Director: Alfonso Rojo
Logo Periodista Digital
Los "jóvenes turcos" del arte británico, en la Royal Academy
R.UNIDO-ARTE

Los "jóvenes turcos" del arte británico, en la Royal Academy

Agencia EFE
Domingo, 11 de junio 2006

Damien Hirst, el británico que convirtió a un tiburón en formol en obra de arte, Tracy Emin, que hizo lo mismo con su cama sucia, y otros ex "jóvenes turcos" muestran desde mañana su obra junto a la de pintores establecidos o emergentes en la exposición de verano de la Royal Academy of Arts de Londres.

Esa irrupción del llamado "Britart" en una institución que tuvo como primer presidente a Joshua Reynolds ha dejado indiferente a la mayoría de los críticos británicos, que escriben que ese grupo, hábilmente lanzado por el avispado publicitario y marchante Charles Saatchi en su exposición "Sensation" (1997), ya no escandaliza a nadie.

Algún crítico, sin embargo, como el veterano Brian Sewell, del vespertino Evening Standard, se rasga aún las vestiduras y acusa a la Academia nada menos que de haber "vendido el alma al diablo".

En un artículo en el que no dejaba títere con cabeza, el crítico arremetía recientemente contra Emin, los hermanos Chapman, un ceramista ganador del premio Turner que gusta vestirse de niña pequeña y que responde al nombre de Grayson Perry, y especialmente contra Damien Hirst, el artista cuyos tiburones, vacas troceadas y "atrezzo" de botica le han convertido en multimillonario.

Dispuesto a no pasar tampoco esta vez desapercibido, Hirst ha realizado una escultura en bronce de más de diez metros de altura y trece toneladas y medio de peso, que ocupa el patio central de la institución.

Titulada "La Virgen Madre" e inspirada en "La Pequeña Bailarina", de Degas, que se conserva también en Londres, representa a una mujer desollada por un costado como en las figuras de los tratados de anatomía que muestra en el interior de su vientre el feto que lleva.

Para el crítico del "Standard", la escultura de Hirst es "repugnante" no por lo que representa, sin por lo "trivial de su ejecución y lo insulso de sus superficies", que no invitan al tacto como ocurre, por ejemplo, con las de un Henry Moore.

Otros, por el contrario, creen que constituye un acto de valentía por parte de la Academia el admitir a los artistas que fueron de la cuadra de Saatchi y cuya obra se exhibe junto a otras creaciones más tradicionales y conservadoras.

Entre las obras expuestas que más llaman la atención del público hay un enorme huevo recubierto de piel, de Gavin Turk, pero que no es sino imitación de lo que hizo en su día con una taza de café y la correspondiente cucharilla la surrealista Meret Oppenheim.

Otros repiten ideas u ocurrencias propias: así, Martin Creed, que ganó el premio Turner en 2001 con una instalación titulada "Una lámpara que se enciende y se apaga", no ha sabido ser esta vez más original sino que expone una lámpara, provista ahora de pantalla, pero que hace exactamente lo mismo.

La Exposición de Verano de la Royal Academy, que quiere ser al mismo tiempo una celebración del arte que se hace en el Reino Unido y una competición abierta a todos, académicos y no académicos, transmite como en años anteriores una cierta sensación de caos pese al cuidado que han puestos los propios artistas comisarios.

En ella es posible encontrar obras francamente interesantes de académicos honorarios extranjeros como el alemán Anselm Kiefer o el italiano Mimmo Paladino, o muy discutibles, como la de Georg Baselitz, que presenta bajo el título de "El piano invisible" un coche, no con el techo, sino con el morro abajo, pisando un paso de cebra.

Esculturas fascinantes como el espejo cóncavo de Anish Kapoor u obras de continuadores actuales del arte conceptual alternan con paisajes y bodegones de aburrido academicismo, pinturas abstractas apenas distinguibles unas de otras o esculturas de mujeres desnudas cuyas formas se componen juntando pequeñas fotografías.

Es difícil orientarse en medio de ese enorme bazar que parecen ciertas salas, sobre todo aquellas en las que se exponen las obras más pequeñas, que son las que más asequibles para el público comprador en general.

En medio de ese mare magnum de 1.326 obras de todos los estilos, tamaños y calidades, resulta reconfortante llegar a las salas donde se homenajea a dos destacados miembros de la Academia fallecidos en el último año, ambos representantes de la corriente del arte pop aunque de temperamentos artísticos muy distintos: Eduardo Paolozzi y Patrick Caulfield.

Así será la tele de Losantos

Libertad Digital TV

Wyoming contra los electrolectores

Wyoming responde en El Intermedio a las críticas de los lectores de ELECTRODUENDE.

Periodista Digital, SL CIF B82785809 - Avenida de Asturias, 49, bajo - 28029 Madrid (España) - Tlf. (+34) 91 732 19 05
Aviso Legal | Cláusula exención responsabilidad | sugerencias@periodistadigital.com | Copyleft 2000
Chistes, Videos y Poesias | Fotoperiodismo, viajes y exposiciones