Es la primera vez que el Thyssen se sale del ámbito de la pintura occidental, y lo hace para ofrecer una panorámica de la evolución de la pintura india desde el siglo XII hasta mediados del siglo XIX. Los visitantes serán equipados con lupas, porque la característica más sobresaliente a pesar de la diversidad de épocas y regiones, es el detallismo y minuciosidad de su trabajo. El uso de pinceles extraordinariamente finos, incluso de tan solo dos pelos permitía a los artistas realizar una labor prácticamente de miniatura. Todo invita a la observación minuciosa de los universos que reflejan.
Otro intento de reciclar clásicos con lectura actual a propósito de la Crisis que nos embarga. Otro semifracaso o al menos no un acierto. 'La trágica historia del doctor Fausto' publicada en 1604, años después de morir su autor, es una obra muy seria, realmente extraordinaria para el momento en que apareció; pero con el paso de los siglos el personaje ha sido tanto y tan versionado en todos los géneros y todas las épocas, se ha mitificado, trivializado y popularizado de tal manera, que para que hoy día diga algo tiene que ser en base a un esfuerzo importante. Lo que no debe hacerse es que la pieza resulte en una función desenfadada de final de curso, como parecía. En este 'Doctor Faustus' sobra el tono paternalista y didáctico. Falla la interpretación juvenil y graciosa. Nos pareció que el director no se toma en serio la pieza, la ve como un cuentecillo insulso, y así los espectadores se ven forzados a lo mismo.
El Teatro Español presenta una de las producciones más caras de su historia para que su director Mario Gas pueda saciar su admiración por el teatro musical norteamericano y concretamente por los espectáculos de Stephen Sondheim, de quien nos ha presentado ni más ni menos que cuatro en los últimos años. Una buena producción pero que naturalmente queda muy lejos del modelo inspirador, la reposición neoyorquina que ha estado en cartel el añlo pasado entero y ahora marcha a Los Ángeles. El convencionalismo de la pieza original es aplicado al pie de la letra aunque haya pasado medio siglo de su estreno. Música pasable interpretada muy regularmente, con un gran reparto y despliegue escenográfico. Una apuesta incomprensible en una ciudad con treinta musicales en cartel y en la que el Teatro Español de sentirse necesitado de sumarse a la moda, podía haber intentado algo propio, de tema autóctono acorde con su nombre, que no es casual sino definidor de la que debe ser su labor en la capital de España.
La excelente compañía alemana Schaubünhe ha vuelto a visitarnos, y lo hace con una ambiciosa producción, una simbiosis de teatro, música y danza, una aportación que sin duda está entre esa vanguardia que está inventando el 'arte total' de nuestro tiempo. 'Protect me' es un ambicioso trabajo conjunto del director Falk Richer y la coreógrafa Anouk van Dijk, una propuesta de mucha enjundia, de difícil asimilación y de alto nivel experimental. Auténtico alimento espiritual para mentes inquietas. Pero sólo estarán cuatro días en Madrid.
"El principito" es uno de esos clásicos infantiles engañosamente sencillos. La simplicidad del decorado (la mayor parte tiene lugar en el desierto), los escasos personajes, la poca acción física, la proporción elevada de diálogo, harían pensar que el famosísimo y enigmático relato de Antoine de Saint Exupery, más conocido en el mundo entero ya por sus icónicos dibujos que por la historia que cuenta, sería perfecto para la escena.
La compañía nacional cubana de danza presentó en Madrid sus últimas coreografías de las más de 300 que ha realizado en medio siglo de existencia. 'Danza Contemporánea de Cuba' busca un sitio propio en el panorama internacional apoyándose en sus raíces afrocubanas e hispanocaribeñas. Demostraron alto nivel técnico y lo merecido de su prestigio. Las tres producciones presentadas testimoniaron sus prioridades: asegurarse una presencia internacional aportando la baza caribeña envuelta en Graham, Cunnigham y Bausch. Muy notable esfuerzo, sobre todo teniendo en cuenta las circunstancias de su país.
