Arte

El Prado corona a Francis Bacon, por J.C.Deus

03.02.09 | 12:35. Archivado en Exposiciones, Artes Plásticas
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No he podido ver qué caras han puesto Felipe y Leticia recorriendo la exposición. Cosas más difíciles les toca hacer cada día a los herederos de la Corona de esta España aún monarquía, que no sé yo si monárquica. Será la cara que pongan el noventa por ciento de los visitantes inadvertidos, cuando buscando las glorias históricas de la pintura occidental se topen de bruces con las horripilantes imágenes de cuerpos mutilados, los espachurrados rostros, la sordidez inconmensurable, y los estertores y retorcimientos vitales que el irlandés Francis Bacon plasmó como nadie en el pasado siglo.

El Museo del Prado protagoniza otro triple salto mortal de los que acostumbra la actualidad española, y expone desde hoy, al costado de las esculturas clásicas que vinieron de Dresde, una gran retrospectiva de Francis Bacon (1909-1992) organizada con motivo del centenario del nacimiento del artista por la Tate de Londres y el Metropolitan Museum of Art de Nueva York.

A diferencia de Londres o Nueva York donde la presencia de la obra de Bacon ha sido constante en los últimas décadas, este artista únicamente ha sido objeto de una exposición en Madrid hace treinta años (Fundación Juan March, 1978). De ahí que la presentación de esta muestra en el Prado adquiera mayor audacia si ya de por sí no es bastante que el templo de la pintura clásica se arriesgue en vericuetos de los que siempre ha permanecido voluntariamente marginado.

Estamos ante dos cuestiones, o tres si se quiere. La conveniencia de rendir sin precedentes el Prado a Francis Bacon, la exposición en sí, y la valoración de la obra de este artista. Estamos seguros de que entre tres síes y tres noes habrá todo tipo de arpegios, sobre todo si se responde en privado, a salvo de inquisiciones bien activas en nuestros días. Obligados a dar la cara, no tenemos más remedio que encarar el interrogatorio diciendo que Bacon nos fascina desde que lo descubrimos en esa exposición madrileña que citábamos, que la retrospectiva merece ser vista por encima de casi todo, pero que esta fusión Prado-Bacon chirría un tanto, tiene tintes tragicómicos y aires de entreguismo. Atraerá multitudes, dinero, fama, pero rebajará estatus y excelencia. El Prado es único en el mundo, su estatus no depende de rompedoras exposiciones temporales.

Se habla estos días en tonos tan ditirámbicos del artista que se pierde el sentido de la medida. Es uno de los que perdurarán del siglo XX, sin duda, por la valentía de su testimonio, por la autenticidad de su postura. Pero subiéndolo a los altares, se tergiversa su angustioso mensaje, y se le convierte en santo que enarbolar contra otros santos, en ariete del asfixiante Zeitgeist oficial hecho de ateísmo furibundo y homosexualidad militante.

No se dejen engatusar. Este hombre sufrió mucho; sus cuadros transpiran horrores y decrepitud de una vida que odiaba en voz baja; el pintor de vísceras sangrantes y bombillas temblorosas, de colillas por los suelos y amantes en el retrete, nos transmitía su dolor inmenso. Los rostros reventados de sus amigos, los perrillos y los simios dolientes, y sobre todo esa brutalidad del niño paralítico que amenaza en una esquina del recorrido, nos dicen que llegó al infierno, que vivió en él y que en él murió ya octogenario un 28 de abril de 1992.

Su vida se cuenta a medias. Le dirán mil veces que le gustaba Madrid, que venía a visitar el museo del Prado; otros en voz baja fijan su interés madrileño en un romance con «n banquero español de nombre José. A mí me han dicho más confidencialmente que a lo que venía en realidad era a disfrutar o a sufrir de los jóvenes chaperos que se vendían junto al Café Gijón, pasada la Cibeles. Los tres motivos no son excluyentes. Aquí murió, -solo, achacoso y amargado- en aquella primavera.

El primer impacto de la obra de Bacon ya no se olvida nunca, aunque en estas dos décadas el aspecto más repugnante de la naturaleza humana haya salido frecuentemente a la superficie. Margaret Thatcher sólo veía en sus cuadros «asquerosos trozos de carne», pero hay más, sin duda. El comienzo de la exposición es decepcionante con esas crucifixiones tan celebradas como fallidas. Pero el final es apoteósico. Entre medias puede pararse el tiempo. Hay una foto gigante de su estudio convertido en un inmenso vertedero al final de sus días. Son 78 obras, entre ellas dieciséis de los trípticos más importantes realizados por el artista. Uno de ellos es la única aportación española, propiedad reciente del financiero Juan Abelló. La visión de conjunto empequeñece lo más publicitado de su creación, sus divagaciones sobre el Papa Inocencio X retratado por Velázquez. Quizás un tercio de las telas son de máxima categoría. Un nivel altísimo de emoción, de comunicación, de impacto anímico, que era lo que siempre obsesionó a Bacon.

