Arte

Recordando vida y música de Robert Schumann, por J.C.Deus

09.06.10 | 18:40. Archivado en Conciertos y Música, Teatro, Danza y Espectáculos

De vez en cuando, se descubre una perla oculta en la enorme y variopinta actividad cultural madrileña. Dichterliebe und Leben (Amor y vida de un poeta) reconstruye la vida de Robert Schumann a través de su correspondencia con Clara Wieck, la mujer que siempre estuvo a su lado a pesar de los pesares. El espectáculo gira en torno a los ciclos de 'lieder' más importantes del gran compositor del que se celebraba ayer su doscientos aniversario. Una arriesgada fusión de música y teatro que a pesar de la bisoñez de sus valientes protagonistas es un acierto indudable. Sana ambición y espíritu de riesgo no son tan frecuentes en la españa zapatera. Pero son posibles y viables como demuestra este intento.

La obra se articula a partir de un buen muestrario de su música para piano y de sus canciones, -sin que falten las tres más famosas: Dichterliebe (Amor de poeta), Frauenliebe und Leben (Amor y vida de una mujer) y Liederkreis (Ciclo de canciones)-, y de la correspondencia de la pareja desde que Clara era aún una niña (se llevaban diez años de edad) hasta el final de Robert en el hospital psiquiátrico donde se refugió en los últimos años de su vida. Allí, la pareja mantiene un último encuentro ficticio. Allí termina una peripecia conjunta que se inmoló en aras de ese placer celestial que es la música, el cual -como todos los demás placeres- cuando se convierte en una obsesión puede derivar en el peor de los infiernos.

La historia de amor de Robert Schumann y Clara Wieck nos sumerge en los procelosos tiempos del Romanticismo, un período cuyos ideales aplastados retornarán cualquier día. 'Dichterliebe' se plantea comprender el drama de aquella pareja destinada al éxito y la felicidad, a la que abrasó su pasión por la música. Clara sacrificó sus inmensas dotes en el altar cruel de un marido obsesionado. Robert se perdió buscando la música perfecta. Los ángeles que le dictaban pasajes sobrehumanos, las notas permanentemente resonando en su cerebro, fueron apartándole de la realidad, hasta la desconexión total. Schumann, como su contemporáneo también genial Friedrich Nietzsche, cortó de forma suicida todas las ataduras temporales en pos de la quimera de la perfección. Clara no pudo impedirlo y hasta, sacrificándose tanto por su idolatrado marido, facilitó la deriva. La morada del genio es contigua a la habitación del loco, los territorios se tocan peligrosamente; son legión los que han perecido por tales andurriales: hay que permanecer con los pies en la tierra aún en el más alto de los vuelos.

El pobre Schumann, que hasta ideó un guante especial de cuero en su intento por dominar sus dedos, y terminó dejando inútil para siempre uno de ellos y hundiendo su carrera como pianista, es perfecta metáfora del romanticismo: el hombre que intenta ser perfecto hasta destruir su propio ser. No, la perfección no existe y además es imposible.

Así que, dentro del programa de actos dedicados al bicentenario del nacimiento de Robert Schumann que se celebra este 2010, el Círculo de Bellas Artes (CBA) programó esta única representación de una pieza que puede considerarse dentro del género operístico, que tiene méritos suficientes para haber formado parte del pasado festival de otoño o del actual festival operadhoy, pero que quedó marginada injustamente en una sola y casi clandestina representación. Una pena que estamos seguros podrá enmendarse en el futuro. La compañía Ópera Defondo la forma un grupo de profesionales dedicados a la ópera en todas sus facetas movidos por el deseo de generar un equipo de trabajo estable: 'Ensayamos un mínimo de un mes por producción y proponemos una lectura musical y escénica de las obras que llevamos en repertorio que nos identifica por su originalidad, su rigurosidad y su alto sentido estético'. Su primera producción fue Las bodas de Figaro en 2007, seguida de Don Pasquale, Dido y Eneas, Don Giovanni y La Traviata, todas actualmente en gira.

Vanessa Martínez hace un gran trabajo, suya es la idea y suya la realización. La dramaturgia es compleja, con continuos cambios de lugar y tiempo, pero está perfectamente resuelta con sencillez económica. Los dos protagonistas, el barítono Fabio Barrutia y la soprano Mercedes Arcuri se atreven, en este pequeño y peculiar teatro que es la Sala Juan de Rojas del CBA, con algo que no osan los grandes divos en los grandes cosos: cantar y al mismo tiempo actuar, no sólo con gestos ademanes y movimientos como es ya de recibo en cualquier representación operística actual, sino con la palabra. Me explico, cantan y hablan, hablan y cantan, y pasar de una cosa a otra es sumamente difícil. Cantan mejor que actúan, pero aún así el doble trabajo es encomiable. Al buen nivel de la soprano y el barítono responde el pianista Borja Mariño, interpretando con acierto la muy difícil música schumanniana. Escenografía, vestuario e iluminación son correctos. Los complementos audiovisuales -voces un tanto ininteligibles e imágenes a veces un tanto manidas- son mejorables pero están bien encajados. La compañía 'Opera Defondo' se merece un alto notable y tiene mucho futuro por delante. Desgraciadamente no se dispone de material gráfico sobre el espectáculo.

