La geometría ha sido siempre símbolo de pureza, inteligencia y perfección. En las primeras décadas del pasado siglo fue expresión preferida de la abstracción y la modernidad, y también vehículo de idealismos y utopías. Después brilló en el minimalismo, el posminimalismo y el arte conceptual. Ahora transmite significados poéticos, personales o sociales más allá de la abstracción. Con los fondos de las colecciones fusionadas de la Fundación ”la Caixa” y el Museu d’Art Contemporani de Barcelona (MACBA) 96 obras de 31 artistas ilustran el uso de la geometría en la escultura y la instalación en las últimas décadas.
Cuando una cierta utopía se hace verdad, el mundo mejora un poco. El flamenco tras recorrer un fértil y arriesgado camino en décadas pasadas llega a situarse entre lo mejor y lo más genuino de la danza contemporánea, a codearse con los mejores coreógrafos y compañías del mundo, a tener un sitio propio más allá del folclore y el tipismo. Este espectáculo es la demostración de que se ha conseguido. Pocas veces llegó el flamenco tan alto, tan creativo, tan crisol de influencias, y tan arrebatador desde raíces firmes. Aquí el flamenco se acerca al arte total que busca la ópera: canto, baile, música y representación; un todo nuevo, auténtico e inspirador. María Pagés con esta 'Utopía' estrenada ayer en Madrid se coloca como líder de la media docena de grandes creadores que hoy día consiguen espectáculos flamencos de máximo nivel. Una de nuestras muchas o pocas aportaciones a la cultura viva mundial.
'La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades' es la gran joya de la literatura española tras Don Quijote y La Celestina. Después de siglos de censura y olvido, tiene aún pendiente la gran versión teatral que merece. La compañía 'Mirage Teatro' se ha atrevido. Su 'Lázaro' es una recreación original, repleta de ocurrencias y plena de ambición. Pero lamentablemente fracasa. La dramaturgia es caótica y la escenografía desacertada. El muy erróneo envoltorio oscurece el buen hacer de los actores.
La tercera de 'Las noches del Real' de esta temporada tuvo a Hector Berlioz (1803-1869) como protagonista, el destacado compositor romántico francés cuya importancia es mayor que su popularidad, y cuya música tiene una originalidad muy destacable. El invitado de lujo de la velada, el conocido director de orquesta ruso Valery Gergiev no ofreció en esta ocasión la consabida 'Sinfonía fantástica' -la pieza que de Berlioz ha pasado a la 'posteridad'- sino la original pieza para solistas, coro y orquesta 'Roméo et Juliette', una 'sinfonía dramática' a caballo entre los géneros tradicionales -ni sinfonía estricta, ni ópera 'ad hoc' ni cantata convencional- de muy original factura y extraordinaria orquestación.
Competir en estos tiempos de superproducciones de animación y efectos especiales con la pura habilidad física y el virtuosismo manual en vivo y en directo, no, no es fácil. Pero el espectáculo navideño del Circo Price consigue asombrar, sorprender y encandilar con un estilo que se apoya en la versión más elegante de los tradicionales espectáculos ambulantes, sin animales ni enanos, sin sombreros o conejos, con la mera capacidad acrobática de sus artistas, y el apoyo magnífico de una orquesta en directo que combina la música circense menos estridente con ritmos latinos. Circo y navidades empiezan a ser un clásico.
Es imposible asistir indiferente a una representación de ‘Macbeth’. Esta historia universal de ambición y de culpa contiene algunas de las frases inmortales de William Shakespeare, a las que encontramos de pronto nuevos significados y honduras. La versión que nos propone Helena Pimenta, nueva directora de la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC), triunfa en la yuxtaposición de teatro y vídeos, realizada con tal perfección que, a menudo, se confunden ambas dimensiones, como en la aparición en escena, tras el telón de malla que sirve de refugio a este juego de realidades, del malogrado hijo de Macduff.
Cuando coinciden un gran texto y un gran montaje, el teatro cumple su sagrada misión de mejorarnos la vida. 'August: Osage County' es la historia de una familia desgraciada en la mejor tradición de la comedia satírica estadounidense. Gerardo Vera, director del Centro Dramático Nacional desde 2004, se despide del puesto poniendo todo su saber y experiencia al servicio de esta gran producción. Un montaje extraordinario con una escenografía excepcional y un reparto magnífico. Es pleno agosto en Oklahoma en casa de los Weston. Podría ser nochebuena en el adosado de los Rodríguez en Albacete. Teatro para dejarse llevar, para dejar correr intelecto y corazón tras los enigmas de nuestra pequeña existencia.
Un sórdido drama en una lejana capital de provincias de la Rusia décimonónica, un capítulo de la crónica negra del régimen zarista terminó sirviendo de libreto a Dmitri Shostakóvich para crear una ópera marcada por la fatalidad. Es la tercera de la 'trilogía' con la que el Teatro Real ha abierto esta temporada para realzar la producción del siglo XX, para reivindicarla imprescindible dentro del repertorio operístico. Esta Lady Macbeth of Mtsensk, de producción holandesa de 2006, llega con una notable dirección musical de Hartmut Haenchen y una más que discutible dirección escénica de Martin Kušej. En su estreno el público mostró su aprobación y estuvo entusiasta con la soprano Eva-Maria Westbroek, premiando el esfuerzo de su largo y duro papel como Katerina Ismailova, la desgraciada protagonista.
Alfredo Sanzol confirma ser el autor más interesante del teatro español actual. Inventó una fórmula a base de fragmentos cortos que se suceden sin interrupción ni aparente hilazón, un caleidoscopio de historias breves que finalmente se complementan. 'En la luna' es su cuarta entrega en tres años, tras las memorables 'Sí, pero no lo soy', 'Días estupendos' y 'Delicadas'. Podrá discutirse si mejora o empeora, si tiene más enjundia ahora o ha perdido algo de frescura, pero no podrá negarse que es una de las pocas luminarias actuales de nuestro teatro. Y lo es porque además es un director de actores extraordinario, que consigue siempre de sus repartos intervenciones sobresalientes que multiplican el impacto de su textos, equipos corales que tienen la mitad del mérito en el resultado final.
El Museo Reina Sofía presenta el tercer tramo de la reordenación de su colección permanente. 'De la revuelta a la posmodernidad (1962-1982)' ocupa dos mil metros cuadrados e incluye unas 300 obras. Es uno de los posibles relatos del arte de ese tiempo, y por tanto discutible en lo que afirma y lo que omite. Está construido con los fondos -no muy boyantes- del Museo, reforzados por depósitos y adquisiciones recientes hasta conformar un panorama satisfactorio, ecléctico, entretenido e interesante. Con una conclusión: el arte de la época apenas acertó a reflejar lo que a su alrededor ocurría. No se captan a primera vista los ecos de los grandes eventos, las pulsiones colectivas, los conflictos y los logros de entonces. Hay ecos muy lejanos y a menudo impuestos. Se captan los restos y ruinas del estallido pero no su fulgor arrasador. Y se aplaza para más adelante la visión del paisaje resultante tras la explosión.
Muchos años han estado Salvador Távora y La Cuadra de Sevilla representando este espectáculo por todo el mundo. Ahora llegan a Madrid con una versión corregida que incluye un fabuloso corcel blanco en escena y conserva todo su primitivismo visceral, su bárbaro ritual, su esencia carpetovetónica. Es casi surrealista, bordea lo grotesco y lo ridículo, recurre a todos los símbolos atávicos -del candil a la espuerta, del capirote al bonete, de la faca a la liga- y los combina con procacidad burda y propaganda andalucista. Suple su esquematismo escenográfico con fuerza telúrica. Es descomunal, puede atragantarse, pero no deja indiferente. Recomendada especialmente a hijos pródigos de la madre patria, modernos denostadores de las esencias, y todo el necesitado de constatar quiénes somos y de dónde venimos.
Ariel Dorfman ha escrito una obra difícil de pelar y plena de ambición, lo cual dice mucho de su formación intelectual pero no tanto sobre su capacidad de comunicarla. Se inspira en la tragedia clásica sin decirlo; recurre a sus influencias freudianas para enmendar el purgatorio cristiano y la reencarnación budista; y todo ello se orienta a una reflexión sobre el perdón, el arrepentimiento, la reconciliación, cosas todas tan difíciles. Al final recurre al elemento manido de siempre, el amor. Son cien minutos densos, que bordean el tedio en su último tramo y que se despeñan en la impotencia de encontrar un final verosímil y una propuesta válida individual y socialmente.
Se mudó a Nueva York antes de cumplir los 30 años para sumergirse en el imperio televisivo y su gran conquista del vídeo. Allí se quedó, y conforme se forjaba un sitio en el 'media art' fue ampliando su reflexión sobre la sociedad global que se ha ido conformando como por ensalmo. Ahora, en vísperas de cumplir los 70, el Museo Reina Sofía le dedica una descomunal retrospectiva organizada en torno a nueve temas que interesan al artista. Un despliegue extraordinario que desafía la capacidad del visitante, asaltado por imágenes desde todos los ángulos. La orgía catódica nos dejará exhaustos y colmados, y al final nos asombraremos del milagro de que aún exista la pintura.
L.G.
Hasta 1987, cuando sufrió un doble derrame cerebral que a punto estuvo de acabar con su vida, René Daniëls (Eindhoven 1950), fue el niño mimado de la pintura holandesa. Sus óleos, pintados a base de capas semitransparentes, con elegantes cisnes o mejillones, se habían convertido en una de las señas de identidad de un pintor que había hecho suya la máxima de Picabia, "hay que cambiar de ideas con tanta frecuencia como se cambia de camisa".
Cuatro triunfadores en sus respectivos quehaceres artísticos se juntaron para realizar este espectáculo, con partituras inmortales y grandes poemas, con notables adaptaciones pianísticas y buenas canciones ligeras. 'Música Callada. La vida Rima' podía haberse quedado en un simple recital, pero adoptó un guión literario que quería hilvanar tan diverso material en una propuesta culturalista de buena voluntad. Los buenos ingredientes produjeron un espectáculo cursi y acartonado que nada aporta decepcionando. Un rato entretenido con pretensiones intelectuales y emocionales fallidas. Música demasiado empalabrada y vida un tanto trivializada.
A veces ocurren cosas extraordinarias en nuestros escenarios, y entonces todos los sinsabores se ven compensados. Münchhausen sólo tiene un problema, el título. Todo lo demás en esta obra de Lucía Vilanova dirigida por Salva Bolta es excelente. Argumento, texto, dirección, interpretación, escenografía... La producción completa, en fin, funciona como un mecanismo perfecto, poblado de magia y repleto de vida. El Centro Dramático Nacional endereza la temporada con esta aportación de gran valía a nuestro teatro actual.
El Thyssen presenta este otoño una exposición monográfica dedicada a la artista impresionista Berthe Morisot (1841-1895), mujer rica y vanguardista, burguesa en su vida y rompedora en su arte, vinculada a un movimiento pictórico que entonces provocaba rechazo. Paul Valéry dijo de ella que «vivía su pintura» y «pintaba su vida». Después de un siglo olvidada hasta en su patria, es un nombre a retener junto al de sus compañeros Manet, Renoir, Monet, Pissarro o Degas.
Hay noches en que el público se muestra ávido de aplaudir, volcado desde el primer momento, rendido a algo misterioso que va más allá de los indudables méritos, que es el tributo fervoroso de la masa al consagrado. La segunda de Las Noches del Real vivió un enorme éxito de “Fuegos de artificio de un castrato”, un recital de arias de óperas de Händel y Vivaldi, a cargo del contratenor Philippe Jaroussky acompañado de la 'Apollo’s Fire (The Cleveland Baroque Orchestra)' bajo la dirección de Jeannette Sorrell.
Mil veces proclamaremos el fin de la novela y mil veces resucitará. Nunca estará colmado nuestro conocimiento sobre la gente y siempre habrá necesidad de leer historias. Después de años sin leer ficción, un deseo de pulsar por dónde discurren las cosas me ha llevado a leer consecutivamente tres novelas recientes: un éxito 'culto' internacional -la última del consagrado Houllebecq-, un éxito 'popular' nacional -el premio Planeta de Eduardo Mendoza- y un sorprendente debut en el género, 'Delirios de persecución', de Alicia Huerta García. Si tras esos descomunales dos primeros platos he podido abordarel postre, quiere decir que merece la pena.
Versionar en danza contemporánea una de las más grandes óperas de la historia -L’incoronazione di Poppea- no es tarea pequeña. Hacerlo sin ceñirse reverencialmente a la divina música de Claudio Monteverdi, convirtiendo la partitura original en un sampleado impactante, es mucho atrevimiento. Ambientarla en una sala de ensayos, poblarla de acotaciones orales y de vídeograbaciones en directo no disminuye el riesgo. Todo ello no impide y probablemente consigue que la coreografía de Christian Spuck se eleve de forma extraordinaria por encima del desbarajuste conceptual creado. Un desorden que al fin y al cabo es el único contexto posible de una historia imposible. La compañía de Eric Gauthier ofrece un espectáculo memorable con esta 'Poppea Poppea', una fusión tres veces buena: por bella, por innovadora y por creativa.
