El blog de Gustavo de Arístegui

REVOLUCIÓN O INVOLUCIÓN

29.10.11 | 13:14. Archivado en Afganistán, Política Exterior, Oriente Medio

Los acontecimientos de las últimas semanas en el mundo árabe abren muchos interrogantes sobre el futuro de la región y sus consecuencias para sus pueblos y vecinos, incluidos nosotros. Las terribles imágenes de la sórdida tortura pública del criminal dictador libio, han sacudido las conciencias de medio mundo. El que las críticas hayan sido más discretas que públicas demuestra hasta qué punto no hemos logrado de sacudirnos la hipocresía de la que hace apenas nueve meses abjuramos tras el derrocamiento de Ben Alí.
Es cierto que no debemos adelantarnos a los acontecimientos, que debemos juzgar sólo los resultados y no las perspectivas, pero no podemos por menos que reconocer que el horizonte se presenta sombrío. Las primeras declaraciones del presidente del Consejo Nacional de Transición de Libia, Mustafa Andel Jalil tras la muerte de Gadafi, sobre la inspiración islamista (que no islámica) que tendría la legislación Libia, alarmaron seriamente a políticos, analistas y medios de comunicación. Ante la reacción mediática, procedieron a una improvisada y artificiosa rectificación que no pareció demasiado sincera.

En Túnez ha ganado el movimiento En-Nahda y sus aliados, organización con un oscuro pasado de violencia y extremismo, ha querido convencer a su opinión pública y la del resto del mundo de su evolución y moderación, asegurando que va a respetar las conquistas de las mujeres logradas por empeño del fundador del Túnez independiente, Habib Burghiba. Habrá que verlo. Tenemos que esperar a ver qué medidas y reformas toma, cómo gobiernan y el grado de tolerancia y respeto que muestran a quienes se sienten aconfesionales o incluso a los muchos tunecinos partidarios de un Estado laico, que también tiene derechos. Los islamistas han sumado a sus votos ideológicos, no pocos votos de simpatía por haber sido percibidos como la vanguardia de la oposición al tirano. Es más que probable que en convocatorias futuras ajusten seriamente su resultado. Por eso mismo quieren que el mandato de la Asamblea Constituyente sea lo más corto posible para que esa sangría de votos, cuya magnitud es imposible de prever, no se produzca.

La clave está en Egipto, que es más de la cuarta parte de los 350 millones de árabes y que celebrará elecciones el 28 de noviembre, el auge de las opciones islamistas, incluso de los más extremistas, los salafistas, parece asegurada. ¿Qué ocurrirá con un parlamento dominado por diversas formaciones islamistas? ¿Qué papel van a jugar las fuerzas políticas moderadas, atomizadas en decenas de siglas? ¿Qué relevancia van a tener los islamistas moderados –más bien habría que hablar de islámico en este caso- del partido “Al Wasat al Jadid” (nuevo centro)? Hay que tener en cuenta que en Egipto el arraigo social del islamismo es mucho más fuerte que en Túnez, y que las escuelas coránicas gratuitas, dispensarios médicos, y organizaciones caritativas pertenecientes o asociadas al islamismo, han jugado un papel muy intenso en el país, por lo que hay un densa y sólida red clientelar. Por mucho que haya muchos contrapesos en el país, una sociedad civil emergente, una elite intelectual prestigiosa, los empresarios y las Fuerzas Armadas, no podemos olvidar que es el parlamento el que va a redactar la nueva constitución, y que éste va a estar dominado por los islamistas, que van a dejar su impronta ideológica y su programa en la nueva Carta Magna.

Todo esto nos abre inmensas incertidumbres, de las que n podemos ser más que respetuosos espectadores. La alternativa es que los partido democráticos europeos ayuden y acompañen a sus afines ideológicos, formando cuadros y que los gobiernos contribuyan al fortalecimiento institucional, para evitar que las brutales dictaduras del siglo XX sean sustituidas por oscuras e implacables dictaduras medievales.


REVOLUCIÓN O INVOLUCIÓN

29.10.11 | 13:14. Archivado en Afganistán, Política Exterior, Oriente Medio

Los acontecimientos de las últimas semanas en el mundo árabe abren muchos interrogantes sobre el futuro de la región y sus consecuencias para sus pueblos y vecinos, incluidos nosotros. Las terribles imágenes de la sórdida tortura pública del criminal dictador libio, han sacudido las conciencias de medio mundo. El que las críticas hayan sido más discretas que públicas demuestra hasta qué punto no hemos logrado de sacudirnos la hipocresía de la que hace apenas nueve meses abjuramos tras el derrocamiento de Ben Alí.
Es cierto que no debemos adelantarnos a los acontecimientos, que debemos juzgar sólo los resultados y no las perspectivas, pero no podemos por menos que reconocer que el horizonte se presenta sombrío. Las primeras declaraciones del presidente del Consejo Nacional de Transición de Libia, Mustafa Andel Jalil tras la muerte de Gadafi, sobre la inspiración islamista (que no islámica) que tendría la legislación Libia, alarmaron seriamente a políticos, analistas y medios de comunicación. Ante la reacción mediática, procedieron a una improvisada y artificiosa rectificación que no pareció demasiado sincera.

En Túnez ha ganado el movimiento En-Nahda y sus aliados, organización con un oscuro pasado de violencia y extremismo, ha querido convencer a su opinión pública y la del resto del mundo de su evolución y moderación, asegurando que va a respetar las conquistas de las mujeres logradas por empeño del fundador del Túnez independiente, Habib Burghiba. Habrá que verlo. Tenemos que esperar a ver qué medidas y reformas toma, cómo gobiernan y el grado de tolerancia y respeto que muestran a quienes se sienten aconfesionales o incluso a los muchos tunecinos partidarios de un Estado laico, que también tiene derechos. Los islamistas han sumado a sus votos ideológicos, no pocos votos de simpatía por haber sido percibidos como la vanguardia de la oposición al tirano. Es más que probable que en convocatorias futuras ajusten seriamente su resultado. Por eso mismo quieren que el mandato de la Asamblea Constituyente sea lo más corto posible para que esa sangría de votos, cuya magnitud es imposible de prever, no se produzca.