El Prado ha presentado en multitudinaria rueda de prensa -en la que las cámaras destacaban por su abundancia-, la restauración y los nuevos datos obtenidos de la copia de la Gioconda que conserva en sus colecciones desde su fundación, y que siempre había sido minusvalorada y menospreciada, pero que por el contrario, no sólo resulta que fue realizada en paralelo al retrato original de Leonardo, sino que se trata de la copia más antigua además de la versión más importante que se conoce hasta la fecha del famoso retrato. Incluso a algunos -vate retro, Satanás- nos gusta más que el original.
A Hans Haacke (Colonia, 1936) se le considera representante de la corriente artística denominada 'crítica institucional' surgida a finales de los años sesenta. Es como un periodista de investigación que en vez de tomar notas y entrevistar testigos, construye escenarios con elementos recopilados en torno al tema que trata. Vino a Madrid para testimoniar la burbuja inmobiliaria y la exposición 'Hans Haacke. Castillos en el aire' presenta este trabajo rodeado de una selección de sus propuestas más conocidas a lo largo de medio siglo. El Reina Sofía considera el evento como de lo más importante de la temporada. Sin duda es un telescopio útil para acercarse al arte 'comprometido' de hoy día. Vayan y juzguen por sí mismos.
Serge Diaghilev fue un catalizador en la vida cultural europea de principios del siglo XX y dejó un poderoso legado que tuvo repercusión a lo largo de todo el siglo. Empresario artístico, cabalgó esa difícil componenda entre los números y la búsqueda de la obra de arte total impulsando unas cincuenta producciones de su compañía, Los Ballets Rusos, que renovaron coreografía, escenografía y vestuario. Artistas de la talla de Matisse, Picasso, Braque o Chanel participaron en el diseño de vestuarios y escenografías; músicos renovadores como Ravel, Satie, Falla, Stravinsky, Prokofiev, Rimsky-Korsakov; bailarines míticos como Nijinsky y Pavlova, y escritores como Jean Cocteau trabajaron conjuntamente bajo su 'batuta monetaria'.
'Chagall' se alza con el protagonismo del fin de semana: dos sedes espectaculares y un paseo entre una y otra por el centro de Madrid. Si se le une las que dedican Caixaforum a Diaghilev y Mapfre a Redon y Hine, no puede haber mejor forma de pasarlo. Una magnífica y desconocida ópera de Mozart en el Teatro Real representa todo un lujo, y la danza cubana llega precedida de éxito en su gira europea. Y en teatro contamos con Calderón, Valle Inclán y Pinter en producciones de buen nivel. De todo ello y el resto de nuestras recomendaciones pueden consultar nuestras críticas y obtener los datos prácticos en las reseñas publicadas. Diez aventuras intelectuales más allá del simple entretenimiento.

Pintura francesa de finales del XIX y fotografía norteamericana de mediados del XX, programa doble en Fundación Mapfre, que prolongando el paseo artístico madrileño Prado-Recoletos ha encontrado un confortable nicho en la pintura francesa del penúltimo cambio de siglo y en los pioneros del fotoperiodismo. Odilon Redon y Lewis Hine son dos miradas independientes y originales al mundo circundante. Poco tienen en común el gusto burgués por lo esotérico, que a tantos intelectuales europeos atrajo a finales del XIX, con la denuncia del trabajo infantil y el documentalismo sobre la clase obrera y la inmigración en los Estados Unidos de mediados del XX. Salvo ser testimonios ambos del poder de indagación de la mirada humana. Que aumenta cuando se ejercita en muestras artísticas como éstas.
