La Fundación Juan March inaugura la temporada con la modestia y precisión de costumbre. Y lo hace con una exposición a mayor gloria de los amantes, practicantes y diletantes del arte de dibujar. Caspar David Friedrich (1774-1840) era un artista místico que creía en la presencia divina en la naturaleza, en su poder de despertar lo mejor del ser humano, en un panteísmo -siempre cristiano- de bosques y roquedales trasmisores de bondad. Dibujar con estos presupuestos debe notarse. Y se nota.
Vivió 60 años (1581-1649); a los 32 se metió en un convento dominico, y no pintó más de cuarenta obras en toda su vida. Juan Bautista Maíno apenas es conocido en España y absolutamente nada por esos mundos. El Prado lo rescata del olvido con exquisito cuidado, expone su obra prácticamente completa y la acompaña de otras tantas obras de maestros de su tiempo para que podamos encuadrarla en su justa valía. Es su propuesta para este otoño y es una propuesta que merece reconocimiento y éxito. “Probablemente nadie llegó tan cerca de Caravaggio como este dominico español”, dijo de él el primer experto que lo lanzó internacionalmente. Y con ello le situó perfectamente.
Luibov Popova y Aleksandr Rodchenko entregaron su vida y su arte al constructivismo, una de las muchos movimientos artísticos que el siglo XX ha visto. ¿Qué les hizo pensar a estos artistas revolucionarios que la mejor forma de ponerse a la altura de la revolución bolchevique era este frío geométrico, e incluso posteriormente ni siquiera eso, abandonar la pintura y dedicarse al diseño aplicado a la producción industrial? Su 'sacrificio' en aras del proletariado ni siquiera fue reconocido y en una década el partido comunista los arrinconó en nombre del realismo socialista.


En el Tyssen se frotan las manos. Sus 'Lágrimas de Eros' amenazan con convertirse en el éxito de la temporada en la competitiva milla de oro de los museos madrileños. Ante un centenar largo de ávidos periodistas, su director general Guillermo Solana, reconvertido en gozoso comisario y único 'factotum' de esta selección discutible pero respetable, -condenada a la parcialidad-, del despliegue erótico que el arte ha realizado en los últimos cinco siglos, ha confesado haber sufrido impulsos de autodesgtrucción m ientras avanzaba en un proyecto que sorprendentemente para él pero previsible para todos los demás, ha contado con la aquiescencia absoluta de la Baronesa, nuestra Tita Cervera, que incluso ha aportado la guinda al proyecto, la sugerencia atendida de incluir en el mismo 'La Fuente', un pequeño óleo del francés Corot, por supuesto parte de su Colección que en estos días pugna por su precio máximo.
Francesco Lo Savio vivió solamente 28 años, pintó tan sólo durante los últimos cinco de su vida, tuvo una producción escasa y es muy poco conocido. El 'Reina' inaugura la primera exposición en España de este artista malogrado no sólo debido a su prematura muerte por suicidio, sino también a la difícil clasificación de un trabajo cuya radicalidad no fue entendida en su época. Un preminimalista y un postbarroco casi totalmente monocromo, tan incomprendido que su mismo hermano promovió el boicot de su última exposición, lo que desencadenó su decisión fatal.
Podría haberse optado por un museo nacional que incluyera la pintura y escultura del siglo XIX, entre el Prado y el Reina Sofía. Pero ya no caben más museos en la prodigiosa meca pictórica madrileña. Se ha optado por que el Prado contenga el discurso histórico del arte español desde el Románico hasta los maestros modernos del siglo XIX. En sus doce nuevas salas incluirá 176 obras que aspiran a suponer un compendio completo del arte español decimonónico, desde el último Goya hasta Sorolla y Benlliure.
¿Y ése quién es?, le decían invariablemente a Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen-Bornemisza, cuando anunciaba esta exposición. Pues bien, ya está aquí la primera monográfica que se dedica en España a este pintor francés que vivió entre 1836-1904, que no se embarcó en la aventura impresionista que inauguraría la dictadura de las vanguardias en la Europa del siglo XX; que realizó un arte discreto e integrado en su época burguesa; y que ahora al calor del cierto retorno que protagoniza la arrinconada pintura figuracionista del penúltimo cambio de siglo, reclama una atención sin prejuicios.

