Arte

Gran pintor de su deshonra, por J.C.Deus

07.04.08 | 19:53. Archivado en Teatro, Danza y Espectáculos

Calderón de la Barca era ya la máxima autoridad del teatro español -un reconocimiento que ha llegado a nuestros días- cuando hacia 1650 estrenó 'El pintor de su deshonra'. Ha llovido desde entonces, han pasado tres y medio largos siglos, pero los clásicos tienen eso, que son eternos si se entienden y respetan. Cosa que ha hecho la Compañía Nacional de Teatro Clásico, dentro de una trayectoria impecable que ha roto un océano de impotencia, desidia y rutina con el patrimonio dramático español. La versión que la CNTC ha hecho de la importante obra de Calderón., estrenada en Sevilla, representada en Bilbao, y en Madrid hasta el 25 de mayo, es obra de Rafael Pérez Sierra, y está dirigida con enorme acierto por Eduardo Vasco. Muchas gracias por el placer inmenso de contemplar un texto descomunal dentro de una representación bien hermosa. No es cosa de todos los días.

El asunto es el siguiente: el cistianismo occidental permitió hasta hace muy poco lo que ahora nos escandaliza del Islam: el marido podía castigar el adulterio real o supuesto matando a la esposa y el amante en defensa de su honra y sin que se considerara delito. Tal cosa ocurre al final de esta obra, y adelantarlo no estropea su disfrute, porque antes de que se abusara del 'suspense' en el entretenimiento vulgar de las masas, lo de menos era el desenlace, y lo de más, la historia. Una historia contada a la manera barroca -luego absurda y desmadrada- al estilo demencial que inmortalizará la ópera italiana. Pero que junto a las libertades del guión presenta una forma de contarlo, una prosa versificada, un verso narrativo, que cada día se revaloriza como el maldito petróleo y por razones mucho más consistentes. Es la lengua, es el idioma, es el vestigio perenne de cuando hablar culto era una cualidad y un arte, de cuando hablar era reflejar las complejidades del alma, de cuando la literatura era un chisporroteo, qué digo, un suceder de relámpagos cegadores, de metáforas brillantes, de reflexiones sesudas, de juicios experimentados en la más difícil de las asignaturas, la de la vida.

La historia es el clásico malentendido. Tan repetido durante siglos de arte occidental, que uno llega a pensar que estamos ante un nudo gordiano de nuestra cultura, una pregunta y una respuesta tan importante como esas dos de quién soy yo y si existe Dios. Las apariencias siempre engañan, en asuntos del corazón y en todos los asuntos. Porque lo peor del pobre pintor de su deshonra es que ni siquiera hay deshonra sino apariencias de deshonra. Una mujer enamorada de un galán al que se cree ahogado, se casa con su buen primo, un pintor que sabe de la imposibilidad de retratar la belleza. El presunto ahogado vuelve y reprocha haber sido olvidado. La mujer presa de remordimientos permanece fiel a su actual esposo. Pero en un lance de suerte, su antiguo novio consigue raptarla y aunque rechazado por la mujer, su marido deducirá amores entre ambos y los matará con la aprobación general de amigos y parientes.

Pero hay mucho más de interés adornando el lance. Hay un personaje que se llama Celio, masculino de Celia, y hay otro que cuenta chistes, y otras que cantan. Los sirvientes ven más que sus amos y el más tonto de todos es el príncipe Ursino que termina cediendo a la presión casatoria de la astuta Porcia.

Así que, siéntense en este delicioso teatro Pavón, en medio de este pueblito en vías de recuperación que es la calle Embajadores y aledaños, y disfruten de oír a la gente hablar como se debería. A señores y siervos hacer gala de buenas luces y mejores entendimientos, en una representación ejemplar, sobresaliente en escenografía, en ritmo, en todo, con música en directo y con una irrupción del carnaval cuyo vestuario y planteamiento es de lo mejor que nunca yo haya visto en un escenario.

La obra puede leerse antes de acudir a la representación para familiarizarse con la exquisita escritura de Calderón.