Mientras que otras exposiciones anteriores se centraron en sus obras más recientes o en la presentación de alguno de sus temas más importantes, ninguna de ellas pudo alcanzar la dimensión totalizadora que tiene la organizada ahora con motivo de su centenario, ni las posibilidades de apreciación de su pintura que confiere la distancia de su muerte, va a hacer diecisiete años. Han sido muchas las aportaciones al conocimiento de su vida y de su obra con la ordenación del ingente material que guardaba su taller.

La exposición abarca desde las obras más tempranas de Bacon, en los inicios de su carrera, hacia 1946-1949, hasta los años finales de su vida, ya en 1991, y se estructura en capítulos que pretenden ordenar las obsesiones sucesivas del artista bajo denominaciones como Animalidad, Aprensiones, Crucifixión, Crisis, Retrato o Épica, sin que haga mucha falta y sin conseguir clarificar nada.

La complementa un ciclo de películas del que les recomendamos muy vivamente una: Love is the Devil: Study for a Portrait of Francis Bacon (El amor es el Diablo) de John Maybury (Gran Bretaña, 1998). No sale ninguno de sus cuadros porque no lo permitió su heredero y pareja John Edwards, quien heredaría sus bienes, valorados en 11 millones de libras. Pero sale el fantasma de Francis blanqueándose los dientes con detergente abrasivo antes de salir a sus víacrucis nocturnos.

Este espaldarazo del Prado a Bacon, mantendrá su cotización a pesar del estallido de la burbuja especulativa del arte contemporáneo. Bacon suscribió en 1954 un contrato de exclusividad con la célebre galería londinense Marlborough, que se mantuvo hasta su fallecimiento, extensible incluso a los derechos de reproducción fotográfica. Además de este despliegue formidable, varios coleccionistas españoles esconden obras de Bacon. 'George Dyer en un espejo' (Portrait of George Dyer In a Mirror, 1968), está en el Thyssen-Bornemisza. 'Desnudo tumbado' en el Reina Sofía y 'Figura recostada ante un espejo' en el Bellas Artes de Bilbao. El Desnudo tumbado se compró en los años ochenta por unos 60 millones de pesetas y ahora se cotiza por encima de los 4.000 (25 millones de euros). Gilles Deleuze opinaba que Francis Bacon había captado la esencia de los humanos de nuestra época. No es muy agradable ni muy optimista la frase, pero en alguna medida es cierto.

FRANCIS BACON
3 FEBRERO - 19 ABRIL 2009
MUSEO NACIONAL DEL PRADO

Patrocinada por ACCIONA
Con la colaboración de la COMUNIDAD DE MADRID

La exposición ha contado con el comisariado conjunto de: Chris Stephens y Matthew Gale (Tate), Gary Tinterow y Anne L. Strauss (Metropolitan Museum of Art) y Manuela Mena (Museo Nacional del Prado).

El catálogo incluye una introducción general, introducción a cada una de las diez secciones de la exposición, reproducción de las 73 obras comunes en las tres sedes, biografía del artista, apéndice documental e índice y los siguientes ensayos:
. Matthew Gale y Chris Stephens, Al margen de lo imposible
. Gary Tinterow, con la ayuda de Ian Alteveer, Bacon y sus críticos
. Martin Harrison, La pintura de Bacon
. Manuela Mena, Bacon y la pintura española
. David Alan Mellor, Cine, fantasía e historia en Francis Bacon
. Simon Ofield, Relativos desconocidos
. Victoria Walsh, “La verdadera imaginación es imaginación técnica”

Actividades especiales
Con motivo de esta exposición, el Museo ha organizado un programa especial de actividades que incluye el habitual ciclo de conferencias, además de un ciclo de cine, proyección de documentales, itinerarios guiados y visitas exclusivas para jóvenes (El Prado Joven, últimos viernes de mes).

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10 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por lurdes 12.04.09 | 05:04

    es muy esajerado sus fotos son un desastre

  • Comentario por ¡Stop a la conspiracion del cerdo! 04.04.09 | 19:08

    Una buena critica de Bacon poniendolo a parir en: www.elcerdoeselmensaje.blogspot.com

  • Comentario por Maria Lourdes Alonso 17.02.09 | 01:15

    Sin lugar a dudas, existe una sublimación de lo particular en el arte, sobre todo en los genios universales. Pero no hay que perder de vista que junto a la trasmutación en belleza del sufrimiento, siguen así mismo estando allí las diversas facetas humanas del genio. Bacon no sólo es el inmenso creador -alquimista sino además el hombre . Y aceptar esto no es "simplicidad de vulgar forero de internet" sino precisamente ser consciente de cuán poliédrico y complejo es el artista.