La clave está en Egipto, que es más de la cuarta parte de los 350 millones de árabes y que celebrará elecciones el 28 de noviembre, el auge de las opciones islamistas, incluso de los más extremistas, los salafistas, parece asegurada. ¿Qué ocurrirá con un parlamento dominado por diversas formaciones islamistas? ¿Qué papel van a jugar las fuerzas políticas moderadas, atomizadas en decenas de siglas? ¿Qué relevancia van a tener los islamistas moderados –más bien habría que hablar de islámico en este caso- del partido “Al Wasat al Jadid” (nuevo centro)? Hay que tener en cuenta que en Egipto el arraigo social del islamismo es mucho más fuerte que en Túnez, y que las escuelas coránicas gratuitas, dispensarios médicos, y organizaciones caritativas pertenecientes o asociadas al islamismo, han jugado un papel muy intenso en el país, por lo que hay un densa y sólida red clientelar. Por mucho que haya muchos contrapesos en el país, una sociedad civil emergente, una elite intelectual prestigiosa, los empresarios y las Fuerzas Armadas, no podemos olvidar que es el parlamento el que va a redactar la nueva constitución, y que éste va a estar dominado por los islamistas, que van a dejar su impronta ideológica y su programa en la nueva Carta Magna.

Todo esto nos abre inmensas incertidumbres, de las que n podemos ser más que respetuosos espectadores. La alternativa es que los partido democráticos europeos ayuden y acompañen a sus afines ideológicos, formando cuadros y que los gobiernos contribuyan al fortalecimiento institucional, para evitar que las brutales dictaduras del siglo XX sean sustituidas por oscuras e implacables dictaduras medievales.


EL CAMBIO NECESARIO EN POLÍTICA EXTERIOR

27.10.11 | 01:52. Archivado en Política Exterior

EL CAMBIO NECESARIO EN POLÍTICA EXTERIOR.
 
 
Llegamos al final de casi ocho años de gobierno socialista, instalado en graves errores, sin que la política exterior haya podido escapar a esta tragedia. Ningún gobierno responsable y serio puede degradar una política de Estado y convertirla en un eje esencial de su táctica partidista, lo que ha convertido a la España bajo gobierno socialista, en un elemento excéntrico de nuestro entorno. Rodríguez Zapatero y el PSOE bajo su dirección,  la utilizaron, por una parte,  como un elemento de definición ideológica de sus políticas más a la izquierda de la socialdemocracia, y por otra como una eficaz estrategia de fidelización del voto de izquierda e izquierda extrema. Sólo así se puede entender que se quebrase la sensatez, el equilibrio y la centralidad en la gestión de la política y presencia internacionales de España. No podemos olvidar que la política exterior debe ser uno de los instrumentos esenciales de defensa de los intereses de España y de sus ciudadanos, la promoción de la democracia y la defensa de los derechos humanos. Veremos cómo el gobierno socialista ha fracasado en todos estos frentes.
El gobierno socialista definió la relación de España con la primera potencia mundial en función del inquilino de la Casa Blanca, subordinando los intereses generales de España a sus sensibilidades ideológicas. No siempre se estará de acuerdo con todas las democracias con las que tenemos relaciones, ni tan siquiera con nuestros socios y aliados de la UE o la OTAN, pero el tensar las relaciones por la animosidad hacia un presidente de los EEUU o su partido, es de una irresponsabilidad sin precedentes. Recordemos cómo el ministro de Fomento declaró cuando ganó el presidente Obama, desde la más grave ignorancia de los usos y costumbres diplomáticos, “han ganado los nuestros”, un perfecto disparate.
Decíamos que la promoción de la democracia y de los derechos y libertades individuales deben constituir uno de los ejes esenciales de la política exterior de cualquier democracia avanzada. Por ello resulta incomprensible la política de acercamiento, cordialidad y total y completa laxitud frente a la dictadura de los hermanos Castro o el régimen populista y caudillista de Hugo Chávez Frías, que cada día está más instalado en el más feroz e indisimulado totalitarismo. La actitud de un gobierno serio ante las dictaduras debe ser de firmeza y exigencia sin importar el color político de la misma. No se puede pretender, como ha dicho en público algún dirigente socialista, que estaban “más cerca de ellos” –por la dictadura cubana- que del PP. Increíble pero cierto.
Fracaso de la Alianza de civilizaciones certificado por las revueltas en el mundo árabe, y antes por la revolución “verde” de Irán, país islámico chií no árabe, contra el pucherazo de Ahmadineyad. Otro golpe certero a la defensa de la democracia y los derechos humanos. Las revueltas en el mundo árabe, como antes la de los iraníes contra su régimen totalitario, pone de manifiesto que los pueblos del mundo árabe y del mundo islámico no árabe quieren democracia, libertad, dignidad y justicia, y la Alianza tal y como la concibe el gobierno socialista, legitima a esos regímenes, pues muchas de las dictaduras derrocadas o contestadas eran activos partícipes de la iniciativa. No debemos confundir la concepción socialista de su improvisada ocurrencia con  el ejercicio de la ONU que surge en 2001 con el nombre de diálogo de civilizaciones, hoy de nombre homólogo a la del gobierno socialista pero de contenido bien distinto.
Todos esto ha provocado una preocupante pérdida de peso e influencia internacionales de España. Para poner remedio a esto, la política exterior debe volver a ser una política de Estado, fundamentada en el consenso, la defensa de nuestros intereses desde la sensatez y la firmeza, la promoción de la democracia y la defensa de los derechos humanos. Un país como el nuestro víctima del terrorismo durante décadas, debe poner en el centro del diseño de su política exterior la lucha contra el terrorismo en todos los ámbitos internacionales, los multilaterales como la ONU, entre nuestros socios en el seno de la UE, y en nuestra política bilateral, pues algunos países, aun hoy, mantienen actitudes de complicidad o encubrimiento de terroristas, ya sea de ETA como de cualquier otra ideología. La firmeza internacional con ellos debe ser total. Del mismo modo el crimen organizado debe formar parte de nuestra acción exterior, pues es una muy grave amenaza a nuestra seguridad y estabilidad.
En tiempos de crisis económica es un momento muy propicio para impulsar el aspecto económico, comercial, inversor y financiero de la política exterior. Conviene recordar que España ha llegado a tener el primer déficit exterior del mundo en términos relativos, después de los EEUU, y el segundo en términos absolutos. El estado debe ayudar a nuestras empresas a mejorar de manera sustancial su presencia y posición en los mercados internacionales. Otros países de nuestro entorno llevan décadas haciéndolo y la diferencia es abismal, las embajadas e incluso los consulados deben convertirse en agentes comerciales activos y tenaces de los intereses económicos de nuestro país.
España tiene una larga historia, una rica y diversa cultura y un idioma común universal, que tiene un valor económico, político y de prestigio e influencia internacionales, literalmente sin límites. El español se habla como lengua materna por más de 500 millones de seres humanos. Sólo este dato no da una proyección mundial incalculable.
La Política Exterior, con mayúsculas, debe centrarse en la defensa de España, de sus intereses, de su democracia, libertad, soberanía y de sus ciudadanos. Se debe diseñar una política sólida, moderada, sensata,  equilibrada, con altura de miras, sentido de estado, comprensión global de la geoestrategia y de graves desafíos a los que se enfrenta el mundo del siglo XXI. España tiene obviamente unas prioridades geopolíticas que se han ido ampliando en los últimos años más allá de Europa, el Magreb y Oriente Medio e Iberoamérica, que seguirán siendo esenciales y estratégicos para nosotros. Por otra parte la incorporación  a nuestras prioridades de otras zonas geográficas de creciente y fundamental importancia en el mundo como Asia-Pacífico y África, debe tener contenido real, sabiendo adaptar nuestros medios necesariamente mermados por la crisis, a las necesidades reales y perentorias de nuestra política exterior.
Muchas veces hemos escuchado el clásico discurso socialista de que España es una potencia media, lo que es cierto desde el punto de vista de nuestro tamaño y población. Pero nuestros intereses y proyección deberían tener vocación global, de ahí que el gobierno del PP se planteó la necesidad de formar parte del G-8, siendo criticado por el PSOE. Hoy debemos confirmar nuestra pertenencia de pleno derecho al G-20 que va a jugar un papel de revigorizada importancia en el mundo globalizado e interdependiente, de nuevos actores internacionales y de viejos y nuevos retos, desafíos y amenazas, muchos de ellos muy graves y peligrosos, que muchas veces la crisis económica nos ha ocultado.