La compañía Dairakudakan (Gran Camello Acorazado) va a cumplir cuarenta años. Su obra Paradise in the Jar Odyssey 2001 (Paraíso en el interior de la vasija de la Odisea 2001) tiene ya una década como proclama su título. Trabajan la Danza Butó, un término que viene a significar enterrarse con los pies para poder volar con los brazos, una propuesta nacida del dolor de los bombardeos nucleares, que une a las raíces tradicionales del Teatro Kabuky y el Teatro Noh influencias europeas del dadaísmo y el surrealismo, y especialmente del expresionismo alemán. La elegancia ralentizada pasada por el sarcasmo, lo grotesco y lo macabro. Lo ideal bello y lo real chabacano. Excelsas formas para actos hirientes y chocantes.
Segundas partes suelen ser fallidas. Después del merecido éxito con 'La violación de Lucrecia' y Nuria Espert, el autor y director Miguel del Arco repite fórmula con 'Juicio a una zorra' y Carmen Machi. Otro personaje femenino legendario, otro monólogo, otra buena actriz. Pero esta vez no dispone de un gran texto como entonces, -el poema de William Shakespeare que narraba el origen de Roma-, y ha tenido que beber de varias fuentes optando por un desarrollo propio. Y el 'poderoso soberano' teatral que es la palabra, resulta menos efectivo. A ello se une una actriz bien distinta a la que el papel no cuadra. El resultado es una pieza aceptable, aunque pueda decepcionar a los exigentes.
El teatro polaco ha tenido una triple representación en Madrid que muestra un alto nivel. Si ya comentamos las dos primeras entregas - 'Anhelli, la llamada' de 'Teatr ZAR' y Sprawa Dantona (El caso Danton) de Teatr Polski de Wroclaw- llegó finalmente 'Entre nosotros, todo va bien', una astracanada truculenta que entre la búsqueda trascendente de la primera y la trivialización de la historia en la segunda, muestra una 'poloneidad' convulsa, vergonzante y escapista, una crítica social balbuceante y oportunista que viene a confirmar que almodóvares hay en todas latitudes y no sólo en ésta. La autora Dorota Masłowska y el director Grzegorz Jarzyna presentan un espectáculo un tanto delirante, desigual, y forzado por una requetemodernidad deplorable a hacer ruido sin dar nueces.
El Museo del Hermitage nos ha enviado al Prado una representación extraordinaria de sus tesoros, la mayor nunca realizada en sus tres siglos de existencia, broche de los intercambios culturales del Año Dual España-Rusia 2011 y respuesta a “El Prado en el Hermitage” que llevó a San Petersburgo otra embajada de lujo. Llega una selección de ciento ochenta obras en representación de unas colecciones que abarcan desde el siglo V a.C. hasta el XX, en la que además de arqueología, artes decorativas, escultura y dibujo, figura una apabullante relación de pinturas que figuran entre las más cotizadas de la historia del arte. Dicen que es un intercambio épico, y lo comparan a juntar 'El Quijote' y 'Guerra y paz'. De la exquisita orfebrería aurea de los escitas, -que cruzaban la estepa de China a Hungría cuando en el mundo mandaban los pueblos nómadas-, al 'Cuadrado negro' de Malévich, -la pintura más antipintura de todos los tiempos-, un viaje cultural de los que no se hacen todos los días.
De esa Alemania con mala fama de cuadrada y fría nos llega uno de los espectáculos más redondo y emotivo de la temporada. Una pieza sin palabras, teatro gestual con máscaras, una alegoría de la vida como paréntesis entre dos fragilidades, la infancia y la vejez. El grupo Familie Flöz nos visita en el marco de una larga gira europea expectante ante su bien ganado prestigio. Expresarse sin palabras ni gestos faciales le deja al cuerpo todo el protagonismo. Ayudados de algunas de las mejores piezas de la música clásica interpretadas en directo al chelo y al piano, intercalando refinados juegos de sombras, 'Infinita' marca la abrumadora diferencia entre lo auténtico y lo rutinario, entre lo penetrante y lo trivial.
Un musical divertido para todas las edades que mantiene en general un ritmo ágil y no se excede en duración. Esta coproducción de la productora Lazona y la compañía La Ratonera estrenada en el Teatro Fígaro de Madrid, aunque se promociona diciendo que huye de los tópicos de la joven bella que busca príncipe guapo, y proclama que se centra en otros valores como la amistad, el trabajo, el respeto y la tolerancia, no deben asustarse. Lo más importante y lo primero que hay que decir es que sí cuenta la historia eterna de la pobre cenicienta rescatada por el amor de su príncipe azul. No habrá la decepción y el desconcierto que producen algunas "reinterpretaciones" de los cuentos clásicos. Es una Cenicienta de verdad.
Hay veinte musicales en los teatros madrileños, en una especie de sarampión tardío de un género insulso, de un bobo pasatiempo. No vemos por qué el Centro Dramático Nacional tiene que sumarse a esta tendencia, pues debe estar para cosas más serias. Pero estrenar en el Teatro María Guerrero un musical con un único músico y una caja de ritmos, unas melodías mediocres y a veces desafinadas, una 'vedette' madura y pasada, y cuatro actores con caretas, es de juzgado de guardia. Cada vez es más necesario un Defensor del Espectador ante tales tropelías. En esta 'Perséfone' nada hay de la Perséfone clásica. Es una infrahistoria llena de lugares comunes y chistes zafios que ha necesitado cuatro guionistas, algo para el Guinness. Su único apoyo es la marca Els Comediants, pero las marcas que no mantienen la calidad se hunden por muchas ayudas que reciban: once funciones en Moscú representando a la cultura española, dinero de un montón de instituciones públicas y larga gira asegurada. Razones de peso para no tener más remedio que mostrarnos críticos.
Todas las monedas tienen dos caras, y todas las situaciones individuales y colectivas, dos aspectos. Tras la cruz de la Polonia eterna, espiritual y trascendente de 'Anheli', llega de la misma Polonia la cara de la moda global, postpop, hipertrivial, que eleva a canon la papilla relativista que los medios de comunicación han convertido en cultura de masas. Esta versión 'desinhibida' de la muy seria obra Sprawa Dantona (El caso Danton) escrita hace casi un siglo por una joven morfinómana obsesionada por la Revolución Francesa que murió tuberculosa a los 33 años, es un paradigma del ocaso del posmodernismo, de lo antiguo que es lo moderno de ayer mismo. El delirio egocéntrico de Jan Klata, -que va a cumplir 40 tacos pero aún no madura-, tiene méritos de partida, pero se despeña a lo largo de casi tres horas circenses, histriónicas, ridículas y bastante tediosas. Con la mitad de duración, la eliminación de innumerables gracietas, folleteos y descubrimientos de la rueda, la propuesta podría haber cuajado en la excelencia del reparto y la universalidad del dilema moral, filosófico, político y vital que se presenta, la piedra fundacional de nuestra época, el pecado original de nuestra democracia. Pero entonces hubiera sido otra obra: las propuestas serias son aburridas, tienen caspa y no divierten a los descerebrados entretenedores que nos venden como sesudos intelectuales del nuevo siglo.
Atrapados por las tentaciones vanas de la existencia, los mortales viven, mueren y se reencarnan en una rueda interminable de sufrimiento. Es el 'samsara' del budismo y otras tradiciones. Sólo los que se elevan sobre las tentaciones terrenales rompen el maleficio y llegan al 'nirvana'. Víctor Ullate cuenta que en la mesa de operaciones comprendió que debía cambiar de vida. Así nació este ecléctico espectáculo influenciado por las espiritualidades de Oriente, en el que músicas exóticas y danza moderna quieren transmitir un mensaje bienintencionado de paz, amor y buenas vibraciones.
Polonia ha pasado a ser la reserva espiritual de Europa. Para ratificarlo, la compañía 'Teatr ZAR' nos visita con 'Anhelli, la llamada' parte final de una trilogía a la que han dedicado la última década. Sólo cuatro representaciones de un espectáculo muy especial, sucesión de milenarias músicas polifónicas unidas por la trascendencia al servicio de una historia exótica. Pero también simple metáfora de la dura travesía humana por la existencia.

El Teatro de la Zarzuela abrió la temporada con un programa doble: dos títulos olvidados y dispares, unidos por un libretista de tanta altura como la de Carlos Arniches. 'El Trust de los Tenorios' con música de José Serrano, y 'El Puñao de Rosas' compuesta por Ruperto Chapí. 'Humorada cómico-lírica' el primero, drama rural el segundo, ambos igualados en notables puesta en escena e interpretación de aceptables partituras y libretos. Velada agradable para satisfacción completa del público aficionado.
'En este álbum de poeta copié, en leves notas, unas veces con color solo, otras sólo con pensamiento, otras con luz sola, siempre frenético de emoción, las islas que la entraña prima y una del mundo del instante subía a mi alma, alma de viajero, atada al centro de lo único por un hilo elástico de gracia; pobre alma rica, que yendo a lo suyo, se figuraba que iba a otra cosa… o al revés, ¡ay!, si queréis'. Juan Ramón Jiménez escribió 'Diario de un poeta recién casado' en 1916. Luis Muñoz hizo una selección y José Luis Gómez la leyó en un audiolibro editado por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales e ideó en 2009 una velada íntima, en la que evocaba pasajes en una lectura no teatralizada. Para abrir la temporada actual de su teatro de la Abadía ha recuperado este recital en cinco nuevas representaciones. Un acierto.
De un relato ruso sobre las últimas horas de un alcoholizado terminal con el trasfondo del fiasco total del proyecto soviético, se ha creado esta pieza de teatro de bolsillo de casi dos horas de duración que es poco más que un monólogo alucinado con ribetes humorísticos. Venedikt Eroféiev, autor y personaje, justifica su camino sin retorno en lo poco o nada que le gusta la sociedad circundante. Lo presenta como algo divertido y atrayente aún en medio de las vomitonas. Lo sazona con abundantes palabrotas y nutrida escatología. Aparenta tomarse todo a risa pero la risa se hiela y sólo queda al final lo que pueden imaginarse.
Calles y plazas, monumentos y ruinas, palacios y vecindarios, el paisaje urbano puede parecer el pariente pobre del género pictórico paisajístico, pero pintores grandes y pequeños no sólo salieron al campo fascinados por la naturaleza sino que tuvieron una mirada penetrante hacia los edificios y los entornos urbanos que a partir del medioevo fueron agrupando más y más gente hasta llegar en la actualidad a superar en habitantes a los territorios rurales. El Museo Thyssen‐Bornemisza y la Fundación Caja Madrid presentan 'Arquitecturas pintadas', un gran despliegue de 140 cuadros, desde el Renacimiento al siglo XVIII, en los que el edificio, los edificios, son sujeto y/o predicado de la obra de arte, decorado y/o escenario de la presencia humana.
Franz Kafka escribió, cuando andaba por los 33 años de edad y Europa sufría la primera guerra mundial, este relato que no pudo terminar y que no vio publicado. Quién iba a decir a aquel oscuro empleado checo que El proceso se convertiría en vértebra de la literatura moderna, analizado de mil maneras, reverenciado con unanimidad, indiscutible y misterioso jalón para comprender los cataclismos del siglo XX. De tan conocido y tan versionado, parecería imposible sacar algo nuevo de este texto, pero Andreas Kriegenburg ha logrado una adaptación teatral impresionante que estrenada hace tres años en Munich ha visitado ahora Madrid gracias al ciclo 'Una mirada al mundo' del Centro Dramático Nacional.
¿Qué tiene la realidad española pasada, presente y futura para que los dramaturgos españoles huyan de ella como de la peste? Autor andaluz, premio balear, producción madrileña y escenario histórico de la calle del Príncipe que responde al preclaro nombre de Teatro Español, para una comedia a mayor gloria británica, sobre una representación teatral que tras casi veinticinco años de permanencia en la cartelera londinense se ve obligada a suplir al protagonista por un inexperto espectador. Una comedia sobre el adulterio a la inglesa y sobre el mundo del teatro británico, bien escrita, dirigida e interpretada, pero que abunda en el escapismo desesperante de nuestro teatro: ¿Por qué ambientada en Londres? ¿Por qué tantas palabras inglesas? ¿Por qué 'the tea is ready' y no 'aquí está el cafetito' pongamos por caso?

