La Fundación Juan March inaugura la temporada con la modestia y precisión de costumbre. Y lo hace con una exposición a mayor gloria de los amantes, practicantes y diletantes del arte de dibujar. Caspar David Friedrich (1774-1840) era un artista místico que creía en la presencia divina en la naturaleza, en su poder de despertar lo mejor del ser humano, en un panteísmo -siempre cristiano- de bosques y roquedales trasmisores de bondad. Dibujar con estos presupuestos debe notarse. Y se nota.
Andrea di Pietro della Góndola (1508-1580), que pasará a la historia con el sobrenombre de Palladio, en alusión a Palas Atenea, la diosa de la sabiduría, renovó la arquitectura viajando a las esencias, se inspiró absolutamente en la tradición grecolatina para proponer edificios públicos y privados caracterizados por su belleza, su equilibrio, su integración en el entorno y su ausencia de ampulosidades gratuitas. Su obra es tan vigente hoy como hace cinco siglos.
La Compañía Nacional de Teatro Clásico inicia la temporada en su sede provisional -y sin embargo, eterna- del Teatro Pavón de Madrid, con el mismo mérito y con el mismo acierto con que terminó la pasada. ¿De cuándo acá nos vino el placer de escuchar los fantásticos versos de Lope de Vega en una exquisita puesta en escena donde todo casa a la perfección y produce el efecto gratificante sobre nuestro vapuleado espíritu que precisamente buscamos cuando vamos al teatro? La CNTC gira continuamente por toda España: no duden en acudir a verla.
'Eres blanca y hermosa como tu madre'... 'En un país de fábula vivía un viejo artista'... '¡No puede ser! Esa mujer es buena'.... Seguro que las conoce: 'La tabernera del puerto' se estrenó en Barcelona en 1936, y está considerada una de las mejores piezas del género, en cuyo 'templo', el Teatro de la Zarzuela de Madrid, se presenta esta notable producción de 2006. Setenta años después, la buena música de Pablo Sorozábal a un impecable libreto de Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw, aseguran una agradable velada. Tres actos, hora y media sin intermedios inoportunos, escenografía expresionista, ritmo continuado, aires evocadores del pasado, elenco de primera categoría. Función redonda. Bien interpretados y cantados todos los papeles. Buen trabajo de adaptación de Luis Olmos, director de este Teatro desde hace cinco años.
Un profesor de historia contemporánea recibe la visita de una señora mayor que resulta ser una tortuga de 200 años de edad que le ofrece su testimonio exclusivo sobre los principales acontecimientos históricos de tan dilatado período. Un doctor intentará descubrir el secreto de su longevidad. La tortuga habla y habla, y lanza juicios y doctrina a raudales. La consagrada Carmen Machi retorna protagonizando La tortuga de Darwin, estrenada con éxito la temporada pasada. La Abadía, 'una fundación cultural con financiación pública y gestión privada... modelo que nos permite obrar con menos ataduras que un teatro institucional al uso, con mayor libertad de riesgo y plena independencia artística', reafirma su apuesta por el teatro comercial y el éxito fácil. Tiempos de crisis sistémica.
Vivió 60 años (1581-1649); a los 32 se metió en un convento dominico, y no pintó más de cuarenta obras en toda su vida. Juan Bautista Maíno apenas es conocido en España y absolutamente nada por esos mundos. El Prado lo rescata del olvido con exquisito cuidado, expone su obra prácticamente completa y la acompaña de otras tantas obras de maestros de su tiempo para que podamos encuadrarla en su justa valía. Es su propuesta para este otoño y es una propuesta que merece reconocimiento y éxito. “Probablemente nadie llegó tan cerca de Caravaggio como este dominico español”, dijo de él el primer experto que lo lanzó internacionalmente. Y con ello le situó perfectamente.
Luibov Popova y Aleksandr Rodchenko entregaron su vida y su arte al constructivismo, una de las muchos movimientos artísticos que el siglo XX ha visto. ¿Qué les hizo pensar a estos artistas revolucionarios que la mejor forma de ponerse a la altura de la revolución bolchevique era este frío geométrico, e incluso posteriormente ni siquiera eso, abandonar la pintura y dedicarse al diseño aplicado a la producción industrial? Su 'sacrificio' en aras del proletariado ni siquiera fue reconocido y en una década el partido comunista los arrinconó en nombre del realismo socialista.


En el Tyssen se frotan las manos. Sus 'Lágrimas de Eros' amenazan con convertirse en el éxito de la temporada en la competitiva milla de oro de los museos madrileños. Ante un centenar largo de ávidos periodistas, su director general Guillermo Solana, reconvertido en gozoso comisario y único 'factotum' de esta selección discutible pero respetable, -condenada a la parcialidad-, del despliegue erótico que el arte ha realizado en los últimos cinco siglos, ha confesado haber sufrido impulsos de autodesgtrucción m ientras avanzaba en un proyecto que sorprendentemente para él pero previsible para todos los demás, ha contado con la aquiescencia absoluta de la Baronesa, nuestra Tita Cervera, que incluso ha aportado la guinda al proyecto, la sugerencia atendida de incluir en el mismo 'La Fuente', un pequeño óleo del francés Corot, por supuesto parte de su Colección que en estos días pugna por su precio máximo.