ENCRUCIJADAS ÁRABES

03.09.11 | 01:36. Archivado en Afganistán, Política Exterior, Oriente Medio

​ENCRUCIJADAS ÁRABES
 
 
Pase lo que pase con Gadafi, su esperpéntico régimen es ya historia. Lo que ocurra ahora en Libia es una nueva página ante la que debemos estar vigilantes. La primaveras árabes, que son más una inmensa encrucijada que otra cosa, son tan heterogéneas como incierto su futuro y resultados. El exceso de optimismo y el análisis superficial en la distancia, ha caracterizado no pocas posiciones que hemos podido escuchar y leer.
La desaparición de una cruel dictadura de 42 años, es indudablemente, una buena noticia, pero en este momento sólo podemos esperar y desear que se instale una democracia real en el país. Hay ciertas dudas que deben aclararse respecto del Consejo Nacional de Transición, gobierno provisional que se estableció en Bengasi y que ya se ha trasladado a Trípoli. En primer lugar la inmensa diversidad ideológica y de origen de sus miembros,  así como el hecho de que algunos hayan sido muy destacados miembros del régimen gadafista, como el caso del propio presidente del mismo Mustafa Abdel Jalil que fue ministro de Justicia de Gadafi, por no mencionar otros muchos casos. La mayoría de los miembros del CNT son desconocidos, y/o mantienen en secreto sus identidades, y tampoco se sabe muy bien qué piensan. Además, salvo algunas excepciones, no tienen experiencia democrática, y esperemos que además del lógico deseo de una Libia sin Gadafi, les una la voluntad de construir una democracia sólida. Esa es la impresión que los más destacados miembros de CNT transmiten, pero resulta preocupante que en sus filas se cuente con algunos elementos de quienes se sospecha que han sido miembros de Al-Qaeda. En definitiva, las incertidumbres son inconmensurables, y el exceso de optimismo a este lado del Mediterráneo puede ser un pésimo consejero. Quizás convenga una reflexión de conjunto que me atrevo a esbozar.
Aun a riesgo de equivocarnos tenemos que empezar seriamente a estudiar los distintos escenarios de las encrucijadas árabes, hacer un catálogo de problemas, y tratar de anticiparnos, aunque sea un poco, a la jugada. No podemos seguir sorprendiéndonos con todo lo que ocurre, que nos ha pillado a los europeos con el paso cambiado. Lo mínimo que debemos aspirar es por lo menos comprender las tendencias, aunque no acertemos siempre o del todo. En momentos de crisis, especialmente de grave recesión económica, una tendencia a la introspección es comprensible, pero no lógica. Las demandas de libertad que se suceden en nuestra vecindad son esperanzadoras pero no surgen de la nada, y tampoco podemos olvidar otros desafíos que llevan enquistados o intensificándose décadas, sin que hayamos hecho gran cosa, por lo menos en lo que a resultados se refiere. Los esfuerzos hechos en el pasado son loables, especialmente la política euro mediterránea de la UE y la fundación de la Unión para el Mediterráneo. ¿Pero qué pasa con los resultados, están los instrumentos y sus dirigentes a la altura de los desafíos? Todo parece indicar que buena parte de ellos están superados por los acontecimientos y que además muy pocos han podido salir de su estado de perplejidad paralizante. Los europeos tenemos una tendencia exasperante a ponerle estructuras a todo, y acabamos necesitando expertos en la maraña institucional, y acabamos desentendiéndonos o por no comprender los problemas de fondo. Esto es exactamente lo mismo que ocurrió con que el proceso de paz de Oriente Medio surgido en Madrid en 1991, que se transformó en una intrincada madeja de comités, subcomités, la mayoría no deliberantes, en fin un caos que al final fracasó.
Debemos profundizar más en nuestro conocimiento de nuestros vecinos, y no despacharnos con lo habituales tópicos, que resultan tan cómodos para tantos, por simplistas y reconfortantes. Tenemos que entender que además de injustos, nublan nuestro entender y distorsionan irremediablemente nuestra eficacia. El esfuerzo debe estar alejado del paternalismo neocolonial y también, y créanme que éste es el mal más frecuente, en el complejo bobalicón y buenista del occidental post-colonial pseudos-progre, que ignora profundamente las realidades de las sociedades en las que pretende influir.
El primero y principal de los problemas socio-políticos de algunos países, especialmente Libia y Yemen, es el de la inexistente institucionalidad, que obliga a la construcción, en esos casos, desde cero, de la estructuras mínimas sobre las que construir un sistema de libertades. El concepto mismo de Estado de Derecho, fundamentado en la separación de poderes, el imperio de la ley, el principio de igualdad de todos ante la ley, y el respeto y protección estrictos de los derechos y libertades individuales, es una pura entelequia en casi todos los Estados. Tenemos que entender que Instituciones que puedan llegar a transformarse en democráticas y estructuras de poder tiránico, son cosas bien distintas. Pero incluso donde hay atisbos esperanzadores de una naciente democracia –algunos países tienen partidos políticos legales desde hace décadas-  se encuentran aun lejos del necesario desarrollo pleno de una democracia digna de tal nombre. No quiere decir que algunos no lleguen a ellas, pero el camino es aun largo e intrincado.