El pintor de su deshonra se imprime por vez primera en Zaragoza, en 1650, dentro de la 'Parte quarenta y dos de comedias de diferentes autores', y es representada en Palacio ese mismo año. Una pieza compuesta por el “arquitecto” de nuestro Siglo de Oro, explica la CNTC, llena de lirismo y reflexión filosófica. La rigidez del código del honor y la experiencia del artista plástico; los dos ejes con los que Calderón elabora una de las obras más conmovedoras de nuestro repertorio áureo. El hombre que tiene derecho a matar a su mujer, si hay ofensa de por medio; un viaje a los cimientos históricos de nuestras estructuras sociales, que conecta directamente con nuestra realidad diaria.

COMPAÑÍA NACIONAL DE TEATRO CLÁSICO

La Compañía Nacional de Teatro Clásico entiende por teatro clásico la literatura dramática escrita antes del periodo realista. Lástima no porlongarse hasta Echegaray y Benavente. 'Seleccionaremos, partiendo de esta premisa, un repertorio que nos asegure el interés contemporáneo de los textos elegidos, ya sea por su contenido o por su forma. Debemos consolidar el repertorio esencial e inusual de nuestro teatro barroco, investigar las posibilidades del Renacimiento y revisar hasta un poco más allá del Romanticismo; ampliar el campo de acción incorporando autores clásicos internacionales, y mantener vivos tanto algunos títulos indispensables como otros desconocidos. Pero también debe haber una apuesta, un riesgo estético, una búsqueda y un compromiso con el mundo que nos rodea. No podemos abordar la escenificación del teatro clásico de manera museística; hay que apostar por un teatro de formas actuales, pleno de vitalidad, con el que debemos crear un nexo de unión entre el espectador de hoy y aquellos autores que conforman nuestro pasado'.

'La palabra -dicen en su declaración de intenciones- debe constituir la cimentación de esta compañía, y contribuir a paliar la merma constante del idioma que sufrimos, apreciando la belleza y la variedad del que utilizaron nuestros antepasados'. Nuestros textos clásicos son vehículos de la belleza del pensamiento, de la historia y de la lengua. De nuestras contradicciones y esperanzas, de nuestras miserias y pasiones. Son estructuras dramáticas para ser representadas, historias para ser contadas. Las gentes de teatro, los amantes de la literatura, la música y el arte acudimos a los clásicos a menudo para asegurarnos de quiénes somos, para encontrarnos a nosotros mismos; nos ayudan a situar nuestro mundo, a relativizarlo y cuestionarlo. En estos tiempos de rapidez y tecnología, nada mejor que la sabiduría de los clásicos servida con el medio artesanal más directamente humano: el teatro'.

CALDERÓN DE LA BARCA

Nació don Pedro Calderón de la Barca el 17 de enero del año 1600, en Madrid. Al morir su padre, los tres hermanos iniciaron un pleito a su madrastra por desacuerdos con la voluntad testamentaria de su padre y pasaron a depender, desde entonces, de su tío materno. Recibió una sólida formación, primero con los jesuitas y luego en Salamanca, donde cursó cánones y derecho desde 1615 hasta 1620. En estos años juveniles se especula con la posibilidad de que se alistara en el ejército y viajara por Italia y Flandes. Aunque esta participación no se ha probado, lo cierto es que Calderón intervino en algunas contiendas importantes, como la guerra de Cataluña, donde murió su hermano José. Fue en la década de los treinta cuando escribe sus piezas maestras: La vida es sueño, El mágico prodigioso, El alcalde de Zalamea, El gran teatro del mundo. En 1647 tuvo un hijo que cuidó como sobrino hasta que lo reconoció en 1651, cuando se ordenó sacerdote. Desde 1653 vivió en Toledo como capellán de los Reyes Nuevos, pero viajaba mucho a Madrid, para seguir de cerca las representaciones de sus obras. De nuevo en la corte, fue capellán de honor de su majestad. Poco a poco fue disminuyendo su actividad dramática durante el reinado de Carlos II. Sin embargo, puede decirse que no la abandonó hasta el lecho de muerte el 25 de mayo de 1681, cuando redactaba el auto de La divina Filotea.

