"Me he acercado a Bergman sin ninguna clase de filtro, sin una previa adoración por sus películas y sin ideas preconcebidas, guiada tan sólo por el impacto que me causó la lectura de estas dos obras. Lo he tratado como un autor teatral y mi fuente de inspiración ha sido el texto", dice la directora, Marta Angelat, como declaración de intenciones. Pero muchos sí que partimos de ideas preconcebidas basadas en el impacto que nos produjeron las versiones cinematográficas de ambos textos, las dos películas filmadas con treinta años de diferencia (1974 y 2003, respectivamente), protagonizadas de forma memorable y excepcional por Liv Ullman y Erland Josephsson. Excepcional por lo bueno y por lo inédito de la experiencia, los mismos actores y el mismo director treinta años después. Así que el listón estaba muy alto.
El Museo del Prado ha presentado hoy las nuevas salas dedicadas a la pintura española medieval y renacentista, completando la reordenación en curso de la planta baja del edificio Villanueva. Las siete salas se distribuyen en torno a la Rotonda baja de Goya, donde se mantiene una importante representación de la colección de escultura clásica del Museo. Se trata de una parte bastante desconocida de la colección, una especie de 'relleno' que colgaba aquí y allá entre las grandes atracciones del Museo, pero que ahora adquiere su verdadera dimensión a través de esta representación de 120 obras a lo largo de medio milenio de la historia de España. Un conjunto donde predomina la pintura religiosa, como correspondía a un tiempo en el que la Iglesia llegó a tener más poder que los monarcas.
El nuevo director artístico del Teatro Real presentó la temporada 2010-2011, con la que inicia un proyecto de cinco años con el que quiere colocar al coso madrileño en la vanguardia de la ópera internacional. Acaban de reducirle el presupuesto en un tercio, pero Monsieur Gérard reinvindica que en tiempos de crisis la cultura es aún más importante porque proporciona energía. Durante su extenso parlamento se esforzó en aparecer humilde y simpático, y en deshacerse en elogios hacia Madrid y España, hacia el teatro Real y nuestra aportación cultural ayer y hoy al mundo. Para defenderse de la acusación generalizada que hace de los directores artísticos los nuevos dictadores de la ópera, se definió como un catalizador al servicio de los creadores. Esta figura polémica podría aportar ideas frescas y gusto por la innovación al panorama de nuestro país. Sea bienvenido.
Hace cuatro siglos la religión era como el fútbol y asegurarse un sitio en el cielo, más importante que la vida incluso. La iglesia católica tenía el monopolio de la noosfera ideológica y usaba la producción cultural para difundir su propaganda. 'El condenado por desconfiado' de Tirso de Molina procede de ese contexto. Pero habiendo cambiado tanto las cosas desde entonces, su milagrosa presencia hoy en la cartelera teatral tiene sentido. Se rescata un texto espléndido y se plantea un problema eterno. ¿Importa cómo nos comportemos en esta vida? ¿Tiene sentido ser bueno?.
El circo ya no es lo que era, y bajo esta etiqueta suelen agruparse espectáculos eclécticos, de gran calidad, de mucha innovación y enorme mérito. Todo ello y mucho más ha sido el espectáculo ofrecido durante la mayor parte del mes de marzo por el Nuevo Circo de Vietnam, que ha vuelto a Madrid tras el impacto que produjo en el pasado Festival de Otoño. Su Lang Toi, 'Mi pueblo' en vietnamita, es un fresco poético conmovedor, un espectáculo que no desmerece de una buen ópera o de un gran concierto, que está a la altura del mejor teatro y la danza de calidad. Es una idealizada visión de un Vietnam que quizás nunca existió, de una jornada idílica en una aldea soñada, de las faenas de sus habitantes, de la vida grupal, del trabajo en los arrozales, de sus misteriosa selvas, todo ello bajo la invocación del bambú, esa planta a la que el continente asiático debe tanto como Europa al roble.
El Teatro Real estrena L’arbore di Diana, de Vicente Martín y Soler, la tercera ópera de este compositor valenciano del siglo XVIII que programa desde 2007, después de Il tutore burlato e Il burbero di buon cuore, en una loable inciativa de recuperación de quien fuera gran rival de Mozart en los favores del público operístico europeo. Es una coproducción con el Liceo de Barcelona, donde se estrenó en octubre pasado, que tiene como director de escena al ¿español? Francisco Negrín, y en la dirección musical al milanés Ottavio Dantone, ambos debutantes en el Real (donde Dantone sólo había dirigido un par de conciertos anteriormente), pero ambos bien conjuntados y conocedores del terreno que van a pisar en Madrid, porque ya habían dirigido recientemente otra obra de Soler en el Palau de les Arts de Valencia. La ortodoxia musical de Dantone, un especialista en barroco que dirige desde 1996 la Accademia Bizantina, contrasta con una atrevidísima escenificación de Negrín inspirada en el comic japonés. El resultado de la combinación no beneficia la conexión del público actual con esta ópera entretenida, que se va a apagando un tanto a medida que trascurre su segundo acto, pero que merece sin duda salir del injusto olvido en que ha estado sumida dos siglos.