El desarrollo político y social es muy escaso, y las clases medias no existen en muchos países, en otros son pequeñas y débiles y en otros casos se han empobrecido de tal manera que muchos han acabado convirtiéndose en proletariado misérrimo. Por otra parte en algunos países hay sociedades más complejas y una elite bien preparada, parte de la cual y en ocasiones, se convirtió en aliada de las dictaduras, lo que sin duda contribuyó a su perpetuación.
Las “primaveras” han desbordado el optimismo de algunos, que llegaron a decir que eran la tumba del islamismo radical. Es verdad que los extremistas no fueron los protagonistas de las revueltas y les cogió tan a contrapié como a las tiranías contestadas, pero en muchos países tienen un fuerte implantación en muchos casos por haberse convertido en la forma de algunos de unirse a la contestación a las dictaduras. Pero el riesgo sigue muy vivo, y los islamistas, especialmente los salafistas están agazapados esperando su momento. Además el terrorismo yihadista sigue dando zarpazos, con ellos no va la revolución, no persiguen la democracia sino la desestabilización de tantos países como puedan, y su fuerte implantación en la inmensa banda saheliana, no augura nada bueno. El crimen organizado dedicado a todos los tráficos ilícitos imaginables, (drogas, armas y personas) a los que también se dedican los terroristas, sigue siendo un muy temible enemigo de la democracia y la libertad. Todo esto se ha visto notablemente agravado por el hecho de que Gadafi hiciese varias entregas de armas a sus otrora archienemigos de Al Qaeda en el Magreb Islámico. En los peores momentos de la guerra de liberación, algunos socios de la OTAN decidieron armar a los rebeldes para evitar su derrota frente a los mercenarios profesionales del régimen gadafiano. En los próximos meses el paulatino desarme de quienes no se integren en las futuras Fuerzas Armadas de la nueva Libia, va a ser un reto especialmente delicado para las nuevas autoridades. Por otra parte el descontrol en estos seis meses de guerra en Libia ha propiciado la exportación ilegal de armas de ese conflicto al mercado negro internacional, especialmente en Oriente Medio, por lo que acabarán, sin duda, en manos de organizaciones terroristas.
Es innegable que las dictaduras, la pobreza, el paro y la desesperación por la falta de perspectivas, alimentan la inmigración irregular que es una realidad que no se puede ignorar. A la ya de por sí dura realidad de la región hay que añadir que la incertidumbre e inestabilidad intensifica los deseos de emigrar que de por sí manifestaba, hasta ahora, la mayoría de los jóvenes de la región.
Hay que adaptar nuestras políticas europeas y bilaterales a estas nuevas realidades, tenemos que comprometernos sin complejos con la democracia y ayudar sin pausa a estabilizar y desarrollar la región, que debe ser una prioridad esencial en nuestra Política Exterior. Entendiendo que en estos momento de crisis la actividad económica internacional es esencial para Europa hay que denunciar el poco decoro que han tenido algunos que se lanzaron indisimuladamente a la búsqueda de negocio en Libia, cuando incluso cuando Trípoli no había sido aun controlada y había aun cadáveres en las calles. Lo más increíble es que en algún caso se trató de gobiernos reticentes o incluso contrarios a la intervención contra la dictadura de Gadafi.
El final del mes de Ramadán va a abrir una nueva etapa en las revueltas árabes, la contestación se va a intensificar en no pocos países y todo esto va a coincidir con las elecciones en Túnez y Egipto, con mejores perspectivas en el primero que en el segundo.  En Marruecos las elecciones legislativas previstas para el 25 de noviembre elegirán el primer presidente del gobierno de su historia tras la reforma constitucional. Queda por comprobar el alcance y profundidad de las reformas por los resultados concretos y las primeras medidas del nuevo gobierno. En Jordania queda pendiente la puesta en práctica de las reformas prometidas por el rey. En Argelia están pendientes reformas más profundas, siendo aun preocupante el activismo terrorista. Por otra parte la creciente tensión entre las nuevas autoridades libias y Argelia es una pésima noticia para la estabilidad de la región y su solución debería convertirse, sin duda, en una asignatura prioritaria para Europa.
En Yemen podría acabar generalizándose el conflicto si el presidente Saleh sigue rechazando cualquier salida negociada del poder. Por último la brutal y sádica represión en Siria va a encontrar una respuesta mucho más contundente por parte de la Comunidad internacional y también del Mundo Árabe, una vez derrotada la tiranía de Gadafi. Justamente inspirados por esta derrota, se acaba de anunciar la creación de un Consejo Nacional similar al CNT libio, presidido por Burhane Ghalioun, un profesor sirio exiliado en Francia.
Los desafíos son inmensos, el análisis convencional, en el que tantos han creído a pies juntillas durante tantos años, esta superado, es anacrónico y revisado hoy resulta preocupante que haya dictado durante tanto tiempo nuestra acción política.
 
