Todavía es dificilísimo ultimar un proyecto común iberoamericano alrededor de cualquier tema. Todavía los responsables de las instituciones de toda laya no consiguen expresar lo que es una realidad desde hace cinco siglos: la existencia de una comunidad cultural iberoamericana indeleble y resistente a sistemáticos intentos de demolición y a la inquina cainita de algunos de sus miembros. 'Pintura de los reinos. Identidades compartidas en el mundo hispánico' tiene el modesto objetivo de reflejar una obviedad: cómo España, la superpotencia del siglo XVI, unificó con rapidez y eficacia su enorme imperio americano, cómo vació sus energías para crear un ámbito cultural profundo más allá del colonialismo, cómo construyó sociedades inmensas a imagen y semejanza de la propia, y cómo la pintura -principal mecanismo de identidad mediática y propagandística de la época- contribuyó a ello de forma magnífica. Pues bien, este 'modesto objetivo de reflejar una obviedad' ha costado diez años, ingentes esfuerzos, fuertes patrocinios y seguramente no pocos disgustos. Pero aquí está este recorrido por los virreinatos de Nueva España y Perú durante los siglos XVI y XVII, una impresionante polifonía a mayor gloria de aquella Monarquía Hispánica tan injustamente vapuleada, una muestra efectiva de arte global, el primero de la edad moderna.
Un espectáculo irreverente sobre la música de Juan Sebastian Bach, canon de la excelencia, genio universal, dios de los olimpos culturales de Occidente. La Pasión según San Mateo, el Clave bien temperado, la Fuga en LA menor, la Cantata n. 37, aporreadas, pateadas, interpretadas al alimón, de culo, contra el viento, a cuatro manos, a dos pianos, a pianola mecánica, a saltos, en clave minimalista o flamenca, de cualquiera y de todas las formas imaginables, amenizadas por mil ruidos y estruendos. 'La pantera imperial' se estrenó en 1997 y ahora resucita con un Carles Santos de 70 años de edad en plena forma. Una 'performance' que se esfuerza en arrasar la música de Bach y que al final sólo se salva por la música de Bach.
Desde Noruega nos llega la segunda 'mirada al mundo' del ciclo del Centro Dramático Nacional. Una mirada doble compuesta de dos producciones similares, habladas en idiomas ficticios; cantadas, bailadas e interpretadas por tres versatiles y completísimas actrices; ideadas, dirigidas, coreografiadas y escenificadas por un tipo de narices, Jo Strømgren, que además es bailarín y escribe. Resultado: enorme creatividad, original propuesta, trabajo excelente. Salvo un problema: la forma se come al fondo, y en el fondo apenas destaca nada.
La escena española vive un síndrome de exotismo escapista localizado en la crisis de los años treinta a ambos lados del Atlántico. Para no analizar y reflejar la crisis actual se usan sucedáneos, se desempolva a Brecht, se resucita Mahagonny, y se acompaña el pastiche de otros efímeros éxitos de la época, sin reparar en que el mundo ha cambiado mucho y lo que entonces era rupturista hoy es reaccionario. 'Krankheit der Jugend' (Enfermedad de juventud) tuvo mucho éxito en 1926 en Viena porque retrataba a una juventud burguesa decadente y desnortada que intentaba obnubilarse con sexo, drogas y charlestón para no ver lo que se les venía encima. Pero aparte del pequeño escándalo de borrachos y lesbianas en el escenario, el texto era flojo, sus moralejas inócuas, sus diálogos, banales, y sus personajes, teatrales en el mal sentido de la palabra. ¿Por qué resucitar esta mohosa impostura? ¿Por qué desperdiciar el talento de un gran equipo en algo inservible hoy día? Presentar a los jóvenes actuales como marco de referencia, como eje de debate, como propuesta reflexiva, una obrita vienesa de hace un siglo no podía salir bien. 'El mal de la juventud' nos apena.
La terraza es la del Círculo de Bellas Artes de Madrid, el mejor observatorio de la ciudad, un lugar donde se siente uno más ligero y la ciudad se hace abarcable. La visión continental la proporciona la exposición Miradas de Europa instalada en la terraza al aire libre, que presenta una fotografía por cada uno de los Veintisiete Estados que conforman la Unión Europea. resumir una nación en una foto es tarea ímproba, así que cada fotógrafo ha propuesto el asunto que más le motiva, desde tradiciones a lugares y hechos relevantes de la cultura propia. A las 27 visiones se suma una foto representativa del proyecto común de la U.E. con su imagen por excelencia, las estrellas de su bandera.
