Arte

Realidades abstractas en templos profanos, por J.C.Deus

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Pasillo de colorMadrid inicia la temporada artística con una muestra de José Manuel Ballester, ‘La abstracción en la realidad’, una selección de su trabajo en los últimos años a través de cincuenta fotografías de estructuras arquitectónicas, convertidas por el juego de la luz y la perspectiva en lienzos abstractos, aspectos inéditos de edificios emblemáticos de diversas ciudades, de Sao Paulo a Sanghai. Una retrospectiva que la Comunidad le debía desde que le concediera el premio de Fotografía de 2008, validado posteriormente a nivel nacional en 2010. Quiere ser 'el ojo en la mente del poeta' de que hablara Orson Welles. Y sus magníficas postales envuelven lo que define como el eje de la exposición, el vídeo de once minutos titulado Ah! Mio Cor, del aria del mismo título de la ópera Alcina de Haëndel, un montaje interesante, sugerente, que debiera efectivamente abordarse prioritariamente para luego pasear entre el despliegue fotográfico, un viaje de estética tentadora y fugaz.

Ballester confiesa sin ambajes que con ‘La abstracción en la realidad’ ha querido coser la herida que separa y enfrenta figuración y abstracción. 'Son inseparables' afirma, y con sus fotos pretende haberlo descubierto y ser capaz de demostrarlo. Pero que la realidad aparezca a veces organizada en secciones geométricas y que eso pueda fotografiarse de forma estética es más ilusión óptica que síntesis renovadora en una dialéctica casi eterna.

No, lo que nos presenta Ballester es una hermosa colección de detalles arquitectónicos a mayor gloria de la disciplina artística que ha terminado imponiéndose en este cambio de siglo y de milenio. Fragmentado el resto de las artes en búsquedas infructuosas, donde las etiquetas se han visto obligadas a dejar paso a una suma caótica de individualidades, la arquitectura se ha hecho emblemática, simbólica y representativa de un orden inestable y de una civilización que empieza a aparecer cristalizada, 'finita', en vías de fosilización. A punto de desplomarse.

Retablo de sombrasBallester examina varias de las incontables pirámides de nuestro tiempo, los templos vacíos destinados a contener las cenizas momificadas de un momento histórico, y capta rincones, perspectivas, aspectos y visiones de las mismas, brillantes, pulidas, repujadas, saturadas de colores puros, luminosas hasta cegar. Se diría que no hay desequilibrios estéticos o sociales, que estamos en un mundo perfecto, cosificado, sin nota humana discordante. Tan sólo en una imagen de Pekín aparecen dos siluetas lejanas y borrosas, quizás como mínima mención a un contexto descartado.

Pero no todo son estructuras impolutas, e introduciendo imágenes de lugares en construcción o renovación, se intenta evitar esa impresión totalizadora de un nuevo orden mundial, perfecto y refulgente, que sin embargo subsiste en el balance final de la propuesta. Sobrevivirán estas pirámides de nuestra dinastía -en Sanghai, en Sao Paulo, en París- a la colmena humana en que nacieron. En vez de sepultarlas la arena del desierto, subsistirán en asteroides errantes por la Vía Láctea. Y pulidas por el vacío, semejarán estas imágenes espaciales que ha juntado Ballester. Ya anteriormente había suprimido toda presencia humana en reproducciones de algunos de los grandes cuadros del Prado ('Espacios ocultos', Galeria de Arte Distrito 4, Madrid, 2008).

En la presentación de su trabajo, Ballester también afirmó que su trabajo está interesado en la doblez humana, en la captación del personaje que todos interpretamos. Pero es difícil detectarlo en este despliegue de aparentes abstracciones a partir de contundentes realidades físicas, donde la presencia humana sólo subyace en sus fabricaciones.

Este viaje a las profundidades del corazón sagrado de la globalización se convierte en un canto de alabanza apenas contrastado. Se nos dice: 'La mirada del fotógrafo madrileño sobre las estructuras arquitectónicas que retrata, y que son en su mayoría edificios emblemáticos de arquitectos destacados, permite contemplar estas construcciones de una manera diferente, original y profunda. Una puesta en escena ausente de personajes, a modo de escenarios preparados para el día del estreno, planificados minuciosamente desde el encuadre, la luz y el acabado, lo que le permite encontrar la perfección dentro de una determinada arquitectura: una pared, un pasillo, una puerta o un espacio vacío a medio construir'.

Pabellon-de-EspañaBallester (Madrid, 1960) se licenció en Bellas Artes en 1984; se inició en pintura, interesado por la técnica de las escuelas italiana y flamenca delos siglos XV y XVIII. A partir de 1990 se centró en la fotografía
arquitectónica, tanto de interior como de exterior de conocidos edificios de
España y otros países (véase su 'retrato' del actual Teatro Real de Madrid). Sus fotografías han sido expuestas últimamente en París, Nueva York, Toronto, Pekín y São Paulo. El Premio Nacional de Fotografía 2010, dotado con 30.000€, se le concedió por mayoría en base a “su trayectoria personal, procedente de las artes plásticas, y cristalizada con rigor en el campo de la fotografía, por su singular interpretación del espacio arquitectónico y la luz, y por su aportación destacada a la renovación de las técnicas fotográficas".

"El mundo del arte está sufriendo la crisis global, las circunstancias son difíciles, ni el criterio ni el mercado son tabla de salvación. El artista ha estado mitificado por ser un personaje que se sale de los tópicos y rompe moldes, pero las propuestas que se dieron hace años ya no sirven: no sólo se cuestiona el papel del arte si no incluso uno se pregunta sí éste sigue siendo necesario. Estamos obligados a plantearnos nuevos enfoques y el arte no es ajeno a esta situación en la que todo es cuestionable y se puede poner en tela de juicio. La crisis puede suponer oportunidad, nuevas formas de plantearte la realidad y de buscar un espacio en ella. Porque como dice el adagio oriental, según crees, así ves". Estas cosas ha estado respondiendo en las entrevistas que le han hecho estos días. 'Mi intención es unificar y crear una unidad por encima de técnicas y medios. Esa es mi obsesión'.

De momento el artista aparece en una etapa de genuflexión ante los logros de esta arquitectura galáctica que parece post humana. La pintura y la escultura son hoy día sendas borradas. Y nítida es la ruta fácil de la fotografía. Encrucijada para muchos artistas, como el Fred Martin de 'El mapa y el territorio', la última novela de jacques Houellebecq. Quizás también José Manuel Ballester opte en el futuro por el vídeo prosiguiendo el camino de este 'Ah! Mio Cor' tan brillante.

Aproximación a la exposición (del 1 al 10)
Concepto: 7
Despliegue: 8
Comisariado: 7
Interés: 6
Atractivo: 7

José Manuel Ballester
‘La abstracción en la realidad’
Sala Alcalá 31 de Madrid
Hasta el 20 de noviembre.


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