Gustavo de Arístegui
Diputado y portavoz de AAEE del PP en el Congreso
Autor del libro de próxima aparición de igual título que el artículo.
 
 
 


Libia sin Gadafi

03.09.11 | 01:32. Archivado en Afganistán, Política Exterior, Oriente Medio

LIBIA SIN GADAFI, SUS REPERCUSIONES
 
Soñar de una Libia sin Gadafi parecía utópico hace apenas un año. Hoy el régimen tiránico que oprimido sanguinariamente a su pueblo durante 42 ha sido vencido. Poco importa dónde esté y qué haga Gadafi, nunca más Libia se llamará Gran Yamahiria Árabe Libia Popular y Socialista, ese supuesto régimen de las masas que era un esperpento político de crueldad infinita.
El Consejo Nacional de Transición es una amalgama de personas y organizaciones con un objetivo común una Libia sin Gadafi, la mayoría de sus miembros son demócratas si bien sin experiencia. Sólo los libios que han tenido la suerte de formarse o de vivir en el extranjero saben lo que es una democracia y cómo funciona. El presidente del CNT y el jefe de gobierno provisional han reiterado su compromiso inequívoco con la democracia. La comunidad internacional debe estar muy vigilante ante la incertidumbre que se abre. En primer lugar exigir que se abra una transición inequívoca a la democracia, con pleno respeto a los derechos humanos, sin excepción. No serán aceptables acciones de venganza que provoquen un terrible baño de sangre.
La tarea no será fácil, el país ha sufrido 42 de dictadura y meses de guerra abierta. Será esencial propiciar una reconciliación nacional seria y real, evitar que la partición geográfica que se ha vivido durante la guerra de liberación se convierta en una división irreconciliable entre quienes fueron partidarios de Gadafi y aquellos que se rebelaron contra la opresión.
Por otra parte es más que probable que se abra un periodo de incertidumbre nacional con posibles repercusiones regionales, circunstancia para la que debemos estar preparados. Sin embargo el solo hecho de que el dictador libio ya no pueda cumplir sus reiteradas amenazas de venganza contra Europa y la OTAN, y que no siga haciendo envíos de armas a quienes fueran sus archienemigos, los terroristas de Al-Qaeda, es de por si una excelente noticia.
Libia es una pieza más de un complejo dominó que aun no terminado, sus consecuencias van mucho más allá de la caída en los precios del petróleo. Libia es una pieza clave de la geopolítica del Magreb y del Mediterráneo, su futuro y estabilidad son del máximo interés, geoestratégico, político y desde luego económico, para Europa y para España.
 
 


Una nueva era para Libia

03.09.11 | 01:28. Archivado en Política Exterior, Oriente Medio

UNA NUEVA ERA PARA LIBIA
 
Muchos creían ingenuamente que Gaddafi se iba a rendir como Ben Alí en 10 días, que el régimen haría implosión fácilmente. Eso es no conocerlo. Gadafi no es sólo un histrión, es un fanático, mesiánico sin el más mínimo escrúpulo. Apostó muy fuerte por romper la resistencia con una represión brutal y sin piedad. Medios de guerra contra manifestantes, marcando el camino al sanguinario régimen sirio. La desorganización y falta de medios de la oposición libia, unida a la dubitativa y vergonzante reacción de la comunidad internacional, casi le hacen ganar su arriesgada apuesta. La resolución 1973 de la ONU llegó con 31 días de retraso, y de no haberse empeñado Francia en forzar un ataque la misma noche de su aprobación, la ciudad de Benghazi habría caído, y la rebelión habría sido aplastada sin remisión.
Si Gadafi hubiese podido resistir partiendo el país en dos, ni lo habría dudado, convirtiéndose en una fuente de intensa inestabilidad en un región volátil y fragilizada por la incertidumbre de sus procesos de transición. Se sabe a ciencia cierta que Gadafi convirtió a sus peores enemigos de Al Qaeda en el Magreb Islámico en sus aliados de circunstancia, haciendo varias entregas de armas y se sospecha que de misiles tierra-aire a la sanguinaria red terrorista. Juró vengar el apoyo de Occidente al Consejo Nacional de Transición, y de no haber sido derrotado, esté donde esté ha sido derrotado ya, habría hecho mucho daño allí y aquí en Europa.
La nueva era para Libia debe ser una transición a la democracia sin ambages, sin complejos, y con todo el apoyo de Europa y de España. Se deben poner las bases de un régimen democrático, estable, con sólidas instituciones, y con un escrupuloso respeto de los derechos humanos. Nadie aceptaría, ni los libios que han vertido su sangre por la libertad, ni la comunidad internacional, cambiar una dictadura feroz, sangrienta, histriónica, ridícula, anacrónica y avariciosamente corrupta, por otra de apariencia más amable, envuelta en la bruma de un cambio de era. El presidente del Consejo Nacional Libio Mustafa Abdeljalil, ha sido muy tajante al respeto, el objetivo del CNT es construir una sólida democracia. Justamente por su compromiso con la democracia, amenazó con dimitir por no estar de acuerdo con ciertos actos de venganza cometidos por algunos combatientes rebeldes, que él juzga contrarios a esos principios democráticos. No podemos ignorar que el camino hacia la democracia es aun largo y tortuoso, y que el tren podría descarrilar Los desafíos son inmensos para Libia, para el mundo y también para España, y quizás muchos no se haya dado cuenta de ello. Pero en todo caso debemos estar preparados para afrontar un periodo de inestabilidad de duración indeterminada.


