'Krapp's Last Tape' (La última cinta de Krapp'), obra en un acto de Samuel Beckett, retrata la enorme decrepitud de un anciano sumido en la soledad y la podredumbre, y dedicado a escuchar las grabaciones en las que ha ido recogiendo sus sentimientos, o mejor su ausencia de sentimientos a lo largo de la vida. Repasa hoy en la penumbra de su cuarto la cinta número cinco de la caja tres, grabada a los 39 años por el ser lejano que era entonces y que sin embargo reflejaba ya la impotencia ante la felicidad que será constante en su vida. Se identifica primero con aquel hombre que intuía el principio del fin desde fecha tan temprana. Pero luego se pondrá a grabar un epílogo desde el presente. Un colofón que termina en silencio. Esta obra ha sido interpretada como una alegoría del fin de la historia, pero son ganas de llenar folios. Es el final de una vida, ni más ni menos.
Aquel espectador que, en el curso de la expiación de sus culpas en este purgatorio en que se ha convertido el arte actual, sea capaz de llegar al final de la última producción de Anne Teresa De Keersmaeker, tendrá un puesto asegurado en el paraíso. 'The song' bate todos las marcas de dificultad, hermetismo y gratuidad. En su estreno en París en junio pasado los espectadores abandonaban en masa. En Madrid, el día que nos tocó sufrirla sólo lo hicieron cuatro personas. Somos los más modernos. Pero este espectáculo de danza -sin música, sin escenario, sin vestuario- es paradigma de una tendencia dominante en el panorama artístico actual: la mortificación sádica del espectador hasta noquearle. El vacío financiado por las autoridades y jaleado por los públicos como sustituto de la periclitada, decadente y 'casposa' cultura.
Isabella’s Room es un gran despliegue de creatividad alrededor de una trama mediocre: la característica definitoria de la mayor parte de los espectáculos de nuestro tiempo, desde las películas de Hollywood a esa meca teatral europea creada hace dos décadas en los pequeños, florecientes y caducos Países Bajos. La forma se ha comido el fondo, el medio al mensaje, la imagen a la palabra. Pero eso no quita para descubrirse ante un espectáculo de enorme calidad y numerosas sorpresas, una habitación con magníficas vistas interiores a lo que es una compañía teatral polifácetica en la vanguardia de nuestro tiempo.
Anne Teresa Keersmaker fundó la compañía Rosas en 1983 con el nombre de la pieza que estrenó entonces. Ahora es un clásico cién veces representado, pero sigue siendo una pieza difícil, provocadora e irritante, al mismo tiempo que subyugadora, hipnótica e inquietante. Si se vencen las sucesivas barreras, -sobre todo la primera parte en silencio abrumador y repeticiones inacabables-, es una experiencia costosa pero sin duda gratificante. Ya se sabe que la letra con sangre entra, y el placer -físico, emotivo e intelectual- incluye cierto sufrimiento.
Debo confesarlo: me fui en el primer descanso, poco más de una hora después de iniciado este espectáculo de cinco horas de duración al que le sobran cuatro. Tedioso, vacío, balbuceante, pretencioso. Angélica Liddell ocupa casi en exclusiva la representación teatral española en este Festival de Otoño de la Comunidad de Madrid. Llegaba precedida de admiración sin límite. Pocos se atreverán a decir la verdad. 'La casa de la fuerza' es un fiasco.
Estrenada en 1978 con los bailarines de la troupe del Tanztheater Wuppertal, la pieza Kontakthof (en alemán, lugar de encuentro) fue retomada en el año 2000 por Pina Bausch (1940-2009) con un elenco compuesto por gente corriente de más de sesenta y cinco años reclutados por medio de anuncios en la prensa, en su mayoría sin experiencia alguna en el mundo de la danza profesional. Una sala de ensayo, un piano, algunas sillas, mucha nostalgia y todo corriente y moliente. Dicen sus creadores que Kontakthof es una pieza sobre la relación entre realidad y el teatro, 'un universo de tensiones suavizado por el humor, al mismo tiempo cruel y emocionante'. La danza en manos de gente corriente y jubilada, hombres y mujeres banales. Con un experimento arriesgado se despide de este mundo la gran Pina Bausch. Buena manera de hacerlo.