Un artista al servicio del ideal comunista sirve de hilo conductor a un fascinante y controvertido viaje al realismo socialista soviético, una de las corrientes más denostada del arte del pasado siglo. Aleksandr Deineka está considerado su principal figura. Sus escenas de proletarios y fábricas fueron 'agitpro' de la buena, plasmaron los ideales de la utopía comunista y fueron la imagen optimista y poderosa de la Unión Soviética durante tres o cuatro décadas. Sus obras vienen arropadas por una imaginería estalinista como nunca se ha expuesto por estos lares. El sonido del Metro de Moscú, carteles y documentales de la época y hasta 'balaikas' nostálgicas completan un viaje en el tiempo para juzgar que fue aquello que tanto trastornó el mundo.
Miles de personas pasan por el Prado cada día. En sus tres siglos largos de existencia habrán sido muchos millones. Nada se sabe de ellos, lo que buscaban, lo que encontraron. De forma pionera la dirección del Museo ha querido ocuparse por una vez del otro lado del espejo, de los espectadores de sus cuadros, una especie de homenaje al público que contempla lo que atesora. Casi 500 visitantes colaboraron con el el equipo de Francesco Jodice para realizar dos obras - una videoinstalación y un vídeoclip- que ya están expuestos en dos lugares estratégicos del museo. Todo es espectáculo y no lo son menos los mismos espectadores.
La Fundación Mapfre comienza la temporada pisando fuerte. Ofrece una exposición retrospectiva y monográfica sobre Yves Saint Laurent: la moda en el museo. ¿Por qué no? Fue presentada el año pasado en París, y se despliega en once espacios con una selección de cerca de 150 modelos de alta costura y prèt-a–porter, más de 80 patrones desde los primeros a los últimos, y fotografías y documentales que ilustran su vida. Un repaso completo a 40 años de creación, de fama y reconocimiento internacional, cara de una moneda cuya cruz fue bastante dolor y sufrimiento.
El Teatro Real inauguró su 15ª temporada lírica con Elektra, de Richard Strauss (1864-1949), con dirección musical de Semyon Bychkov (1952), puesta en escena de Klaus Michael Grüber (1941-2008) y escenografía de Anselm Kiefer (1945). Un psicodrama con un solo y enorme acto, estrenada en 1909, que reelaboró el mito clásico para convertir la pieza en una manifestación de estados psíquicos extremos apoyada en disonancias que bordean la atonalidad. Excepcional orquestación, ampuloso libreto y aburrida trama la marcan de inicio. Excelente dirección musical, grandes cantantes, estática dirección de escena y espectacular escenografía fueron las características de esta producción importada en diez 'trailers' del Teatro San Carlo de Nápoles, que la había estrenado hace ya bastantes años.
El Museo Reina Sofía presenta la mayor retrospectiva que sobre el artista italiano Alighiero Boetti (1940-1994) se ha organizado hasta el momento y la primera que se realiza en España. La muestra 'alighiero boetti. estrategia de juego' abarca toda la trayectoria de quien nos es presentado como 'una de las figuras más fascinantes e influyentes de la segunda mitad del siglo XX'. Ha sido preparada conjuntamente con 'la Tate' y 'el Moma', y esto ya de por sí supone un jalón importante en la proyección internacional de la institución española. Dicho lo cual, Boetti apenas aporta algo más que referentes históricos para los especialistas. Las preguntas a estas alturas son ya viejas y las respuestas, bienintencionadas y hasta inocentes.
Ser como el perro del hortelano, que ni come ni deja comer. La despedida de Euardo Vasco al frente de la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC) durante siete años ha servido para inaugurar la nueva temporada ya bajo la dirección de Elena Pimenta. Vasco ha escogido para despedirse una de las obras emblemáticas de Lope de Vega, y sin quererlo ha ejemplificado el dicho. Su versión de 'El perro del hortelano' es una floja despedida. Contiene no pocos de los defectos atávicos de puesta en escena que tanto han dañado a nuestros clásicos y 'ni come ni deja comer': sonsonete y mala pronunciación dificultan el entendimiento del texto; la escenografía es pobre y la interpretación solamente pasable; y buscando divertir, la sutileza e ingenio del autor son sepultados bajo una tonelada de obviedades chistosas a base de disfraces, gesticulación y recursos elementales. Él, que tantos elogios merecidos había recibido estos años, pasa el testigo de forma un tanto desafortunada.
Tom Stoppard escribió esta descomunal obra 35 años después de su irrupción en el panorama teatral con 'Rosencrantz y Guildenstern han muerto', contando ya 65 años de edad y siendo una figura de la dramaturgia internacional. 'La costa de la Utopía' es una obra de madurez cuya duración y tema hacen de ella uno de los proyectos más ambiciosos de las últimas décadas. El Centro Dramático Nacional la ha programado en su ciclo anual Una mirada al mundo en una excepcional producción rusa que no sólo está a la altura del empeño sino que consigue evitar el fiasco de un drama filosófico de duración enorme -diez horas, incluidos cinco intermedios-, evolución irregular, grandes méritos y deficiencias indudables, que cuenta el nacimiento a mediados del siglo XIX de las ideas que décadas después originaron la revolución bolchevique, la Unión Soviética y los más grandes y acelerados cambios sociales en dos milenios de historia.
Cuando un autor escribe un texto sobre el tema central de la última década, lo hace con calidad y honestidad sin adoptar la defensa preconcebida de ninguna tesis y aplicando los saberes acumulados en su oficio y en su vida; cuando un director respeta la senda trazada por el autor y se ahorra protagonismos estúpidos sin más objetivo que escenificar algo que le gusta; y cuando unos actores son buenos profesionales y hacen lo que el director les pide, el éxito sin duda está bastante asegurado. 'Product' es una excelente pieza corta que te confirma -¡Dios sea loado!- que el teatro de calidad puede divertir, que el pensar es compatible con el gozar, y que ir al teatro puede ser y debe ser uno de los imprescindibles lujos de la vida de un humano. Con 'Product' el Centro Dramático Nacional completa para bien su inicio de temporada con 'Yo, el heredero'.

El teatro público inicia la nueva temporada bajo el signo de la incertidumbre. El modelo anterior -abundantes y crecientes subvenciones para un gremio mimado- no podrá mantenerse, y un balance de lo conseguido con tan generosa fórmula deberá realizarse más temprano que tarde. Podría pensarse que tanto dinero empleado sólo ha servido para homologarse a la baja al teatro comercial: captación de público a cualquier precio, oferta de entretenimiento banal y mera diversión en sus tres cuartas partes. El Centro Dramático Nacional, dependiente del ministerio de Cultura, inicia la temporada del Teatro María Guerrero con 'Yo, el heredero', una comedia italiana de hace setenta años, y el Teatro Fernán Gómez, 'fundado para el desarrollo de las artes escénicas' por el ayuntamiento de Madrid, lo hace con el 'Tartufo' de Molière, una célebre obra francesa que tiene más de tres siglos. Piezas de muy dudoso valor actual, cuyas puestas en escena han fomentado la parte más trivial de su contenido. Piezas que buscan descarada y prioritariamente ese hacer reír y ese pasar el rato que una vez fue objeto del teatro más comercial y hoy se extiende a escenarios que debieran aportar algo más que pasatiempos.
¿Se puede conocer un período histórico a través de su crónica negra, de los sucesos sangrientos que lo conmocionaron? Este libro -'Criminales, víctimas y verdugos: crónica negra de España (1939-1975)'- lo pretende o al menos lo intenta en lo referente al régimen anterior, tan presente todavía en la memoria colectiva, aunque a menudo a través de prismas deformados. 'Nuestro propósito es rememorar un largo período de la historia reciente sirviéndonos de una decena de casos criminales cuyo recuerdo conlleva el de la época en que sucedieron, la sociedad, las formas de vida, los anhelos y preocupaciones de un período que siendo tan cercano parece haberse hundido en la noche de los tiempos. Y en la respuesta de las autoridades, en el cómo fueron perseguidos, juzgados y sentenciados aquellos graves delitos, surge la esencia de aquel Régimen, sus mecanismos de poder y sus objetivos de control'. Este libro es más que una novela histórica o policíaca. Porque la realidad es siempre más impresionante que la ficción.
'En diciembre de 2009, Coral Gutiérrez, compañera de José Ángel Valente, puso en mis manos un material que había sido celosamente guardado por ella durante casi un decenio y que había permanecido separado del conjunto de documentos y escritos dejados por el poeta a su muerte'. Andrés Sánchez Robayna presenta estas anotaciones escritas durante cuarenta años por el poeta como 'el testimonio de una aventura intelectual y creadora de extraordinaria relevancia en la literatura hispánica contemporánea'. Bajo la forma de un diario de escritor, reseñas bibliográficas, citas y comentarios de libros, apuntes de poética, anotaciones sobre viajes, aforismos, reflexiones e incluso algún poema inédito se suceden sin más orden que el cronológico.
Érase una vez un cuento de hadas de la tradición oral europea, que inspiró dos versiones literarias bien conocidas y bastante parecidas, la francesa de Charles Perrault en 1697 (La Bella Durmiente del Bosque) y la alemana de los Hermanos Grimm (Bella Durmiente), aunque la versión más difundida y más conocida es la película de dibujos animados creada en los años 50 por Walt Disney. Érase una vez un ballet con coreografía de Marius Petipa y música de Piotr I. Tchaikovsky que se estrenó en San Petersburgo en 1890 basado en la versión de Perrault, que en su tercer acto, recreaba otros de sus famosos cuentos, como El Gato con Botas y Caperucita Roja. Y érase finalmente una vez un coreógrafo, Jean-Christophe Maillot, que en 2001 creó un nuevo ballet sobre el cuento, incorporando a la partitura de Tchaikovsky trozos de otro de sus célebres ballets, Romeo y Julieta, para recuperar el simbolismo original y montar una historia para adultos. Con esta pieza, la compañía Les Ballets de Monte-Carlo lleva diez años cautivando a públicos de todo el mundo, revisión contemporánea de un clásico que se ha convertido en emblema de la compañía. El Teatro Real abrió con este bellísimo espectáculo de estética tradicional y concepción conservadora una temporada que quiere ser innovadora.
El general Queipo de Llano fue una de las figuras más conocidas del alzamiento del 18 de julio de 1936. Tomó Sevilla en un audaz golpe y la mantuvo en sus manos con una fuerte represión. Luego fue marginado por el régimen que colaboró a imponer. Fue un héroe o un demonio según los bandos. 'Queipo. El sueño de un general' también se escora, para variar. Seguimos sin ser capaces de mostrar y reflexionar sobre 'aquello' con madurez personal y colectiva. Y va para 75 años.
Coincidiendo con la celebración en 2011 del centenario del nacimiento del artista chileno Matta, el Museo Thyssen-Bornemisza propone una nueva instalación de L'Honni aveuglant (El proscrito deslumbrante), formado por cinco obras que pertenecen a su colección permanente. El montaje reproduce el modo en que el artista lo presentó por primera vez en 1966 en los locales parisinos de Alexandre Iolas, el mítico galerista nacido en Alesandria que murió de sida en 1987. Faltaban dos años para el mayo rompedor y se supone que el rupturista planteamiento en cubo fue muy celebrado. De aquellos pinitos poco queda más que nostalgia. Pero su colocación en el Balcón-Mirador de la primera planta del Museo, un nuevo y afortunado espacio inaugurado con motivo de la jornada mundial de la juventud católica -en el que la colocación de media docena de obras de motivos religiosos generó más de mil quinientas visitas diarias- es un nuevo aliciente para un Museo que renovándose continuamente muestra su voluntad de pervivir.
Parecería que la infidelidad en la pareja es un asunto ya trivial, al menos desde la generación de los sesenta para acá. Hace medio siglo, cuando estallaba la revolución sexual que iba a minar el matrimonio y fomentar el adulterio, el Nobel Pinter escribió esta disección pormenorizada, precisa y cronológica de un caso concreto, inspirado para más inri en su propia experiencia. Es probable que se den hoy día muchos casos como éste y es probable que se resuelvan a menudo como en la obra. Rutinarias traiciones asumidas sin culpa y disimuladas con labia, alcohol y buenas maneras. No hay por qué llevarse las manos a la cabeza, al fin y al cabo es mejor que la crónica de sucesos.
Madrid inicia la temporada artística con una muestra de José Manuel Ballester, ‘La abstracción en la realidad’, una selección de su trabajo en los últimos años a través de cincuenta fotografías de estructuras arquitectónicas, convertidas por el juego de la luz y la perspectiva en lienzos abstractos, aspectos inéditos de edificios emblemáticos de diversas ciudades, de Sao Paulo a Sanghai. Una retrospectiva que la Comunidad le debía desde que le concediera el premio de Fotografía de 2008, validado posteriormente a nivel nacional en 2010. Quiere ser 'el ojo en la mente del poeta' de que hablara Orson Welles. Y sus magníficas postales envuelven lo que define como el eje de la exposición, el vídeo de once minutos titulado Ah! Mio Cor, del aria del mismo título de la ópera Alcina de Haëndel, un montaje interesante, sugerente, que debiera efectivamente abordarse prioritariamente para luego pasear entre el despliegue fotográfico, un viaje de estética tentadora y fugaz.