Convulsión en Siria: una violencia que ya no intimida

27.03.11 | 01:50. Archivado en Política Exterior, Oriente Medio

La represión eficaz no es suficiente para mantener la estabilidad del régimen sirio

Ninguna certeza en el mundo árabe parece ya cierta, nada está escrito en piedra y tampoco la solidez granítica de los regímenes. Muchos surgen en plena Guerra Fría, y a medida que se ha ido diluyendo su influencia, muchos se han visto seriamente sacudidos o derrocados.
Siria ha sido gobernada desde 1963 por el partido del Renacimiento Socialista Árabe, más conocido como Baaz, y la familia Asad desde 1970, tras un golpe de Estado intra- partido de Hafez Asad, apodado el León de Damasco, perteneciente a la minoría religiosa alauí, menos del 8% de la población, (a no confundir con la dinastía marroquí), una escisión del chiísmo que considera que el verdadero Profeta era Alí, primo de Mahoma.

En Siria la mayor parte de los puestos relevantes están ocupados por esta minoría y muy especialmente por el entorno del presiden- te Bashar Asad. Durante años hablar de alauíes en Siria ha sido tabú, pues es tanto como reconocer que la mayoría suní, en torno al 70% de la población, está marginada, o resucitar el fantasma de la matanza de suníes en Hama de 1982, en el fragor de la persecución de movi- mientos islamistas, especialmente los Hermanos Musulmanes. El crisol sirio incluye una importante minoría cristiana de entorno al 10 %, así como chiíes y drusos. El régimen sirio de partido único, se declara aconfesional, reconociendo al islam como religión mayoritaria, caso excepcional en el mundo arabo-musulmán.

El control sobre el país ha sido férreo, potentísimos servicios de Inteligencia y seguridad, un extensa red de informantes, hacían del régimen omnipresente y opresivo, un colosal Estado policial. Su historia no es gloriosa, ha estado en las listas de Estados patrocinadores del terrorismo, el tráfico de drogas, y algunas de sus personalidades más relevantes han sido investigadas internacionalmente por corrupción o su implicación en la terrible ola de asesinatos políticos en el Líbano iniciada con el brutal atentado que costó la vida al ex primer ministro del Líbano Rafic Hariri el 14 de febrero de 2005. El más destacado, Assef Chawkat, cuñado del presidente y hombre fuerte de los servicios de Seguridad, a quien la comisión internacional encargada de la investigación del asesinato de Hariri quería interrogar por su posible implicación en el mismo.

El general Hafez Majlouf, primo del presidente y alto cargo en el Mujabarat (Inteligencia), que propugna recuperar el control sirio sobre el Líbano. Otro primo, hermano del anterior, Rami Majlouf, hombre de negocios en banca y telecomunicaciones, petróleo y gas, a quien el Departamento del Tesoro de EEUU considera uno de los principales ejes de corrupción en Siria. Otro elemento del clan del presidente es su hermano Maher Asad, jefe de la Guardia Presidencial.

Desde 1976 hasta 2006 –año en que, oficialmente, se retiró el Mujabarat como antes lo hiciera el Ejército–, Siria ocupó el Líbano ejer- ciendo un poder omnímodo en su pequeño y atormentado vecino, y la presencia de la tropas sirias, pero sobre todo de su implacable Mujabarat aterrorizaba a propios y ajenos. En el Líbano no se movía nadie sin autorización de Siria y de sus virreyes, primero el sanguinario Ghazi Kanaan, muy probablemente el responsable del asesinato de mi padre, entonces embajador de España en el Líbano, ocurrido el 16 de abril de 1989. Kanaan, que llegaría a ser ministro del Interior de Siria, apareció muerto, según la versión oficial por suicidio. Su familia asegura que había recibido dos tiros en la cabeza, lo que obviamente descartaba el suicidio. Le sustituyó como máxima autoridad siria en el Líbano, Rustum Ghazale, que no ahorraba amenazas a quien desafiase su autoridad, incluido Rafic Hariri, días antes de su asesinato en su despacho de la ciudad de Anjar, como recogió una parte de la prensa internacional.

En el ámbito regional, tras un enfrentamiento con Irán por el control del Líbano, acabó forjando una alianza en la que el eje central es Hizbulá, elemento central de la presencia e influencia geopolítica iraní en Oriente Próximo. Irán se ha convertido en el verdadero amo y señor de una parte del país, por medio de su dinero y de su implacable subordinado, Hizbulá.

Las graves revueltas que se están saldando con un importante número de muertos demuestran que la eficaz represión no es suficiente para mantener la estabilidad en esta década, que las reformas hubiesen debido ponerse en marcha mucho antes, y que se intuyen toda clase de enfrentamientos en el seno del régimen en torno a las reformas anunciadas, hasta el punto que el semanario Al Watan, perteneciente a un primo del presidente, Rami Majlouf, amenazaba a los manifestantes, haciendo un llamamiento abierto a una contrarrevolución.

La prueba palpable de que en el seno del régimen no todo el mundo respira igual, es que el semanario fue secuestrado por el ministerio de Información, si bien su versión electrónica no fue bloqueada. Parece que algunos sectores muy importantes del régimen querían enviar un mensaje más conciliador tras el anuncio de tímidas reformas.