El Museo Nacional del Prado inicia la temporada apostando por Renoir, un valor seguro entre las masas turísticas nacionales y foráneas que son hoy día el principal cliente de los museos del mundo. Pierre-Auguste Renoir vivió 78 años y pintó sin parar durante 60 de ellos. Ha dejado cuatro mil pinturas. Esta selección de 31 de ellas refleja su período más impresionista, el favorito de los expertos. Ha sido colocada en el corazón del Museo, hablando de tú a tú con los maestros de los que aprendió y a los que retornó con su refinado clasicismo. "Creo que estoy empezando a entender algo sobre la pintura" parece que comentó el mismo día de su muerte, en 1919.
'La colmena científica o El café de Negrín' parece nacida especialmente para revisar al alza la figura de Juan Negrín López (Las Palmas, 1892 - París, 1956) un médico que se convirtió en presidente de la II República entre 1937 y 1945, aunque en realidad se trata de un encargo de la Residencia de Estudiantes al Centro Dramático Nacional para celebrar un siglo de su fundación. Se trata de una hagiografía de la Residencia como hito fundamental en la historia de la educación y modernización de España en el pasado siglo, paradigma de una visión integral de convivencia entre artes y ciencias, y adalid de diálogo y tolerancia. José Ramón Fernández ha creado un texto descriptivo y poético, y Ernesto Caballero nos traslada al laboratorio de Fisiología General de la Residencia a finales de los años veinte donde alrededor de su responsable, el que luego fuera controvertida figura política expulsada del PSOE y recientemente rehabilitada, se reunía a tomar café una tertulia de intelectuales ilustrados a los que la guerra civil dispersaría.
Svad’ba (La boda) es un espectáculo músico-teatral basado en la obra del mismo título de Chéjov. Llega de aquella antigua república soviética y demuestra que el mundo está lleno de grandes iniciativas más allá de los centros consagrados. Dirección, música, coreografía y escenografía se demostraron sobresalientes. Vinieron a Madrid y dieron una lección de excelente teatro subvencionado: treinta personas en el escenario, espectáculo, diversión con calidad. Tome nota su anfitrión el Centro Dramático Nacional y todos los teatros que viven del dinero público y tan a menudo vegetan en el páramo de lo facilón.
Esculturas de pequeño formato de 38 artistas españoles contemporáneos, acompañada cada una de algún dibujo del autor. Un resumen de un período en el que la escultura nuestra brilló notablemente. 'Un siglo creando espacio. La Colección ICO de escultura con dibujo' presenta esculturas de Manolo Hugué, Julio González, Pablo Picasso, Salvador Dalí, Joan Miró, Joaquín Torres García, Esteban Vicente, Pablo Gargallo, Antoni Gaudí, Martín Chirino, Antoni Tàpies, Jaume Plensa, Jorge Oteiza, Eduardo Chillida, y Miquel Barceló, entre otros, acompañada con uno o varios dibujos del mismo artista, representativos de un mismo momento creativo. Una propuesta abarcable, comprensible, bella e interesante.
'El viaje del actor' quiere ser una reflexión sobre el mundo del teatro sirviéndose de textos de Anton Chéjov ensartados para construir el drama de un viejo director/actor al final de su carrera, todo nostalgia de sus buenos tiempos, todo pestes contra la supuesta degeneración de tan noble arte. Dentro del drama de este hombre forzado a retirarse, se encaja un resumen muy cómico de 'La petición de mano', obra del autor ruso que será la última que dirige el protagonista. Antes y después de ella se versionan también otras dos obras de Chéjov, 'La audición' y 'El canto del cisne'. El montaje está repleto de buenas intenciones y arduo trabajo, pero se malogra entre objetivos muy ambiciosos y realidades demasiado someras.
Con “Desbordamiento de Val del Omar”, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía eleva a este artista a la categoría de consagrado 'post mortem', bien abundante en nuestra vida cultural. El perfil de este tecnoartista 'avant la lèttre' no puede ser adscrito a un epígrafe de actividad demasiado concreto, si bien tuvo su ámbito principal en el cine. Perteneció a una minoría intelectual que creyó en el cinematógrafo como arte antes que como un nuevo opio para las masas. Se equivocaron. Su obra es exigua pero se comenta en los cenáculos de enterados. Fue un excéntrico ahora convertido en figura de culto. Pero seguirá sin ser comprendido.