Si todos somos dos, este famoso escritor francés confirma la regla. Desagradable y atrayente, perspicaz y romo, por momentos sugerente antes de precipitarse al pantano maloliente de la 'cultureta' decadente que hundirá Occidente. 'El mapa y el territorio' parte pues de una celebrada disquisición: el mapa que manejamos y trazamos para ordenar nuestras ideas, no es el territorio vital exactamente, aunque lo represente con un conjunto de señales convencionales que aparentemente entendemos y desciframos. Por más detallado que sea un mapa, siempre será una representación limitada de un territorio, una interpretación fragmentada. Los medios de comunicación a fuerza de repetición moldean la opinión pública y la Programación Neurolingüística (PNL) -uno de los componentes más intelectualizados del intento de cambio de paradigma que supuso la New Age- intenta con ello diseccionar la experiencia humana, cómo organizamos lo que percibimos y cómo revisamos y filtramos el mundo exterior mediante nuestros sentidos. Ese famoso cuadro de Magritte: "Esto no es una pipa".
La actriz Vicky Peña, esposa del director Mario Gas, dice que cuando vio esta obra en Londres se prometió traerla a España. La trajo y le fue bien. Pasó mucho tiempo y finalmente apareció una productora interesada en reponerla. Llevan dos años recorriendo España y ahora llegan a Madrid, curiosamente al mismo tiempo que también la repone el Old Vic de Londres. 'La reina de belleza de Leenane' es una gran propuesta. Gloria López es su protagonista y su productora, un doblete no demasiado frecuente. Su autor, Martin Mc Donagh, se lanzó con ella al ruedo teatral hace quince años, ganó los premios de la crítica británica y de la de New York, y dio el campanazo. Gran texto para diseccionar una realidad oculta, el odio maternofilial, algo de lo que nunca se habla. Una anciana egoista y retorcida, una hija frustrada que la odia a muerte. Un drama irlandés que ocurre a menudo en Sabadell y Getafe. Pero el teatro español no termina de aprender del británico. Escapista, superficial y cobarde, nos obliga a vivir de traducciones y adaptaciones.
Igual que muchos que se rieron de la epidemia de depresión de la década pasada, terminaron presa de consultas y medicamentos, algunos de los que hoy se ríen de los bautizados 'T.O.C.' (Trastornos Obsesivos Compulsivos) mañana quizás lloren. Pero no hay nada más cotizado en el mundo del espectáculo que hacer reír al público. Reír cueste lo que cueste, aunque sea a base de trucos facilones: gritos, tacos, aspavientos, alusiones, todo lo que conforma el imaginario popular más insulso, superficial y anodino.'Toc toc' no aporta nada, pero si lo que busca es reír a toda costa, ésta es su obra.
Adaptar a la escena cuarenta años después la célebre película 'La caída de los dioses', de Lucino Visconti, parece un capricho a la altura de pocos. Pero a Tomaž Pandur le acompaña el éxito desde hace años y ha conseguido realizar una ambiciosa producción respaldada por tres instituciones públicas, la cual ya han visto doce mil espectadores en dos prestigiosos festivales de verano. Llega a Madrid para ayudarnos a vencer agosto con actores famosos y escenas bordadas. Y una decidida apuesta por la atracción que ejerce la maldad caricaturizada.
La ficha de 'Romeo y Julieta' en la Wikipedia es de las más completas de esta fabulosa enciclopedia. Léase y nos ahorramos repeticiones. Esta nueva versión de una de las obras teatrales más veneradas y conocidas de la historia, no desmerece al desafío de enfrentarse a la tragedia más adaptada de todas las épocas, hasta el punto de que existen 24 óperas con su argumento. Agosto tiene pocos alicientes culturales y el asfalto aprieta. El Teatro Español de Madrid aporta oxígeno. Respiremos.
Para rubricar su primera temporada en Madrid, Gerard Mortier -el nuevo director artístico del Teatro Real- ha apostado todo su prestigio a una carta, el 'Saint François' de Olivier Messiaen, una obra de dificultades extremas tanto en su realización como en su asimilación, una obra cuyo patrocinio ha adoptado y se ha propuesto imponer en el canon operístico del siglo XXI. La pieza que hoy se estrena es un gigantesco envoltorio para una leyenda legendaria, la del único santo de todo el santoral católico que el impío Establishment cultural acepta, un indignado de su tiempo que en vez de buscar protagonismo inmerecido acampando en el centro de las ciudades, se fue al campo a buscar el silencio y a escuchar a los pajaritos. San Francisco visto por Messiaen traducido por Mortier es un espectáculo contradictorio, ambicioso y discutible. Una cita imprescindible para toda mente alerta, una cita ambivalente, agridulce, entre el ansia de pecar y las tribulaciones del remordimiento. Una cita muy cristiana en un mundo anticristiano. Otro aliciente.
El Circo Price de Madrid -un magnífico espacio necesitado de coherencia- ha apostado hasta el 7 de agosto por un espectáculo de cabaret de producción española y artistas internacionales de muy segunda fila. Se llama 'Crazy Love' (loco amor). Un espectáculo de vocación popular como éste puede ser digno e interesante, elegante a la par que sencillo, como decían los antiguos. No es el caso. Todo está demasiado visto, todo es demasiado ramplón, y sólo el haber pagado 30€ por sentarse en las mesitas de pista, hace al público mantener el tipo hasta el final.
El Museo del Prado se convierte en un oasis para madrileños y visitantes durante este tórrido verano. Buena idea exponer paisajes y buena razón para hacerlo esta muestra temporal, de nombre complicado -'Roma. Naturaleza e Ideal. Paisajes 1600-1650'- pero contenido espectacular: 80 cuadros pintados en la Roma barroca del siglo XVII -algo así como el París del XIX o el Nueva York del XX- que cuentan la historia de cómo el paisajismo se convirtió en género respetado en la pintura occidental, del conjunto internacional de pintores que lo protagonizaron, de los procedimientos y planteamientos de que se sirvieron, de sus variantes, de unas aportaciones que le van a encantar mientras refrescan su mente. Una inmersión en el verdor de la naturaleza, un placer escudriñador por escenas cotidianas y recreaciones míticas, un voluntario y reparador pararse unos minutos ante cada obra. Contemplar, relajarse añorando mundos soñados, obtener renovadas energías de la sempiterna belleza. Podrá discutirse el papel de los museos, pero mientras tanto, aprovechemos su bendita existencia.
Gérard Mortier no sabe qué hacer más para caer simpático. Ahora, el Teatro Real se abre al festival 'Suma Flamenca’, cobijando el estreno en España de 'Muerte sin fin', la última fusión de de música culta contemporánea con nuestro folclore jondo. Algo más que un experimento, para el que no se ha regateado calidad, con figuras de primer orden en ambos géneros. El compositor Mauricio Sotelo afianza su flamenco espectral aunque sean pocos los momentos de simbiosis completa entre músicas tan divergentes. El problema grave residió en la procelosa y ampulosa declamación del poema inspirador de la pieza. El torrente verbal relega a la música, el cante, el baile y hasta a la percusión, rompe el clima, confunde al público y paradójicamente impide toda comprensión de la interesante propuesta.
Eran las diez menos cuarto de la calurosa mañana de hoy y ya había cola para ser los primeros en contemplar la selección que Antonio López ha hecho de su obra, que es como decir de su vida. Obra lenta, insistente, personal e intransferible, silenciosa y modesta. Su consagración por los medios como el artista español vivo más importante, le llega cuando estas cosas importan un pimiento. Seguirá ensimismado en su trabajar constante de obrero artesano. Tiene aún que darle vueltas a unas cuantas cosas.
'Los Persas' es la obra de teatro más antigua que se conserva, 25 siglos la veneran. Esquilo es el primero del trío inmortal que completan Sófocles y Eurípides. La obra ha sido representada miles de veces en todas las culturas y en todas las épocas. Es un clásico por antonomasia, un monumento ante el que inclinarse. Una nueva versión, producida con dinero público, presentada en el teatro de mayor solera de la capital de España, tiene que tener cierto nivel, un grado de exigencia, un tender a la excelencia. Sin embargo, la que se estrenó ayer no tiene perdón de dios ni de las musas, y por desgracia así debemos decirlo.
Por sorpresa, sin encuadrar en festival alguno, quizás para acoplarse a la agenda de la compañía, el Matadero de Madrid presenta 'Un peu de tendresse ¡bordel de merde!', una desesperada y desesperante búsqueda espiritual a través del humor, mil guarrerías, provocaciones infantiles y una exhibición de poderosos penes -bajo pelucas de rizos rubios- como nunca habrá visto en toda su vida. Hay que echarle valor para asistir. Un espectáculo controvertido, con grandes altibajos, con cosas más que discutibles, pero que se salva por honestidad, entrega y riesgo. Está considerado lo más rompedor del panorama mundial actual en ese sector emergente del espectáculo total, simbiosis de teatro y danza, fusión en amalgama musical que lleva de todo dentro, hasta circo y cabaret. Hace serias propuestas, genera reflexión, impresiona y dará mucho que hablar.
El traumático final de Nacho Duato como director artístico de la CND el pasado julio hacia temer lo peor, pero la transición durante la temporada 2010-2011 encargada a Hervé Palito ha asegurado la continuidad y ha puesto las bases de la renovación que se espera. Como cada temporada, se presento su balance anual en el Teatro de la Zarzuela, tres piezas que representaban respectivamente tradición de la compañía, aportación de nuevas valores y últimas tendencias que corren por el mundo. El resultado fue notable; el estreno, un éxito; y los amantes de la danza contemporánea pudieron escoger su preferencia entre angelicales ascensiones, derivas fluctuantes y gregarias risas. Por ese mismo orden.
La compañía Teatro Inestable de Andalucía La Baja, más conocida como La Zaranda, tras 30 años de actividad presenta su última propuesta, 'Nadie lo quiere creer. La patria de los espectros', un gran montaje sobre un excelente texto, que de un tema tan trillado como la avidez de los allegados sobre la herencia del que va a morir, logra un espectáculo intrigante y bello que no da tregua hasta su logrado final.
La soprano Felicity Lott (Cheltenham, 1947) y el tenor Jean-Paul Fouchécourt cantaron una selección de la música de Jacques Offenbach el jueves pasado en el teatro Real, dentro de su ciclo de Grandes Cantantes. Fragmentos graciosos, festivos y banales de "La belle Hélène", "Le voyage dans la lune", "La Grande-Duchesse de Gérolstein" y "La Périchole", sin más trascendencia que el hecho de que la batuta fuera empuñada por el esperado Sylvain Cambreling, el director de orquesta francés que dentro de tres semanas se hará cargo de la estrella de la temporada, el estreno en Madrid de la megaópera San Francisco de Asís, de Olivier Messiaen, una de las óperas capitales del siglo XX y obra cimera de uno de los compositores más singulares. Una obra magna, que por su longitud y sus características –con más de 130 músicos y un coro de más de 120 cantantes– se representa en contadas ocasiones. Esta misma tarde darán comienzo una serie de actos en torno al estreno (ver al final).
Como personaje, el mejor; como artista, quién sabe. El centenario del nacimiento de Salvador Dalí en 2004 demostró que los enanos, movidos por la envidia, suelen conspirar contra el tamaño de los gigantes inclasificables. Como que ha tenido que esperar siete años el estreno de la ópera que el ministerio español de Cultura encargó para conmemorarlo. 'Yo, Dalí', con música de Xavier Benguerel y libreto de Jaime Salom, es una obra madura y seria, aceptable en su resultado y discutible en su concepción. El libreto insiste en el dalí anecdótico y en la gala perversa cuando era ocasión de salir de los tópicos y descubrir la compleja humanidad de tan enormes personajes, y la música se mantiene fiel y pegada a los convencionalismos 'modernos' de hace cincuenta años, que tan mal están envejeciendo. Se estrena una ópera española, que no es poco. Es aceptable, que ya es mucho. La imaginación y el riesgo deberían haber volado más alto.
Esta compañía tunecina estrenó hace catorce meses en su país 'Amnesia', la historia de un ministro y padre de la patria que fruto de una conspiración indefinida cae en desgracia repentinamente, y más y más aislado y reprimido, termina encerrado en un hospital psiquiátrico. Parece una predicción de lo que pasó en Túnez a comienzos de año, de las protestas y disturbios que obligaron al presidente Zine El Abidine Ben Ali a huir con su familia en la tarde del 14 de enero, dejando el poder al primer ministro Mohammed Ghannouchi, quien a su vez fue sustituido al día siguiente por el Presidente del Parlamento, Fouad Mebazaa. Pero además de rabiosa actualidad, la obra tiene importantes valores y méritos que la colocan sin duda entre lo mejor de esta edición del festival de otoño en primavera de la Comunidad de Madrid.