El mensaje de los manifestantes no puede ser más claro, quieren reformas democratizadoras, desean libertades plenas homologables a cualquier democracia y han demostrado que la violencia no les intimida en lo más mínimo. Se ha quebrado la espiral del miedo en el mundo árabe, la amenaza de tortura o muerte no amedrenta ya a los ansiosos de democracia y libertad.

En el caso de Siria a todo esto hay que superponer el deseo de la mayoría suní de recuperar el peso que les corresponde en su país. Es- peremos que pase lo que pase se respete también a las minorías religiosas, especialmente a la cristiana, a la vista de su persecución en otros países de la región.


Convulsión en Siria: una violencia que ya no intimida

27.03.11 | 01:49. Archivado en Política Exterior, Oriente Medio

La represión eficaz no es suficiente para mantener la estabilidad del régimen sirio

Ninguna certeza en el mundo árabe parece ya cierta, nada está escrito en piedra y tampoco la solidez granítica de los regímenes. Muchos surgen en plena Guerra Fría, y a medida que se ha ido diluyendo su influencia, muchos se han visto seriamente sacudidos o derrocados.
Siria ha sido gobernada desde 1963 por el partido del Renacimiento Socialista Árabe, más conocido como Baaz, y la familia Asad desde 1970, tras un golpe de Estado intra- partido de Hafez Asad, apodado el León de Damasco, perteneciente a la minoría religiosa alauí, menos del 8% de la población, (a no confundir con la dinastía marroquí), una escisión del chiísmo que considera que el verdadero Profeta era Alí, primo de Mahoma.

En Siria la mayor parte de los puestos relevantes están ocupados por esta minoría y muy especialmente por el entorno del presiden- te Bashar Asad. Durante años hablar de alauíes en Siria ha sido tabú, pues es tanto como reconocer que la mayoría suní, en torno al 70% de la población, está marginada, o resucitar el fantasma de la matanza de suníes en Hama de 1982, en el fragor de la persecución de movi- mientos islamistas, especialmente los Hermanos Musulmanes. El crisol sirio incluye una importante minoría cristiana de entorno al 10 %, así como chiíes y drusos. El régimen sirio de partido único, se declara aconfesional, reconociendo al islam como religión mayoritaria, caso excepcional en el mundo arabo-musulmán.

El control sobre el país ha sido férreo, potentísimos servicios de Inteligencia y seguridad, un extensa red de informantes, hacían del régimen omnipresente y opresivo, un colosal Estado policial. Su historia no es gloriosa, ha estado en las listas de Estados patrocinadores del terrorismo, el tráfico de drogas, y algunas de sus personalidades más relevantes han sido investigadas internacionalmente por corrupción o su implicación en la terrible ola de asesinatos políticos en el Líbano iniciada con el brutal atentado que costó la vida al ex primer ministro del Líbano Rafic Hariri el 14 de febrero de 2005. El más destacado, Assef Chawkat, cuñado del presidente y hombre fuerte de los servicios de Seguridad, a quien la comisión internacional encargada de la investigación del asesinato de Hariri quería interrogar por su posible implicación en el mismo.

El general Hafez Majlouf, primo del presidente y alto cargo en el Mujabarat (Inteligencia), que propugna recuperar el control sirio sobre el Líbano. Otro primo, hermano del anterior, Rami Majlouf, hombre de negocios en banca y telecomunicaciones, petróleo y gas, a quien el Departamento del Tesoro de EEUU considera uno de los principales ejes de corrupción en Siria. Otro elemento del clan del presidente es su hermano Maher Asad, jefe de la Guardia Presidencial.

Desde 1976 hasta 2006 –año en que, oficialmente, se retiró el Mujabarat como antes lo hiciera el Ejército–, Siria ocupó el Líbano ejer- ciendo un poder omnímodo en su pequeño y atormentado vecino, y la presencia de la tropas sirias, pero sobre todo de su implacable Mujabarat aterrorizaba a propios y ajenos. En el Líbano no se movía nadie sin autorización de Siria y de sus virreyes, primero el sanguinario Ghazi Kanaan, muy probablemente el responsable del asesinato de mi padre, entonces embajador de España en el Líbano, ocurrido el 16 de abril de 1989. Kanaan, que llegaría a ser ministro del Intrerior de Siria, apareció muerto, según la versión oficial por suicidio. Su familia asegura que había recibido dos tiros en la cabeza, lo que obviamente descartaba el suicidio. Le sustituyó como máxima autoridad siria en el Líbano, Rustum Ghazale, que no ahorraba amenazas a quien desafiase su autoridad, incluido Rafic Hariri, días antes de su asesinato en su despacho de la ciudad de Anjar, como recogió una parte de la prensa internacional.

En el ámbito regional, tras un enfrentamiento con Irán por el control del Líbano, acabó forjando una alianza en la que el eje central es Hizbulá, elemento central de la presencia e influencia geopolítica iraní en Oriente Próximo. Irán se ha convertido en el verdadero amo y señor de una parte del país, por medio de su dinero y de su implacable subordinado, Hizbulá.

Las graves revueltas que se están saldando con un importante número de muertos demuestran que la eficaz represión no es suficiente para mantener la estabilidad en esta década, que las reformas hubiesen debido ponerse en marcha mucho antes, y que se intuyen toda clase de enfrentamientos en el seno del régimen en torno a las reformas anunciadas, hasta el punto que el semanario Al Watan, perteneciente a un primo del presidente, Rami Majlouf, amenazaba a los manifestantes, haciendo un llamamiento abierto a una contrarrevolución.

La prueba palpable de que en el seno del régimen no todo el mundo respira igual, es que el semanario fue secuestrado por el ministerio de Información, si bien su versión electrónica no fue bloqueada. Parece que algunos sectores muy importantes del régimen querían enviar un mensaje más conciliador tras el anuncio de tímidas reformas.