La ' obra invitada' esta temporada por el Museo del Prado será hasta el 30 de mayo, 'Las hijas de Edward Darley Boit', fechada en1882, la obra maestra del pintor americano John Singer Sargent, y una de las pinturas más sobresalientes con que cuenta el Museum of Fine Arts de Boston (MFA). Y la huésped será recibida con todos los honores ni más ni menos que por 'Las Meninas' de Diego Velázquez, fuente directa de inspiración del artista norteamericano.
El escritor francés Albert Camus (1913 —1960) sufre este año unos fastos excesivos a propósito de cumplirse medio siglo de su temprana muerte. Ya en 1957, a la edad de 44 años, se le concedió el Premio Nobel de Literatura por «el conjunto de una obra que pone de relieve los problemas que se plantean en la conciencia de los hombres de hoy». Pero las cosas que se están diciendo estos días a propósito del francés y sus valores exceden todo tino. En tal contexto, se repone su obra teatral Calígula, precedida así mismo de grandes ditirambos. Pero ni autor ni obra satisfacen las expectativas a pesar de los muchos esfuerzos desplegados.
En octubre pasado ya vimos 'La casa de Bernarda Alba' en una versión importante, la de Lluís Pasqual con Nuria Espert y Rosa María Sardá. Razón de más para apreciar las muchas virtudes de esta excepcional y original versión que ha llegado de Sevilla con la fuerza de lo auténtico. Ocho gitanas chabolistas suben al escenario por vez primera en su vida, y como un coro de tragedia griega representan la obra con sabio distanciamiento, con austeridad deslumbrante, con absoluta carencia de folclorismo, con una veracidad que conmueve.
'El arte del poder. La Real Armería y el retrato de corte' es la exposición con la que el Museo del Prado se une al semestre de presidencia española de la UE, con el objetivo de ofrecer a nuestros más ilustres visitantes una visión contundente del poderío imperial español de hace quinientos años, y compensar así las debilidades actuales tan en evidencia dentro y fuera del país por estas fechas. La primera vez que se podrán contemplar juntas las armaduras que guarda Patrimonio Nacional y los retratos que atesora el Prado de aquellos emperadores en cuyos dominios no se ponía el sol. Un proyecto expositivo inédito en el que se establece una comparación directa entre los retratos de corte pintados por los grandes maestros, como Tiziano y Rubens, y las piezas de armadura que vestían los monarcas para simbolizar su imagen de poder en el momento de máximo esplendor de la Corona española. Se trataba de mostrar la fortuna de la dinastía y su poder dominante en Europa. Posar con aquellas armaduras era emitir un mensaje nada cifrado de poder, era propaganda pura.
Albert Boadella goza de nuestra simpatía por lo que significa su figura en la España de hoy, por su valentía en la denuncia de la injusticia en que se basa el régimen vigente en la comunidad autónoma catalana, y por su prolongada presencia en el teatro aunque debamos reconocer que desconocemos la mayor parte de su obra. Le recibimos con optimismo cuando se hizo cargo de los Teatros del Canal. Le defenderemos siempre frente a la caterva de descerebrados inquisidores que quieren cerrarle la boca. Pero '2036 Omena-G', autodenominado 'el primero de los actos del cincuentenario de Joglars, la compañía privada más longeva de Europa', no nos gustó nada. Nos pareció vulgar, improvisado, carente de toda virtud literaria y teatral, y un tanto tramposo. Ni nos hizo reir ni nos hizo pensar. Es un auténtico borrón en la historia de esta compañía que hace buenísima a 'La Cena', su bastante regular obra anterior con la que inauguraron los teatros que Boadella gestiona y en los que estos días su compañía repite.
Esta extraordinaria mujer (Vélez-Málaga, 1904-Madrid, 1991) es máxima representante de una escuela casi unipersonal consistente en poetizar la filosofía o filosofar poéticamente. Exiliada ilustre dentro de la numerosa intelectualidad republicana que se consideró derrotada en la guerra civil, su retorno en 1984 supuso un tardío pero entusiasta reconocimiento. Luego las cosas posaron otro par de décadas y ahora vivimos una segunda consagración del personaje y su obra, habiendo aparecido hasta cuatro importantes volúmenes en los últimos meses dedicados a su persona y a su obra, entrelazados más de lo habitual en su caso concreto.

Intenten por todos los medios asistir, compañeros y camaradas de la generación de los Sesenta, gentes que creyeron de verdad en una u otra, y sobre todo si participaron en las dos repartiendo sus ansias y errores juveniles entre ambas. No muchas veces el teatro se acerca con rigor y sinceridad al 'zeitgeist', al espíritu de la época que hemos vivido a golpes, como decía el poeta, a saltos, a sustos, a contradicciones. Y si no fueron ni comunistas ni rockeros, ni maoístas ni hippies, vayan de todas formas, algo del ímpetu y la ilusión de todo ello subsiste aquí, algo de su magnificiencia aparente y su ridiculez intrínseca late en los parrafones de Max y de Jam, en esas discusiones interminables que antes se practicaban y hoy ya no, en esta obra un poco larga pero muy, muy seria, importante, de las que no se ven todas las temporadas.
Jueves, 16 de febrero
Ángel Gutiérrez Sanz
Chris Gonzalez -Mora
Juan Luis Recio
Juan Fernandez Krohn
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Padre Fortea
Carlos Ferrer
José Pómez
José Donís Català
Paulino Toribio