El flamenco necesita revulsivos continuos para mantenerse vivo. Israel Galván es probablemente el mayor de esos revulsivos desde la irrupción de Joaquín Cortés. Los revulsivos a veces son fallidos pero éste no es el caso. 'La curva' es un espectáculo repleto de arte, de gran nivel coreográfico, musical y escenográfico, suma de ideas creativas, más tumultuoso que perfecto, más visceral que intelectual, con una asombrosa capacidad de convertir todo ruido en sonido acompasado; todo movimiento, en danza; todo objeto, en escultura.
Es casi un lugar común, una creencia muy compartida, y artículo de fe para muchos que la España de Franco y de la Transición -y la actual, también- han sido poco menos que colonias dominadas por el malvado imperialismo yanqui. Se asegura que Franco debió su largo régimen autoritario al paraguas de Washington, que la CIA permitió el magnicidio de Carrero Blanco, que Estados Unidos conocía el 23F y no hizo nada para evitarlo. Pero, ciertamente, las fuentes fidedignas de todo ello nunca aparecen. Parecen leyendas conspiranoicas vestidas de verdades históricas, reproducidas cientos de veces en internet pero no demostradas. Powell cree tener las respuestas definitivas a los enigmas del tema.
La temporada 'rupturista' que protagoniza en el Teatro Real su nuevo responsable, Gérard Mortier, después de algunas de cal, ofrece ahora la de arena con el estreno hoy de uno de los títulos más populares y queridos de los amantes de la ópera, Le nozze di Figaro (Las bodas de Fígaro), de Wolfgang Amadeus Mozart. Y esta vez sin adaptaciones polémicas. Se repone la misma producción de Emilio Sagi de 2009, ya entonces encargada con voluntad expresa de ceñirse al original en fondo y forma, así como de resaltar sus esencias españolas.
Lo denominan 'teatro físico' porque todo debe tener su etiqueta. 'Sans Objet' es una de las aportaciones más interesantes -genuinamente innovadora y vanguardista- del FOP XXVIII que estamos disfrutando. Tenemos el honor de conocer al primer robot actor/bailarín, un ser fascinante junto al que los humanos sólo son complemento. Resulta tan fascinante que todo lo demás palidece: un autor con ideas, unos intérpretes multifacéticos, un equipo competente. Rindamos homenaje al 'operador de robot y programador' Tristan Baudoin.
Se cumple un siglo del fallecimiento de este gigante de la música, quizás el último de los indiscutibles. El 18 de mayo de 1911 fue un jueves tormentoso en Viena. En la Ópera se representaba con éxito la Elektra de Strauss y aquella noche, a las once y cinco, moría Gustav Mahler. Le faltaba poco más de un mes para cumplir 51 años y sobre su tumba sólo quería una lápida con su nombre: 'El que venga a verme sabrá quién fui –decía-. Y el resto no necesita saberlo'. Ya casi todo el mundo sabe quién fue Mahler. Las celebraciones dan la oportunidad de conocer su música a quien todavía no lo ha hecho. Y el libro '¿Por qué Mahler? Cómo un hombre y diez sinfonías cambiaron el mundo' es una acertada ocasión para saber de su intensa vida y de los significados y lecturas de un legado musical enorme.

Fotos antiguas de París y dibujos modernos de muchos admirados artistas. La Fundación Mapfre cierra su año expositivo con una doble propuesta que debe mantener el éxito de audiencia al que están habituados. Uno, París siempre es París, y aquí se presenta el inicio del mito. Dos, el dibujo es el género que todos compartimos con los artistas y que todos hemos hecho alguna vez, arte sencillo que se entiende a la primera. 'Eugène Atget -El viejo París' presenta una selección amplia y completa de la inmensa obra de este pionero francés, que dedicó su vida a construir un catálogo de imágenes de su tiempo inigualable y valioso. 'La mano con lápiz. Dibujos del siglo XX' selecciona un centenar de dibujos que conforma un variado panorama del arte del siglo pasado.
Fotos antiguas, de un mundo en sepia que comenzaba a ser retratado, y dibujos sencillos, que no buscaban fama ni dinero, producto de una urgente necesidad de expresión, en soportes improvisados, en hojas arrugadas mucho tiempo perdidas; fotos y dibujos, decimos, que se han juntado a cien pasos de La Cibeles por el juego imprevisible del azar y el destino, pero que una vez expuestos así, vecinos, cogen sentido. Un sentido nostálgico de un mundo huido, de la ciudad antes del coche, del arte íntimo y efímero, de la vieja pulsión humana de reflejar el mundo circundante, de plasmar la vida a través de la conciencia, de desafiar tiempo y espacio con una cámara y un lápiz.
Al comienzo de la revolución soviética, muchos intelectuales apoyaron la conmoción convencidos de que había que cambiar un mundo injusto y que hacerlo iba a ser sangriento y sufrido, pero que merecería la pena. El partido bolchevique los necesitaba y le sirvieron de sólida coartada y efectiva maquinaria propagandista. Los artistas creyeron estar construyendo un mundo nuevo en el que se acabaría con la explotación y la injusticia. Los pintores dieron por terminado el arte subjetivo y figuracionista y pusieron sus pinceles al servicio de la causa colectiva, industrial, geométrica y abstracta que traería bienestar a las grandes masas. Los arquitectos rompieron con su dependencia de las minorías aristocráticas y de sus palacios esteticistas para proponer edificios utilitarios y colectivos. CaixaForum Madrid presenta la exposición 'Construir la Revolución. Arte y arquitectura en Rusia, 1915-1935', para reflejar ese momento único, que muy poco después mataría Stalin lanzando el realismo socialista, una de las corrientes más nefastas de la historia del arte, una vergüenza monstruosa edificada sobre las buenas intenciones y los remordimientos de conciencia que la sirvieron de antesala.
'Maldito sea el hombre que confía en el hombre: un projet d’alphabétisation' es una obra tan larga y pretenciosa como su título, destinada a consagrar a Angélica Lidell como rebelde oficial del reino. No importa que sea una floja performance, que carezca de novedades y originalidades reseñables, que sea insoportablemente aburrida y obscenamente pretenciosa. Si no tuviera tantas y tan cerradas defensas en el Establishment cultural la juzgaríamos con más indulgencia. Si nos dejáramos llevar por la compasión y la empatía que nos genera su sufrimiento existencial, ejerceríamos la -tan despreciable para ella- misericordia, un arma de humanidad mucho más potente que sus provocaciones de énfant terrible tan antiguas y tan estériles. El emperador está desnudo pero no conviene decirlo. Ya lo proclama Ansón: “Angélica Liddell es el terrorismo hirviente de la mirada, la boca anidada de chispas desesperadas, el gemido orgásmico que entristece, la ceniza habitada por el sollozo”.
Tras 'La omisión de la familia Coleman' y 'Tercer cuerpo', el director argentino Claudio Tolcachir presentó en Madrid su última pieza, 'El viento en un violín', un paso adelante en una trayectoria personal e inconfundible, que frente a la desventaja de ser tan parecida a las anteriores cuenta con el aliciente de ser la historia más lograda. Si a la tercera va la vencida, esta familia teatral que preside se confirma como aportación duradera en los escenarios internacionales.
Si Madrid estos días es una eclosión de buen teatro, la elección se complica sobremanera al sumarse el Festival Titirimundi, que cumple 25 años dedicado a asombrar a base de marionetas, títeres y artilugios que crean magia reflejando la vida, espectáculos inocentes tan sólo en apariencia, con atuendo infantil y trasfondo bien adulto. Entre Mozart y Jodorowsky, pulgas y sombras, marionetas de hilo y ventrílocuos, el Centro Dramático Nacional presenta una selección de 12 espectáculos del Festival Internacional de Títeres de Segovia. Hemos escogido como presentación una versión de 'La flauta mágica' en formato reducido absolutamente maravillosa.
Del gozo al pozo; de la comedia divertida al espanto letal. Entre la inauguración con Shakespeare y la segunda entrega con Castelucci del 'Festival de Otoño en primavera' 2011 de Madrid, hicimos un viaje sin retorno. 'On the Concept of the Face, regarding the Son of God' es una de las piezas más difíciles de asimilar que imaginar se pueda. Tiene grandes méritos y es una provocación de verdad, lo que se ha vuelto casi imposible. 'El misterio de la vida en el rostro de Jesús' -como ha sido presentada aquí- es un mazazo sadomasoquista, tiene la fascinación de lo repugnante y combina dos propuestas: el abismo abyecto, no de la muerte sino de lo que viene justo antes, y la rebelión consiguiente contra el mensaje de fe, esperanza y caridad del cristianismo. Importante, estremecedora, discutible y escandalosa pieza. Abstenerse personas sensibles.
El XXVIII Festival de Otoño en primavera de la Comunidad de Madrid se inauguró canónicamente ayer con Shakespeare en versión autóctona. La compañía británica 'Propeller' llegó dispuesta a lanzarnos a la estratosfera teatral hasta el 5 de junio. Pusieron en escena The Comedy of Errors y el viernes repetirán con Richard III, el doble programa que los ha consagrado en Londres este año. Esta 'comedia de las equivocaciones' escrita hace cinco siglos es como las comedias de enredo del siglo de oro español, absurda, graciosa e inteligente. La fórmula de Propeller es absoluto respeto al fondo (texto y estructura) y libertinaje en la forma (puesta en escena). Y a fe que consiguen otra vuelta de tuerca al arte británico de representar una y otra vez a su autor nacional y siempre obtener jugo. Magnífica lección de teatro. Buen comienzo de Festival.
Antes de que lleguen los calores mesetarios, la magnífica eclosión primaveral de este año esta en su plenitud en el Real Jardín Botánico de Madrid, un islote de ensueño que pocas ciudades tienen la suerte de poseer. Aunar el paseo por este vergel con la visita a sus espacios expositivos es una combinación acertada: naturaleza espléndida e imitación humana siempre imperfecta y siempre elevadora. Además del Palacio de Villanueva, un impresionante edificio de la misma época y estilo que el vecino Museo del Prado, totalmente acondicionado para desplegar exposiciones temporales, y que es sin duda uno de los más bellos de la capital, el Botánico tiene otro espacio expositivo más pequeño junto al Patio de los Bonsáis, donde se acaba de inaugurar 'El árbol, poética en el Jardín', 18 interpretaciones pictóricas de Su Majestad El Árbol, un ser viviente que merece toda nuestra admiración y necesita todos nuestros cuidados para seguir acompañándonos con su benéfica sombra.
'Le bourgeois gentilhomme' (El burgués gentilhombre) fue la última comedia musical de las que durante una década realizaron Molière (texto) y Lully (música) para la corte de Luis XIV de Francia. La compañía 'Le Poème Harmonique' (El poema armónico) fue creada en la ciudad francesa (normanda) de Ruén en 1994 por Vincent Dumestre con el objetivo de recuperar de formar historicista el repertorio del barroco fránces. Tras siete años de trabajo estrenaron esta gran producción que nos llega ahora. Una representación de época en la que se aúna teatro, música y danza, en la que ha sido cuidado hasta el menor detalle, y que es un monumento del género. Lástima que la pieza sea tan aburrida como bella, tan infantil como refinada, tan caduca como curiosa.
Oleanna es una canción tradicional noruega a la que el cantautor Pete Seeger dió cierta fama, sobre un lugar idílico donde todos son felices. David Mamet titula con ella y mucha ironía una pieza magistral, representante del mejor teatro de ideas, los temas intelectuales controvertidos de nuestros días llevados al escenario. No se trata sólo de reflejar la realidad sino de debatir sobre sus aspectos más polémicos. Y de hacerlo con honestidad para todas las posiciones, hasta ver descomponerse la verdad en un rompecabezas. Oleanna responde plenamente a tal exigencia; fue escrita en 1990 y se estrenó, con dirección del propio Mamet, en 1992. Veinte años son más o menos el retraso social de las posesiones ibéricas en relación con la sede imperial americana. Por tanto, el tema es por aquí de rabiosa actualidad.
El Museo Reina Sofía presenta en el renovado y deslumbrante Palacio de Velázquez una muestra dedicada a Leon Golub (Chicago, 1922 – Nueva York, 2004), la primera que se realiza en España, que reúne cien trabajos que abarcan toda su trayectoria. Se trata de la obra de un realista crítico, un figurativo que pintaba sobre lino en vez de sobre lienzo, furibundo crítico del Establishment, fustigador del imperialismo yanqui en Vietnam y Centroamérica, y como sin quererlo biógrafo retratista de Francisco Franco y Fidel Castro, entre otras figuras del siglo XX.
'¡Qué se vayan los hombres o que se callen!', dice el coro de vecinas en una de sus más atinadas intervenciones. La Revoltosa nos la sabemos todos a poco que nos la recuerden y aún cuando se abomine de la zarzuela, que no es el caso. La Revoltosa se repone y repone pero está falta de actualizaciones cariñosas y exigentes al mismo tiempo. Acudimos ilusionados a la que Boadella ha encargado a Juan Carlos Pérez de la Fuente para los Teatros del Canal de Madrid. Pero nos decepcionó. Floja musicalmente, fallida en escena. Pero un inminente ciclo dedicado a Fernández Shaw (ver al final) puede compensarnos.
