No bien se apagan los ecos de Renoir, el Museo del Prado insiste en la pintura francesa con una antológica dedicada a Jean Siméon Chardin (1699-1779), un exponente del siglo XVIII que Francia ha reivindicado últimamente con reiteración -en 1979 y 1999, aprovechando el bicentenario de su fallecimiento y el tricentenario de su nacimiento-, con el objetivo de afianzar la historia de un arte nacional francés frente a la influencia italiana. Tarea de 'grandeur' a la que el Louvre se presta 'enchanté' con una docena de obras. Su presencia en Madrid es agradable, un aroma decadente y sosegado siempre necesario en las grandes urbes, pero nos recuerda que hay mucho pintor español y mucha pintura española en los fondos del Museo del Prado pendiente de revalorizar con nuevas y sugerentes miradas: no se olvide la prioritaria tarea. ¿Pintura española del siglo XVIII antes de Goya? Pues como Chardin, desconocida. Y probablemente decrépita.
Az igazi. Un escritor al que las convulsiones del siglo XX sumieron en el ostracismo tras una fama enorme, y que ahora vuelve a ser muy celebrado; una novela de 1941 dedicada a describir las peripecias amorosas de un hombre al que no interesaba el amor; un gran texto, una cuidada adaptación teatral y una buena puesta en escena son las sólidas bases de 'La mujer justa': nos traslada de nuevo, como viene siendo obsesivo en los escenarios españoles, a la mítica 'Centroeuropa de Entreguerras', a un momento parecido al actual, en el que una crisis inevitable derrumbaba toda un paradigma. No era el fin del mundo. Fue el fin de un mundo. Como ahora. Por ello, ese momento de la historia fascina tanto en nuestros días. Pero lo que es inconcebible es que en nuestros escenarios nadie lo analize en clave autóctona y siempre andemos por Viena, por Budapest, por Berlín y por Praga. Por las ramas.
Antonio de Solís y Rivadeneyra sustituyó en las postrimerías del Siglo de Oro la grandilocuencia por el divertimento: ninguna pretensión, burlas y punto. Llega por primera vez a la Compañía Nacional de Teatro Clásico a los cuatro siglos de su nacimiento. Sus sátiras y su costumbrismo fueron muy celebrados durante un tiempo, pero después cayó en el olvido. 'Un bobo hace ciento' se representó ante Felipe IV el martes de carnaval de 1656. El imperio español hacía aguas, la crisis era patente y la decadencia, cierta. Se trataba de reír para no llorar, de poner al mal tiempo, buena cara. La versión estrenada la semana pasada bajo la dirección de Juan Carlos Pérez de las Fuente abunda en una levedad burlesca con ribetes casi circenses, un follón grotesco lleno de bobos que nos dan risa aunque en el fondo se parezcan a nosotros.
'Aullidos' es un espectáculo de títeres para adultos que se dice inspirado en los cuentos de hadas. Se repone ahora en Madrid tras su éxito del año pasado este espectáculo de la compañía 'Teatro Corsario' de Valladolid, de largo recorrido nacional e internacional y no pocos premios. Títeres de tamaño real que se mueven de forma fantástica en una sucesión de escenas sugerentes. Hay aullidos y un sinfín de ruidos guturales para subrayar una trama incoherente cuyo principal atractivo son coitos y erecciones muy animalescas y por tanto muy 'humanescas'.
'Ejecute mi justicia/quien ejecutó mi infamia'. El duque de Ferrara engaña a su hijo para que asesine a su madrastra y amante, y luego lo acusa del crimen para que sea ejecutado sumariamente en la escena del crimen. Es el Lope más Shakespeare, tiene 69 años de edad y morirá cuatro años después. 'El castigo sin venganza' es un monumento teatral, un texto descomunal, una obra excepcional que únicamente tiene un defecto: un final fatal que da la vuelta al título. La versión de la Compañía Rakatá es buena, se supera a sí misma tras comenzar tambaleante. No puede haber temporada teatral sin reposiciones del Fénix de los Ingenios y nos encantó dar por cumplido el ritual en ésta.
'América fría' es una historia del arte abstracto geométrico en Iberoamérica durante las cuatro décadas centrales del siglo XX. Pretende 'mostrar la renovación y el carácter diferenciado de sus invenciones y construcciones respecto a la abstracción geométrica europea'. Es el mayor esfuerzo realizado nunca por reunir una panorámica representativa de esta corriente artística al sur de Estados Unidos, y refleja una Latinoamérica bien diferente al estereotipo habitual, caliente y espontáneo, una América "fría", objetiva, geométrica y racional. ¿Importada, genuina, mimética, auténtica, superficial?
Jean-Léon Gérôme (1824-1904), fue un pintor francés célebre en su época, despreciado durante un siglo y rehabilitado ahora, un tradicionalista opuesto frontalmente a las vanguardias que pugnaban por abrirse paso, un hombre dotado de un gran olfato comercial que le hizo rico, un talante independiente que se reconstruyó a sí mismo como escultor en la segunda mitad de su vida, y un precedente individualista de las superproducciones cinematográficas de ambiente histórico de la mitad del siglo XX. El Thyssen-Bornemisza nos presenta a este desconocido creador gracias a la campaña personal de rescate de los grandes maestros franceses del siglo XIX emprendida por su director, Guillermo Solana, que ya trajo fruto del mismo impulso la retrospectiva de Fantin-Latour, y que conecta con un movimiento de péndulo previsible después del culto al Impresionismo y un siglo de prejuicios que ha ocultado todo lo que no fuera aquella vanguardia.
