La temporada 'rupturista' que protagoniza en el Teatro Real su nuevo responsable, Gérard Mortier, después de algunas de cal, ofrece ahora la de arena con el estreno hoy de uno de los títulos más populares y queridos de los amantes de la ópera, Le nozze di Figaro (Las bodas de Fígaro), de Wolfgang Amadeus Mozart. Y esta vez sin adaptaciones polémicas. Se repone la misma producción de Emilio Sagi de 2009, ya entonces encargada con voluntad expresa de ceñirse al original en fondo y forma, así como de resaltar sus esencias españolas.
Lo denominan 'teatro físico' porque todo debe tener su etiqueta. 'Sans Objet' es una de las aportaciones más interesantes -genuinamente innovadora y vanguardista- del FOP XXVIII que estamos disfrutando. Tenemos el honor de conocer al primer robot actor/bailarín, un ser fascinante junto al que los humanos sólo son complemento. Resulta tan fascinante que todo lo demás palidece: un autor con ideas, unos intérpretes multifacéticos, un equipo competente. Rindamos homenaje al 'operador de robot y programador' Tristan Baudoin.
Se cumple un siglo del fallecimiento de este gigante de la música, quizás el último de los indiscutibles. El 18 de mayo de 1911 fue un jueves tormentoso en Viena. En la Ópera se representaba con éxito la Elektra de Strauss y aquella noche, a las once y cinco, moría Gustav Mahler. Le faltaba poco más de un mes para cumplir 51 años y sobre su tumba sólo quería una lápida con su nombre: 'El que venga a verme sabrá quién fui –decía-. Y el resto no necesita saberlo'. Ya casi todo el mundo sabe quién fue Mahler. Las celebraciones dan la oportunidad de conocer su música a quien todavía no lo ha hecho. Y el libro '¿Por qué Mahler? Cómo un hombre y diez sinfonías cambiaron el mundo' es una acertada ocasión para saber de su intensa vida y de los significados y lecturas de un legado musical enorme.

Fotos antiguas de París y dibujos modernos de muchos admirados artistas. La Fundación Mapfre cierra su año expositivo con una doble propuesta que debe mantener el éxito de audiencia al que están habituados. Uno, París siempre es París, y aquí se presenta el inicio del mito. Dos, el dibujo es el género que todos compartimos con los artistas y que todos hemos hecho alguna vez, arte sencillo que se entiende a la primera. 'Eugène Atget -El viejo París' presenta una selección amplia y completa de la inmensa obra de este pionero francés, que dedicó su vida a construir un catálogo de imágenes de su tiempo inigualable y valioso. 'La mano con lápiz. Dibujos del siglo XX' selecciona un centenar de dibujos que conforma un variado panorama del arte del siglo pasado.
Fotos antiguas, de un mundo en sepia que comenzaba a ser retratado, y dibujos sencillos, que no buscaban fama ni dinero, producto de una urgente necesidad de expresión, en soportes improvisados, en hojas arrugadas mucho tiempo perdidas; fotos y dibujos, decimos, que se han juntado a cien pasos de La Cibeles por el juego imprevisible del azar y el destino, pero que una vez expuestos así, vecinos, cogen sentido. Un sentido nostálgico de un mundo huido, de la ciudad antes del coche, del arte íntimo y efímero, de la vieja pulsión humana de reflejar el mundo circundante, de plasmar la vida a través de la conciencia, de desafiar tiempo y espacio con una cámara y un lápiz.
Al comienzo de la revolución soviética, muchos intelectuales apoyaron la conmoción convencidos de que había que cambiar un mundo injusto y que hacerlo iba a ser sangriento y sufrido, pero que merecería la pena. El partido bolchevique los necesitaba y le sirvieron de sólida coartada y efectiva maquinaria propagandista. Los artistas creyeron estar construyendo un mundo nuevo en el que se acabaría con la explotación y la injusticia. Los pintores dieron por terminado el arte subjetivo y figuracionista y pusieron sus pinceles al servicio de la causa colectiva, industrial, geométrica y abstracta que traería bienestar a las grandes masas. Los arquitectos rompieron con su dependencia de las minorías aristocráticas y de sus palacios esteticistas para proponer edificios utilitarios y colectivos. CaixaForum Madrid presenta la exposición 'Construir la Revolución. Arte y arquitectura en Rusia, 1915-1935', para reflejar ese momento único, que muy poco después mataría Stalin lanzando el realismo socialista, una de las corrientes más nefastas de la historia del arte, una vergüenza monstruosa edificada sobre las buenas intenciones y los remordimientos de conciencia que la sirvieron de antesala.