Cumpliendo escrupulosamente el plan de renovación ideológica y mediática que le ha sido encargado por el Teatro Real, su director artístico Gérard Mortier sigue cultivando la polémica mientras aplica sus gustos. Król Roger (El rey Roger) de Karol Szymanowski es otra interesante incursión en el género operísitico del pasado siglo. Una música digna de su momento (1924) ilustra un libreto pretencioso y fallido, en una producción foránea de excelente ejecución musical y lamentable puesta en escena. El escenógrafo Warlikowski, actuando de edecán 'ad hoc', convirtió la pieza en una sucesión de elucubraciones confusas, de penosas ensoñaciones que abruman al espectador, le impiden comprender la trama y le distraen con una mezcolanza de sugerencias visuales que no ayudan a sumergirse en la música. No se esperaba de él otra cosa. El público tradicional abominó del espectáculo y los nuevos conversos comulgaron modernidad en dosis aceptable.
El Royal Swedish Ballet presentó en los Teatros del Canal una doble propuesta de integración de música y danza, partiendo de lo clásico para llegar a lo intemporal, al alimento estético, espiritual y artístico que necesita nuestra época. 'Tableau perdu' (Cuadro perdido) es eso, un exquisita encuadre en la estética romántica que se apoya en la música de Felix Mendelssohn. 'Rättika' (Rábano), parte también del romanticismo para llegar hasta hoy a través de la música de Johannes Brahms. La danza clásica interpreta la música clásica y todo ello resulta de rabiosa actualidad. Cruce de géneros, baile de épocas, alimento neuronal cargado de sugerencias. Quizás síntoma de un bandazo neoclásico para inaugurar era. Las estampas visuales del cuadro perdido y hallado por los suecos son dignas de incorporarse a la más exigente selección del mundo actual de la danza.
Inspiradas en las chirigotas del carnaval de Cádiz llegaron a Madrid tres mujeres autodidactas encarnando ese despliegue de sabiduría popular. Venían para actuar unos días y tuvieron meses de éxito. Así nacieron Chirigóticas que con esta 'La maleta de los nervios' presentan su segundo espectáculo profesional. De su propia experiencia y del mundo que las rodeaba hasta ayer, han captado con humor e ironía ese horizonte desconocido del ama de casa, encerrado entre la compra y la colada, los guisos y la plancha, el marido que viene a comer y los niños que vuelven del colegio. Diálogos tronchantes, coplillas graciosas, rimas y aires inconfundibles de una ciudad mágica, afincada en sus atavismos y doctora en paciencia milenaria.
Se cuenta que el día del estreno en 1904, de las localidades donde estaban los radicales llovían alabanzas -“¡Gracias, camarada Gorki!”-, y desde las que ocupaban los intelectuales liberales llovían los insultos. Gorki se había cebado en las contradicciones de la pseudointelectualidad burguesa. Hoy sería cosa que hacer lo mismo con el cinismo y oportunismo de sus sucesores. Esta versión es demasiado complaciente. "Somos veraneantes en nuestro propio país, extranjeros en nuestra patria", decía uno de sus personajes. Estos 'Veraneantes' son más un buen guión de miniserie televisiva que un alegato literario. Pero refleja bien la banalidad pretenciosa con que la 'generación de la Transición' ha llegado al poder.
Se puede sufrir de triunfo. Es lo que le pasa a esta compañía canadiense que no puede gestionar ser autora en menos de una década de cuatro espectáculos triunfantes dando la vuelta al mundo. Tras su último éxito, 'Psi', han vuelto a España con un espectáculo anterior, 'La vie', menos cuajado y peor resuelto, aunque con la marca original de 'Les 7 Doigts de la Main': espectáculo de variedades con música original y números de circo organizado alrededor de un argumento y transmitido con pasión. Son ejemplo de la nueva generación de artistas globales, que saben hacer de todo, -acróbatas, músicos, actores y cantantes al mismo tiempo- y antes de unirse en su Quebec de nacimiento se curtieron en las mejores compañías del género.
Una historia con muchas historias, una sucesión de diálogos y monólogos sin más ilación que la vida, unidos por un pasodoble, un ciruelo que da una manzana, y un rosal que parecía muerto y no lo estaba. 'Delicadas' es el tercer acierto seguido del director Alfredo Sanzol, y como a la tercera va la vencida, lo confirma entre lo mejor de la generación de la Transición. Enorme capacidad de observación, mirada sin anteojeras, y mucha ternura para hablar de este mundo cruel sin cabrearse. La compañía 'T de teatre' son cinco jovencitas que en 1991 decidieron luchar juntas y van a seguir aún haciéndolo. Cuatro de ellas son las delicadas y poderosas damas de esta sobresaliente pieza.
Esta zarzuela parece una ópera y su excelente partitura va acompañada por un libreto de calidad. Con ella Plácido Domingo asaltó en la pasada década La Scala de Milán y las Óperas de Washington y Los Ángeles. Esta nueva presentación de Luisa Fernanda no tiene tanta calidad como aquella, pero abunda en cualidades y es una notable oportunidad de entrarle al género que no debe desperdiciar ninguna mente abierta. El teatro lírico español está vergonzosamente discriminado, pero en su marginación ha pesado también la incompetencia rutinaria y la falta de talento de muchos de los que diciendo defender a la zarzuela la han convertido en una caricatura. Hay síntomas de que la zarzuela va a volver, de que esta fabulosa 'ópera a la española' se va a poner al día, con revisiones de calidad y aportaciones de actualidad. 'Luisa Fernanda' otra vez: agota las localidades y no defraudará a nadie.
Un espectáculo inspirado en textos españoles y portugueses de los siglos XV y XVI en torno a las Danzas de la Muerte, un género de moda en el Medioevo dedicado a conjurar lo inevitable, fascinar y asustar al auditorio, y combatir con humor y sátira el miedo al más allá. La Nao d’amores de Ana Zamora se ha unido al Teatro da Cornucopia de Luis Miguel Cintra para presentar 'Dança da morte / Dança de la muerte', una fusión ibérica de alto nivel artístico y difícil comprensión. 'Et lux perpetua luceat eis'.
Hubo una vez un rey en Inglaterra, el último monarca de la Casa de York, cuya derrota y muerte en la batalla de Bosworth supuso el fin de los Plantagenet y el advenimiento de los Tudor. Ricardo III (1452-1485) fue convertido un siglo después por un dramaturgo llamado William Shakespeare en un 'serial killer' roído por la ambición y la desconfianza. Jorge Eines insiste en sus ficticios rasgos depravados para llevarnos hasta el Holocausto, buscando paralelismos a lazo. Impostura sobre impostura tal como impone cada época. Al descomunal texto de la tragedia original se suma una ambientación impresionante y un elenco actoral sobresaliente. 'RIII (La tragedia de Ricardo Tercero)' es una abrumadora propuesta merecedora de elogios. De sus excesos y defectos también hablaremos para completar el examen.
Claudio Tolcachir es una de las grandes irrupciones en nuestro teatro. Con notoria oportunidad, el Español le concede el honor de presentar conjuntamente sus tres obras hasta el momento. El miércoles se estrenó la primera, 'La omisión de la familia Coleman', ya todo un clásico, creada en meses de duro trabajo y estrenada en un piso de Buenos Aires en agosto de 2005: cincuenta personas por sesión, apiñadas en el comedor, durante cuatro años. Se llevó todos los premios argentinos, giró por media Suramérica, y fue a Nueva York, y a Miami, y llegó a Madrid en un festival de otoño hace tiempo. Nació auténtica y sigue auténtica, algo más madura pero siempre fresca.
-'Donizetti y Bellini son de segunda frente a Strauss y Débussy'.
-'La ópera no es sólo divertimento'.
-'Madrid permite mejor que Viena abrir nuevos horizontes'.
-'No hay nadie que haya hecho más que yo en Europa por la cultura española y los artistas españoles'.
-'Sobre los cantantes españoles, dije lo contrario, que son muy buenos, pero falta profesorado de canto experto en estilos'.
-'Me gusta la zarzuela, como le gustaba a Nietzsche, espero propuestas'.
El Museo Reina Sofía presenta hoy una enorme retrospectiva agrupada bajo la etiqueta de Movimiento de la Fotografía Obrera (1926–1939), que a través de un millar de piezas pretende dar carta de naturaleza a una 'tendencia documental proletaria' dentro de la Historia de la Fotografía. El despliegue testifica el irrumpir de la propaganda política de masas y la creación de un simbolismo y mitología comunistas que llenarían el siglo pasado, así como la importancia que la fotografía politizada tuvo en ello. La clase obrera, explotada y oprimida, nos llevaría a todos al paraíso bajo las invencibles banderas rojas empuñando la hoz y el martillo.
El Museo del Prado presenta “El joven Ribera”, una muestra antológica que dará a conocer la actividad del pintor español en su período de estancia en Roma y su posterior marcha a Nápoles en 1616, donde permanecerá ya hasta su muerte. Se trata de una etapa apenas conocida hasta hoy, que se desvela de forma inusitada como pocas veces ocurre en la pintura clásica, cuya historia parece fijada para siempre. Emerge un nuevo José de Ribera El Españoleto, y por tanto estamos ante una de las exposiciones más importantes del Prado en los últimos años, ejemplo de lo que propugnamos para nuestro universal museo, un continuo investigar, alumbrar y desplegar de sus inigualables tesoros, con una predilección hacia la pintura clásica española, merecedora siempre de nuevas valoraciones y enfoques.
'Mi alma en otra parte' trata de un gran tabú, los abusos sexuales en el ámbito familiar, se ambienta en ese mundo rural de hoy -más que agrícola, vertedero social profundo de las españas- y goza de un texto y una trama bien construidas. Su autor tiene 33 años y ha sido estrenada antes en Alemania que aquí. No es un hito pero es un ejemplo de buen teatro actual que debe ser programado y merece la pena ser visto. De duración ajustada e interpretación aceptable, cumple con un notable general el cometido del teatro de pequeño formato. Sobre tema tan difícil podía haberse patinado ostensiblemente. Con precaución y solvencia, se ha evitado.
Este mismo mes ha sido muy bien acogida en la Bienal de Salzburgo. 'Narcissus & Echo', una ópera de cámara del compositor estadounidense Jay Schwartz (1965) fue estrenada ayer en España en el ciclo ‘operadhoy’ de este año. Basado en el poema que Ovidio dedicó al mito inmortal, se trata de un prolongado diálogo entre un contratenor y una viola que representan a la eterna pareja enmarcados en vibraciones cristalinas, acordes de órgano y percusiones huidizas. La interpretación de la sugerente partitura es escenografiada en un permanente trasiego multidimensional por el espacio entero de la sala verde de los Teatros del Canal. Un espectáculo interesante que sólo se podrá ver de nuevo el próximo viernes. Bella tristeza. Triste belleza.
Samuel Beckett, gracias a su discutido premio Nobel o a sus propios méritos, se decanta como el máximo exponente de la ruptura teatral que en los años sesenta del pasado siglo acompañó a todas las demás rupturas. Jorge Eines, un veterano dramaturgo, no se ha contentado con representar alguna de sus obras, como hace casi todo el mundo, sino que en 'Tejido abierto-Tejido Beckett' ha urdido un cóctel -'molotov', probablemente- con personajes y diálogos de varias de sus obras -'Esperando a Godot', 'La última cinta de Krapp', 'Final de partida', 'Días felices'-. Y contra todo pronóstico ha conseguido una propuesta muy interesante que al principio asusta pero que al final convence.
'Las desventuras del joven Werther' convirtió a Goethe en una celebridad de por vida; fue un trueno que anunciaba la tormenta romántica y que dicen que causó más de dos mil suicidios entre sus vehementes lectores. Un siglo después inspiró al compositor francés Jules Massenet (1842-1912) una ópera aburguesada sobre la imposibilidad ya entonces bien absurda de un amor extraconyugal. Es un melodrama aburridísimo con bella música pero convencional y reiterativa. Una antigualla cuyo inserción en la temporada en curso parece sólo tener por objeto un espaldarazo al tenor español José Bros. Con correctas direcciones musical y artística, su estreno dejó más bien frío al atribulado público del Teatro Real.
A la memoria de Orson Welles. Andrés Lima, con su Penumbra aún en cartel, se confirma como un gran director teatral con este Falstaff, resucitado de las campanadas a medianoche de hace medio siglo. Una adaptación acertada, una escenografía meritoria y un elenco actoral de primera clase. La obra es rotunda confirmación de los progresos de nuestro teatro en los últimos años, una producción de alto nivel internacional, un montaje excelente y un tributo a las musas teatrales.