El pintor Mariano Lozano, -uno de los cuatro miembros de aquel colectivo Estrujenbank, junto a Juan Ugalde, Patricia Gadea y el poeta Dionisio Cañas, y el menos conocido del cuarteto-, sigue en la brecha e inaugura una exposición de su producción última. Cosas que fueron y ya no son, cosas a las que se privó de alma y ahora reclaman atención. Una mirada las resucita. Es lo único que ahora pretende Lozano década y media después de aquella experiencia integrada por parte de la critica artística dentro del ámbito cultural de la Movida madrileña, un grupo que promovía la reflexión social y política a través de la sátira y la transgresión, 'tigres que se perfuman con dinamita', como titulaba uno de sus textos literarios.

Arte secular islámico y arquitectura de vanguardia: es la doble propuesta con la que Caixaforum atraerá visitantes este verano como complemento a la exposición de Sorolla en el Prado y la de Matisse en el Tyssen. 'Los mundos del Islam en la colección del Museo Aga Khan' es la primera oferta, y 'Richard Rogers + Arquitectos. De la casa a la ciudad', la segunda.
Los grandes museos están ya presentando su programación para el verano. Mientras que el Prado apuesta por Sorolla, y el Reina Sofía por 'Los Esquizos', -el grupo figurativo ligado a la movida madrileña de los setenta y ochenta, del que hablaremos pronto-, el Museo Thyssen se ha decidido por indagar en la etapa menos conocida de Henri Matisse, en lo que fue el tramo central de su carrera, desde 1917 a 1941. Presenta una exposición soberbia, un baño de belleza y colorido, un festín exótico rodeado de odaliscas, un paseo magnífico por su casa de Niza, con esa ornamentación exhuberante que le fascinaba, y una sucesión de balcones abiertos prologando la mirada recluida del artista. Dos décadas pintando y pintando lo mismo y de la misma forma, aquietada la paleta, candorosa la mirada, ajeno al mundo, investigando en su universo de formas y colores propios. Reposando su primera osadía, ensimismado, entre dos enormes guerras a ambos lados del incesante pincel.
El Museo del Prado presenta la mayor y más importante antológica que se ha dedicado nunca a Joaquín Sorolla, el pintor español con mayor proyección internacional del siglo XIX. El centenar de pinturas del artista suponen un ambicioso recorrido el que se dan cita todas sus grandes obras maestras, incluido el conjunto de paneles de sus Visiones de España pintados para la Hispanic Society of America y traídos a España en 2007, que ya fueran exhibidas en Valencia y otras ciudades españolas en olor de multitudes.
Hoy se ha presentado el nuevo despliegue de la colección permanente del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Se reorganizan los espacios disponibles en 7.500 metros cuadrados de extensión, que se dice pronto pero que supone una auténtica ruta de montaña, una senda exótica a través de grandes peligros y enormes desafíos en forma de arte moderno, una selva procelosa y variopinta a la absoluta disposición del turista accidental, del explorador de misterios ciudadanos. Se exponen un millar de obras, de las que la mitad -entre adquisiciones y fondos no exhibidos- no se habían mostrado nunca. Todo un terremoto que probablemente le vendrá bien a una colección y un museo incomprendidos. Viernes, sábado y domingo próximos la visita será gratuita. Una degustación irresistible para el fin de semana.
Sábado, 21 de noviembre
Marie-José Martin Delic Karavelic
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Juan Fernandez Krohn
Siro López
Juan Luis Recio
Julián Moreno Mestre
Ángel Sáez García
Carlos Ferrer
José Donís Català