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LOS PILARES SAGRADOS DEL SOL Y LA MERIDIANA

Permalink 27.01.08 @ 17:58:04. Archivado en Sobre el blog

La Ciencia Oculta de las Culturas Precolombinas del Perú
Por:César Ormeño Iglesias

LOS PILARES SAGRADOS DEL SOL Y LA MERIDIANA

Desde el momento que los astrónomos Chavín, Tiwanaku, Mochicas, Nascas Waris e Incas, se integraron al cosmos, producto de los resultados obtenidos en la constante observación del cielo, acumulados durante siglos, concibieron en su conocimiento astronómico y cronológico, que las estaciones, los días, los meses y los años eran determinados por el curso del Sol, de la Luna y desplazamiento de los astros. Mirando desde la Tierra, los astrónomos veían al Sol cada mes sobre el fondo de un grupo distinto de estrellas. Esos grupos forman un cinturón que rodea totalmente los cielos; y a lo largo de ese cinturón se extiende la aparente trayectoria anual del Sol llamada eclíptica, zona de la esfera celeste que se extiende a unos 9º de cada lado de la eclíptica, y en la cual se mueven también los planetas grandes y la mayoría de asteroides. Al observar los Astrónomos que el aparente recorrido del Sol alrededor de la Tierra mostraba variaciones de velocidad periódicas en el transcurso de un año, constatando en sus diferentes posiciones estelares la sucesión de las estaciones, ubicaron al Suqana en el centro de un círculo o de varios círculos, orientado según el plano meridiano del lugar, y paralelo al eje de la Tierra, para definir el tiempo verdadero y las estaciones por los intervalos de tiempo que separa los pasos sucesivos del Sol de los solsticios a los equinoccios, y de los equinoccios a los solsticios. Determinando la altura del Sol sobre el horizonte y de la meridiana, que es concerniente a la hora del mediodía, y es el círculo máximo de la esfera celeste que pasa por los polos del mundo y por el cenit y el nadir del punto de la Tierra a que se refiere, observaron que el Sol, en su aparente desplazamiento solar camina a lo largo de todo el año entre los extremos (norte – sur), que le sirve de asiento para entrar a los equinoccios. Así observaron que la primavera empieza cuando el Sol pasa por el punto vernal, movilidad que se debe a la precesion de los equinoccios, a la retrogradación de los equinoccios, siguiendo luego el solsticio de verano, el equinoccio de otoño y el solsticio de invierno.
Así como en el diagrama esquemático de fijación de la meridiana de un lugar demuestra cómo se determina la altura del Sol sobre el horizonte y la dirección de nuestro meridiano, el Suqana, pilar vertical que los astrónomos ubicaron en el centro de un círculo o varios círculos, en una superficie plana y horizontal. Dentro de ese círculo o varios círculos concéntricos, y cuyo centro estaba la base del Suqana, en los días de cielo despejado, marcaban por la mañana los puntos en que la extremidad de la sombra del pilar tocaba los círculos concéntricos. La sombra se iba acortando hasta el momento en que el Sol pasaba por el meridiano, instante que la sombra tendrá la mínima longitud. Por la tarde, la sombra iba alargándose y marcaban también la llegada de la extremidad de la sombra del Suqana sobre el círculo o los círculos. Trazando la bisectriz o bisectrices correspondientes, que deberán todas coincidir, estas bisectrices aproximaban la dirección de la meridiana, que aunque sólo aproximada, les daba a su vez la dirección de nuestro meridiano con suficiente exactitud para las observaciones que tenían marcada en la dirección de la meridiana, desde donde dirigían visuales según el plano meridiano. Así dispuesto todo observaban en un día determinado del año, la diferencia de tiempo que media entre el paso, por nuestro meridiano, del Sol y de la estrella. Como veían a la estrella aparentemente inmóvil, de la observación deducían que el Sol se desplazaba en la esfera celeste. Repitiendo esta observación los días siguientes, notaban que el desplazamiento continuaba no de una manera uniforme. Al cabo de un año veían al Sol dar una vuelta completa a la esfera celeste, en un periodo de 365 días y un cuarto aproximadamente. Al mismo tiempo, durante ese periodo anual de desplazamiento del Sol, iban observando su altura sobre el horizonte en los diferentes días del año, y el cambio de posición estelar en la línea del horizonte meridional. Por la variaciones de la longitud de la sombra del Suqana a mediodía, obtenían las diversas declinaciones del Sol, conociendo la posición del ecuador, que corresponderá a la posición del Sol los días en que la duración de la noche y del día son iguales (equinoccio de otoño, que en el hemisferio austral tiene efecto del 20 al 21 de marzo, y el equinoccio de primavera, que tiene efecto del 22 al 23 de septiembre).

En los Comentarios Reales de los Incas, tomo I, capítulo XXII, el Inca Garcilaso de la Vega anuncia de cómo los Incas alcanzaron la cuenta del año y los solsticios y equinoccios. “… Para verificar el equinoccio tenían columnas de piedra riquísimamente labradas, puestas en los patios o plazas que había ante los templos del Sol. Los sacerdotes, cuando sentían que el equinoccio estaba cerca, tenían cuidado de mirar cada día la sombra que la columna hacía. Tenían las columnas puestas en el centro de un cerco redondo muy grande, que tomaba todo el ancho de la plaza o del patio. Por medio del cerco echaban por hilo, de oriente a poniente, una raya, que por larga experiencia sabían dónde habían de poner el un punto y el otro. Por la sombra que la columna hacía sobre la raya veían que el equinoccio se iba acercando; y cuando la sombra tomaba la raya de medio a medio, desde que salía el Sol hasta que se ponía, y que a mediodía bañaba la luz del Sol toda la columna en derredor, sin hacer sombra a parte alguna, decían que aquel día era el equinoccial. Entonces adornaban las columnas con todas las flores y yerbas olorosas que podía haber, y ponían sobre ellas la silla del Sol, y decían que aquel día se asentaba el Sol con toda su luz, de lleno en lleno, sobre aquellas columnas. Por lo cual en particular adoraban al Sol, aquel día con mayores ostentaciones de fiesta y regocijo, y le hacían grandes presentes de oro y plata y piedras preciosas y otras cosas de estima”.
Extraído del libro “Función Cosmológica de los Cosmoglífos en las Líneas de Nasca”. Con un emplazamiento fotográfico de 246 ilustraciones y 313 págs.
Serie: La Ciencia Oculta de las Culturas Precolombinas del Perú.
Autor: César Ormeño Iglesias.
Partida Registral N°= 00794-2006. Indecopi. Perú.


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Comentarios:
Es admirable que un historiador iqueño del Perú, se haya preocupado por investigar sobre las culturas precolombinas de Amèrica del Sur. Es revelador verdaderamente como los Incas y los Nascas tenìan un conocimiento amplio de astronomía. César Ormeño Iglesias, prueba ese conocimiento.
Saludos y que ustedes sigan tomando mayor interes en estos temas que forman parte de la historia universal de nuestro planeta.
Priscila Bravo Dextre.Ica-Perú
Enlace permanente Comentario por Priscila Bravo Dextre. 11.02.08 @ 03:20

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