Friedrich Dürrenmatt es un gran dramaturgo del siglo XX. Representa el último enfoque clásico antes de la oleada del absurdo, de la provocación y del pánico. Su relato largo o novela corta 'Die Panne (Eine noch mögliche Geschichte)' es una visión pesimista sobre las posibilidades de hacer justicia y una exaltación del papel del azar en los asuntos humanos. Blanca Portillo pilota una adaptación que se inclina por el atractivo de la imagen más que por el peso de las palabras, por el vodevil más que por el drama, por lo grotesco más que por lo paradójico. Esta 'La avería' es brillante, tiene aportaciones sobresalientes y parece destinada al éxito.
Once óperas y tres ballets forman la próxima temporada 2011-2012 del Teatro Real. Su director, Gérard Mortier, la presentó con una larga exposición ante casi un centenar de periodistas, calificándola de 'exigente', se supone que en el sentido de comprometida más que en el de caprichosa o despótica. Pero apuntó su preferencia por ganar nuevos públicos más que por contentar al existente. Las dificultades de esta transición con aires de ruptura, y en un desfavorable contexto de crisis, representan un gran riesgo conscientemente asumido. Deseamos y confiamos en que salga bien.
'Santo' es una propuesta valiente, de eso no cabe duda. Hablar de la santidad hoy día, es casi una provocación, y dedicar dos de las piezas del tríptico a sendas historias de monjas, no va precisamente con las modas. Tal desafío nos predispone a favor. Pero defender la espiritualidad y la trascendencia, y hacerlo desde el punto de vista católico, necesita combustible de primera categoría. Ni los textos ni la realización ni los actores consiguen elevarse de una discreta medianía. Aitana Sánchez-Gijón está correcta, pero comete un imperdonable error: olvidar que son tres papeles diferentes los que interpreta y hacerlos los tres iguales.
Estamos sin duda ante uno de los mejores montajes de los últimos años en la escena española. Gerardo Vera, el director del Centro Dramático Nacional, ha podido por fin cumplir su sueño sin limitación alguna y montar Woyzeck, de Georg Büchner, por tercera y quizás definitiva vez en su vida. Lo ha hecho sin regatear esfuerzos. Con una puesta en escena y un reparto de nivel excepcional que sin duda engrandecen el texto original y lo convierten casi en disculpa para un despliegue audiovisual bellísimo y conjuntado.
'La Realidad y el deseo' es una adaptación de El tío Vania, la inmortal pieza de Anton Chejov estrenada en 1899, con implantes de poesía de Luis Cernuda. Es la segunda propuesta de Escena Círculo, y está a cargo de la compañía asturiana Teatro Norte. El cambio de sexo en dos personajes permite abordar una problemática de género -cómo dicen los doctos- requeteactual. Contiene un réquiem por los bosques que estamos erradicando y unas reflexiones sobre la vejez sin mayor trascendencia. Los personajes beben mucho y hablan más, y la obra resulta un poco larga. Pero está bien interpretada y es aún -con tanto cambio- todavía Chejov.
Mujeres, simples mujeres, aunque se las presente con el reclamo de Heroínas. La fructífera colaboración entre el Museo Thyssen-Bornemisza y la Fundación Caja Madrid continúa la estela de las exposiciones temáticas que tan buena acogida tuviera con 'Las Lágrimas de Eros', y se sitúa ahora casi en sus antípodas, bajo el paraguas feminista, que es poderoso y goza de la mejor prensa. 'Heroínas' quiere ser 'un catálogo de personajes femeninos de diversa índole y de distintas épocas, pero todas mujeres fuertes, independientes, activas, creadoras, dominadoras, triunfantes'. Generar demasiadas expectativas puede crear sonoras decepciones. La exposición puede y debe verse como solaz y entretenimiento, pero no genera excesiva reflexión ni tiene interés extraordinario. Una docena de grandes telas sirven de soporte a una multitud de presencias más corrientes. El resultado final deja bastante frío -y agotado-, aún haciendo coincidir la fecha de inauguración con el Día Internacional de la Mujer.
Esta mujer excepcional cumplirá 102 años el próximo 22 de abril. Sabía lo que escribía cuando publicó 'El as en la manga'. Ahora la Colección Drakontos lo edita en formato de bolsillo, para que nadie pueda quedarse sin echarlo una ojeada. No hay experiencias personales en el libro, sólo un resumen certero de lo que sabemos del cerebro humano y de su forma de envejecer, y cinco ejemplos de ancianos creadores y creativos hasta el final de sus vidas: Michelangello Buonarrotti, Galileo Galilei, Bertrand Russell, David Ben Gurion y Pablo Picasso. Arte, ciencia y política representadas.
Es posible que recorriendo esta exposición tenga la sensación de haberla visto antes y sin embargo sea imposible. Las imágenes pueblan nuestro cerebro, nuestras neuronas están saturadas de fotos, incluso históricas, antiguas, ajenas. Jacques Henri Lartigue (1894-1986) dedicó su vida a captar el paraiso en que vivía, el edén donde vegetaba y se divertía la flor y nata de la sociedad del siglo pasado. Fue un privilegiado que en vez de consumir su existencia vanamente, se dedicó a captar y archivar sistemáticamente las imágenes de su vida lujosa y placentera, los momentos de asueto con familia y amigos, la cotidianeidad exquisita de los privilegiados, las fiestas y eventos a los que asistió, una entera vida de ocio de calidad: 200.000 negativos, 130 volúmenes de diarios, 14.000 páginas de anotaciones. Un documento único de una época ya desaparecida del que Caixaforum nos ofrece una selección bajo la rúbrica 'Un mundo flotante'. En busca de un tiempo perdido, nostalgias de un idílico reducto que todos hemos intuido alguna vez sin haberlo vivido nunca.
No sabemos, no nos dicen, a quién se le ha ocurrido la brillante idea de juntar dos zarzuelas chicas, de tema parecido y en parte complementario, en un único espectáculo. Una brillante idea, bien zurcida, bien montada y de resultado óptimo. Nos llevan a 1850, al momento en el que en nuestros lares décadas de desprecio e incluso aversión por la música clásica parecían retroceder con la llegada de la reina María Cristina. Se quiso impulsar una ópera española y lo que salió fue la zarzuela. Los gorgoritos y pretensiones del bel canto a los españoles les daban risa. Sus demenciales tramas fantasiosas no eran para este pueblo crudo y duro, y así la zarzuela fue el resultado: risas, muchas risas, se iba a pasarlo bien y punto; realismo, mucho realismo y mucho conflicto social, que en las óperas no aparecía ni por asomo. ¿Y música? La justa, sin genialidades ni estridencias; pegadiza, popular, y desde luego que estupenda. De ese divorcio nos informa y nos empapa este programa doble, apto para neófitos en el género y hasta conveniente para intelectuales y sociólogos.
No bien se apagan los ecos de Renoir, el Museo del Prado insiste en la pintura francesa con una antológica dedicada a Jean Siméon Chardin (1699-1779), un exponente del siglo XVIII que Francia ha reivindicado últimamente con reiteración -en 1979 y 1999, aprovechando el bicentenario de su fallecimiento y el tricentenario de su nacimiento-, con el objetivo de afianzar la historia de un arte nacional francés frente a la influencia italiana. Tarea de 'grandeur' a la que el Louvre se presta 'enchanté' con una docena de obras. Su presencia en Madrid es agradable, un aroma decadente y sosegado siempre necesario en las grandes urbes, pero nos recuerda que hay mucho pintor español y mucha pintura española en los fondos del Museo del Prado pendiente de revalorizar con nuevas y sugerentes miradas: no se olvide la prioritaria tarea. ¿Pintura española del siglo XVIII antes de Goya? Pues como Chardin, desconocida. Y probablemente decrépita.
Az igazi. Un escritor al que las convulsiones del siglo XX sumieron en el ostracismo tras una fama enorme, y que ahora vuelve a ser muy celebrado; una novela de 1941 dedicada a describir las peripecias amorosas de un hombre al que no interesaba el amor; un gran texto, una cuidada adaptación teatral y una buena puesta en escena son las sólidas bases de 'La mujer justa': nos traslada de nuevo, como viene siendo obsesivo en los escenarios españoles, a la mítica 'Centroeuropa de Entreguerras', a un momento parecido al actual, en el que una crisis inevitable derrumbaba toda un paradigma. No era el fin del mundo. Fue el fin de un mundo. Como ahora. Por ello, ese momento de la historia fascina tanto en nuestros días. Pero lo que es inconcebible es que en nuestros escenarios nadie lo analize en clave autóctona y siempre andemos por Viena, por Budapest, por Berlín y por Praga. Por las ramas.
Antonio de Solís y Rivadeneyra sustituyó en las postrimerías del Siglo de Oro la grandilocuencia por el divertimento: ninguna pretensión, burlas y punto. Llega por primera vez a la Compañía Nacional de Teatro Clásico a los cuatro siglos de su nacimiento. Sus sátiras y su costumbrismo fueron muy celebrados durante un tiempo, pero después cayó en el olvido. 'Un bobo hace ciento' se representó ante Felipe IV el martes de carnaval de 1656. El imperio español hacía aguas, la crisis era patente y la decadencia, cierta. Se trataba de reír para no llorar, de poner al mal tiempo, buena cara. La versión estrenada la semana pasada bajo la dirección de Juan Carlos Pérez de las Fuente abunda en una levedad burlesca con ribetes casi circenses, un follón grotesco lleno de bobos que nos dan risa aunque en el fondo se parezcan a nosotros.
'Aullidos' es un espectáculo de títeres para adultos que se dice inspirado en los cuentos de hadas. Se repone ahora en Madrid tras su éxito del año pasado este espectáculo de la compañía 'Teatro Corsario' de Valladolid, de largo recorrido nacional e internacional y no pocos premios. Títeres de tamaño real que se mueven de forma fantástica en una sucesión de escenas sugerentes. Hay aullidos y un sinfín de ruidos guturales para subrayar una trama incoherente cuyo principal atractivo son coitos y erecciones muy animalescas y por tanto muy 'humanescas'.
'Ejecute mi justicia/quien ejecutó mi infamia'. El duque de Ferrara engaña a su hijo para que asesine a su madrastra y amante, y luego lo acusa del crimen para que sea ejecutado sumariamente en la escena del crimen. Es el Lope más Shakespeare, tiene 69 años de edad y morirá cuatro años después. 'El castigo sin venganza' es un monumento teatral, un texto descomunal, una obra excepcional que únicamente tiene un defecto: un final fatal que da la vuelta al título. La versión de la Compañía Rakatá es buena, se supera a sí misma tras comenzar tambaleante. No puede haber temporada teatral sin reposiciones del Fénix de los Ingenios y nos encantó dar por cumplido el ritual en ésta.
'América fría' es una historia del arte abstracto geométrico en Iberoamérica durante las cuatro décadas centrales del siglo XX. Pretende 'mostrar la renovación y el carácter diferenciado de sus invenciones y construcciones respecto a la abstracción geométrica europea'. Es el mayor esfuerzo realizado nunca por reunir una panorámica representativa de esta corriente artística al sur de Estados Unidos, y refleja una Latinoamérica bien diferente al estereotipo habitual, caliente y espontáneo, una América "fría", objetiva, geométrica y racional. ¿Importada, genuina, mimética, auténtica, superficial?
Jean-Léon Gérôme (1824-1904), fue un pintor francés célebre en su época, despreciado durante un siglo y rehabilitado ahora, un tradicionalista opuesto frontalmente a las vanguardias que pugnaban por abrirse paso, un hombre dotado de un gran olfato comercial que le hizo rico, un talante independiente que se reconstruyó a sí mismo como escultor en la segunda mitad de su vida, y un precedente individualista de las superproducciones cinematográficas de ambiente histórico de la mitad del siglo XX. El Thyssen-Bornemisza nos presenta a este desconocido creador gracias a la campaña personal de rescate de los grandes maestros franceses del siglo XIX emprendida por su director, Guillermo Solana, que ya trajo fruto del mismo impulso la retrospectiva de Fantin-Latour, y que conecta con un movimiento de péndulo previsible después del culto al Impresionismo y un siglo de prejuicios que ha ocultado todo lo que no fuera aquella vanguardia.
El estreno de una ópera española sería noticia en cualquier caso. Si su autor la interpreta al mismo tiempo, sería primicia mundial, porque no ocurre todos los días ni siquiera todos los siglos. Y si es una mujer, añadiría un indudable atractivo suplementario. El Teatro Real ha apoyado decididamente a Pilar Jurado, un caso único en nuestros lares de polifacetismo musical, -compositora, directora de orquesta, soprano- para que durante dos años trabajara en la producción de 'La página en blanco', una ópera en la que firma el libreto y la partitura, y además interpreta el principal papel femenino, que en la práctica se constituye en verdadera protagonista de la obra. Todo ello rodeado de una expectación inusitada y de un lanzamiento por todo lo alto. Apuesta arriesgada ante la que hemos cruzado los dedos deseando que las excesivas expectativas no arruinaran la propuesta. Lo que casi ha estado a punto de suceder.
