Una auténtica conmoción se vive este mes de mayo en el Teatro Real. El mito de Orfeo, el tracio que con la pureza de su canto llega a convencer a las divinidades infernales para que le devuelvan a su amada Eurídice, es uno de los pilares del pensamiento occidental junto con el mito de Edipo. Recién cumplidos los cuatrocientos años del estreno de L’Orfeo de Claudio Monteverdi en Mantua, el Teatro Real estrena la que se considera la primera obra de la historia del gnenero, y aún por algunos, la mejor. Y lo encomienda a una pareja de bien ganado prestigio, el director musical William Christie y el director escénico Pier Luigi Pizzi, que nos cuentan su visión y su versión del hito.
'Fue en lo primero que pensé cuando llegué a mi puesto en el Teatro Real, porque Monteverdi es de una modernidad absoluta poco conocida en nuestro país'. Antonio del Real, director del teatro, presenta así este L'Orfeo, primera entrega de la trilogía de óperas de Monteverdi que se completará en las dos próximas termporadas con Il ritorno d’Ulisse in patria y L’incoronazione di Poppea. E introduce a Christie y Pizzi como 'dos sabios de la ópera' a los que admira desde que vio su trabajo conjunto en París hace dos décadas.
William Christie afirma estar en un momento muy importante de su vida. Y comienza elogiando a Pizzi con el que afirma haber encontrado una colaboración perfecta para que música y escenografía se fusionen en este espectáculo espiritual que es la ópera cuando todo funciona. 'Porque vemos muchas veces que una cosa no va en relación con la otra y el resultado es estúpido, insatisfactorio'. Cree que su entendimiento perfecto nace de que las personalidades de ambos son barrocas, de que su trabajo es más profundo que una simple reproducción de época.
Pier Luigi Pizzi recuerda su trabajo conjunto en la Pasión según San Juan, de J.S. Bach, para establecer el ambiente de iglesia barroca en que naciera la obra. Dice que para ellos se trata ante todo de un placer intelectual, un trabajo que va surgiendo espontáneo, sin pretensiones, sobre una total comunión espiritual, que no ahorra diferencias y críticas. 'L'Orfeo es quizás la idea más perfecta de una ópera, de equilibrio total, armonía absoluta, perfectamente calibrada, de alquimia excelsa. Vine antes a los ensayos de Christie para ver el nacimiento de ester trabajo conjunto: es increíble cuánto puede salir de una obra si se estudia amándola, respetándola, buscando entrar en contacto directo con el autor'.
El italiano está cansado pero feliz, tras ensayos de doce horas diarias: 'Cada día lo primero que hago es agradecer a Dios esta oportunidad. Mi idea primigenia ha sido unir insturmentos y voz, música y palabra, pues la orquesta por sí sola ya es un espectáculo con sus instrumentos antiguos, con su ritual de afinamiento. Por eso mostraremos a la orquesta desde incluso antes de que la representación comience. Luego empieza la obra, como una evocación del mundo donde nació, no una reproducción filológica. Monteverdi la representó por vez primera en un palacio, no en un teatro, y los asistentes seguramente participaron en su nacimiento, en lo que sería sin duda un momento mágico que intentamos resucitar. Tras esa primera parte, un himno al amor y al placer, al humanismo y al Renacimiento, llega una segunda dramática, aparece la muerte de golpe, y el descenso a los infiernos, que no es dantesco, con llamas, sino el vacío interior, la desolación. Es difícil encontrar en toda la historia de la ópera algo como estos veinte minutos de 'smarrimento', de confusión, un climax bien moderno, tan actual y de forma tan desconcertante. Finalmente, se arriba al vacío, se va la orquesta, Apolo llega con sus vestiduras de ángel, frente a un Orfeo que es un hombre de hoy con el que podemos identificarnos'.
'No se puede hacer lo que uno quiera con los antiguos', interviene de nuevo Christie. 'Cada generación debe redescubrir a Monteverdi, como a Mozart, pero la clave es informar históricamente mediante la representación. Para ello contamos con elementos esenciales: la partitura que nos descubre los instrumentos que hay que usar, los personajes... Y luego los mismos instrumentos. Se puede expresar la propia personalidad pero dentro de un marco preciso'.
