Exultante. Graciosa. Reparadora. Con noviembre, el Teatro Real estrena en un necesario giro de tuerca tras la controvertida Lulu: el 'dramma giocoso' de Gioachino Rossini 'L'italiana in Argeli', en versión burbujeante de Joan Font y sus Comediants. Una despampanante naufraga italiana capturada por corsarios turcos ridiculizará al mujeriego y fatuo bey Mustafá, en una parodia del diálogo/choque de civilizaciones para mayor gloria de la 'furbicia' (astucia) italiana. Esta vez el baqueteado abonado del Real no sufrirá de un montaje reduccionista que agudice las dificultades de la pieza, como pasó en el primer estreno de la temporada. Todo se entiende, todo se goza, y todo se disfruta mientras esperamos a monsieur Mortier.
'Eres blanca y hermosa como tu madre'... 'En un país de fábula vivía un viejo artista'... '¡No puede ser! Esa mujer es buena'.... Seguro que las conoce: 'La tabernera del puerto' se estrenó en Barcelona en 1936, y está considerada una de las mejores piezas del género, en cuyo 'templo', el Teatro de la Zarzuela de Madrid, se presenta esta notable producción de 2006. Setenta años después, la buena música de Pablo Sorozábal a un impecable libreto de Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw, aseguran una agradable velada. Tres actos, hora y media sin intermedios inoportunos, escenografía expresionista, ritmo continuado, aires evocadores del pasado, elenco de primera categoría. Función redonda. Bien interpretados y cantados todos los papeles. Buen trabajo de adaptación de Luis Olmos, director de este Teatro desde hace cinco años.
Toda temporada tiene sus fiascos y sus gratas sorpresas, y 'Clementina' pertenece sin duda a la segunda categoría. Llámenla 'zarzuela barroca' si quieren, pero esta ópera española puede codearse con la producción de sus coétaneos, incluídos Haydn y Haendel, y es digno prolegómeno de los prodigios operísticos de Mozart. Una música medida e inspirada para un texto soberbio del gran Ramón de la Cruz en un libreto de encomiable coherencia (méritos que se atribuyen en parte a un expurgado concienzudo del original), y todo ello en una obra única, en la única ópera que compusiera Luigi Boccherini. Lástima que no hubiera más. Lástima que no hubiera otros. Lástima de más encargos por parte de la aristocracia española. Pudo haber en España un género a la altura del de Italia si la cúspide social lo hubiera apoyado como hizo doña María Faustina Téllez-Girón, condesa viuda de Benavente, encargando al titular musical de su Casa esta agradable Clementina que merece entrar en los repertorios habituales. Un digno entretenimiento. Un rato muy agradable. Un espectáculo donde todo resultó gratificante.
Una joven, rescatada del arroyo por un rico padrino abusador, remonta la escala social sirviéndose de hombres sumisos a los que seduce friamente hasta asesinar a uno de ellos, ir a la cárcel y escapar gracias a la ayuda de una condesa también enamorada de esta implacable Lulu. A partir de ese momento, cambia su sino, y obligada a prostituirse por hombres malvados, termina siendo víctima de un criminal de los bajos fondos. Un argumento que en 1937 era un revulsivo para una ópera, pero que hoy apenas impresiona, cediendo paso a lo verdaderamente importante: la tempestad musical que consumió a Alman Berg en sus últimos años de vida.
El Teatro Real estrenó el 11 de julio 'Le nozze di Figaro' (Las bodas de Fígaro), de Wolfgang Amadeus Mozart, vendidas todas las localidades desde muchos días antes. Esta vez se trata de la exacta y completa partitura que escribió Mozart y la ambientación original del libreto de Lorenzo da Ponte. Nada de rococós centroeuropeos ni escenarios exóticos. Nada de supresión de arias y aceleraciones. Las Bodas tal como fueron, tal como son. Tres horas de cuento, de belleza, de ensoñación. Una magnífica clausura de la temporada.