'Maldito sea el hombre que confía en el hombre: un projet d’alphabétisation' es una obra tan larga y pretenciosa como su título, destinada a consagrar a Angélica Lidell como rebelde oficial del reino. No importa que sea una floja performance, que carezca de novedades y originalidades reseñables, que sea insoportablemente aburrida y obscenamente pretenciosa. Si no tuviera tantas y tan cerradas defensas en el Establishment cultural la juzgaríamos con más indulgencia. Si nos dejáramos llevar por la compasión y la empatía que nos genera su sufrimiento existencial, ejerceríamos la -tan despreciable para ella- misericordia, un arma de humanidad mucho más potente que sus provocaciones de énfant terrible tan antiguas y tan estériles. El emperador está desnudo pero no conviene decirlo. Ya lo proclama Ansón: “Angélica Liddell es el terrorismo hirviente de la mirada, la boca anidada de chispas desesperadas, el gemido orgásmico que entristece, la ceniza habitada por el sollozo”.
Tras 'La omisión de la familia Coleman' y 'Tercer cuerpo', el director argentino Claudio Tolcachir presentó en Madrid su última pieza, 'El viento en un violín', un paso adelante en una trayectoria personal e inconfundible, que frente a la desventaja de ser tan parecida a las anteriores cuenta con el aliciente de ser la historia más lograda. Si a la tercera va la vencida, esta familia teatral que preside se confirma como aportación duradera en los escenarios internacionales.
Si Madrid estos días es una eclosión de buen teatro, la elección se complica sobremanera al sumarse el Festival Titirimundi, que cumple 25 años dedicado a asombrar a base de marionetas, títeres y artilugios que crean magia reflejando la vida, espectáculos inocentes tan sólo en apariencia, con atuendo infantil y trasfondo bien adulto. Entre Mozart y Jodorowsky, pulgas y sombras, marionetas de hilo y ventrílocuos, el Centro Dramático Nacional presenta una selección de 12 espectáculos del Festival Internacional de Títeres de Segovia. Hemos escogido como presentación una versión de 'La flauta mágica' en formato reducido absolutamente maravillosa.
Del gozo al pozo; de la comedia divertida al espanto letal. Entre la inauguración con Shakespeare y la segunda entrega con Castelucci del 'Festival de Otoño en primavera' 2011 de Madrid, hicimos un viaje sin retorno. 'On the Concept of the Face, regarding the Son of God' es una de las piezas más difíciles de asimilar que imaginar se pueda. Tiene grandes méritos y es una provocación de verdad, lo que se ha vuelto casi imposible. 'El misterio de la vida en el rostro de Jesús' -como ha sido presentada aquí- es un mazazo sadomasoquista, tiene la fascinación de lo repugnante y combina dos propuestas: el abismo abyecto, no de la muerte sino de lo que viene justo antes, y la rebelión consiguiente contra el mensaje de fe, esperanza y caridad del cristianismo. Importante, estremecedora, discutible y escandalosa pieza. Abstenerse personas sensibles.
El XXVIII Festival de Otoño en primavera de la Comunidad de Madrid se inauguró canónicamente ayer con Shakespeare en versión autóctona. La compañía británica 'Propeller' llegó dispuesta a lanzarnos a la estratosfera teatral hasta el 5 de junio. Pusieron en escena The Comedy of Errors y el viernes repetirán con Richard III, el doble programa que los ha consagrado en Londres este año. Esta 'comedia de las equivocaciones' escrita hace cinco siglos es como las comedias de enredo del siglo de oro español, absurda, graciosa e inteligente. La fórmula de Propeller es absoluto respeto al fondo (texto y estructura) y libertinaje en la forma (puesta en escena). Y a fe que consiguen otra vuelta de tuerca al arte británico de representar una y otra vez a su autor nacional y siempre obtener jugo. Magnífica lección de teatro. Buen comienzo de Festival.
Antes de que lleguen los calores mesetarios, la magnífica eclosión primaveral de este año esta en su plenitud en el Real Jardín Botánico de Madrid, un islote de ensueño que pocas ciudades tienen la suerte de poseer. Aunar el paseo por este vergel con la visita a sus espacios expositivos es una combinación acertada: naturaleza espléndida e imitación humana siempre imperfecta y siempre elevadora. Además del Palacio de Villanueva, un impresionante edificio de la misma época y estilo que el vecino Museo del Prado, totalmente acondicionado para desplegar exposiciones temporales, y que es sin duda uno de los más bellos de la capital, el Botánico tiene otro espacio expositivo más pequeño junto al Patio de los Bonsáis, donde se acaba de inaugurar 'El árbol, poética en el Jardín', 18 interpretaciones pictóricas de Su Majestad El Árbol, un ser viviente que merece toda nuestra admiración y necesita todos nuestros cuidados para seguir acompañándonos con su benéfica sombra.