La Compañía Nacional de Teatro Clásico inicia la temporada en su sede provisional -y sin embargo, eterna- del Teatro Pavón de Madrid, con el mismo mérito y con el mismo acierto con que terminó la pasada. ¿De cuándo acá nos vino el placer de escuchar los fantásticos versos de Lope de Vega en una exquisita puesta en escena donde todo casa a la perfección y produce el efecto gratificante sobre nuestro vapuleado espíritu que precisamente buscamos cuando vamos al teatro? La CNTC gira continuamente por toda España: no duden en acudir a verla.
Un profesor de historia contemporánea recibe la visita de una señora mayor que resulta ser una tortuga de 200 años de edad que le ofrece su testimonio exclusivo sobre los principales acontecimientos históricos de tan dilatado período. Un doctor intentará descubrir el secreto de su longevidad. La tortuga habla y habla, y lanza juicios y doctrina a raudales. La consagrada Carmen Machi retorna protagonizando La tortuga de Darwin, estrenada con éxito la temporada pasada. La Abadía, 'una fundación cultural con financiación pública y gestión privada... modelo que nos permite obrar con menos ataduras que un teatro institucional al uso, con mayor libertad de riesgo y plena independencia artística', reafirma su apuesta por el teatro comercial y el éxito fácil. Tiempos de crisis sistémica.
La cuarta y última aportación del ciclo 'Una mirada al mundo', oportuna iniciativa del Centro Dramático Nacional ahora que se desliga del Festival de Otoño pasado a la primavera por exigencias del teatro comercial madrileño, es la más difícil y discutible de las cuatro. La más ambiciosa, por cuanto supone un intento de ruptura radical con la gramática teatral tal como lleva dos mil años existiendo, y por eso quizás la más fallida, porque del dicho al hecho siempre hay demasiado trecho.
El “Víctor Ullate Ballet” cumple veinte años y para celebrarlo, su director de la última década, Eduardo Lao, rindió homenaje ditirámbico al creador y director durante la primera década, Víctor Ullate, un nombre mayúsculo sin duda de la danza española, que será director de la futura Compañía Nacional de Danza Clásica si un día llega a crearse. '2 you Maestro' dura tres horas y aúna fragmentos de 17 de sus coreografías más conocidas. Un compendio agotador, sin parangón y quizás excesivo. Sirvió para demostrar la excepcional calidad de este cuerpo de danza, pero también para un protagonismo excesivo por parte del homenajeado y una oportunista consagración de su hijo Josué, de 15 años de edad, convertido en prematuro continuador de las excelencias de su padre.
La 'tercera mirada al mundo' del Centro Dramático Nacional dentro de su ciclo así titulado, es 'Rojo reposado', una propuesta flamenca basada en la novela Bezonken rood (1981) del autor holandés Jeroen Brouwers (nacido en 1940), centrada en los terribles recuerdos del campo de concentración donde fue encerrado por los japoneses durante la segunda guerra mundial junto con su madre y miles de mujeres y niños holandeses residentes en Indonesia. Es un monólogo asfixiante de un neurótico perseguido por el recuerdo. Al servicio de un gran texto, un creativo despliegue audiovisual y una selección musical de alta calidad (Jhon Cale, J.J.Cale...) completan el trabajo de un extraordinario actor que te deja baldado.
Esta vez gana la representación española. Comparada con la versión de la más popular de las obras de William Shakespeare, 'Sueño de una noche de verano', que vimos en la pasada edición del Festival de Otoño a cargo de Irina Brook, esta versión de Helena Pimenta y la compañía ´'Ur Teatro', no desmerece sino que mejora algunos aspectos, especialmente el provocar unas risas muy sanas al final del espectáculo. Los Teatros del Canal hospedan durante un mes esta adaptación, que ha sido un gran éxito desde que se estrenara en 1992, merecedora del Premio Nacional de Teatro en 1993 y de una decena más de galardones dentro y fuera de nuestras fronteras.
Sábado, 21 de noviembre
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Juan Fernandez Krohn
Siro López
Marie-José Martin Delic Karavelic
Juan Luis Recio
Julián Moreno Mestre
Ángel Sáez García
Carlos Ferrer
José Donís Català