El proyecto (Assignment Zero) está auspiciado por la revista Wired y NewAssignment.net, un sitio web de periodismo experimental creado por Jay Rosen profesor de la New York University. El artículo que citamos aquí ha sido publicado por The New York Times.
“¿Pueden grupos de personas trabajar conjuntamente en la red, informar sobre algo que está sucediendo en el mundo ahora mismo y dividirse el trabajo para contar la historia de manera completa, manteniendo al mismo tiempo criterios de precisión, verdad y libertad de expresión”, se pregunta el profesor Rosen en Wired.com.
Actualmente, los ciudadanos, los expertos (“la gente conocida anteriormente como audiencia”, en palabras de Rosen) debaten y cubren la información sobre… ¡el crowdsourcing! Posteriormente, abordarán otros asuntos.
El cierre se cernirá ahora sobre aquellos ciudadanos reporteros que se pongan manos a la obra en el nuevo proyecto. Los textos se editarán y los artículos aparecerán en NewAssignment.net o, incluso, en la revista Wired, una de las biblias de las nuevas tecnologías.
Una de las veteranas periodistas que editan el proyecto, Lauren Sandler, recalca que no están creando “un robot” ni “un tipo de periodismo mecánico”. “Es como dar una fiesta. Programas el iPod, mezclas el ponche y bajas las luces y, a las ocho en punto, empieza a llegar la gente. Y entonces, ¿quién sabe lo que va a pasar a continuación?".
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Mi respuesta: corregirlos. No podemos estar expuestos a morir atragantados con una tostada la mañana de cualquier domingo. Porque las dos cagadas consecutivas que se marca el tal Matt (Carlos Matera, me sopla Google que es su nombre) en el suplemento Domingo de El País (4 de marzo de 2007, página 15) resultan dignas de un castigo a la vieja usanza. Copiar mil veces “obispo se escribe con be, elegirán se escribe con ge” y dejar a Matt sin recreo. Parece mentira que dos burradas de tal calibre puedan ver la luz sin que nadie en la sacrosanta redacción de El País ponga freno al desmán ortográfico.
La viñeta en cuestión acompaña el artículo de Antonio Martínez, en la página humorística que los domingos comparte con Elvira Lindo. Pero tener que leer “los ovispos elejirán” no hace ni puta gracia. En un principio pensé que las faltas ortográficas ocultaban un chiste, así que leí de cabo a rabo el texto que ilustraba la desesperante viñeta. No sé, avispa y ovispo, elejirán y El Ejido. Un juego de palabras, una crítica a la enseñanza religiosa, algo que ayudase a digerir la tostada, atravesada en mi garganta. Pero nada, claro.
La ignorancia de Matt (el “sí” sin tilde ya ni lo cuento) no tiene perdón… como tampoco encuentro disculpa en la falta de controles del diario El País. Para agravar más aún el caso, la viñeta de Matt con las bestialidades ortográficas se perpetra cuatro páginas más allá del Pequeño País, el suplemento infantil de los domingos. Si algún chaval ha avanzado esas cuatro páginas de sesudos análisis y ha aterrizado en el dibujito de marras, tal vez haya leído el chiste (posiblemente lo entienda, imbuido de tanta televisión basura en horario vespertino) y almacene en su ordenador cerebral que obispo se escribe ovispo y elegirán lleva una jota en lugar de una ge. Descorazonador a todas luces.
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La información vive horas bajas: es la apoteosis de la opinión, mezclada con intereses políticos, empresariales y personales. De la objetividad ya ni hablamos: resulta imposible escuchar un informativo de la cadena SER o la COPE (por poner dos ejemplos antagónicos) sin percibir el tufillo (o tufazo) ideológico. La propaganda comienza a arrinconar al viejo periodismo de información porque se antoja inconcebible que un medio de importancia no ande todo el santo día repartiendo mandobles a favor de la causa. El camino lo marcó hace tiempo el periodismo deportivo, que ha devenido en fanatismo mediático. Pedir objetividad a un redactor deportivo supone tanto como tratar de que no se levante la voz en un bar un sábado por la noche.
Cuando se mide el Real Madrid o el Barcelona con un modesto de la piel de toro los grandes locutores de las grandes cadenas se convierten en provincianos hooligans al interés de los megaclubes. El Real Madrid y el Barcelona ganan… o pierden… pero nunca lo hace el rival. El mérito o demérito corresponde al grande. El pequeño acaba ninguneado.
Los comentaristas de fútbol se equivocan hasta cuando se ven las caras un equipo español y uno extranjero. Si el Real Madrid se mide al Bayern de Múnich media España culé celebrará que los merengues acaben vapuleados. Si el Barcelona encaja un par de goles del Liverpool, la parroquia madridista celebrará los tantos como propios. El locutor deportivo (de radio y televisión), políticamente correcto, se pondrá siempre del lado del equipo español… aunque la mitad del país se esté tronchando de la risa con la derrota del enemigo deportivo. Estamos hablando de periodistas, pero la subjetividad a favor del cuadro carpetovetónico se da por supuesta. ¿Por qué? ¿No sería más lógico que los locutores televisivos mantuvieran cierta imparcialidad? ¿Por qué celebrar desgañitándose los tantos del Real Madrid y Barcelona cuando gran parte del país pega un respingo de alegría con los goles foráneos y se pondría gustosamente una camiseta del rival europeo del equipo odiado? ¿Por qué no volver a la objetividad y satisfacer a todos?