Reflexivo, pesimista y lúcido, siempre le acompañó el sentimiento trágico de la vida que subyace en sus obras teatrales, a las que se dedicó por completo: se ha calificado la suya de “biografía del silencio”. El pintor de su deshonra se suele citar junto a El médico de su honra y A secreto agravio, secreta venganza, como parte de una indispensable trilogía: la de los 'dramas de honor' a partir de ingredientes parecidos: la malmaridada, el amante de antaño que interrumpe el aparente sosiego familiar, la sospecha del adulterio, la venganza terrible sobre la mujer y el final que vuelve a restablecer una armonía imposible. La CNTC juzga la pieza como 'una de las obras más conmovedoras de nuestro repertorio áureo. El hombre que tiene derecho a matar a su mujer, si hay ofensa de por medio; un viaje a los cimientos históricos de nuestras estructuras sociales, que conecta directamente con nuestra realidad diaria'.

Eduardo Vasco, director del montaje y de la CNTC, dice sobre Calderón 'al gusto español', que nuestro dramaturgo más internacional hasta no hace mucho tiempo era en nuestro país el dramaturgo del inmovilismo. Pero por el contrario compone verdaderas obras maestras en cada género manejando muy variados recursos, incorporando otros originales, innovando allí donde todo parecía hecho. Utiliza diferentes tipos de expresión según la necesidad, desde la llaneza hasta el culteranismo. Diferentes estadios conceptuales según el tema tratado. Combina su facilidad como constructor de historias para la escena –siempre se ha considerado el gran arquitecto de nuestro teatro- con la contundencia argumental del filósofo y su facilidad para la retórica. Consigue, en definitiva, como ningún otro, la culminación de su oficio en el Siglo de Oro; como poeta, como responsable de sus propias puestas en escena. Es un hombre de teatro total que, por añadidura, aprovecha, con las mejores condiciones profesionales, un momento inigualable de la historia del teatro universal. 'Arte y honor. Dos artificios, dos recursos inmejorables para hablar del absurdo de la existencia en un periodo de creatividad asombrosa. Esta obra es así. No hay que extrañarse tanto, ni siquiera del abrupto final. Un final español. Una traducción inmejorable de la existencia límite que sufre el hombre del Barroco y que, leída desde nuestro tiempo, nos sugiere que no hemos progresado tanto. Ni siquiera el gusto español, generador de horrendos y maravillosos monstruos, ha variado sustancialmente. No hay más que fijarse'.

Del elenco de actores, sólo podemos insistir en el sobresaliente general, bien dicho el verso casi siempre, mérito sin duda también del asesor Vicente Fuentes. Coreografía y vestuario están a su altura, y de las máscaras ya nos hemos cdeshecho en elogios anteriormente. Eduardo Vasco y toda la CNTC están haciendo un gran trabajo. Que siga por mucho tiempo y con muchas obras.

El pintor de su deshonra
Teatro Pavón
C/. Embajadores 9
MADRID-28012
91 528 28 19
Venta de entradas:
Taquilla: días de representación,
de 11,30 a 13,30 y desde las 16 horas hasta el comienzo de la función.

Sevilla 21 a 24 febrero
Bilbao 12 a 15 marzo
Madrid 29 marzo a 25 mayo
Cáceres 20 y 21 junio
Alcalá 28 y 29 junio

Don Luis: Francisco Merino
Don Juan Roca: Arturo Querejeta
Porcia: Eva Trancón
Juanete: José Ramón Iglesias
Julia: Savitri Ceballos / Muriel Sánchez
Don Pedro: José Vicente Ramos
Flora: María Álvarez
Fabio: Didier Otaola
Serafina: Nuria Mencía
Don Álvaro: Daniel Albaladejo
Príncipe de Ursino: Fernando Sendino
Celio: Ángel Ramón Jiménez
Belardo: Sancho Ruiz Somalo
Marinero: Álvaro Lizarrondo

Asesor de verso: Vicente Fuentes
Espacio sonoro: Eduardo Vasco
Coreografía: Nuria Castejón
Música: Marín Marais / Alba Fresno
Dirección musical: Alba Fresno
Iluminación: Miguel Ángel Camacho
Escenografía: Carolina González
Vestuario y máscaras: Pedro Moreno
Versión: Rafael Pérez Sierra
Dirección: Eduardo Vasco

Músicos
Viola de gamba: Agatha René Bosch
Clave: Mª Mercedes Torres
Viola de gamba: Alba Fresno

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