ALGO SOBRE EL MÚSICO Y SUS 'LIEDER'

“A través de mi piano me absorbo en un mundo de sueños. No te preocupes por el poco reconocimiento que hoy en día se me tiene. Tú vivirás para ver y admirar mis composiciones, de las cuales se hablará mucho en el futuro.” La historia de amor de Robert Schumann y Clara Wieck nos sumerge en las temblorosas aguas del romanticismo. Movimiento de libertad y ruptura, esperanza y alegría, terminó en muchos casos en tragedia y muerte. Kleist, Schlegel, Schelling, Hoffmann o Müller reinventaban el concepto de la vida al tiempo que daban con sus cuerpos inertes en los fondos de los ríos a los que dedicaban sus mejores poesías . ¿Dónde anida el germen de semejante contradicción?¿Qué hay detrás de todas estas paradojas que se sepultaron con la simplificación de “lo romántico”?, se pregunta Vanessa Martínez.

La vida que reconstruimos mediante la música, los diarios y las cartas de Robert y Clara, prosigue, son una forma de comprender esta bizarra realidad de la primera mitad del siglo XIX. Dichterliebe se plantea iluminar los recovecos oscuros de aquella historia vivida por Clara y Robert, conseguir un mirada más profunda y crítica para llegar, a través de ellos, a comprender la locura y lo romántico. ¿Cuál fue la frustración de Clara? ¿Por qué dejó de componer? Por otro lado, la imagen que llega a nosotros de Robert Schumann es la del gran creador atormentado por la locura, su genialidad bordeaba la paranoia hasta llevarlo demasiado lejos. Pero, ¿es esto realmente así? ¿Hasta qué punto la locura era fruto de su exagerada “capacidad creadora” y hasta qué punto un producto de su “obsesión”?. La necesidad del triunfo artístico y de consecución de una gran obra la arrastraron a perpetrar peligrosas acciones contra sí mismo. ¿La locura se padece o se elige? Demasiadas preguntas, un listón demasiado alto. El espectáculo que nos ha presentado no puede responder a todo ello, pero bueno es intentarlo.

Dichterliebe (Amor de poeta), fue compuesto por Robert Schumann en 1840. Basado en poemas de su admiradísimo Heinrich Heine, parecen haber sido escritas para el bipolar estado mental de Schumann. Son canciones que caminan desde el nacimiento del amor hasta su muerte, mostrando en muchos casos una peligrosa unión entre ellos. Es este un ciclo en el que la música nos lleva más allá de la letra, consigue movilizarnos y transmitir las turbulentas pasiones que corrían por su mente y su sangre. Es el amor en acción.

El primer ciclo de Schumann en aquel prolífico año de 1840, fue Liederkreis (Ciclo de canciones), nueve canciones basadas en poemas de la colección Buch der Lieder, de nuevo de Heinrich Heine. Con sus extremos de euforia y desilusión, sus abruptas fluctuaciones de ánimo, mordacidad y sentimentalismo, autocompasión e ironía, esta colección de Heine, produjo una respuesta musical instintiva del arrebolado Schumann. Mientras Dichterliebe presenta una narración cronológica (Se inicia con el despertar del amor, pasa por el éxtasis, la desilusión y el arrepentimiento, para terminar con una aceptación amarga e irónica), Liederkreis mantiene una forma más impresionista, y se revela como una acumulación de imágenes recurrentes de deseo, pérdida y añoranza.

En julio de 1840, la corte autorizó el matrimonio de Clara con Robert, sin permiso del padre de ella; el ultrajado padre disponía de diez días para apelar, la espera fue muy tensa. Ese periodo fue aprovechado por Robert para componer el ciclo Frauenliebe und Leben (Amor y vida de una mujer), sobre poemas de Adalbert von Chamisso, que describen a una mujer que adora a su marido, desde el primer encuentro hasta su muerte. La delicadeza en la descripción de esa mujer que tanto recuerda a Clara Schumann contrasta con la violencia de su poeta enamorado en DIchterliebe. Es este un ciclo de frases sutilísimas, de frescura y belleza, como si Robert limpiara la imagen de Clara con la música más brillante que podía componer.

'Quiero sumergirme totalmente en los sonidos y sólo de vez en cuando levantar mi cabeza para que no creáis que me he ahogado en la melancolía'. El anhelo de Robert Schumann le llevó más allá de la depresión crónica, a los espantosos paisajes mentales de donde el humano ya no vuelve. Dejó una obra imperecedera a la que se inmoló quizás conscientemente. Quizás le mereció la pena.

Dichterliebe und Leben (Amor y vida de un poeta)
BICENTENARIO SCHUMANN DICHTERLIEBE
Ópera basada en las cartas del matrimonio Schumann,
representada por la Compañía Operadefondo.
Música: Robert Schumann
Texto original de Vanessa Martínez basado en los diarios y cartas de Clara y Robert Schumann.
Dirección: Vanessa Martínez

Ficha Artística:
Robert Schumann / Doctor Hasenclever, Fabio Barrutia. (Barítono).
Clara Schumann / Enfermera Elise, Mercedes Arcuri. (Soprano).
El Doble, Borja Mariño (Piano).

Diego Areso (diseño gráfico)
Escenografía y vestuario: Almudena Vello
Iluminación: Alfonso Ramos
Proyecciones: César Belandia
Producción: Operadefondo

CÍRCULO DE BELLAS ARTES
SALA FERNANDO DE ROJAS
REPRESENTACIÓN ÚNICA
8 de junio de 2010

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