Toda temporada tiene sus fiascos y sus gratas sorpresas, y 'Clementina' pertenece sin duda a la segunda categoría. Llámenla 'zarzuela barroca' si quieren, pero esta ópera española puede codearse con la producción de sus coétaneos, incluídos Haydn y Haendel, y es digno prolegómeno de los prodigios operísticos de Mozart. Una música medida e inspirada para un texto soberbio del gran Ramón de la Cruz en un libreto de encomiable coherencia (méritos que se atribuyen en parte a un expurgado concienzudo del original), y todo ello en una obra única, en la única ópera que compusiera Luigi Boccherini. Lástima que no hubiera más. Lástima que no hubiera otros. Lástima de más encargos por parte de la aristocracia española. Pudo haber en España un género a la altura del de Italia si la cúspide social lo hubiera apoyado como hizo doña María Faustina Téllez-Girón, condesa viuda de Benavente, encargando al titular musical de su Casa esta agradable Clementina que merece entrar en los repertorios habituales. Un digno entretenimiento. Un rato muy agradable. Un espectáculo donde todo resultó gratificante.
Francesco Lo Savio vivió solamente 28 años, pintó tan sólo durante los últimos cinco de su vida, tuvo una producción escasa y es muy poco conocido. El 'Reina' inaugura la primera exposición en España de este artista malogrado no sólo debido a su prematura muerte por suicidio, sino también a la difícil clasificación de un trabajo cuya radicalidad no fue entendida en su época. Un preminimalista y un postbarroco casi totalmente monocromo, tan incomprendido que su mismo hermano promovió el boicot de su última exposición, lo que desencadenó su decisión fatal.
La cuarta y última aportación del ciclo 'Una mirada al mundo', oportuna iniciativa del Centro Dramático Nacional ahora que se desliga del Festival de Otoño pasado a la primavera por exigencias del teatro comercial madrileño, es la más difícil y discutible de las cuatro. La más ambiciosa, por cuanto supone un intento de ruptura radical con la gramática teatral tal como lleva dos mil años existiendo, y por eso quizás la más fallida, porque del dicho al hecho siempre hay demasiado trecho.
El “Víctor Ullate Ballet” cumple veinte años y para celebrarlo, su director de la última década, Eduardo Lao, rindió homenaje ditirámbico al creador y director durante la primera década, Víctor Ullate, un nombre mayúsculo sin duda de la danza española, que será director de la futura Compañía Nacional de Danza Clásica si un día llega a crearse. '2 you Maestro' dura tres horas y aúna fragmentos de 17 de sus coreografías más conocidas. Un compendio agotador, sin parangón y quizás excesivo. Sirvió para demostrar la excepcional calidad de este cuerpo de danza, pero también para un protagonismo excesivo por parte del homenajeado y una oportunista consagración de su hijo Josué, de 15 años de edad, convertido en prematuro continuador de las excelencias de su padre.
Podría haberse optado por un museo nacional que incluyera la pintura y escultura del siglo XIX, entre el Prado y el Reina Sofía. Pero ya no caben más museos en la prodigiosa meca pictórica madrileña. Se ha optado por que el Prado contenga el discurso histórico del arte español desde el Románico hasta los maestros modernos del siglo XIX. En sus doce nuevas salas incluirá 176 obras que aspiran a suponer un compendio completo del arte español decimonónico, desde el último Goya hasta Sorolla y Benlliure.
La 'tercera mirada al mundo' del Centro Dramático Nacional dentro de su ciclo así titulado, es 'Rojo reposado', una propuesta flamenca basada en la novela Bezonken rood (1981) del autor holandés Jeroen Brouwers (nacido en 1940), centrada en los terribles recuerdos del campo de concentración donde fue encerrado por los japoneses durante la segunda guerra mundial junto con su madre y miles de mujeres y niños holandeses residentes en Indonesia. Es un monólogo asfixiante de un neurótico perseguido por el recuerdo. Al servicio de un gran texto, un creativo despliegue audiovisual y una selección musical de alta calidad (Jhon Cale, J.J.Cale...) completan el trabajo de un extraordinario actor que te deja baldado.
Una joven, rescatada del arroyo por un rico padrino abusador, remonta la escala social sirviéndose de hombres sumisos a los que seduce friamente hasta asesinar a uno de ellos, ir a la cárcel y escapar gracias a la ayuda de una condesa también enamorada de esta implacable Lulu. A partir de ese momento, cambia su sino, y obligada a prostituirse por hombres malvados, termina siendo víctima de un criminal de los bajos fondos. Un argumento que en 1937 era un revulsivo para una ópera, pero que hoy apenas impresiona, cediendo paso a lo verdaderamente importante: la tempestad musical que consumió a Alman Berg en sus últimos años de vida.
¿Y ése quién es?, le decían invariablemente a Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen-Bornemisza, cuando anunciaba esta exposición. Pues bien, ya está aquí la primera monográfica que se dedica en España a este pintor francés que vivió entre 1836-1904, que no se embarcó en la aventura impresionista que inauguraría la dictadura de las vanguardias en la Europa del siglo XX; que realizó un arte discreto e integrado en su época burguesa; y que ahora al calor del cierto retorno que protagoniza la arrinconada pintura figuracionista del penúltimo cambio de siglo, reclama una atención sin prejuicios.
Lunes, 13 de febrero
José Lozano Galera
Chris Gonzalez -Mora
Padre Fortea
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Juan Luis Recio
Juan Carrasco de las Heras
Ángel Sáez García
Paulino Toribio
Julián Moreno Mestre
Antonio García Fuentes
Juan Fernandez Krohn
Atticus-444