Tiene razón 'monsieur' Mortier en defender esta marginada ópera. La clemenza di Tito -la última escrita por Mozart- musical y argumentalmente está a la altura de las demás, aunque carece del humor que ha hecho a las otras célebres. Es una obra seria, intelectual, fría. No hay personajes secundarios cálidos y divertidos que completen con mayor humanidad la gravedad simbólica de los protagonistas. Pero tiene un libreto casi perfecto y una música indescriptible. La producción del Real no es deslumbrante en ningún aspecto, pero tampoco tiene deficiencias graves. Un notable general para una gran obra.
Es casi insoportable la inflación ditirámbica cuando los medios de comunicación afrontan una vaca sagrada, un artista consagrado por el azar, el destino y la mercadotecnia. Es tal el diluvio de metáforas con que se ha acogido la retrospectiva de Marc Chagall que se acaba de inaugurar en el Thyssen, que dan ganas de callarse o emprenderla contra el centenario pintor ruso, que cuales quieran que fueran sus defectos no tiene la culpa de tantos excesos. Esta gran exposición puede y debe visitarse, por supuesto, pero el visitante debe llegar a ella con el ánimo libre y el gusto atento a pronunciar su propio dictamen.
La osadía es una actitud que siempre defenderemos, pero otra cosa son los resultados. Ahí no puede haber prejuicios ni favoritismos. El 'Victor Ullate Ballet. Comunidad de Madrid' se ha atrevido a presentar un intento de diccionario de la danza apoyado en un popurrí variopinto de músicas enlatadas. Conforme avanza el espectáculo, lo hace la confusión. A coreografiar al tenor Giuseppe Di Stefano cantando Una Furtiva Lagrima de la ópera L’Elisir D’Amore de Gaetano Donizetti no se atrevería nadie, y más asombroso aún es intentarlo con el preludio de Tristan e Isolda de Richard Wagner. Previsible desencuentro. Lo que viene detrás es un espectáculo de 'varietés' impropio de una gran compañía con un cuerpo de baile reducido pero competente. 'El arte de la danza' decepciona.
Bien está reponer este clásico estúpidamente arrinconado. Pero 'Los intereses creados' es una obra bien difícil de adaptar, en la que no pasa nada, los personajes son arquetipos que por no tener no tienen ni nombre, y carece de coordenadas espacio-temporales a las que agarrarse. El actor José Sancho se ha atrevido con generoso apoyo institucional, pero la tarea necesitaba mucho más saber que el puesto en juego. El resultado es un pasatiempo grato para clases medias muy, muy tradicionales. Desperdicia la oportunidad de reciclar el gran teatro burgués español a base de indagación intelectual, calidad artística e innovación creativa. Sin dosis mínimas de todo ello no se podría ver tampoco hoy día ni a Ibsen ni a ninguno de los grandes contemporáneos europeos de don Jacinto Benavente.
En este fin de semana, Víctor Ullate pasa revista a la historia de la danza y hay novedades artísticas, comenzando por la Fundación Mapfre, con dos nuevas y grandes exposiciones que juntan pintura y fotografía. Tanto el Thyssen como la Fundación Juan March ofrecen sorpresas de pequeño formato, mientras que el Circulo de Bellas Artes apuesta por variedad y actualidad en tres exposiciones simultáneas. Pinter, Valle Inclán y Calderón en teatro. Y a partir del martes, nueva ópera en el Real, lo que siempre es máximo acontecimiento. De todo ello pueden consultar nuestras críticas y obtener los datos prácticos en las reseñas publicadas, todo ello también en el suplemento Guía Cultural de Periodista Digital:

Apostar por los artistas propios más allá de la media docena de consagrados puede que sea el nicho propio del Círculo de Bellas Artes en el extraordinario panorama expositivo madrileño, a la vera del Reina Sofía, en despliegues cortos pero sin complejos. En sus salas coinciden este invierno las ocurrencias mañosas de Eduardo Arroyo y las elucubraciones simbólicas de Eva Lootz, dos posturas artísticas que no podían ser más distintas, y que sin embargo son complementarias.