El mensaje de los manifestantes no puede ser más claro, quieren reformas democratizadoras, desean libertades plenas homologables a cualquier democracia y han demostrado que la violencia no les intimida en lo más mínimo. Se ha quebrado la espiral del miedo en el mundo árabe, la amenaza de tortura o muerte no amedrenta ya a los ansiosos de democracia y libertad.

En el caso de Siria a todo esto hay que superponer el deseo de la mayoría suní de recuperar el peso que les corresponde en su país. Es- peremos que pase lo que pase se respete también a las minorías religiosas, especialmente a la cristiana, a la vista de su persecución en otros países de la región.


UN PELIGROSO HISTRIÓN LLAMADO GADDAFI

20.03.11 | 11:16. Archivado en Afganistán, Política Exterior, Oriente Medio

El capitán de transmisiones Muammar Al-Gaddafi llegó al poder por un golpe de Estado de jóvenes oficiales cuya cúpula formó el Consejo del Mando de la Revolución, que le eligió líder de la revolución por no pertenecer a ninguna de la mayores tribus del país lo que habría provocado el rechazo de las demás. Durante años su número dos fue Abdelsalam Jaloud miembro de la tribu más importante del país, los Magarha, lo que le inhabilitaba para ser el número uno. Rápidamente el coronel Gaddafi, ascendió en el acto, eliminó la resistencia en el seno del nuevo régimen, creando un aparato represor de varios servicios de seguridad e inteligencia, en competencia por demostrar ser los más bestias.
Poco a poco fue dando protagonismo a sus hijos, que rápidamente sustituyeron a los hombres más próximos y sólo los que aceptaron la nueva situación mantuvieron sus posiciones en el régimen, que se había convertido en una especie de finca hereditaria de 1.750.000 km2 y 6 millones y medio de habitantes. Al aparato represor se unió una eficaz estructura de recaudación para llenar las arcas de la familia y engrasar las lealtades de amigos y aliados.
Estuve en varias ocasiones con el líder de la revolución del primero de septiembre, su título oficial, pues no es Jefe de Estado, en actos oficiales del Cuerpo Diplomático acreditado en Libia, y a la impresión que el mundo entero tiene sobre el personaje, su histrionismo, exhibicionismo e histerismo, pudimos comprobar, personalmente quienes estuvimos en su presencia, que se trata de un personaje sanguíneo, iracundo, teatral, exagerado, irascible, vengativo, cambiante, inestable, narcisista, egocéntrico, megalómano y violento. Un orate de mirada perdida.
Así se entienden un poco mejor sus amistades peligrosas y sus alianzas con lo peor de cada casa, terroristas y regímenes sanguinarios. Financió, apoyó y adiestró al IRA, las FARC, a ETA, fue protector y aliado de monstruos como Abu Nidal, Georges Hawatmeh, o su relación atormentada de enfrentamientos y apoyos al terrorista venezolano Ilich Ramírez Sánchez, alias Carlos o el Chacal, y muy especialmente del Ahmed Jibril, cuya red terrorista fue esencial para el atentado de Lockerbie en el que que asesinó a 277 personas. Este es sólo un caso, e responsable o cómplice de incontables atentados, muchos hoy por hoy judicialmente irresueltos.
Gaddafi ha sido varias veces un paria internacional, un apestado, aislado y castigado. Si consiguiese reconquistar el terreno perdido, y permanecer en el poder, podemos estar seguros de que cumplirá sus amenazas. Es capaz de forjar una alianza con Al Qaeda y su rama magrebí Al Qaeda en el Magreb Islámico, facilitarles apoyo logístico, cobertura estatal, armas y paso libre hacia sus vecinos, o incluso Europa. Machacará sin el más mínimo escrúpulo, a los rebeldes y disidentes. Gaddafi se convertirá en una pesadilla para su pueblo, sus vecinos y para Europa. En fin que Al Qaeda tendría un aliado mucho más importante que el Afganistán de los talibán. Sin contar con la desestabilización de sus vecinos, o tratar de inundar Europa con inmigrantes irregulares.
La resolución 1973 no parece que permita operaciones terrestres, pero sí intensificar la intervención desde el aire, si fuese necesario. En estos momentos intervienen ya los aviones de caza Rafale de la Fuerza Aérea francesa. Éstas operaciones son la última esperanza para los rebeldes libios que luchan por su libertad, y por qué no decirlo, también para sus vecinos e incluso para Europa, pues un Gaddafi enloquecido, furibundo y con la rebelión aplastada, sería una fuente constante de terror e inestabilidad para todos.


De la responsabilidad en Política Exterior

05.01.08 | 01:45. Archivado en Política Exterior

Casi todos los vaticinios que le hicimos al Gobierno socialista en materia de Política Exterior, para desgracia de los intereses de España, se han cumplido: Gibraltar, América Latina, relaciones con los Estados Unidos o la negociación sobre las perspectivas financieras en el seno de la UE. Uno de los pronósticos que le hicimos fue justamente en materia de relaciones con nuestro vecino.

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China, el gigante se está despertando

07.07.07 | 15:13. Archivado en Política Exterior

Escribí estas líneas desde la gran ciudad de Shanghai, esa mega urbe que el siglo XIX era conocida como el paraíso de los aventureros, es hoy un impresionante centro económico y financiero mundial. Para que nos hagamos idea de la magnitud del desarrollo reciente de este país valga el dato de que en esta ciudad existen más de 4000 rascacielos de más de 40 pisos, en uno de los nuevos desarrollos del distrito de Pudong (casi 4 millones de habitantes de los cerca de 20 millones que tiene el Gran Shanghai) en una superficie de 1,7 km2 hay más de 230 rascacielos.

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Hambre africana, amnesia occidental.

01.07.07 | 12:54. Archivado en Política Exterior

La cumbre del G-8 de Gleneagles (Escocia), supuso un paso sin precedentes en el compromiso de los países más desarrollados de la tierra con el continente olvidado.

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Lunes, 20 de noviembre

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  • Gustavo de Arístegui Gustavo de Arístegui

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