'Le bourgeois gentilhomme' (El burgués gentilhombre) fue la última comedia musical de las que durante una década realizaron Molière (texto) y Lully (música) para la corte de Luis XIV de Francia. La compañía 'Le Poème Harmonique' (El poema armónico) fue creada en la ciudad francesa (normanda) de Ruén en 1994 por Vincent Dumestre con el objetivo de recuperar de formar historicista el repertorio del barroco fránces. Tras siete años de trabajo estrenaron esta gran producción que nos llega ahora. Una representación de época en la que se aúna teatro, música y danza, en la que ha sido cuidado hasta el menor detalle, y que es un monumento del género. Lástima que la pieza sea tan aburrida como bella, tan infantil como refinada, tan caduca como curiosa.
Oleanna es una canción tradicional noruega a la que el cantautor Pete Seeger dió cierta fama, sobre un lugar idílico donde todos son felices. David Mamet titula con ella y mucha ironía una pieza magistral, representante del mejor teatro de ideas, los temas intelectuales controvertidos de nuestros días llevados al escenario. No se trata sólo de reflejar la realidad sino de debatir sobre sus aspectos más polémicos. Y de hacerlo con honestidad para todas las posiciones, hasta ver descomponerse la verdad en un rompecabezas. Oleanna responde plenamente a tal exigencia; fue escrita en 1990 y se estrenó, con dirección del propio Mamet, en 1992. Veinte años son más o menos el retraso social de las posesiones ibéricas en relación con la sede imperial americana. Por tanto, el tema es por aquí de rabiosa actualidad.
El Museo Reina Sofía presenta en el renovado y deslumbrante Palacio de Velázquez una muestra dedicada a Leon Golub (Chicago, 1922 – Nueva York, 2004), la primera que se realiza en España, que reúne cien trabajos que abarcan toda su trayectoria. Se trata de la obra de un realista crítico, un figurativo que pintaba sobre lino en vez de sobre lienzo, furibundo crítico del Establishment, fustigador del imperialismo yanqui en Vietnam y Centroamérica, y como sin quererlo biógrafo retratista de Francisco Franco y Fidel Castro, entre otras figuras del siglo XX.
'¡Qué se vayan los hombres o que se callen!', dice el coro de vecinas en una de sus más atinadas intervenciones. La Revoltosa nos la sabemos todos a poco que nos la recuerden y aún cuando se abomine de la zarzuela, que no es el caso. La Revoltosa se repone y repone pero está falta de actualizaciones cariñosas y exigentes al mismo tiempo. Acudimos ilusionados a la que Boadella ha encargado a Juan Carlos Pérez de la Fuente para los Teatros del Canal de Madrid. Pero nos decepcionó. Floja musicalmente, fallida en escena. Pero un inminente ciclo dedicado a Fernández Shaw (ver al final) puede compensarnos.
Cumpliendo escrupulosamente el plan de renovación ideológica y mediática que le ha sido encargado por el Teatro Real, su director artístico Gérard Mortier sigue cultivando la polémica mientras aplica sus gustos. Król Roger (El rey Roger) de Karol Szymanowski es otra interesante incursión en el género operísitico del pasado siglo. Una música digna de su momento (1924) ilustra un libreto pretencioso y fallido, en una producción foránea de excelente ejecución musical y lamentable puesta en escena. El escenógrafo Warlikowski, actuando de edecán 'ad hoc', convirtió la pieza en una sucesión de elucubraciones confusas, de penosas ensoñaciones que abruman al espectador, le impiden comprender la trama y le distraen con una mezcolanza de sugerencias visuales que no ayudan a sumergirse en la música. No se esperaba de él otra cosa. El público tradicional abominó del espectáculo y los nuevos conversos comulgaron modernidad en dosis aceptable.
El Royal Swedish Ballet presentó en los Teatros del Canal una doble propuesta de integración de música y danza, partiendo de lo clásico para llegar a lo intemporal, al alimento estético, espiritual y artístico que necesita nuestra época. 'Tableau perdu' (Cuadro perdido) es eso, un exquisita encuadre en la estética romántica que se apoya en la música de Felix Mendelssohn. 'Rättika' (Rábano), parte también del romanticismo para llegar hasta hoy a través de la música de Johannes Brahms. La danza clásica interpreta la música clásica y todo ello resulta de rabiosa actualidad. Cruce de géneros, baile de épocas, alimento neuronal cargado de sugerencias. Quizás síntoma de un bandazo neoclásico para inaugurar era. Las estampas visuales del cuadro perdido y hallado por los suecos son dignas de incorporarse a la más exigente selección del mundo actual de la danza.
Jueves, 23 de mayo
Chris Gonzalez -Mora
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
José Pómez
Julián Moreno Mestre
Juan Carrasco de las Heras
Agustín Conchilla Márquez
José Andrés Prieto
Peio Sánchez Rodríguez
Javier Orrico
Guillermo Roz