Con motivo de la celebración de su 20º aniversario, el Thyssen inicia 'Miradas cruzadas', una incitación a la reflexión y el contraste en la historia de la pintura, comparando obras de estilos y épocas muy diferentes procedentes de sus colecciones. La primera de ellas se inaugura hoy y quiere coincidir con la celebración de ARCO 2012 dedicada este año a los Países Bajos. Ofrece un diálogo visual entre obras del siglo XX y del siglo XVII, intentando encontrar vínculos entre la obra de Piet Mondrian y otros miembros del grupo De Stijl con algunas pinturas del Siglo de Oro holandés.
El Coro de la Comunidad de Madrid presentó el pasado domingo un programa que introducido con un Johannes Brahms ligero en su primera parte, ofreció en la segunda un alto contenido espiritual, con la trascendencia religiosa de los poco conocidos compositores letones Esenvalds y Vasks, los apuntes angelicales de Oliver Messiaen y finalmente la fuerza desencadenada de los clarines divinos de John Tavener, todo ello con un fuerte contraste incorporado, a cargo del laicismo desacralizador de Tomás Marco.
Hace dos años y medio pudo verse en este mismo escenario una versión maravillosa. El hecho de programar una y otra vez adaptaciones de Antígona no es malo sino lógico, tratándose de una piedra fundacional de nuestro teatro. Pero hay versiones y versiones, y cuando nacen alicortas, oportunísimas y coyunturales suelen desbarrar a tope. Esta Antígona, tiene del siglo XXI mucha demagogia de género, mucho cultivo intensivo de la desmemoria histórica del anterior gobierno, y mucha consigna vacua de no a la guerra. El resultado no es bueno. Con ese texto, escenografía e interpretación tienen que resbalar por fuerza a pesar de diversos aciertos.
La oferta cultural de Madrid permite disfrutar de espectáculos y exposiciones del más alto nivel. Para ayudar en la elección, iniciamos una sección semanal de recomendaciones basadas en el convencimiento de que la cultura es más que entretenimiento, nos hace pensar y nos ayuda a vivir. Diez aventuras más allá del simple entretenimiento de las que toda la información y las respectivas reseñas pueden ser consultadas en nuestras páginas:
El escritor francés de culto Georges Perec (1936 –1982) no ha tardado mucho en convertirse en referente en el magma cultural global de nuestros días. La Fundación Luis Seoane le dedicó hace un año esta exposición -'Pere(t)c. Tentativa de Inventario'- que el Círculo de Bellas Artes estrena hoy en la capital de España. Ojalá haga tendencia, que iniciativas 'de provincias' marquen la pauta de nuestra vida cultural. Repleta de sugerencias, de sorpresas y de frases inteligentes y bellas, la muestra entretiene y enseña.
El protagonista de El Proceso, la célebre novela inacabada de Franz Kafka, se llama Joseph K y casi asume culpas inexistentes tras una pesadilla policial y judicial que termina con su ejecución sumaria. El remedo creado por Javier Ortiz en 2005 para una conferencia que dio lugar a este monólogo teatral, se llama José K, y en vez de resignarse opta por practicar la mayor violencia posible contra el aparato estatal. La pieza no es un alegato contra la tortura, presente sólo en forma de contexto irreal, sino una defensa del terrorismo como método de lucha contra las supuestas o reales injusticias del mundo actual. Un texto irregular, más literario que verosímil, una escenografía de impacto y un buen actor que no puede hacer creíble la escena, componen esta pieza de formato pequeño y pretensiones grandes que ha tenido notable éxito de público en su estreno y viajará pronto al País Vasco, donde sin duda tendrá más.
Domingo, 19 de mayo
Agustín Conchilla Márquez
José Andrés Prieto
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Chris Gonzalez -Mora
Peio Sánchez Rodríguez
Julián Moreno Mestre
José Pómez
Javier Orrico
Guillermo Roz
Juan Carrasco de las Heras