Hoy vuelve Rigoletto al Teatro Real. Nunca antes se habían programado tantas -18- funciones de una producción operística suya, pero las 35.000 localidades están ya prácticamente vendidas. No en vano estamos ante una de las óperas más populares y queridas del repertorio, una obra que se ha puesto en Madrid 379 veces anteriormente. Para los que no consigan una entrada -hay también dos funciones a precios reducidos de entre 8 y 80 €-, el sábado 6 de junio habrá 1.500 sillas al aire libre frente a una pantalla gigante que proyectará la función simultáneamente a su desarrollo en el interior del teatro.
Tenía 73 años de edad Claudio Monteverdi cuando estrena en 1640 'Il ritorno d’Ulisse in patria', 33 años después de 'inventar' la ópera con su L'Orfeo. Demostraba estar en plena forma, como lo están los encargados de llevar su trabajo al Teatro Real casi cuatro siglos después, el director musical William Christie, y el director musical, Pier Luigi Pizzi, que no deben andar muy lejos de la edad y la experiencia que tenía Monteverdi cuando compuso esta obra y revisó hasta modificar sustancialment el magnífico libreto de la misma, un texto a la altura de una música que juntos ofrecen un banquete de placer estético inolvidable, si bien rozando magnitudes casi indigeribles para el humano actual, siempre estresado y agobiado como para sentarse ante un festín de tres horas y media de duración.
Cabaret literario dicen Xavier Albertí y Lluisa Cunillé que es su versión de "La corte del faraón". 'Zarzuela deconstruida a la manera posmoderna' podríamos también decir del espectáculo que han presentado durante diez días en el Teatro de la Abadía, tras su estreno en Barcelona en 2008 y antes de viajar a Sevilla y Granada. Es una burla soportable de los tópicos musicales españoles, de más lograda escenografía que texto, un picadillo demoledor de una gran opereta española décimonónica, que hace reir y pasar un buen rato, pero también preguntarse por lo que aporta a la larga y respetable trayectoria del original.
(PD).- El Liceo de Barcelona ha colgado vídeos de sus espectáculos operísticos en el canal YouTube, en el marco de una ampliación de su entorno digital que se ha presentado hoy y que se completa con la renovación de su página web.
Por fin se estrenaron los Teatros del Canal, una magna obra acompañada de magnas polémicas y magnos presupuestos. Su responsable teatral, el catalán madrileñizado Abert Boadella, organizó un estreno que quiso estar a la altura de las circunstancias. Los Hermanos Marx resucitaron en las antiguas instalaciones del Canal de Isabel II para celebrarlo.
El Teatro Real acometió, en su tarea de fomentar la ópera española actual, el estreno absoluto de Faust-bal, con música de Leonardo Balada y libreto de Fernando Arrabal, llevada a la escena por Joan Font y sus Comediants. Si uno se lo toma sin acritud y con el talante de los tiempos posmodernos, pasará un rato divertido, reirá con los ripios del libreto y apreciará las virtudes de la partitura, sin dejar de reconocer los grandes méritos de la dirección artística para dar a todo ello un tono de auto sacramental demenciado, que se sujeta en la básica solidez del Coro del Teatro Real, acostumbrado a arropar en escena cualquier debilidad pasada, presente y futura.
Una adaptación teatral de una zarzuela que cuenta una ópera. Rizar el rizo. Es agradable coincidir con ese ente llamado 'crítica especializada y respetable público' -cosa que no nos ocurre con frecuencia- en considerar 'El dúo de la africana', un espectáculo de Xavier Albertí y Lluïsa Cunillé a partir de la célebre zarzuela del mismo título, un gran trabajo de diversión y entretenimiento, una revisión constructiva y desmitificadora, y una lograda síntesis de teatro y música, que como explica la misma obra en su inicio, surge de las cenizas del cabaret. Y tiene enorme futuro.
Domingo, 22 de noviembre
Marie-José Martin Delic Karavelic
José Donís Català
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Julián Moreno Mestre
Siro López
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Padre Fortea
Juan Fernandez Krohn
Carlos Juan Gómez Martín