El estreno de una ópera española sería noticia en cualquier caso. Si su autor la interpreta al mismo tiempo, sería primicia mundial, porque no ocurre todos los días ni siquiera todos los siglos. Y si es una mujer, añadiría un indudable atractivo suplementario. El Teatro Real ha apoyado decididamente a Pilar Jurado, un caso único en nuestros lares de polifacetismo musical, -compositora, directora de orquesta, soprano- para que durante dos años trabajara en la producción de 'La página en blanco', una ópera en la que firma el libreto y la partitura, y además interpreta el principal papel femenino, que en la práctica se constituye en verdadera protagonista de la obra. Todo ello rodeado de una expectación inusitada y de un lanzamiento por todo lo alto. Apuesta arriesgada ante la que hemos cruzado los dedos deseando que las excesivas expectativas no arruinaran la propuesta. Lo que casi ha estado a punto de suceder.
Yinka Shonibare (1962) tiene doble nacionalidad, nigeriana y británica. Tiene el título de 'Sir' y está condecorado con la “Most Excellent Order of the British Empire”, lo cual le permite firmar con las iniciales MBA tras de su nombre, cosa que parece encantarle. Es víctima de una enfermedad muscular incurable que le obliga a usar silla de ruedas. Es un negro con el alma blanca, que ha optado por usar el humor para ironizar sobre las distancias entre Europa y África, en vez de imprimir panfletos o lanzar soflamas. En ‘El futuro del pasado’, su primera presencia en España, juega con lo establecido para hacerlo diverso, modifica aspectos muy fijados de la tradición occidental para encajar en ella la presencia africana.

El azar y la sana competencia nos han traído un febrero consagrado a Tennessee Willians. El Centro Dramático Nacional programa 'Gata sobre tejado de zinc caliente', una adaptación de Alex Rigola y el Teatre Lliure, mientras el director del Teatro Español, Mario Gas, se encarga personalmente de dirigir 'Un tranvía llamado deseo'. Ambas fueron premiadas con el Pulitzer; ambas, primero el tranvía en 1947, y luego la gata, en 1955, tuvieron un gran impacto social, prolongado en incesantes reposiciones y en grandes adaptaciones cinematográficas; ambas marcaron la plenitud del teatro clásico contemporáneo, antes de que llegaran las conmociones del teatro provocador, del teatro del absurdo, del teatro pánico y otras etiquetas que arrasaron en la Europa de la revolución social de los años sesenta. Ha pasado mucho tiempo, ciertamente, pero ambas obras mantienen una vigencia descomunal, una plenitud esplendorosa, al contrario que la mayoría de los que quisieron enmendarle la plana al gran dramaturgo americano. Y estos dos montajes actuales están a la altura necesaria, es más, son un canto glorioso al buen teatro.
José Caballero, destacado miembro de la abstracción autóctona de la segunda mitad del siglo XX, dibujaba bien y planteaba en papel sus ideas antes de pasar al lienzo. La exposición 'Caminos de papel 1951 -1991' cubre cuatro décadas de bocetos e investigaciones con todas las herramientas (lápices de plomo o de color, ceras, tinta china, témpera, imprimaciones, aguada…), pugnando por lo que desarrollaría más tarde en mayores formatos. Sus elucubraciones en papel son bellas y están bien expuestas. Las variaciones en papel acompañan a menudo al lienzo en que terminarían confluyendo. Es en estos conjuntos, donde la exposición se hace más interesante, donde el proceso de creación se bifurca, y un conjunto de afluentes enriquece el estuario final.
“El esplendor del Románico” coloca en el centro de Madrid un fabuloso despliegue del arte románico de Cataluña, parte muy destacada del románico europeo. De esta manera la capital española será durante unos meses un acelerador de partículas artísticas que demostrará que el túnel del tiempo a menudo es de ida y vuelta, y que aquel arte recoleto, espiritual, austero y modesto es hoy lo más moderno y absoluto que puede verse. “El símbolo es una conjunción de formas visibles destinada a mostrar las invisibles” se dijo hace mil años y hoy está más vigente que nunca.
Todo es obra de dos personas. Dos son los integrantes de la compañía, dos los autores del texto, dos los directores y dos los actores. Los mismos dos. Diego Lorca y Pako Merino son dos portentos del teatro, y juntos son dos al cuadrado. 'Exitus' es una gozada completa, una alegría para la escena española, tan necesitada de suplir los hinchados presupuestos de antaño por ideas buenas, bonitas y baratas. Si los ríos son las vidas que van a dar a la mar que es el morir, esta obra se pasea por su cauce, echa una mirada al proceso que simulamos ignorar.
Llevar al teatro la realidad es difícil; pero llevar lo que está más allá de la realidad, debajo o al otro lado de los hechos, de los actos, de las palabras y de los silencios, es casi imposible. Animalario lo ha intentado con todos los elementos -trabajo colectivo, reflexión, tiempo, energías y creatividad- que hacen de esta compañía una de las más serias del panorama actual. Y lo ha conseguido. 'Penumbra' es una de las mejores obras españolas de lo que va de siglo. Y sospechamos que también podría serlo (no conocemos el percal lo suficiente) a escala europea. Una propuesta seria, dios sea loado. Una obra de reducidas dimensiones para tiempos de mudanza. Una inquietante indagación tras las apariencias.
Jueves, 16 de febrero
Ángel Gutiérrez Sanz
Chris Gonzalez -Mora
Juan Luis Recio
Juan Fernandez Krohn
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Padre Fortea
Carlos Ferrer
José Pómez
José Donís Català
Paulino Toribio