Estuvo en lo alto de la ola y se dejó caer. Pasado medio siglo de su muerte, llega a París y Madrid, y ciertamente deslumbra aunque uno esté harto del culto que no cesa a las vanguardias de hace un siglo. Se atribuye a Maurice de Vlaminck (1876-1958) la idea de que los buenos pintores son como los buenos cocineros, difíciles de explicar, y de que en arte, las teorías son tan útiles como las recetas, hay que estar enfermo para confiar en ellas. Pensaba, como tantos, que si un cuadro tiene que ser explicado mediante palabras, nada tiene que ver con la pintura.
Sábado, 26 de mayo
Juan Granados
José Andrés Prieto
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Atticus-444
Julián Moreno Mestre
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Javier Orrico
Juan Carrasco de las Heras
David Felipe Arranz