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Ya he escrito aquí sobre el maltrato que inflige la industria española al cine con el doblaje, un residuo de la dictadura al que la mayoría de la población se ha acostumbrado. Todavía existen “actores de doblaje” que se vanaglorian de que sus voces mejoran en ocasiones al intérprete original. Una vez escuché a una chica, muy convencida, que argumentaba: “Es que Humphrey Bogart tenía una voz como la del Pato Donald”. La frase se comenta por sí sola.
Pero hoy paso del cine y quiero referirme a otra tropelía que practican nuestras televisiones, incluso las de pago, como es el caso de Digital +. Se está convirtiendo en un lugar común afirmar que las series estadounidenses presentan un nivel de calidad superior al de los filmes. Guiones elaborados, realización cuidadísima, interpretaciones sobresalientes: las series de ficción viven un momento dulce. Éxitos como el de House suponen un soplo de aire fresco en el panorama televisivo.
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Vi la gala de los premios Goya distraídamente, zapeando en los constantes bloques publicitarios y sabiendo quién iba a recibir cada galardón. Porque Televisión Española, en la época de la información instantánea, optó por introducir un retardo de más de media hora entre el hecho en directo y la emisión del evento. Para agilizar la gala, que suele ser un tostonazo, nos informaron previamente. Si esto hubiese sucedido en otras legislaturas habríamos temido por una especie de censura previa, al estilo de la que empezaron a aplicar las televisiones estadounidenses tras el pezongate de Janet Jackson. No se trataba de censura sino de utilizar un recurso tan cinematográfico como es la elipsis, nos aseguró la presidenta de la Academia, Ángeles González-Sinde. Para suprimir tiempos muertos, discursos coñazo-familiares y demás ralea televisiva, insistían los responsables.
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Ya hemos visto los informativos. El invierno siempre es noticia. Si no hace frío porque no hace frío. Ya saben, el cambio climático. Si hace frío porque hace frío. ¿Se puede abrir un telediario destacando continuamente que está nevando en enero en las montañas españolas? Cuando pase el ¿temporal?, los medios destacarán que ya no hay temporal. Y cuando arrecie el frío, ya tenemos de nuevo noticia de apertura. Hace años parecía normal que en invierno las temperaturas fuesen bajas. Ahora se destaca este hecho... y también el contrario. Medios…
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Vi Babel en mi casa antes de que se estrenara. Tranquilamente. Sin imbéciles comiendo palomitas al lado ni payasos hablando durante la proyección. En versión original y con subtítulos en castellano, impresionados sobre los rótulos ingleses que el director ha utilizado para los distintos lenguajes del filme. Porque Babel está rodado en castellano, inglés, árabe o bereber, japonés y el lenguaje de signos que utilizan las personas sordas. Trata sobre la incomunicación, las fronteras culturales, lingüísticas y geográficas. España, que es un país con una media importante de analfabetos fílmicos, ha estrenado la película en versión doblada al castellano con lo que se cargan de un plumazo toda la esencia del filme.
No he visto la versión doblada porque a ver este tipo de tropelías culturales puede ir su padre con las distribuidoras de turno. Por el avance que he visto en YouTube parece que han doblado hasta a los actores mexicanos cuando se expresan en castellano. No sé qué habrán hecho con el lenguaje de signos: tal vez también hayan puesto voz a los personajes mudos. La indecencia del doblaje, secuela de dictaduras, propio de países atrasados, se acrecienta en este tipo de películas donde las lenguas originales cobran un papel fundamental en la trama. Si en el metraje original, se mezcla el acento mexicano con el gringo en la frontera entre México y Estados Unidos me temo que en la versión doblada que se ha perpetrado en España todos hablan un castellano sin acentos ni matices. Marroquíes, japoneses, estadounidenses, mexicanos. El absurdo total.
La aberración de la industria del cine en nuestro país no conoce límites. Doblemos, destrocemos películas como Babel en la que los espectadores de todo el mundo, incluidos ingleses y estadounidenses, han de leer subtítulos para seguir la trama. Aquí no: no leáis, españoles, a ver si luego os va a dar por los libros. Resulta aberrante que el Ministerio de Cultura permita que se destroce de esta manera el arte ajeno. Personalmente molería a palos cinematográficos a aquellos que se denominan actores de doblaje y que no son más que unos impostores, farsantes y despreciables, que se prestan a la masacre cultural.
Algún listo dirá que la gente puede elegir entre la versión original y la doblada: no en la mayoría de las ciudades, contestaría yo, donde el cine en versión original se considera una rareza. En cualquier caso, la película se ha rodado como se ha rodado. Punto. A ver si nos va a dar ahora por repintar también las pinturas de Caravaggio porque nos parecen demasiado tenebristas. No te jode. Al cine va a ir la Juani. Yo me quedo en casa con el emule.