Yinka Shonibare (1962) tiene doble nacionalidad, nigeriana y británica. Tiene el título de 'Sir' y está condecorado con la “Most Excellent Order of the British Empire”, lo cual le permite firmar con las iniciales MBA tras de su nombre, cosa que parece encantarle. Es víctima de una enfermedad muscular incurable que le obliga a usar silla de ruedas. Es un negro con el alma blanca, que ha optado por usar el humor para ironizar sobre las distancias entre Europa y África, en vez de imprimir panfletos o lanzar soflamas. En ‘El futuro del pasado’, su primera presencia en España, juega con lo establecido para hacerlo diverso, modifica aspectos muy fijados de la tradición occidental para encajar en ella la presencia africana.

El azar y la sana competencia nos han traído un febrero consagrado a Tennessee Willians. El Centro Dramático Nacional programa 'Gata sobre tejado de zinc caliente', una adaptación de Alex Rigola y el Teatre Lliure, mientras el director del Teatro Español, Mario Gas, se encarga personalmente de dirigir 'Un tranvía llamado deseo'. Ambas fueron premiadas con el Pulitzer; ambas, primero el tranvía en 1947, y luego la gata, en 1955, tuvieron un gran impacto social, prolongado en incesantes reposiciones y en grandes adaptaciones cinematográficas; ambas marcaron la plenitud del teatro clásico contemporáneo, antes de que llegaran las conmociones del teatro provocador, del teatro del absurdo, del teatro pánico y otras etiquetas que arrasaron en la Europa de la revolución social de los años sesenta. Ha pasado mucho tiempo, ciertamente, pero ambas obras mantienen una vigencia descomunal, una plenitud esplendorosa, al contrario que la mayoría de los que quisieron enmendarle la plana al gran dramaturgo americano. Y estos dos montajes actuales están a la altura necesaria, es más, son un canto glorioso al buen teatro.
José Caballero, destacado miembro de la abstracción autóctona de la segunda mitad del siglo XX, dibujaba bien y planteaba en papel sus ideas antes de pasar al lienzo. La exposición 'Caminos de papel 1951 -1991' cubre cuatro décadas de bocetos e investigaciones con todas las herramientas (lápices de plomo o de color, ceras, tinta china, témpera, imprimaciones, aguada…), pugnando por lo que desarrollaría más tarde en mayores formatos. Sus elucubraciones en papel son bellas y están bien expuestas. Las variaciones en papel acompañan a menudo al lienzo en que terminarían confluyendo. Es en estos conjuntos, donde la exposición se hace más interesante, donde el proceso de creación se bifurca, y un conjunto de afluentes enriquece el estuario final.
“El esplendor del Románico” coloca en el centro de Madrid un fabuloso despliegue del arte románico de Cataluña, parte muy destacada del románico europeo. De esta manera la capital española será durante unos meses un acelerador de partículas artísticas que demostrará que el túnel del tiempo a menudo es de ida y vuelta, y que aquel arte recoleto, espiritual, austero y modesto es hoy lo más moderno y absoluto que puede verse. “El símbolo es una conjunción de formas visibles destinada a mostrar las invisibles” se dijo hace mil años y hoy está más vigente que nunca.
Todo es obra de dos personas. Dos son los integrantes de la compañía, dos los autores del texto, dos los directores y dos los actores. Los mismos dos. Diego Lorca y Pako Merino son dos portentos del teatro, y juntos son dos al cuadrado. 'Exitus' es una gozada completa, una alegría para la escena española, tan necesitada de suplir los hinchados presupuestos de antaño por ideas buenas, bonitas y baratas. Si los ríos son las vidas que van a dar a la mar que es el morir, esta obra se pasea por su cauce, echa una mirada al proceso que simulamos ignorar.
Llevar al teatro la realidad es difícil; pero llevar lo que está más allá de la realidad, debajo o al otro lado de los hechos, de los actos, de las palabras y de los silencios, es casi imposible. Animalario lo ha intentado con todos los elementos -trabajo colectivo, reflexión, tiempo, energías y creatividad- que hacen de esta compañía una de las más serias del panorama actual. Y lo ha conseguido. 'Penumbra' es una de las mejores obras españolas de lo que va de siglo. Y sospechamos que también podría serlo (no conocemos el percal lo suficiente) a escala europea. Una propuesta seria, dios sea loado. Una obra de reducidas dimensiones para tiempos de mudanza. Una inquietante indagación tras las apariencias.
El cine goza hoy día de completa ubicuidad: televisores, ordenadores, teléfonos móviles. 'Youtube' combinado con 'Facebook' y 'Twitter', nos trae todos los días decenas -miles, en realidad- de propuestas más o menos asimilables por un individuo medio de nuestra infoesfera. El lenguaje cinematográfico se ha convertido en un elemento trivial en la cultura de hoy, cualquiera que sea la acepción que emplemos, desde la más banal a la más exquisita. La exposición que presenta la Obra Social ”la Caixa” reflexiona sobre el impacto del cine en la construcción de nuestro imaginario. 'El efecto del cine. Ilusión, realidad e imagen en movimiento' está dividida en dos partes, Realismo y Sueño, intentado responder a las dos dimensiones que ha tenido el cine desde su nacimiento: los «sueños», la dimensión onírica de las películas de Méliès; y los «realismos», la vocación documentalista de los hermanos Lumière.
'Los negros' se estrenó en 1959. El abismo interracial ha dejado paso al 'melting polt'. La descolonización objetivamente agravó los problemas. La reflexión pertinente hoy sobre África y los africanos es bien distinta al panfleto pretencioso que escribió Jean Genet, un protegido de cuatro vacas sagradas de la intelectualidad francesa en un tiempo en el que todo valía con tal de 'épater le bourgeois'. Misteriosos son los designios de la Providencia por los que un director teatral experimentado puede empecinarse en resucitar una obra imposible, en convencer a gente importante para que la apoyen, en embarcar en la tarea tantos esfuerzos materiales y personales, para finalmente engendrar un prolijo y tedioso espectáculo sin interés alguno. Absurda trama, ininteligibles parlamentos, planteamiento demencial: un proyecto inviable de partida. ¿Tanta escasez de buenos textos dramáticos puede haber como para recurrir a fiambres de este porte?
Adam Fuss busca imágenes únicas que parecen cuadros abstractos o surrealistas. Huye de las cámaras, de los focos y de los lentes. Usa el fotograma y el daguerrotipo para obtener visiones fugaces de la existencia, sin retoques, sin distorsiones. Y por eso sus fotografías resultan tan sorprendentes. En una saturación tan asfixiante como la que protagoniza la fotografía hoy día, en una devaluación tan rápida como la que actualmente sufre la imagen -que ha pasado de valer por mil palabras a no valer nada- este 'fotógrafo antifotógrafos' trabaja lenta y obsesivamente por volver a los orígenes, por descubrir las esencias, por penetrar en los misterios. La realidad que refleja es huidiza, fantasmal, más espiritual que matérica. Su obra necesita atención, no es entretenida, banal, bonita o sensacional. Tiene más preguntas que respuestas, y es mejor sentirla que analizarla.
Teníamos ganas de ver a Boadella al nivel que le corresponde. No nos estaba gustando mucho desde que llegó a dirigir los Teatros del Canal de la Comunidad de Madrid. Pero ahora acierta en el centro de la diana. 'Amadeu' es un trabajo de madurez y puede abrir una etapa fecunda. Todos los componentes de su estilo personalísimo están aquí, pero están en las proporciones justas para construir un musical extraordinario, original, divertido a la par que profundo, brillante y comprometido, comercial y arriesgado. Boadella responde a sus críticos con maestría, con ironía y sin crispación. Y además, tiene razón.
Los temas de actualidad son los que más rápido envejecen. Este sainete costumbrista escrito en 2004 resulta ahora más exótico que si se desarrollara en la Patagonia. No es que no queden vecinos desahuciados, tabernas horribles, muertos vivientes y vecinos gritones en el centro de Madrid, pero la ciudad ha cambiado mucho y este mapa es demasiado marginal y premeditadamente negativo, un esperpento ciudadano, un entremés anticuado. Con 'Mi mapa de Madrid' se pasa el rato y hasta se ríe uno, siempre que no se sea homosexual, chino o crítico. Pero en general apena que el tiro haya salido por la culata, y que para una vez que se aborda el aquí y el ahora resulte un ayer en las quimbambas.
'Los días felices' es una adaptación de Happy Days de Samuel Beckett, dirigida por Salva Bolta -coordinador artístico del Centro Dramático Nacional- y protagonizada por Isabel Ordaz, popular por las series televisivas Pepa y Pepe, Todos los hombres… y Aquí no hay quien viva. Un monólogo de hora y media aparentemente banal que esconde una metáfora atroz de la existencia humana, una sátira feroz del optimismo como flotador cotidiano. Demasiadas sutilezas para un montaje que se queda en los aledaños de la propuesta.
De todas las cosas que se pueden celebrar del estreno de 'Iphigénie en Tauride' en el Teatro Real, -que sea de Gluck la obra, que la dirija musicalmente Hengelbrock, que la protagonice Susan Graham, que podamos oír a Paul Groves- ninguna es más grata que el retorno de Plácido Domingo a Madrid tan sólo medio año después de su Simon Boccanegra. Y que cumpla los 70 años de edad no sólo haciendo un Orestes convincente sino subiéndose por las paredes, tendiéndose y levantándose raudo en el escenario, ágil y radiante, recuperado de un cáncer de colon, tras medio siglo de carrera y más de 3.500 funciones representadas.
Una comedia de hace tres siglos y medio en ejemplar puesta al día nos propone la Compañía Nacional de Teatro Clásico en su ejemplar tarea de formar una nueva generación de actores y actrices capaces de hacer realidad los clásicos. Así es 'Todo es enredos Amor', a la que sólo falta la pertinente coma en el título para ser una producción redonda. Resulta gratificante pasar un buen rato inocente que no se base en los trucos actuales -sensacionalismo, truculencia, bajas pasiones, efectos especiales y acción trepidante- con que la industria del espectáculo disimula su abrumadora estulticia.
Todo lo que teníamos que decir de Rodrigo García, lo dijimos en mayo pasado cuando se presentó su anterior obra en el festival de primavera (ex otoño) de Madrid, 'Muerte y reencarnación en un cowboy'. A la vista de esta 'Gólgota picnic' nos repetiríamos innecesariamente, pues se parecen tanto que son continuación la una de la otra. Es el reflejo descarnado del fracaso sin paliativos de toda una generación intelectual del Occidente ahíto, aburrido y -sí, lo siento- un tanto degenerado. Lo malo es que su 'creador' -así se denomina-, autor del texto, director de la obra y escenógrafo, se cree un rebelde y no es consciente de representar el drama de un niñato mimado envejecido prematuramente. Lo bueno es que la obra es un retrato despiadado y desolador de una realidad social, de una parte de nuestro mundo que aspira a ser protagonista. Se puede abominar de la propuesta y considerarla a pesar de todo interesante. Se puede sufrir -literalmente- esta parida y a pesar de todo sacar algún provecho. Esta es la tesitura que plantea.
Lola es una niña muy especial que absorbe la energía eléctrica. Esto puede
parecer muy divertido porque puede iluminarse ella sola y encender todas las cosas con sólo tocarlas, pero la pobre se siente muy rara y sólo tiene un amigo, un ordenador que le acompaña a todas partes. Las cosas que le ocurren son la trama de 'La niña farola', un espectáculo de danza para niños y adolescentes producido por el Ballet de Carmen Roche, firmado por la coreógrafa Amaya Galeote. No es una historia de hadas y príncipes, pero tiene imaginación y magia, loa la amistad, y clama que las relaciones humanas están por encima de las virtuales. Una sobresaliente introducción a la danza para fomentar vocaciones tempranas.
El Teatro Real despidió 2010 con una Gala retransmitida en directo a toda Europa a través del canal europeo de televisión cultural 'Arte'. Fue una iniciativa del nuevo director, Gérard Mortier, que aspira a tener continuidad todos los años. Falla y Carmen, zarzuela y flamenco, guitarra y zapateados, el espectáculo fue fiel a las esencias españolas con algunos detalles de distinción y una escenografía mediocre. La selección de Mortier fue de buen gusto aunque discutible como toda selección. A la soprano María Bayo, el tenor Ismael Jordi, el guitarrista Cañizares, la Compañía de Danza de Antonio Gades y los bailaores Aída Gómez y Christian Lozano, se sumó a última hora Luz Casal que recibió el apoyo del público en su difícil lucha con la enfermedad.
Sábado, 26 de mayo
Juan Granados
José Andrés Prieto
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Atticus-444
Julián Moreno Mestre
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Javier Orrico
Juan Carrasco de las Heras
David Felipe Arranz