  • Comentario por Armando Almánzar-Botello Rep. Dominicana 16.02.09 | 03:38

    ¡¡Oh, Sancta Simplicitas!! Soy un bárbaro lúcido en hoguera distante. Sólo respondo a ciertos "juicios "por respeto a la memoria de Francis. El niño asmático nacido en Irlanda y la "viuda" sufriente de George Dyer, no son de modo mecánico y lineal Francis Bacon, el "Pictor ignotus". "En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme...". "...pero mañana yo también habré muerto y se confundirán nuestros tiempos y la cronología se perdera en un orbe de símbolos..." ¡Sin embargo!... Francis Bacon es un artista singular de primera magnitud: Voluntad estética de forma estallada y abierta. Mas su obra supera en tanto que acontecimiento, -como en toda transmutación artística verdadera- el accidente de lo simplemente biográfico-especular. Comentarios usuales de la red: Banalidad espectacular del sensacionalismo frente a la conciencia de la herida plástica perdurable. Wordsworth: La poesía nace de la emoción recordada (transfigurada) en el recuerdo... ¡Cambio y fuera!

  • Comentario por clara 15.02.09 | 22:05

    mmmmm hola ps esta informacion esta chiiida!

  • Comentario por Maria Lourdes Alonso 15.02.09 | 00:51

    Ví esta muestra en Milán el pasado año y , efectivamente, no hay que perder de vista que todo el caudal emocional que rezuman sus cuadros constantemente nos traen a la mente a aquel niño asmático, aturdido por un padre autoritario que abominaría de las tendencias homosexuales de su hijo, al adulto desgarrado qua ha de afrontar el suicidio de su compañero e inspirador...

  • Comentario por Armando Almánzar-Botello Rep. Dominicana 08.02.09 | 17:54

    Francis Bacon: Relectura irónica y postmoderna de la gran tradición plástica de Occidente. Homenaje a los geniales maestros. Crítica humoral a todo lo reactivo e inerte. Voluntad de forma inédita en diálogo con el caos. Voluntad de arte más allá de las oposiciones placer-dolor, belleza-fealdad. Pictórico apocalipsis jubilar de la carne que danza. Desgarrada y curativa afirmación de la vida como acto creador.

    !!!Felitaciones a las autoridades del MUSEO DEL PRADO por esta Gran Exposición!!!

    Armando Almánzar-Botello

  • Comentario por Armando Almánzar-Botello Rep. Dominicana 07.02.09 | 03:03

    Algo aflige quizá su propio corazón de usted que no encuentra el correlato esencial que lo podría vincular a la solución artística que Francis Bacon halló al dolor de la mortalidad, la conciencia del desamparo humano y los navajazos de la incertidumbre. La "risa" plástica de Bacon equivale a eso que alguien llamó "risus purus", risa que se ríe de la risa. Apocalipsis que danza, como diría la Kristeva a propósito de L. F. Celine... En la pintura de Bacon hay que saber saborear la textura... !Salud, vieja Europa, que tantas cosas hermosas y terribles me enseñaste! Saludos afectuosos desde las Islas Caribeñas de ron y de azúcar...
    Armando Almánzar-Botello



  • Comentario por Catalán Deus José [Blogger] 06.02.09 | 14:09

    Gracias por su aportación Armando, pero yo no siento ese 'triunfo intensivo de la risa, la danza y el juego, sobre los poderes de las tinieblas encarnados en el orden terrorista global y su bio-poder'. Yo siento desolación, una anegadora tristeza. Saludos,

  • Comentario por Armando Almánzar-Botello Rep. Dominicana 06.02.09 | 04:17

    Lo que no podemos perder de vista es que en la pintura de Bacon no hay nihilismo reactivo-pasivo, sino una potencia de afirmación de la vida en sus más extraños y duros problemas: voluntad de angustia como precio del descubrimiento, voluntad dionisíaca de herida como precio de la libertad. Si entendemos correctamente a Deleuze en su obra sobre Bacon titulada Lógica de la sensación, en la pintura del artista anglo-irlandes se ofrece un triunfo intensivo de la risa, la danza y el juego, sobre los poderes de las tinieblas encarnados en el orden terrorista global y su bio-poder. Bacon es un gran artista del mismo modo en que lo son, en el ámbito de la literatura, un Kafka, un Beckett o un Cioran. Pero quizá ciertas lecturas de Bacon sean más fácilmente comprendidas por nosotros los latinoamericanos como porción marginal de Occidente, que por el actual hombre europeo de la calle que tanto amó Francis.

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