El Museo del Prado esta vez no expone cuadros sino libros para mostrarse no sólo como la pinacoteca más importante del mundo sino que, al igual que en anteriores ocasiones con sus colecciones de escultura y de tapices, apareciendo como un emporio multidisciplinar de la cultura clásica que ahora aspira también a ocupar lugar destacado entre las bibliotecas españolas para el estudio de la historia del arte. No es que quiera competir con la vecina Biblioteca Nacional, pero sí enseñar con orgullo una parte nunca expuesta de su tesoro. Y complementa con originalidad y distinción las esperadas exposiciones temporales de este otoño: Pasión por Renoir (19 de Octubre), Pintura de los reinos. Identidades compartidas en el mundo hispánico (25 de Octubre) y Rubens (5 de Noviembre).
Es una de las obras más representadas y conocidas de nuestro teatro del Siglo de Oro porque es sin duda una de las mejores obras teatrales de todos los tiempos. Ésta es su tercera puesta en escena por la Compañía Nacional de Teatro Clásico en 25 años, tampoco es tanto si nos comparamos con el culto anglo a Shakespeare. Siempre tiene algo que decirnos. Y en esta ocasión nos recuerda que Pedro Calderón de la Barca hizo hace cuatro siglos una pieza rebelde, provocadora, audaz y valiente como pocas. Tenía su autor 51 años, era famoso y reverenciado, salía de una gran crisis personal y supondría su última aportación a los asuntos políticos antes de hacerse sacerdote y dedicarse sobre todo a los autos sacramentales.
La Fundación Juan March terminó el curso pasado con los paisajes de Freidrich y empieza éste con los paisaje de Durand, paisajes a uno y otro lado del Atlántico, viajes nostálgicos al pasado que no volverá, remansos de calma en medio de la urbe. La exposición 'Los paisajes americanos de Asher B. Durand' está compuesta por 144 obras —óleos, dibujos y grabados— cubre todos los periodos de su vida y va acompañada por una selecta muestra de artistas coetáneos y de algunos seguidores; quiere presentar el particular talento de Durand como paisajista y los otros asuntos que desarrolló a lo largo de su prolongada carrera: retratos y pinturas de género. Pero son sobre todo paisajes de bucólica belleza que muestran los escenarios naturales de Norteamérica. Y son sobre todo árboles, los viejos compañeros del hombre que van inexorablemente desapareciendo.
Hace dos años hubo once representaciones en el Teatro Español de esta obra y tuvo tanto éxito que se ha repuesto ahora en el Matadero en otras once sesiones agotando las localidades todos los días. 'Incendies' cuenta cómo la tragedia ronda este mundo tranquilo en que vivimos y como, cuando llega, arrasa con todo sin que pueda evitarse. Es la guerra civil del Líbano pero podría ser la yugoslava, la afgana, la ruandesa, cualquiera de las decenas que ha habido en las últimas décadas y cualquiera de las que van a llegar. Es una tragedia griega aún más trágica, donde el coro es un notario francés de provincias, y Edipo es una mujer violada por su hijo. Teatro de altura, reflejo de la vida, del que se hace por esos mundos y aquí parece imposible.
'Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny', con música de Kurt Weill y libreto de Bertolt Brecht, es la primera nueva producción del Teatro Real con su discutido nuevo director. Gerard Mortier se estrenó con gran expectación. El teatro a rebosar, con el alcalde de Madrid y el consejero delegado de Prisa entre el público. Hubo aplausos tibios en el entreacto y bastantes deserciones; ninguna ovación durante las dos horas y media de representación. Al final, división de opiniones: una mitad descontenta que se retiró en silencio; un cuarto del aforo que aplaudió tibiamente y otro cuarto que se mostró entusiasta. Los cantantes fueron aplaudidos con ganas, especialmente Tobby Higgins y los protagonistas, Brueggergosman y König. Aplausos también unánimes en el público que aún aplaudía para el director musical y el del nuevo coro. Disenso notable con el equipo artístico de La Fura, con algún abucheo en ciernes. Ahora, a correr ríos de tinta que es de lo que se trata.
Jueves, 16 de febrero
Ángel Gutiérrez Sanz
Chris Gonzalez -Mora
Juan Luis Recio
Juan Fernandez Krohn
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Padre Fortea
Carlos Ferrer
José Pómez
José Donís Català
Paulino Toribio