Bien, pues poco más hay que añadir, porque nuestros protagonistas lo han contado casi todo. Christie y Pizzi son dos maduros intelectuales -mejor dicho, 'intelecto-espirituales'- con una idea precisa de cómo actualizar los clásicos en la que debieran meditar todos los que se dedican a este menester en la ópera y fuera de la ópera, por ejemplo, en el teatro. Nosotros, la compartimos. Ahora sólo queda gozar del resultado. Se lo contaremos sin falta.
Y para los que no puedan acudir (13, 15, 17, 19, 21, 23, 25, 26 y 28 de mayo. a las 20 h.), el 19 de mayo se proyectará vía satélite y en alta definición en 27 cines de toda España, y otros 53 de toda Europa. El 23 de mayo se proyectará en pantalla gigante en la Plaza de Oriente; también será retransmitido por Radio Clásica en fecha no concretada aún, y sólo faltará la televisión: 'Es una pena, pero no responden a nuestros deseos de divulgación', dicen los responsables del teatro.
Esta nueva producción del Real en coproducción con el Teatro La Fenice de Venecia, constituirá una de las piedras angulares de la programación de esta temporada, si no el hito máximo de la misma. Sobre un gran libreto de Alessandro Striggio, basado en las Metamorfosis de Ovidio, y las Geórgicas de Virgilio, Monteverdi escribió una música tan hermosa que rivaliza por la primacía.
Con dirección musical de William Christie -quien estará al frente de Les Arts Florissants y del reparto internacional- y dirección escénica de Pier Luigi Pizzi -responsable también de la escenografía y los figurines de la obra-, L’Orfeo es el inicio de la trilogía monteverdiana que seguirá la próxima temporada con Il ritorno d’Ulisse in patria y L’incoronazione di Poppea en la temporada 09/10.
ORFEO Y SU CONTEXTO
Además, El Real ofrece una nueva edición de su ciclo Contextos dedicado a diferentes lecturas musicales de esta figura mitológica. Los días 8 y 9 de mayo sendos conciertos de La Venexiana, conjunto italiano referente en la interpretación de música antigua, que estarán dedicados íntegramente a los Madrigales de Monteverdi. Ambas sesiones nos acercarán, por un lado, a los orígenes del “estilo representativo”, y, por otro, a una de sus primeras realizaciones escénicas: el sobrecogedor Il combattimento di Tancredi e Clorinda, estrenado en el Palazzo Mocenigo de Venecia en 1624 con “un caballo real en escena”, como recuerdan las crónicas de la época. Il combattimento abre pues las puertas a las dos últimas óperas del compositor de Cremona, Il ritorno d’Ulisse in patria y L’incoronazione di Poppea, que el Teatro Real presentará de forma sucesiva a partir de la próxima temporada.
Hasta la fecha, en el ciclo ha quedado patente la distancia entre L’Orfeo(1607) y Orpheus und Eurydike de Ernst Krenek (1926), que supone el agotamiento del mundo idílico imaginado por Monteverdi, y deja paso a un infierno, el del siglo XX, encarnado por la guerra, la muerte y la destrucción. Pero el mito de Orfeo ha sido también utilizado para llevar a cabo la primera reforma teórica y práctica del mundo de la ópera. Con su Orphée et Eurydice, en la versión original en italiano (Viena, 1762), que los días 27 y 30 de mayo y 2 de junio se presentará en tres sesiones de concierto muy especiales, Christoph Willibald Gluck intenta volver al concepto de Monteverdi: el del “recitar cantando”, o mejor dicho en este caso, el del “cantar recitando”. Además de estos tres títulos y de los conciertos de La Venexiana, el ciclo ha ofrecido un concierto pedagógico en el que los más jóvenes tuvieron la oportunidad de transitar por el mito de Orfeo a través de los tiempos.
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Lunes, 6 de julio
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